• No results found

Contribution to the understanding of pairing principles for beer.

Table of tables

Chapter 7: General discussion

1. Contribution to the understanding of pairing principles for beer.

Pocos especialistas dentro de la Sociología del trabajo han podido sustraerse al debate que venimos tratando sobre su supuesta crisis. La amplia

constelación de autores que desde posiciones marxistas han tratado el tema del trabajo, de la crisis económica o de la consolidación del neoliberalismo hace muy difícil un tratamiento exhaustivo de la materia, pero a la vez obliga a prestar atención a la variedad de planteamientos existentes. Por otra parte, aunque la mayoría comparten la explicación de que el paro es un resultado de la crisis de rentabilidad que golpea al capitalismo mundial desde finales de los sesenta, pocos prestan una atención detallada al fenómeno concreto del desempleo y pocos se centran en su análisis puramente sociológico. La crisis del trabajo ha venido acompañada por cambios técnicos que han reducido la necesidad de mano de obra y esto ha generado un paro masivo. Este argumento no es una novedad en la interpretación marxista del paro, el ejército industrial de reserva es tan consustancial al funcionamiento del capitalismo que, realmente, la novedad sería que desapareciese. Por este motivo, y como norma general, cuando el paro comienza a crecer en los setenta, pocos marxistas van más allá de señalarlo como un corolario del proceso de recuperación de la rentabilidad por parte del capitalismo. Su preocupación se centra más en los cambios en la producción y en cómo estos influirán sobre el trabajo. Aunque esto no quiere decir que se ignore que, en el marco de una dominación universal de la forma mercantil-capitalista, una parte importante de la población queda radicalmente privada de todo acceso a los medios de producción y supervivencia.

Más allá de la importancia que el trabajo tiene en la concepción marxista - donde la esencia del género humano, lo que es y lo que puede llegar a ser, se basa, precisamente, en el trabajo-, el análisis más focalizado de Marx sobre el modo de producción capitalista señala un doble carácter del trabajo. Este es, a la vez, el conjunto de actividades concretas orientadas a la producción de valores de uso y, por otra parte, es utilización productiva de la fuerza de trabajo, efectuada bajo el control sociopolítico del capital. Estos dos aspectos, que analíticamente son distintos, en la realidad aparecen indisociablemente unidos y designan lo que Marx entendía como fuerza productiva del trabajo. Desde esta posición, el análisis del trabajo en general queda en un segundo plano y cede su lugar al análisis de los regímenes de

producción, que organizan la fuerza de trabajo como valor de uso. De esta forma, el proceso de producción capitalista, donde se ensambla el proceso de producción de valores de uso y se emprende el proceso de valorización del capital, es el lugar donde se organiza un tipo históricamente determinado de dominación social basado en el trabajo alienado. Partiendo de estas relaciones que se producen en torno al trabajo, se crea un sistema de división del espacio social en clases sociales basado en la explotación, que, sin embargo, cobra la apariencia ‘natural’ de un régimen de intercambios mercantiles entre actores libres económicos que acuerdan contractualmente una relación de cambios en igualdad.

Desde este punto de partida de la teoría marxista y de sus reformulaciones neomarxistas, hablar del “fin del trabajo”, e incluso de la “crisis del trabajo” resulta ser una mala formulación de un problema real. Al no tener el trabajo una historia particular en la dinámica capitalista no es posible hablar de su “fin”. En cambio, es la organización del trabajo –las tecnologías sociales encargadas de dirigir la fuerza de trabajo hacia objetivos directamente productivos para la acumulación del capital-, la que sí tiene una historia, que conviene analizar. El “fin del trabajo” no es más que un desplazamiento de la temática de la organización del trabajo y, como discusión, ofrece poca inteligibilidad sobre los efectos que el trabajo está sufriendo por la metamorfosis productiva y los cambios en la organización del trabajo. El análisis de estos cambios productivos es, por tanto, el terreno teórico que permitirá crear nuevos conceptos y explicaciones en el seno del capitalismo flexible actual.

En este último cuarto de siglo, la mutación de las fuerzas productivas y la crisis de las relaciones sociales ligadas a la esfera del trabajo han abierto un amplio campo de análisis donde los intereses teóricos se dirigen a analizar las diferentes esferas implicadas en la crisis, entre otras: la empresa, el Estado, los sindicatos, la escuela. Si mencionásemos algunos de los autores más sobresalientes que han abordado desde el marxismo estas cuestiones, podríamos captar cómo en el tipo de aproximación que se ha realizado desde

esta corriente ha predominado un abordaje en los términos que acabamos de señalar. Es arriesgado mencionar nombres concretos, pues las escuelas neomarxistas no forman una unidad. A su vez, están muy bien representadas por autores de gran importancia en el campo interdisciplinar de las ciencias sociales y, además, la heterodoxia ocupa un lugar tan significado sobre la filiación de los autores que a veces su identificación resulta muy comprometida.

La mayor parte de autores de procedencia marxista que se acercan recientemente al tema de la crisis del trabajo comparten un análisis de corte similar. Conservando los puntos de partida clásicos, identifican como espacio central de su análisis el terreno de la organización de la producción, pero amplían el conjunto de variables que interrelacionan con ella. Asimismo, conceden una importancia destacada a las resistencias colectivas por parte de las organizaciones obreras. Presentaremos a continuación dos perspectivas concretas sobre la cuestión laboral que pueden representar la actual escena marxista. La primera se acerca a las corrientes más convencionales dentro del neomarxismo, tiene un tinte marcadamente económico y está próxima a los enfoques regulacionistas. Por su recientísima aportación de síntesis al debate sobre el trabajo en crisis, esta corriente podría estar representada por Michel Vakaloulis. La segunda tiene un carácter más innovador, con matices heterodoxos muy acentuados y con una orientación no tanto hacia el análisis económico sino hacia el político. Se trata de las propuestas de la autonomía obrera italiana, que ha analizado insistentemente, durante más de treinta años, la cuestión obrera. Su originalidad y renovación conceptual durante este periodo, así como su particular posicionamiento sobre la crisis del trabajo, la hacen acreedora de un análisis más detallado. Destacaremos en ambos enfoques todas aquellas referencias orientadas particularmente hacia la cuestión del desempleo.

Michel Vakaloulis ha sistematizado recientemente en Le capitalisme post- moderne. Eléments pour une critique sociologique (2001) el estado de la cuestión laboral actual. Como ya hemos adelantado, propone ampliar el

análisis de la organización del trabajo a lo que podría llamarse “régimen sociopolítico de constitución del trabajo como fuerza productiva”. Este concepto incluiría las determinaciones esenciales del uso y la organización de la fuerza de trabajo y el tipo específico de socialización inducida por estas modalidades organizativas y las resistencias que las atraviesan. De esta forma, se analiza el proceso de trabajo más allá del espacio disciplinario y de control que es la fábrica, y se prolonga hacia toda la topología productiva donde el trabajo es organizado por el capital, y también a todas las condiciones sociales predominantes en el mercado de trabajo y en los espacios culturales, ideológicos, sexuales que constituyen a la fuerza de trabajo como una mercancía particular. Asimismo, incluye los efectos de la competitividad entre las empresas y cómo ello actúa sobre las clases y su estratificación y, por fin, incorpora también el estilo de implicación del Estado en las relaciones de producción capitalistas. Así, este concepto de “régimen sociopolítico de constitución del trabajo como fuerza productiva” permite subrayar las relaciones entre lo económico y lo político, ligando orgánicamente la producción, las configuraciones sociales de la reproducción de la fuerza de trabajo y las estrategias estatales de regulación macroeconómica.

El análisis de Vakaloulis coincide en gran parte con las líneas generales de las escuelas de la regulación, pero considera que la idea de la crisis del régimen de acumulación fordista, como responsable de la “crisis del trabajo”, ha de ser matizada. Las vagas promesas de una salida de la “crisis del trabajo” fordista hacia el “post-trabajo”, facilitan la contraofensiva capitalista en sus ambiciones de no tener resistencias y ampliar su dominación. Las nuevas estrategias de posmodernización no deben alejarnos de las pervivencias que siguen estructurando los rasgos del capitalismo contemporáneo y del trabajo. Vakaloulis propone el concepto de acumulación flexible para indicar las superposiciones entre los regímenes prefordista, fordistas y postfordistas y poder describir y analizar mejor las articulaciones contradictorias e incompletas que se van realizando entre las innovaciones organizativas del trabajo y las pervivencias de modelos anteriores.

En el momento actual, aunque las persistencias del fordismo no son despreciables, asistimos a un cambio provocado por las estrategias modernizadoras de racionalización-flexibilización. La “removilización” laboral va acompañada de una removilización social, lo que provoca una erosión de la estructura social de acumulación fordista y la crisis de las funciones sociales del Welfare State. Todo ello entraña una profundización de las relaciones capitalistas, que hace cada vez más fuerte la huella del capital sobre el trabajo y sobre la experiencia cotidiana, creando un nuevo bloque hegemónico de clase en un régimen de acumulación cada vez más transnacionalizado.

El objetivo central de Vakaloulis es teorizar sobre la actual modernización capitalista -la “modernización postmoderna”- de las relaciones sociales en la doble perspectiva de su cambio de fisonomía socioeconómico y de crítica de los conceptos posmodernos de que se acompaña. La que Vakaloulis llama “modernidad capitalista avanzada” caracterizaría la tercera transición capitalista, que sucede al primer periodo histórico de libre competencia y a la posterior fase imperialista. La hipótesis central del libro de Vakaloulis es que este capitalismo postmoderno se está desarrollando a escala planetaria con fuerza y está consiguiendo subvertir los vínculos tradicionales de la sociabilidad y subsumir las fuerzas que obstaculizaban su marcha, está « racionalizando » la mayor parte de las prácticas y conductas humanas. La restauración cultural del paradigma de mercado se impone como vector civilizatorio de la modernización neoliberal.

Estas transformaciones objetivas no pueden, sin embargo, hacer olvidar que toda la evolución tecnológica está estructurada por el proceso de reproducción del capital. Pero esos cambios no desembocan en el “fin de la historia”, que sigue estando regida por la lucha de clases, conflicto fundamental que determina un permanente equilibrio inestable entre dominantes y dominados. Vakaloulis sigue interpretando el capital como una relación social que produce las condiciones reales de dominación sobre el

trabajo con la finalidad de extraer la plusvalía. Esta idea seguirá constituyendo la fuerza motriz de la “modernización postmoderna”.

Vakaloulis relativiza la importancia del desempleo, que en la dinámica del capitalismo es una variable siempre presente y usada para ajustar el sistema. En este sentido, el pleno empleo fordista es más bien la excepción. Sin despreciar las manifestaciones negativas de la crisis de paro actual, para él cabe prestar más atención a la precariedad, a las nuevas normas hegemónicas socioculturales y a la organización de la experiencia cotidiana. Individualismo, competitividad entre los trabajadores, el mito del tiempo libre, todas estas realidades cotidianas proyectadas en lo político tienen tanta importancia como los procesos de organización del trabajo.

II.2.8.- Del “rechazo del trabajo” al General Intellect: las nuevas