7.3 Research Contribution
7.3.1 Contribution to Knowledge
La organización de las mujeres, bajo la influencia del Partido Comunista en su lucha por la toma del poder, constituyó un antecedente muy importante sobre las ideas en el partido res-
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pecto a la legislación y la práctica social que devendría en 1949. La investigadora Li Xiaojiang, de la Universidad de Dalian, indica que luego del triunfo del Partido Comunista en 1949:
1. Las mujeres chinas han pasado de ser “seres familiares” a ser “se- res sociales” en un periodo relativamente corto. Ese es un logro de la revolución socialista (no del movimiento feminista). 2. Las mujeres chinas han obtenido, en términos generales, la igual-
dad ante la ley, resultado de aplicar el “principio igualitario” del socialismo (más que de las ideas feministas).56
Luego de cuestionar la idea del fracaso del socialismo, espe- cialmente por las implicaciones en la transformación de la vida de las mujeres, Li Xiaojiang diferencia dos grandes etapas, posteriores a la creación de la República Popular, que también mencionará en diversas ocasiones como la “Nueva China”.57
56. Xiaojiang, Li, “Ganancias y pérdidas de las mujeres en China desde 1949”, en Saiz López, Amelia, Mujeres asiáticas: Cambio social y modernidad, Cidob
Ediciones, Serie Asia, núm. 12, Barcelona, 2006, p. 85.
57. “Desde la perspectiva del movimiento de liberación de la mujer o desde la óp- tica de la vida de las mujeres y los estudios de la mujer”, sobre estas dos etapas, afirma Li Xiaojiang:
La primera etapa abarca desde la fundación de la Nueva China en 1949 hasta el fin de la Revolución Cultural en 1976. Fue el periodo de la “liberación so- cializada”, en el que las mujeres chinas se liberaron y se configuraron como grupo. Durante esta fase experimentaron una “socialización de grupo” en muy poco tiempo —menos de una década—, marcando una clara distinción entre ellas y las mujeres de los demás periodos históricos, a la vez que se asentaron importantes bases para el desarrollo actual y en su caminar como grupo y hacia una vida individualizada.
La segunda etapa, desde 1977 hasta la actualidad, constituye el periodo de transición en el que las mujeres chinas empezaron a despertar su conciencia de “féminas” y de “individuos” sobre la base de la liberación “socializada”. Tras más de veinte años de esfuerzos, las mujeres chinas han adquirido unas características “nativas” en su caminar como grupo y hacia una vida individua- lizada. También han completado la importante transición de su adaptación a la modernización, la sociedad internacional y los movimientos internacionales de mujeres (Xiaojiang, Li, op. cit., pp. 78-79).
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En la primera etapa se diferencian las medidas legales o formales de la persistencia de una práctica ancestral. Esa primera etapa formal se ubica en la década de los cincuenta. Sin embargo, la necesidad de reconstrucción de un país que venía de sufrir invasiones y luchas intestinas a lo largo de 150 años demandaba un rol diferente a la mitad de la población sometida a las prácticas discriminatorias.
La presencia femenina se convirtió en un factor decisivo, no sólo para la reproducción de la fuerza de trabajo —es decir, dando hijos— sino en el propio ámbito de la producción. Por eso es que la ley de matrimonio de 1950, más que constituirse en una legislación estrictamente sobre ese tema, sancionaba la igualdad de géneros prácticamente en la totalidad de los facto- res sustanciales para la convivencia.58 Entre otros elementos, la
ley establecía la prohibición en la interferencia del matrimonio de las viudas, la libertad matrimonial, la igualdad de derechos de hombres y mujeres, la obligación de mantener a los hijos hasta los 18 años, el divorcio de mutuo acuerdo, la custodia de los hijos para la madre en caso de divorcio y la obligación del padre de la manutención de los hijos, la familia monógama, y la protección de derechos de mujeres y niños.
58. “Nos sorprenden igualmente, las prendas masculinas (chaqueta pantalón y a menudo gorra) usada por hombres y mujeres indistintamente. Hay en ello una reafirmación de la fuerza liberadora de que está poseída y de que hace alarde esta mujer nueva china. Puede ser que haya otras causas (debe haberlas, sí, incluso económicas) que determinen esta exigencia de la vestimenta femenina. Pero aseguro que hay también en ello, y tal vez como reacción a milenios de opresión, un sentimiento de autoridad y varonía, de absoluto igualitarismo de sexos, tal como lo hay en la dura faena constructora” (Sosa, Jesualdo, Conocí
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De esa forma, el Partido Comunista de China, por nece- sidad y por convicción, se adelantó a muchas de las demandas de género que se dieron en otras regiones del mundo. “La plena igualdad de la situación social de las mujeres fue es- tablecida por la ley. Por medio de la propaganda ideológica, los movimientos políticos y la interferencia administrativa, el Estado introdujo en la mente de las personas la idea de que ‘los hombres y las mujeres son iguales’, y la aplicó a todos los aspectos de la vida social”.59
La radicalización del régimen hacia formas colectivas y el posterior proceso de urbanización confluyeron en el avance de las mujeres hacia su autonomía, aunque en ese proceso las formas de discriminación adquirieron nuevas característi- cas, a través de la discriminación salarial, las condiciones de trabajo, y el doble rol de la mujer productiva que debió con- tinuar garantizando la reproducción de la fuerza de trabajo.
A pesar de la flagrante discriminación citada, lo cierto es que el avance de la mujer, al salir del ámbito de la familia para integrarse en la comunidad, marcó un proceso que se volvería irreversible en la medida en que crecía la urbanización del país.