Desde una mirada idealista de la dinámica interna en la escuela, con una perspectiva de análisis pedagógico, en cuanto a las funciones sociales y los procesos que esto conlleva a la formación social de los alumnos, es que se ha descrito este proceso como altamente adoctrinante y de inculcación ideológica. Pérez Gómez (2009), nos dice que dentro de esta interpretación idealista, la escuela cumple la función de imponer la ideología dominante en la comunidad social, mediante un proceso más o menos abierto y explícito de transmisión de ideas y comunicación de mensajes, selección y organización de contenidos explícitos del currículo e interiorizando los mensajes de los procesos de comunicación que se activen en el aula, van configurando un cuerpo de ideas y presentaciones subjetivas, conforme a las exigencias del statu quo, la aceptación del orden real como inevitable, natural y conveniente. Esta característica de la escuela de ayer y de hoy, cobra real importancia en la concreción de los objetivos y fines de cada realidad social o nacional, en donde la autoridad política impone sus tendencias de una manera encubierta.
El concepto de la escuela como una instancia de intercambio de conceptos e ideas, ha disminuido la concepción del trabajo pedagógico inducido por las concepciones
idealistas y cognitivas como pilares de la práctica pedagógica. La creciente influencia y discusión de la psicología social y las corrientes sociológicas que ha permeado el terreno pedagógico han dado lugar a un análisis más amplio para entender los procesos de socialización que en ella ocurren.
El influjo creciente de la sociología de la educación y de la psicología social en el terreno pedagógico ha provocado la ampliación del foco de análisis, de modo que se comprenda que los procesos de socialización que tienen lugar en la escuela ocurren también, y preferentemente, como consecuencia de las prácticas sociales, de las relaciones sociales que se establecen y desarrollan en dicho grupo social, en tal escenario institucional. (Pérez Gómez, 2009, p.6)
Las relaciones sociales que se instalan y ocurren en los escenarios escolares, dan pie a una adquisición e intercambio riquísimo, no solo de conocimientos explícitos en el currículo vigente, sino que de actitudes, emociones, disposiciones y conductas sociales diversas que conforman la faceta social de los alumnos y alumnas que participan de la vida escolar. Es así como muchas veces lo estipulado en el currículo oficial no penetra tanto en la conducta del alumnado como la actividad y relaciones sociales que en ella se desarrolla. Se va desarrollando una estructura en el pensamiento y actuar de las personas más fuerte y subyacente cuanto más iguales sean las formas entre la vida social del aula y las relaciones sociales en el mundo laboral o en la actividad pública.
Es así que para entender la dimensión, complejidad y particularidad de los mecanismos de socialización en la escuela se necesita un examen profundo de los orígenes y fuentes pertinentes, académicas o sociales, que producen influencia dominante en la construcción del pensamiento y el accionar de los alumnos y alumnas de nuestras aulas.
Daremos más importancia al análisis de lo que el alumno y alumna aprenden de manera natural consciente e inconscientemente, y que moldea su conducta y pensamiento a mediano y largo plazo contextualizándose más allá de las estructuras curriculares oficiales.
Para comprender mejor los procesos de socialización en el aula y dar un soporte teórico más valido a la investigación, revisaremos el modelo ecológico de Doyle.
En concordancia con el análisis del modelo ecológico de Doyle es importante resaltar que “los mecanismos de socialización en la escuela se encuentran en el tipo de tareas académicas que se trabaje en el aula y en la forma que adquiera la estructura de relaciones sociales del centro y del aula” (Pérez Gómez, 2009, p.6). Por lo tanto es necesario recordar que lo académico y lo social van interrelacionados en la vida del aula y del centro, siendo el uno correspondiente con el otro, convergentes, compatibles, necesariamente dependientes entre sí.
Pérez Gómez (2009) se refiere a este aspecto destacando algunos puntos de reflexión en el desarrollo del currículo que son importantes para comprender los mecanismos de socialización en el aula. En primer lugar destaca aspectos relativos a la selección y organización del curriculum, su diseño e instalación desde las directrices normativas que los rige. En segundo lugar señala el modo y el sentido de la organización de las tareas académicas y las instancias de participación de los estudiantes. En tercer lugar apela a la ordenación del espacio y del tiempo en el aula y en el centro educativo, los cuales pueden tener características flexibles o rígidas dependiendo del contexto educativo. En cuarto lugar menciona las formas y estrategias de valoración de la actividad de los
estudiantes, específicamente se refiere al sistema de evaluación y gestión de los resultados del centro y la participación de los propios alumnos/as. En quinto lugar están los mecanismos de distribución de recompensa, los cuales pueden estar dados en pro de la competitividad o de la colaboración. En sexto lugar los modos de organizar la participación del alumnado, sus formas de convivencia e interacción. Y finalmente nombra un séptimo elemento referido al clima de relaciones sociales, que puede estar direccionado hacia la competitividad o por el contrario a la colaboración y solidaridad.
En concreto la comprensión de los mecanismos de socialización y convivencia en los alumnos y alumnas que comparten un contexto educativo está dada por los factores que determinan el grado de participación y dominio que ellos mismos protagonizan en los procesos de producción e intercambio en la escuela. De esta forma se pueden evidenciar los conocimientos, las conductas, habilidades sociales, disposiciones que desarrollan los niños y niñas como recursos para enfrentar las problemáticas propias de la convivencia escolar.