Numerosas investigaciones internacionales se han dedicado a estudiar la relación que la Personalidad tipo C comparte no solo con el inicio, sino con la progresión de enfermedades como el cáncer, en especial el cáncer de mama. La relación entre el cáncer y el control emocional no es reciente, pues autores como Kissen, D., Brown y Kissen, M. (1969); Kissen, D. y Eysenk, (1962) señalaron esta idea, sin embargo, fue hasta 1980, cuando Morris y Greer citaron a la personalidad tipo C, como una marcada contención emocional presentada por la mayor parte de sus pacientes con cáncer de mama. De tal modo que Greer y Watson (1985), determinaron que la supresión de emociones constituye un aspecto central del patrón de conducta tipo C (Greer y Watson, 1985, p. 774). Desde entonces, diversos autores comenzaron a investigar sobre este constructo. Utilizando diferentes metodologías en distintas poblaciones, con variados resultados y conclusiones obtenidas, no obstante, coinciden en una clara correlación de la Personalidad tipo C con el cáncer de mama (Amaya, Gordillo y Restrepo- Forero, 2006; Anarte, López, Ramírez y Esteve, 2000; López, Esteve, Ramírez y Anarte, 1998). Las investigaciones sobre la Personalidad tipo C tuvieron auge, a partir de 1980, hasta aproximadamente el año 2002, con la presencia de mujeres como participantes en la mayoría de los estudios. Sin embargo, en el año 2006, se llevó a cabo la validación de un instrumento de medición de la Personalidad tipo C con población colombiana de ambos sexos, el cual fue elaborado por investigadoras españolas de la Universidad de Málaga (Amaya, Gordillo y Restrepo-Forero, 2006; Amorós, Anarte, Esteve, López y Ramírez, 1998). En una visión mas reciente sobre la Personalidad tipo C, se sugiere que ésta no es exclusiva del cáncer de mama,
sino también podría asociarse con otras enfermedades crónicas como la diabetes, el asma, enfermedades cardiovasculares y renales, sin tener aún claridad en la relación de estos elementos, excepto que se ha encontrado en pacientes diabéticos, baja emocionalidad a la vez que sus análisis de hemoglobina indican altos niveles de glucosa (Anarte, López, Ramírez y Esteve, 2000; Gordon, Fisher, Wilson, Fergus, Peterson y Semple, 1993; Sabán, 2012).
En un esfuerzo por delimitar el constructo de Personalidad tipo C, se ha identificado
a las personas que la desarrollan, con las siguientes características: Además del bajo neuroticismo y bajas emociones negativas se muestran excesivamente serviciales, pacificadoras, presentan dificultad para defender sus derechos, son pacientes, evitan los conflictos, buscan la armonía en las relaciones interpersonales, tienden a ser sumisas, suprimen la expresión de las emociones y presentan incapacidad de enfrentarse a tensiones en el ámbito interpersonal, todo ello les lleva a experimentar sentimientos de indefensión, culpa y desesperanza; siendo más propensas a desarrollar trastornos de depresión (Eysenk, 1998, Anarte, López, Ramírez y Esteve, 2000).
Por otra parte, Anarte, Esteve, Ramírez, López y Amorós, encontraron que la Personalidad tipo C desde sus estudios iniciales se caracterizó con los siguientes rasgos: Personas cooperadoras y pacíficas, con dificultad para la comunicación asertiva, control de expresión de emociones negativas particularmente del enojo y la ira, sumisas con las autoridades externas, concretamente, este estilo de afrontamiento fue definido por los autores como opuesto al patrón de conducta tipo A (Anarte, Esteve, Ramírez, López y Amorós, 2001).
La personalidad tipo A surge en el ámbito de la observación clínica de pacientes con enfermedades cardiovasculares, en 1959 los cardiólogos Meyer Friedman y Ray Rosenman iniciaron a estudiar las relaciones existentes entre este tipo de personalidad y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares (Sabán, 2012). Entre los rasgos de personalidad encontrados en las personas que sufrían estos trastornos, especialmente hombres, se encontraron: impaciencia, intensa implicación laboral, competitividad, inquietud, tensión muscular, necesidad de logro y actitudes exigentes hacia las personas que trabajan y conviven con ellos (Polaino-Lorente, Cabanyes y Del Pozo, 2003). De acuerdo con Sabán (2012), la
hostilidad es el componente mas nocivo y trascendente del patrón conductual tipo A, fue considerado un factor de riesgo predictivo para el infarto agudo de miocardio, por lo cual, las investigaciones concluyen que este patrón conductual no es un factor de riesgo propiamente para la enfermedad mencionada, sin embargo, la hostilidad si lo es.
Quien presenta el tipo de personalidad A, normalmente no descansa, no se conforma con la pasividad, presenta tendencia al autoritarismo, a la dominación y a la extroversión lo que puede condicionar en ellos respuestas descontroladas y agresivas, además de adaptación inadecuada en el ámbito conyugal y familiar (Sabán, 2012). Estas características son opuestas a las de la Personalidad tipo C, que suele encontrarse más en mujeres; por lo que se estima podría relacionarse a los esquemas tradicionales de género para hombres y mujeres respectivamente, en la que los primeros suelen desarrollar mas la personalidad tipo A, debido a las características de masculinidad y a las expectativas que tradicional y socialmente se tienen para hombres, en el caso de las mujeres el rol tradicional esperado es acorde al desarrollado por la Personalidad tipo C (Anarte, López, Ramírez y Esteve, 2000).
En tanto las dimensiones comunes que hasta ahora se han desarrollado para evaluar el constructo de Personalidad tipo C, han sido básicamente delimitadas por las investigadoras López, Esteve, Ramírez y Anarte (1998), mediante la realización de psicometría, elaborada a partir de otros instrumentos, que evalúan algunas características de este constructo, fundamentadas en rasgos de personalidad, entre los cuales, cabe destacar:
Escala Courtauld de Control Emocional, de Watson y Greer, elaborada en 1983. Evalúa el grado en que las personas controlan las emociones de enfado, preocupación y tristeza.
Escala de Racionalidad/Defensividad Emocional, de Spielberg, con el factor de Defensividad emocional (grado en que las personas aplican la lógica y la razón para evitar determinadas emociones relacionadas con la esfera interpersonal, especialmente control del enfado) y Racionalidad (grado en las personas aplican la lógica y la razón como forma general de enfrentarse al mundo), relacionada con el control de ansiedad.
Escala de Necesidad de Armonía, de Spielberger, sus dimensiones son Relaciones armoniosas (necesidad de equilibrio en las relaciones interpersonales) y Autosacrificio (predisposición a renunciar a la satisfacción de las propias necesidades para lograr y mantener relaciones sociales armoniosas).
Inventario Breve de Reacciones Interpersonales, de Grosssarth-Maticek y Eysenck (1990), evalúa las tendencias a la Racionalización y a vivir Depresión. Escala de Racionalidad y Anti-emocionalidad, de Bleiker, Van Der Ploeg, Hendriks Leer y Kleijn, (1993). Contiene los factores de Racionalidad, Emocionalidad (tendencia a expresar las emociones) y Comprensión (tendencia a comprender a los demás, a pesar de experimentar sentimientos negativos hacia su comportamiento).
Escala de Expresión y Control Emocional, También elaborada por Bleiker y cols, (1993), con las dimensiones de Expresión, Represión y Control de las emociones de enfado, preocupación y tristeza (López, Esteve, Ramírez y Anarte,1998, p. 5).
Después de realizar los respectivos análisis estadísticos, las autoras citadas anteriormente obtuvieron un instrumento de medición para la Personalidad C, el cual incluye los siguientes elementos: Control emocional, Racionalidad, Represión emocional, Necesidad de armonía y Comprensión. Mismo que ha sido validado en población Colombiana. Para efectos del presente trabajo se forman categorías relacionadas a la Personalidad tipo C.
Hasta el momento persisten tres importantes líneas de investigación que implican el origen y la evolución de la Personalidad tipo C, en algunos casos se argumenta que es un rasgo premórbido asociado a un mayor riesgo de desarrollar neoplasia, en otros se define como un estilo de afrontamiento genérico asociado a mayor probabilidad de desarrollar cáncer y también como un estilo de afrontar el diagnóstico y la terapéutica del cáncer (Vinaccia, Arango, Cano, Tobón, Moreno y López, 2006). Los resultados de las variadas investigaciones realizadas al respecto y de la metodología utilizada, los instrumentos aplicados, la muestra y el tipo de estudio, son la causa probable de esta disparidad. Sin embargo, para efectos del presente trabajo se considera a la personalidad C, como un factor asociado al diagnóstico del cáncer de mama, el cual, permanece constante durante el tratamiento.