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11 S EPARATE F ILES

AS CONTROL VARIABLES

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PRÓLOGO

Que un sistema que modifica por completo e incluso in­ vierte el punto de vista sobre las cosas, dominante no sólo en la vida común sino también en Ja mayor parte de las cien­ cias,1 encuentre una continuada oposición aunque sus princi­ pios estén probados del modo más riguroso, incluso en aque­ llos que están en condiciones de sentir o de comprender real­ mente la evidencia de sus pruebas, sólo puede tener su fun­ damento en la incapacidad de abstraer de la multitud de pro­ blemas singulares que, directamente unidos a ese cambio de punto de vista, la laboriosa imaginación produce a partir de toda la abundancia de la experiencia, desconcertando así el juicio e inquietándolo. No se puede negar la fuerza de las pruebas, tampoco se sabe nada que fuese cierto y evidente como para ponerlo en lugar de aquellos principios, pero se teme las consecuencias pretendidamente atroces, que se pre­ vé resultarán de los mismos y no se tiene la esperanza de po­ der resolver todas las dificultades que esos principios han de encontrar indefectiblemente en su aplicación. Pero ya que se puede exigir con razón de todo aquel que tome parte en cual­ quier investigación filosófica que sea capaz de [hacer] todo tipo de abstracción y sepa captar los principios en su máxima generalidad, en la cual lo singular desaparece por completo

y, donde, con tal de que sea la máxima, se contiene en ella también por anticipado la solución de todos los problemas posibles, entonces es natural que en la primera construcción del sistema se eliminen todas las investigaciones que descien-

330 dan a lo singular y sólo lo primero, // lo que es necesario, los

principios, sea aclarado y puesto fuera de toda duda. Ade­ más, todo sistema encuentra la piedra de toque más segura de su verdad no sólo en que resuelve con facilidad problemas antes irresolubles, sino en que incluso provoca otros comple­ tamente nuevos, no pensados hasta entonces, y a partir de una conmoción general de lo aceptado como verdadero deja aparecer un nuevo tipo de verdad. Y esto es precisamente lo característico del idealismo trascendental: que, tan pronto como es admitido, pone en la necesidad, por así decirlo, de hacer surgir todo el saber desde el comienzo, de someter a examen nuevamente lo que desde hace tiempo valía como verdad asegurada y, suponiendo que pasara el examen, de hacerlo salir de él al menos bajo una forma y configuración completamente nuevas.

El fin de la presente obra es precisamente este: ampliar el idealismo trascendental a lo que debe ser en realidad, o sea, un sistema de todo el saber, por tanto, probar ese siste­ ma no sólo en general sino llevarlo a cabo por el hecho mis­ mo, es decir, mediante la extensión efectiva de sus principios a todos los problemas posibles respecto a los objetos princi­ pales del saber, que ya fueron planteados pero no resueltos o se han hecho posibles por primera vez y han surgido como novedad a partir del sistema mismo. De esto se sigue con toda evidencia que este escrito ha de tocar cuestiones y obje­ tos que todavía no han sido advertidos ni han sido tratados por muchísimos de los que ahora se permiten un juicio en los asuntos filosóficos, en cuanto que siguen apegados a los pri­ meros fundamentos del sistema, sin poder ir más allá, ya sea por una incapacidad originaria de comprender ni siquiera lo que se pretende con los primeros principios de todo el saber, ya sea por prejuicio, o por cualquier otra razón. Aunque la investigación, como es obvio, retrocede hasta los primeros principios, esta clase [de pensadores] tampoco puede esperar mucho de este escrito, puesto que en referencia a las prime-

ras investigaciones no puede aparecer aquí nada que no haya

331 sido dicho hace tiempo o en los escritos // del creador de la

Doctrina de la Ciencia2 o en los del autor;3 sólo que en el presente trabajo la exposición pretende haber alcanzado una mayor claridad con respecto a algunos puntos que la que te­ nía antes, pero esta mayor claridad nunca podrá sustituir una incapacidad originaria de comprensión. Más aún, el medio por el cual el autor ha intentado conseguir su objetivo, expo­ ner el idealismo en toda su extensión, es presentar todas las partes de la filosofía en una única continuidad y la filosofía entera como lo que es, a saber, como la historia progresiva de la autoconciencia, para lo cual lo depositado en la expe­ riencia sólo sirve, por decirlo así, como recordatorio (Denk- mal) y documento.4

Para esbozar esta historia de un modo exacto y completo, importaba ante todo no sólo distinguir con precisión sus épo­ cas particulares y a su vez los momentos singulares, sino tam­ bién presentarlos en una sucesión donde se pueda estar segu­ ro, por el método mismo por el que ha sido encontrada, de que ningún miembro intermedio necesario ha sido pasado por alto y, de este modo, dar a la totalidad una conexión in­ terna que no pueda remover el tiempo y que perdure para todo trabajo ulterior, por así decirlo, como el armazón inmo- dificable sobre el que ha de levantarse todo. Lo que princi­ palmente ha impulsado al autor a poner un empeño especial en la exposición de esa conexión, que es propiamente una gradación de intuiciones por las cuales el Yo se eleva a la conciencia en su más alta potencia, fue el paralelismo de la naturaleza con lo inteligente, al cual el [autor] ya ha sido conducido hace tiempo y que no le es posible exponer en su totalidad ni a la filosofía trascendental ni a la filosofía de la naturaleza por separado, sino sólo a ambas ciencias que, pre­ cisamente por eso, tienen que estar eternamente contrapues­ tas y nunca podrán transformarse en una. La prueba convin­ cente de que la realidad de ambas ciencias desde un punto de vista teórico es enteramente igual —lo cual hasta ahora sólo ha sido afirmado por el autor— hay que buscarla en la filosofía trascendental y, en particular, en la exposición de la

rar, por tanto, como un contrapunto necesario a sus escritos sobre la filosofía de la naturaleza.5 Pues por ella se hace ma­ nifiesto que las mismas potencias de la intuición que están en el Yo pueden mostrarse también en la naturaleza hasta un cierto límite y, como ese límite es precisamente el de la filosofía teórica y práctica, [se hace manifiesto] que para la consideración meramente teórica es igualmente válido poner como primero lo objetivo o lo subjetivo, mientras que en re­ lación a esto (das Letztere) sólo puede decidir la filosofía práctica (la cual, sin embargo, no tiene voz en aquella consi­ deración). Así pues [se hace patente] que el idealismo tam­ poco tiene un fundamento puramente teórico y, por tanto, si sólo se admite la evidencia teórica, nunca podrá tener la evi­ dencia de la que es capaz la ciencia de la naturaleza, cuyo fundamento, igual que sus pruebas, son total y absolutamen­ te teóricos. Aquellos lectores que tienen un conocimiento de la filosofía de la naturaleza deducirán de estas explicaciones que hay una razón que yace en lo profundo de la cosa misma de por qué el autor ha contrapuesto esta ciencia a la filosofía trascendental y la ha separado por completo de ella, dado que, si toda nuestra tarea se redujera a explicar la naturaleza, seguramente nunca habríamos sido impulsados hacia el idea­ lismo.

Ahora bien, en lo que concierne a las deducciones de los objetos principales de la naturaleza, de la materia en general y de sus funciones generales, del organismo, etc., que se han efectuado en la presente obra, son por cierto idealistas, pero no por eso son deducciones teleológicas (lo cual muchos con­ sideran como sinónimo); éstas no pueden ser satisfactorias en el idealismo como tampoco en ningún otro sistema. En efecto, si, por ejemplo, pruebo incluso que con respecto a la libertad o al fin práctico es necesario que haya materia con estas o aquellas determinaciones, o que la inteligencia intuya su actuar sobre el mundo externo por medio de un organis­ mo, esta prueba me deja aún sin contestar la cuestión de cómo y a través de qué mecanismo la inteligencia intuye pre- 333 cisamente aquello que es necesario a ese // respecto. Más bien, todas las pruebas que el idealista aduce para la existen­ cia de determinadas cosas exteriores han de ser obtenidas del

mecanismo originario del intuir mismo, es decir, por una construcción real de los objetos. La versión (Wendung) mera­ mente teleológica de las pruebas, dado que éstas son idealis­ tas, no haría avanzar un solo paso al saber propiamente di­ cho, pues es sabido que la explicación teleológica de un obje­ to no me puede enseñar absolutamente nada sobre su origen real.

Las verdades de la filosofía práctica sólo pueden aparecer en un sistema del idealismo trascendental como miembros in­ termedios y lo que propiamente le revierte de la filosofía práctica es sólo lo objetivo en ella, lo cual, en su máxima ge­ neralidad, es la historia, que en un sistema del idealismo, exi­ ge ser deducida trascendentalmente, del mismo modo que lo objetivo del primer orden o naturaleza. Esta deducción de la historia conduce al mismo tiempo a la prueba de que aquello que hemos de considerar como el último fundamento de la armonía entre lo subjetivo y lo objetivo del actuar, si bien tiene que ser pensado como algo absolutamente idéntico, no sería mejor, sin embargo, representarlo como un ser sustan­ cial o personal que ponerlo en un mero abstracto, opinión ésta que sólo pudo imputarse al idealismo por un burdo ma­ lentendido.

En lo que se refiere a los principios de la teleología, el lector comprenderá sin duda por sí mismo que ellos muestran el único camino para explicar de una manera comprensible la coexistencia del mecanismo y la finalidad en la naturaleza.

Finalmente, en cuanto a las tesis de la filosofía del arte, con las cuales se concluye la totalidad, el autor pide a aque­ llos que acaso puedan tener un interés especial en las mismas el tener en cuenta que toda esta investigación que, en sí mis­ ma considerada, es infinita, se presenta aquí meramente en relación al sistema de la filosofía, con lo cual una cantidad de aspectos de este gran objeto tuvieron que ser excluidos de antemano de esta consideración.

334 Por último, el autor hace notar que también fue su finali­ dad ofrecer una exposición lo más legible y comprensible del idealismo trascendental. De que en cierta medida ya lo pue­ da haber conseguido por el método elegido, lo ha convencido una experiencia repetida en la exposición pública del sistema.

Este breve prólogo será sin duda suficiente para despertar algún interés por esta obra en aquellos que estén en el mismo punto que el autor y trabajen con él en la resolución de la misma tarea, [y] para invitar a los que estén ávidos de ins­ trucción e información, pero para aquellos que no son cons­ cientes de lo primero ni exigen sinceramente lo segundo [será suficiente] para intimidarlos por anticipado, con lo cual, pues, son alcanzados también todos sus fines.

Je n a, finales de marzo de 1800

335

SUMARIO*

In t r o d u c c ió n

§ 1 Concepto de filosofía trascendental 339

§ 2 Corolarios 342

§ 3 División provisional de la filosofía trascen­

dental 346

§ 4 Órgano de la filosofía trascendental 350

Ca p ít u l o I. Sobre el principio del idealismo trascen­ dental

A Sobre la necesidad y la naturaleza de un prin­ cipio supremo del saber 353 B Deducción del principio mismo 361

Aclaraciones 365

Notas generales 373

* Este índice, resumen del contenido de la obra, fue añadido por el hijo de Schelling, Karl Friedrich August, en la edición de sus obras completas de 1856. (N. del T.)

Ca p ít u l o II. Deducción general del idealismo tras­ cendental

Idea preliminar 377

Ca p ít u l o III. Sistema de la filosofía teórica según los principios del idealismo trascendental

Idea preliminar 388

A Deducción de la síntesis absoluta contenida en el acto de la autoconciencia 389 B Deducción de los miembros intermedios de

la síntesis absoluta 395 Conclusión: La filosofía es una historia de la auto-

conciencia que consta de diversas épocas, por las cuales se compone sucesivamente esa úni­ ca síntesis absoluta

Primera época: De la sensación originaria a la in­ tuición productiva

a Cómo el Yo llega a intuirse como limitado 399 b Cómo el Yo se intuye a sí mismo como

sintiente 411

c Teoría de la intuición productiva. Idea

preliminar 427

a Deducción de la intuición productiva 432 |3 Deducción de la materia 440

Corolarios 444

Los tres momentos en la construcción de la materia:

aa Magnetismo bb Electricidad

cc Proceso químico. Galvanismo

Notas generales a la primera época 450 Segunda época: De la intuición productiva a la

reflexión

Idea preliminar 454 d Cómo el Yo llega a intuirse a sí mismo

a Construcción del objeto sensible y del sentido interno. Tiempo y espacio 462 (3 Deducción de la relación de causalidad,

a saber, como un surgimiento recípro­ co del universo para el Yo 467 y Deducción de lo orgánico 491 Tránsito a la esfera de la reflexión libre 500 Notas generales a la segunda época 502

Tercera época: De la reflexión al acto absoluto de

voluntad 505

oc Abstracción empírica (separación del ac­ tuar y lo producido), primera condición de la reflexión: Ella sucede por el juicio; éste interviene mediante el esquematismo (empírico). (Diferencia entre esquema, imagen y símbolo) 508 (3 Avance hacia la abstracción trascenden­

tal (por la cual [aparecen] los conceptos a priori). A ésta corresponde 511 y el esquematismo trascendental. Deducción

del mismo. El mecanismo de las catego­

rías 516

ó La elevación absoluta del Yo sobre el ob­ jeto (la abstracción absoluta), postulado con el cual termina la filosofía teórica. Tránsito a la filosofía práctica 523 Notas generales a la tercera época (Distinción en­

tre conceptos a priori y a posteriori) 527

337 Ca p ít u l o IV. Sistema de la filosofía práctica según principios del idealismo trascendental

Primera proposición: La abstracción absoluta, es decir, el inicio de la conciencia, sólo es expli­ cable desde un autodeterminarse o un actuar de la inteligencia sobre sí misma

Corolarios: El principio común de la filosofía teórica y la práctica

532 535

Segunda proposición: El acto de la autodetermi­ nación o el actuar libre de la inteligencia so­ bre sí misma sólo es explicable por el actuar determinado de una inteligencia fuera de ella 540 1 Que este actuar de una inteligencia fuera

de nosotros es condición del acto de la autodeterminación 541 2 ¿Cómo hay que pensar la relación de am­

bas inteligencias? 543 3 Cómo la influencia (de inteligencias so­

bre mí), que es condición de la concien­ cia, ha de ser pensada como constante 550 Notas adicionales 552 e De qué manera el querer se vuelve obje­

tivo para el Yo

(Tercera proposición) a El querer originariamen­ te se dirige por necesidad a un objeto externo 557

Contraposición entre el querer (libertad) y la intuición productiva. Ideas. Ideal. Im­ pulso)

aa Condiciones negativas del tránsito de lo subjetivo a lo objetivo 560 bb Solución positiva a este tránsito 563 |3 De qué manera lo ideal en el querer llega

a ser objetivo para el Yo. Deducción de la ley moral. El impulso natural como la oposición por la cual llega a la conciencia el autodeterminarse puro (la moralidad). Libertad trascendental 570 Notas adicionales. Deducción de la ley ju­

rídica y de la constitución jurídica uni­

versal 581

El concepto de historia 587 El concepto de filosofía de la historia 590 Explicación de la identidad de libertad y

legalidad (como carácter principal de

la historia) 593

El concepto de orden moral del mundo (Providencia) en el idealismo trascen­

La religión dentro del idealismo trascen­

dental 601

Los tres períodos de la historia 603 / Cómo el Yo mismo puede llegar a ser

consciente de la armonía originaria entre lo subjetivo y lo objetivo 605

Ca p ít u l o V . Proposiciones principales de la teleología según principios del idealismo trascendental 607

Ca p ít u l o V I . Deducción de un órgano general de la filosofía o proposiciones principales de la filosofía del arte según principios del idealismo trascendental § 1 Deducción del producto artístico en general 612

Relación entre belleza y sublimidad

§ 2 El carácter del producto artístico 619 Diferencia entre la belleza del producto artís­ tico y la belleza natural 621 Diferencia entre el producto estético y el pro­ ducto artístico común 622 Relación del arte con la ciencia (distinto sig­ nificado del genio en ambos) 623 § 3 Corolarios. (Relación del arte con todo el sis­

tema de la filosofía) 624 Notas generales a todo el sistema 630

339

INTRODUCCIÓN

§ 1. Concepto de filosofía trascendental

1) Todo el saber se basa en la coincidencia de algo obje­ tivo con algo subjetivo. En efecto, sólo se sabe lo verdadero, y la verdad es puesta generalmente en la coincidencia de las representaciones con sus objetos.6

2) Podemos denominar naturaleza al conjunto de todo lo meramente objetivo en nuestro saber; el conjunto de todo lo subjetivo, por el contrario, se llama el Yo o inteligencia. Ambos conceptos se contraponen. La inteligencia es pensada originariamente como lo meramente representante, la natu­ raleza como lo meramente representable, aquélla como lo consciente, ésta como lo no consciente (Bewusstlose).7 Ahora bien, en todo saber es necesario un encuentro recíproco de ambos (de lo consciente y de lo no consciente en sí). La tarea es explicar este encuentro.

3) En el saber mismo —mientras yo sé— lo objetivo y lo subjetivo están tan unidos que no se puede decir a cuál de los dos corresponde la prioridad. Aquí no hay ni primero ni segundo, ambos son uno y a la vez. Cuando quiero explicar esta identidad, ya tengo que haberla suprimido. Para expli­ carla, puesto que no se me da nada aparte de esos dos facto-

340 res del saber (en cuanto // principio explicativo), tengo nece­

sariamente que anteponer el uno al otro, partir de uno para desde él llegar al otro. De cuál de los dos he de partir no está determinado por la tarea.

4) Así pues, sólo son posibles dos casos:

A) O se establece lo objetivo como lo primero y se pre­ gunta cómo le adviene algo subjetivo que coincide con él.8

El concepto de lo subjetivo no está contenido en el con­ cepto de lo objetivo, más bien ambos se excluyen mutuamen­ te. Por consiguiente, lo subjetivo ha de agregarse a lo objeti­ vo. En el concepto de naturaleza no está que haya también algo inteligente que la represente. La naturaleza, así parece, sería aun cuando no hubiera nada que la represente. Por tan­ to, la tarea puede ser enunciada también así', ¿cómo se añade lo inteligente a la naturaleza o cómo sucede que la naturaleza es representada?

La tarea considera a la naturaleza o lo objetivo como lo primero. Sin duda, pues, ésta es tarea de la ciencia de la na­ turaleza, que lo realiza. Aquí sólo se puede mostrar breve­ mente que la ciencia de la naturaleza al menos se acerca real­ mente —y sin saberlo— a la resolución de esa tarea.

Si todo saber tiene, por decirlo así, dos polos que se pre­ suponen y exigen mutuamente, entonces deben buscarse en todas las ciencias. De aquí que deba haber necesariamente dos ciencias fundamentales y haya de ser imposible partir de un polo sin ser impulsado hacia el otro. La tendencia necesa­ ria de toda ciencia de la naturaleza es, por tanto, llegar de la naturaleza a lo inteligente. Esto y no otra cosa está a la base