s u s -C h rist dans les d ialogues oe cu m é n iq u e s . Cerf, París 1986,
327-343. Desde 1970 a 1986, el grupo de Dombes ha publicado los siguientes documentos: ¿H a cia una m ism a fe e u ca rís tica ? (1972); Para una re c o n c ilia ció n de los m inisterios (1973); E l m i
n isterio episcopal1 ( 1976); E l E s p íritu Santo, la Iglesia y los sacra
m entos (1979); E l m in is te rio de c o m u n ió n en la Iglesia universal
(1986).
inédita en su historia. Ningún concilio, tras las v ie jas divisiones de oriente y occidente , a excepción del concilio de Ferrara-Florencia (1438-1442), ha bía considerado a las otras Iglesias y a sus m iem bros sino bajo la perspectiva del anatema. Los pa dres del Vaticano I I se plantearon, por prim era vez en la historia, la posibilidad de referirse a ellos fue ra de todo contexto polém ico. El diálogo venía a sustituir a la polém ica. Y en el nuevo contexto, el diálogo doctrinal ocupa un puesto de honor.
Los in terlocu tores de la Iglesia católica en el diálogo teológico oficial pertenecen a casi todas las tradiciones del cristianismo:
- Iglesia ortodoxas de rito bizantino y antiguas orientales.
- Com unión anglicana.
- Federación luterana mundial. - Alianza reform ada mundial. - Consejo m etodista mundial. - M ovim ien to pentecostal.
- D iscípulos de Cristo, Alianza bautista m un dial.
- Consejo Ecum énico de las Iglesias (C E I).
a) E l diálogo con las Iglesias ortodoxas de rito bizantino
La im agen de Pablo V I y el patriarca Atenágo- ras, abrazándose en enero de 1964, perm anecerá siem pre com o el abrazo de reconciliación de dos herm anos que deben decirse muchas cosas. D es pués llegaría el levantam iento oficial de las mutuas excom uniones (7 de diciem bre de 1965), seguido del «d iá lo g o en la caridad», y por últim o el diálogo teológico...
En 1975 se crea una com isión m ixta preparato ria que acuerda trabajar partiendo desde los nú cleos comunes de la fe trinitaria y sacramental. Se dejan al m argen, en un prim er m om ento, las cues tiones controvertidas. El trabajo propiam ente te o ló gico com ienza en 1979, una vez constituida la co m isión m ixta, y celebra una prim era ronda de reu niones en m ayo de 1980 en Patmos y Rodas.
174
PARA COMPRENDER EL ECUMENISMOEl desarrollo del diálogo, quizá dem asiado lento y no exento de reticencias, ha producido hasta aho ra tres documentos oficiales S2:
1. E l misterio de la Iglesia y de la Eucaristía a la luz del misterio de la Santísima Trinidad (Munich,
1982). Unanimidad.
2. Fe, sacramento y unidad de la Iglesia (Bari, 1987). Proyectado en Creta (1984). Cierta conver gencia.
3. E l sacramento del orden en la estructura sa cramental de la Iglesia (Válam o, 1988). Proyectado en Bari (1986).
Se ha hablado de la «eclesiolog ía eucarística» del documento de Munich, que contiene dim ensio nes trinitarias, eclesiológicas (Iglesia local y fun ción episcopal) y cristológicas. El problem a se vis lumbra, aunque no aparece explícitamente form u lado, en el diferente énfasis dado a la Iglesia local (fuertemente enraizada en la ortodoxia) y la univer salidad de la Iglesia (desde el catolicism o). El docu mento de Bari ha intentado, entre otras cosas, ana lizar el grado de fidelidad a la tradición prim itiva, tanto en la doctrina com o en la praxis sacramental de ambas Iglesias. E l docum ento de Válam o analiza el fundamento ontològico y pneum atológico del m i nisterio, el sacerdocio de los bautizados y el triple m inisterio del diaconado, presbiterado y episcopa do. Por último estudia el tema de la sucesión apos tólica y de la com unión entre los obispos, apuntan do hacia la cuestión del prim ado rom ano, «d iv e r gencia grave» entre ambas tradiciones.
En 1990 estaba previsto tratar la relación entre «conciliaridad y autoridad en la Iglesia». El diálogo se centró, sin em bargo, en el tema siem pre canden
52 Cf. In tro d u c c ió n h is tó rica a l d iá logo o r to d o x o -c a tó lic o , en
E n ch irid io n O ecu m enicu m , o. c., 493-495. Los textos más im por tantes están traducidos en p. 495-516. Para una buena introduc ción a este diálogo, ver A. Birmelé, Le dialogue orth od o xe-ca th o - lique ro m a in , en Le salut en Jésus-Christ dans les dialogues oecu - méniques, o. c., 427-434; P. Rodríguez, E l diálogo te o ló g ico de la Iglesia C atólica con la Iglesia O rto d o x a : Boletín Inform ativo del Secretariado de la C. E. de Relaciones Interconfesionales, n. 33 (1990) 13-15; Diez a ñ os de d iá lo g o c a tó lic o -o rto d o x o : D iálogo Ecuménico, n. 84 (1991) 7-157.
te de las Iglesias uniatas, problemática de muy d ifí cil solución al intervenir factores no teológicos que afectan a la sensibilidad y a la historia de com uni dades cristianas que han padecido muchas persecu ciones.
b) E l diálogo con las Iglesias coptas
Este diálogo se inicia tras el encuentro y decla ración común de Pablo V I y el patriarca copto de Alejandría, Schenuda III, en mayo de 1973.
La com isión m ixta católico-copta ha celebrado, desde entonces, varios encuentros, entre los que ca be d estacar53:
I E n c u e n tro de la C o m is ió n m ixta (E l C airo, m arzo 1974).
I I E ncuentro de la Com isión mixta (E l Cairo, oc tubre 1974).
D eclaración sobre la cristología (Viena, agosto 1976).
La declaración de Viena es el m ejor ejem plo de cóm o, a pesar de form ulaciones distintas, puede existir una fe com ún en la persona divina de Cristo. Recordam os un texto de esta declaración:
«Cuando los ortodoxos confiesan que la divinidad y humanidad de Nuestro Señor están unidas en una naturaleza, entienden bajo naturaleza’ no simplemen te una naturaleza sencilla, sino más bien una única naturaleza compuesta, en la que la divinidad y la hu manidad están unidas inseparable e inconfusamente. Y cuando los católicos confiesan a Jesucristo co mo uno en dos naturalezas, no separan la divinidad de la humanidad ni siquiera por un momento. Se es fuerzan, más bien, por excluir la confusión, la mez cla, la falsificación o la alteración de lo uno en lo otro.
53 Los textos del diálogo ortodoxo precalcedonense-católico, en E n ch irid io n O ecu m e n icu m , o. c., 517-539; véase G. Daucourt,
E l d iá lo g o Iglesia C a tó lic a -Ig le s ia s preca lced o n en ses: Pastoral Ecuménica, n. 10 (1987) 36-52; L'E glise ca th olique et l ’Eglise c o p te orthodoxe. D o c u m e n ts (1 9 73-1988): Service d'information, n. 76 (1991/1) 2-35.
Ambos conjuntamente confesamos la realidad de la humanidad de Nuestro Señor, pues la salvación de la humanidad no pudo ser ninguna otra cosa que la acción de la palabra divina hecha carne. La divinidad no pudo abandonar a la humanidad en ningún mo mento, ni en el momento de la crucifixión, ni en nin gún otro momento posterior... Por otra parte, afirma mos la realidad de la divinidad de Nuestro Señor, la palabra, que inalterada fue y es Dios mismo hecho carne. Por esta razón, la resurrección de Nuestro Se ñor es para nosotros una prueba clara de su divini dad... Esta es nuestra fe en el misterio de la encarna ción de Nuestro Señor Jesucristo y la economía (oiko- nomía) de nuestra salvación. En ello estamos todos de acuerdo» 54
El diálogo entre ambas Iglesias ha venido a re cordar la existencia de dos niveles de afirmaciones: uno que es absolutamente esencial y que correspon de a la profesión de fe, y otro que responde al nivel de las fórmulas en las que subyacen sistemas filosó ficos y contextos culturales diversos. La fe se puede expresar de diferentes modos, a condición de que lo esencial esté asegurado.
c ) E l diálogo con la C om un ión anglicana A raíz del histórico encuentro en Rom a (m arzo, 1966) entre Pablo V I y el Dr. M. Ramsey, arzobispo de Canterbury, se crea una com isión mixta prepara toria que da com o resultado la fam osa Relación de Malta de 1968 55.
Se inicia entonces una serie de visitas mutuas entre las máximas autoridades de las dos Iglesias, que ayudan cordialm ente a m ejorar las relaciones entre ambas Iglesias: el 29 de abril de 1977, el ar zobispo Coggan visita en R om a a Pablo VI; el 29 de m ayo de 1982, Juan Pablo I I visita a Robert Runcie en Canterbury; y el 30 de septiem bre de 1989, el ar
54 D eclaración cobre cristología de la C om isión M ixta de la Igle
sia C atólica y de la Iglesia O rtod oxa Copta (1976), en E n ch iríd io n O ecu m e n icu m , o. c., 535-536.
55 R ela ción de la C om isión preparatoria m ixta A nglicana-C atóli-
c o -R o m a n a (1968) (R e la ció n de M a lta ), en E n ch irid io n O ecum e n icu m , o. c., 2-9; A. Birmelé, Le dialogue a nglica n-ca th olique ro m ain. A R C IC , en Le salut en Jésus-Christ dans les dialogues oecu méniques, o. c., 361-388.
zobispo R. Runcie visita a Juan Pablo I I en el V ati cano. Se había creado, mientras tanto, la Com isión m ixta anglicano-católico-rom ana (ARC IC I), que co m ien za un la rg o trabajo, centrado fundam ental m ente en los temas de la eucaristía, el m inisterio y la autoridad y se concluye con la Relación final del A RC IC I (1981). Esta etapa ofrece los siguientes do cumentos 56:
D octrina sobre la eucaristía (Windsor, 1971). M inisterio y ordenación (Canterbury, 1973). E l m atrim onio (1975).
Autoridad en la Iglesia, I (Venecia, 1976). Autoridad en la Iglesia, I I (Windsor, 1981). El A R C IC I I se con stitu ye el 29 de m ayo de 1982, durante la visita de Juan Pablo II a la catedral de Canterbury. Se abre entonces una nueva etapa con mayores dificultades que en la a n te rio r57. Los temas propuestos para estudio son la reconciliación de los m inisterios, la salvación y la justificación. Fruto del trabajo ha sido hasta ahora el documento: La salvación y la Iglesia 58 (1986).
Será necesario recordar el clim a p or el que han transcurrido ambas etapas del diálogo anglicano- católico. Un experto en esta materia ha escrito:
«Conviene recordar que, desde que Pablo VI y el primado Michael Ramsey crearan, en la Basílica ro mana de San Pablo extra-muros, con su primera de claración común (1966), ARCIC I, el diálogo 'oficial' entre ambas confesiones transcurría en clima de gran entendimiento. Así apareció de nuevo en la Declara ción común (1977), firmada conjuntamente en el Va ticano con motivo de la visita del nuevo primado Do- nald Coggan al papa Montini.
Tras la elección del papa Wojtyla (1978), se relan zaron las conversaciones, que terminaron en 1982 con este resultado: unanimidad en la doctrina euca-
56 Los documentos del A R C IC I se hallan en E n c h irid io n Oe-
cu m e n icu m , o. c., 16-73.
57 El texto de la D e cla ra ció n c o m ú n del 29 de mayo de 1982, en E n c h irid io n O e cu m e n icu m , o. c., 79-81.
58La sa lva ción y la Iglesia (1986)'. Diálogo Ecuménico, n. 75-
76 (1988) 193-211.
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PARA COMPRENDER EL ECUMENISMOrística; acuerdo sustancial en el sacramento del or den: acuerdo básico en el concepto de autoridad con reconocimiento de la primacía histórica romana y de su conveniencia. Como puntos no resueltos, se enu meran las declaraciones dogmáticas del Vaticano I, el reconocimiento de las ordenaciones anglicanas y otros de menor entidad.
No obstante el optimismo ecuménico, provocado por la Declaración común de Canterbury, hay que re conocer que no se trataba sino de un "visto bueno" genérico sin el menor compromiso de carácter jurídi co. Quedaba la aprobación 'oficial’ de ambas Iglesias. Por otra parte, se reconocía que la nueva etapa no se ría fácil para ARCIC II, al deber afrontar las dificulta des que surgen en el camino hacia una comunión or gánica.
El sentido puramente formal de la Declaración es taba claro. Por parte anglicana, su primado carece de jurisdicción decisoria. Por parte romano-católica, el papa no deseaba comprometerse, tanto menos cuanto que la edición del ’Informe final' había estado rodea da de polémica. El cardenal-prefecto de la Congrega ción para la Doctrina de la Fe, J. Ratzinger, había ex presado sus reservas sobre su publicación. Aunque fi nalmente el ’Informe final' apareció casi en las mis mas fechas de la visita papal, no discurrió mucho tiempo sin que surgieran nuevas Declaraciones de di verso signo...» 59.
Esta larga cita nos pone delante de la dificultad con que se encuentran ahora m ism o ambas Ig le sias: p o r una parte, los obispos anglicanos reunidos en Lam beth (1988) han aprobado las conclusiones de A R C IC II, y han dado «v ía lib re» a la ordenación episcopal de la mujer, que dejan a la decisión cole gial de cada provincia eclesiástica. Pero ello añade, al diálogo con los católicos, un nuevo y d ifícil obs táculo.
Respecto a los acuerdos del ARC IC II, tan cáli dam ente aceptados por parte anglicana en la C onfe rencia de Lambeth (julio-agosto 1988), la Congrega ción para la Doctrina de la Fe publicaba meses des pués un texto en el que negaba que pudiese hablar-
59 M . Alcalá, E l diálogo a n g lic a n o -c a tó lic o : Razón y Fe, n. 1096 (1990) 181-196. E l texto en p. 182-183.
se de «acu erdo intereclesial», ya que «su lenguaje sim b ólico hace d ifícil la interpretación u nívoca», observa «insuficiencias en la explicación de la fó r m ula 'simul justus et peccator », y hay «diferente concepción sacramental». Debería leerse detallada m ente el texto de J. Ratzinger, titulado Problemas y esperanzas del diálogo anglicano-católico (BAC 494), 77-113. Para M. Alcalá,
«la lectura de este documento (el de la Congregación para la Doctrina de la Fe) produce la impresión de que se trata de una desautorización de la comisión católica. La metodología de mutuo acercamiento cambia. Y se regresa al estilo neoescolástico, donde no aparece debidamente articulada la jerarquía de verdades, esencial en todo diálogo ecuménico» 60. Y respecto al tema de la luz verde para las orde naciones fem eninas al episcopado, el papa Juan Pa blo I I escribía en « L ’Osservatore R om ano», en di ciem bre de 1988:
«Con todo, hablo con sincero dolor, se trata de una iniciativa unilateral que, como le he escrito re cientemente al queridísimo hermano Robert Runcie, arzobispo de Canterbury, no ha tenido adecuadamen te en cuenta las dimensiones tanto ecuménicas como eclesiológicas del problema, en contraste con el cami no siempre claramente seguido por la Iglesia católica, como por la Iglesia ortodoxa y la antigua Iglesia oriental. Tal toma de posición no favorece ciertamen te los esfuerzos conjuntos de los miembros del ARCIC II y pone además serios obstáculos al progreso de la reconciliación recíproca, que había llegado a éxitos tan prometedores en el curso de los últimos dece nios...».
Las relaciones oficiales entre anglicanos y cató lico-rom anos se han com plicado de m anera n ota ble. El m ism o autor citado o frece el siguiente aná lisis:
«Nuestra Iglesia católico-romana produce a los hermanos separados anglicanos una impresión ambi gua. Por una parte, se aprecia la esencial unidad in
60 M. Alcalá, E l diálogo anglicano-católico, o. c., 186.
terna 'con Pedro y bajo Pedro'. Por otra, sin embargo, se teme el exceso de autoridad central. La comunión anglicana, en cambio, produce a muchos católicos la imagen contraria: carencia de autoridad primacial adecuada y excesos autonómicos» 6I.
d) E l diálogo con la Federación Luterana Mundial
El diálogo entre las tradiciones católica y lutera na recubre un am plio espectro. A niveles regionales m erecen destacarse los llevados a cabo en los Esta dos U n id os62 y en Alemania. Y en el plano interna cional, el que sostienen ahora m ism o la Federación Luterana Mundial y el Consejo Pon tificio para la Prom oción de la Unidad.
El trabajo del Diálogo N acional Luterano-Católi co de los Estados Unidos -com en zad o en 1965- ha dado lugar a varios informes con la siguiente temá tica: E l credo de Nicea (1965); E l bautism o (1966); La eucaristía c o m o sacrificio (1967); E ucaristía y m in is te rio (1970); Pedro en el N u evo Testamento (1973); Primado papal e Iglesia universal (1974); A u toridad e infalibilidad en la Iglesia (1980); y Justifica ción p o r la fe (1983). En 1978 aparecía el documen to M aría en el Nuevo Testamento, elaborado igual m ente por teólogos católicos y luteranos estadouni denses, aunque com o «proyecto independiente» del D iálogo Nacional Luterano-Católico.
El m áxim o interés reside, no obstante, en el diá logo mantenido en el plano internacional. A partir de la presencia de observadores luteranos en el Va ticano II, y tras la publicación del libro E l diálogo está abierto 63, se inicia una serie de negociaciones durante 1965 y 1966, que concluyen con la creación
61 M. Alcalá, E l diálogo a n glica n o-ca tólico, o. c., 195.
61
Cf. E l G rupo USA de. Luteranos y C atólicos, en E n ch irid io n O e cu m e n icu m , o. c., 721-722. El texto E u ca ris tía y m in is te rio(1970), en p. 722-744, y E l prim ad o del papa (1974), en p. 745- 781. El texto La ju s tific a c ió n p o r la fe (1985): Diálogo Ecuméni co, n. 72 (1987) 59-148.
63 E l diálogo está abierto (Los observadores luteranos ante el
C o n c ilio ). Ediciones de Cultura Popular, Barcelona 1967. (La edición original está publicada en Delachaux et Niestlé, Neuchá- tel 1965).
de una com isión m ixta de trabajo, cuyos resultados pueden ubicarse en tres etapas 64:
I Etapa (1967-1971):
E l evangelio y la Iglesia (R e la c ió n de M alta, 1972).
I I Etapa (1973-1984): La cena del Señor (1978).
Todos bajo un m ism o Cristo (Declaración sobre la Confesión de Augsburgo, 1980).
Caminos hacia la com u n ió n (1980). E l m inisterio espiritual en la Iglesia (1981). M artín Lutero, testigo de Jesucristo (1983). Ante la unidad (1985).
I I I Etapa (1986):
Se está trabajando sobre la Justificación (W ies baden, 1987); la Eclesiología contextual (Versalles, 1988); y la Sacramentalidad (O pole, Polonia, 1989). E l evangelio y la Iglesia -la llamada Relación de Malta (19 72 )- aparece c o m o el telón de fondo de to do el d iálogo luterano-católico. Es en realidad el d o cu m en to p ro g ra m á tic o de las con versacion es posteriores y trata cuestiones necesitadas de espe cial clarificación: la relación del evangelio con la tradición (1); con el mundo (2); con el m inisterio (3); y con la unidad de la Iglesia, que incluye los temas de la prim acía papal y la intercom unión (4).
64 J. Fleinert, E l diálogo ca tólico-luteran o'. Boletín Informativo del Secretariado de la C. E. de Relaciones Interconfesionales, n. 32 (1990) 7-13; A. Birmelé, Le dialogue lu th éro-ca th oliqu e, en Le
sa lu t en Jésus-Christ dans les dialogues oecum én iques, o. c., 19-
315. Los siguientes textos del diálogo católico-luterano se hallan en el E n c h irid io n O e cu m e n icu m : E l E va n gelio y la Iglesia (p. 265- 292); L a cena del S eñ or (p. 292-320); Tod os bajo un m is m o C risto (p. 351-358); C am in os hacia la c o m u n ió n (p. 321-351); E l m in is
terio esp iritu a l en la Iglesia (p. 359-391).
E n Face à l ’Unité. C o m m ission Intern a tion a le C a th oliqu e-L u -
thérienne. Textes officiels (1972-1985). Cerf, París 1986, se hallan
los textos: M a rtin Luther, té m o in de Jésus-Christ (p. 281-293) y
Face à l ’Unité. Modèles, form es et étapes de la c o m m u n io n ecclé siale lu th éro-ca th oliqu e (p. 295-382).
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PARA COMPRENDER EL ECUMENISMOAños después, aparece el docum ento titulado La cena del Señor (1978), que estudia tres capítulos es pecialm ente delicados: la presencia real de Cristo en la eucaristía, admitida por ambas confesiones, aunque con diferente form ulación; la cuestión del «sacrificio de la m isa», de muy difícil com prensión para los luteranos, por la posibilidad de que una cierta praxis eucarística nuble el carácter único, su ficiente e irrepetible del sacrificio de la cruz; y el tema de la «hospitalidad eucarística».
Resaltamos, por último, el docum ento titulado Ante la unidad: m od e los fo rm a s y etapas de la c o m u n ión eclesial luterano-católica (1985). Los autores dicen que su
«texto se esfuerza en iluminar el debate sobre ló que es exactamente la unidad eclesial y sobre la represen tación que se puede hacer de ella: una uniptad que no significa la absorción o el retomo, sinoia comunión estructurada de las Iglesias. Y para ello es necesario que haya comunión en la confesión de la misma fe y en la vida sacramental... El presente documento trata de esbozar, paso a paso, cómo se podría realizar una tal comunión, siendo conscientes, a la vez, del carác ter arriesgado y provisional de las propuestas...65. En la prim era parte se proponen los diferentes m odelos de unidad: unidad orgánica (n. 16); reu nión corporativa (n. 19); com unión eclesial del tipo de concordia (n. 23); comunidad conciliar (n. 27); y unidad en la diversidad reconciliada (n. 31). L a se