Chapter 4 Context Analysis
4.2 Context of the Two Secondary Schools
El eje central del último apartado de este capítulo tiene por finalidad estudiar sobre el concepto de Intervención del Trabajo Social Familiar, el cual se presenta como una de las categorías teóricas ejes dentro de la investigación.
Para iniciar, Eroles (2004:94) frente al concepto de Familia expresa que es un “sujeto colectivo de la vida comunitaria… donde sus integrantes se interrelacionan por vínculos afectivos y de participación constituidas por leyes que le permiten equilibrio y armonía”.
En este orden de ideas Gómez, Lorente, Munuera y Pérez (1988:147) frente a la intervención del Trabajo Social en el área de familia plantean que “… la tarea del trabajador social va a consistir en asesorar al cliente y a su familia, para aproximar necesidades que siente el cliente con las necesidades que tiene. Con ello se persigue que el individuo tome conciencia de su situación y actúe coherentemente con ella”, en ese sentido, la función del profesional es el de asesorar a la familia, teniendo en cuenta las necesidades presentes, siendo orientador del proceso para que se tomen decisiones y acciones coherentes frente a la problemática, brindando información técnica y conceptual.
Por otra parte, Eroles (2004:21) plantea que el Trabajo Social es “una relación entre sujetos, un punto de inflexión entre dos prácticas que interactúan para lograr la transformación de una situación problemática, en función de las necesidades e interés del sujeto pueblo”, desde esta perspectiva la intervención de Trabajo Social es tomada como una relación de personas donde la intencionalidad principal es el
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de transformar la realidad que vive ese sujeto-pueblo a través del dialogo y la participación recíproca, teniendo en cuenta en el proceso las interacciones de los actores sociales implicados con sus diversas demandas, intereses y motivaciones.
Ahora bien, durante el proceso de intervención la familia se muestra receptiva y a la expectativa frente a las acciones que se llevarán a cabo, para ello se dispondrá de los recursos tanto humanos como materiales, no solo serán con los que cuenta la familia a nivel interno, también se tiene en cuenta recursos externos que provienen del ámbito social al que pertenece la familia; como lo expone Guzmán y Caballero (2003:200), aludiendo a los planteamientos de Escartín “…trabajando con todo el grupo familiar, sus necesidades y recursos internos, aunque, obviamente, sin aislarla del entorno social del que forma parte y del cual habrá que utilizar recursos en beneficio de la misma”; con ello desarrolla potencialidades y habilidades familiares de autoayuda y equilibrio para prevenir a futuro posibles reapariciones de la problemática.
Así pues, la intervención de Trabajo Social contiene tres fases fundamentales que guían el proceso y permite el acceso a la realidad, la primera es definir el problema o necesidad delimitando el accionar, segunda seleccionar posibles soluciones adecuadas a la necesidad y por último, alcanzar logros notorios para dar credibilidad a la intervención.
Para concluir, la ética de la profesión que se debe tener en cuenta en el proceso de intervención social, toma este como un acompañamiento intencionado desde un enfoque humanista ya que, permite visualizar al sujeto desde la concepción de dignidad humana y derechos fundamentales; a su vez deja entrever la realidad social dinámica, contradictoria y conflictiva debido a las demandas que surgen por el sentido de supervivencia, asimismo, en el complejo reconocimiento de la realidad social se halla la existencia de la pluralidad de formas sociales de ser familia, grupo o comunidad.
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En ese sentido, la intervención de Trabajo Social debe orientarse desde el cumplimiento de los derechos humanos que permitan el fortalecimiento de vínculos y consensos sanos partiendo del respeto y la libre expresión de los sujetos implicados, evitando el juzgamiento frente a decisiones o formas de pensar.
De otro lado, Ramírez (1992) citando a Klein (1975), plantea que la intervención del Trabajador Social en el grupo familiar tiene como objetivo la mejora de alguna de las condiciones de sus miembros. Esta mejora implica sin duda la movilización de elementos personales y relaciónales: sentimientos, actitudes, comportamientos, y asimismo movilización y utilización de elementos externos: recursos materiales, técnicos, servicios.
Así pues, Ramírez (1992:25) indica “la eficacia de la intervención se podría valorar más con el aumento de la capacidad del grupo familiar para hacerse cargo y superar nuevas dificultades, que con la resolución concreta y específica de la demanda que le ha llevado a acudir al trabajador social”.
La intervención del Trabajador social, menciona Ramírez (1992) citando a Rossell (1989), debe ser globalizadora, dirigida a encauzar todos los aspectos que están distorsionados y evitar atender solamente alguno de ellos, parcializándolos. Del mismo modo la intervención irá dirigida no sólo a solucionar el problema del momento, sino en su conjunto. Así se evitará el satisfacer algún aspecto concreto y distorsionar otros.
Sumado a ello, Ramírez precisa que el seguimiento de una situación familiar problemática requiere tener un conocimiento de la misma que permita:
Establecer objetivos que previsiblemente se puedan lograr basados en la movilización de recursos de la propia situación, de recursos sociales y de los que el propio servicio puede ofrecer.
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Determinar de qué manera se llevará a cabo el tratamiento y qué medios y recursos técnicos probablemente se tendrán que emplear.
Decidir cuáles son los aspectos prioritarios y cuáles los que se han de atender en segundo lugar, dada su menor urgencia, o porque se atenderán paralelamente a los prioritarios, o porque éstos últimos son condición para tratar los primeros.
Finalmente la autora alude que el Trabajador social, en su abordaje a las situaciones familiares, contempla a la familia en su globalidad. En ocasiones dicha intervención se realiza directamente con un solo miembro de la unidad familiar, ante la imposibilidad, por diversos motivos, de hacerlo con todos, pero nunca se pierde la referencia al grupo (unidad convivencial) y la visión de todo él.
Saldias (1998) manifiesta que para el Trabajo Social la familia es una de las áreas principales de intervención, constituyéndose, como se ha dicho, en la modalidad más antigua del Trabajo Social implicando así la intervención en un sistema natural.
En la actualidad las familias tienen múltiples configuraciones y como familia está sometida a grandes presiones y demandas, mayores que en casi toda su historia. Además de sus funciones de reproducción y de socialización, aún tiene que seguir jugando un papel económico fundamental. Aparte de ser un espacio de amor, de afecto, hoy día es el único espacio de pertenencia real del ser humano y donde se vive la intimidad.
Indica Saldias que estas múltiples exigencias a la familia se traducen en situaciones de conflicto o riesgo familiar, y es aquí donde se visualiza la intervención del Trabajo Social. Los problemas se traducen en los motivos de consulta social por los cuales llegan los “usuarios” o “familias” a acercarse al Trabajador Social. Estos se presentan como problemas de relaciones entre la
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pareja, problemas de relaciones entre un padre y su hija, violencia intrafamiliar, maltrato infantil, dificultades en el manejo de un preescolar o un adolescente, etc.
En ese orden de ideas, el Trabajo Social Familiar es una forma especializada de Trabajo Social que entiende como unidad de trabajo a la familia y sus relaciones familiares y considera el contexto en el cual ella está inserta. A través de éste se pretende atender los problemas psicosociales que afectan al grupo familiar, generando un proceso de relación de ayuda, que busca potenciar y activar tanto los recursos de las propias personas, como los de la familia y los de las redes sociales (Donoso y Saldias, citado por Saldias, 1998)
Para concluir con este apartado, Guerrini (2009) revela que una de las características sustanciales en el quehacer del Trabajo Social es considerar que la familia siempre ha sido objeto de análisis e intervención desde los albores del asistencialismo, constituyendo un punto de partida y de llegada para cualquier tipo de abordaje, orientando así todas las acciones hacia el desarrollo de los recursos internos individuales y de la familia.
El abordaje familiar, esboza la autora, atañe a un proceso metodológico que incluye la valoración social, la planeación de las acciones, la intervención para el cambio y la evaluación de la misma. Es un proceso de ayuda dirigido a la persona en su dimensión individual, familiar y social, tendiente a activar cambios frente a los problemas familiares que los afecten y a lograr un mejor funcionamiento relacional y social.
Finalmente, la autora citando a Carballeda (2007), plantea que la intervención del trabajador social implica “acceder a los espacios microsociales donde se construye la cotidianeidad de los sujetos sobre los cuales interviene” (pág. 5), lo que presupone que lo social se organiza en términos de símbolos cargados de
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significados, que la identidad de los sujetos se construye en ámbitos de intercambio y reciprocidad y que lo social se explica desde lo singular.
En dicho orden y para efectos de la investigación la postura teórica desde la cual se apoyaron los hallazgos es la expuesta desde la Intervención del Trabajo Social Familiar planteada por Guerrini, en la medida que como ella misma lo expresa, el análisis y la intervención social con familias se orientan hacia la búsqueda de significados lo cual permitirá intervenir buscando transformaciones, es decir, construyendo la visión particular del acontecimiento que convoca a la intervención posibilitando una visión y una aproximación integral del proceso familiar, tendiendo a realizar intervenciones que tengan efectos a mediano y largo plazo. Elementos que consideramos integraron los objetivos de la investigación y que posibilitaron el desarrollo de un análisis profundo dentro de la misma.
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