Chapter 2 Determinants of adoption of IR: an exploration of institutional factors
2.5 Hypothesis development
2.5.4 Control Variables
En el análisis de los relatos, aunque con menor evidencia que en los casos anteriores y siguientes, puede reconstruirse una imagen de Santiago en el mundo.
Por la inspiración que supone el paradigma imaginario de Márquez, “la ciudad aldea/la
ciudad global”, se sigue la pista de esta temática en los relatos, configurando así una
imagen de “ciudad integrada”, pero desde una perspectiva particular, que podríamos denominar de riesgo.
En el contexto de profundos procesos de globalización e integración al mundo, la ciudad de Santiago es puesta en relación con la dimensión planetaria. Básicamente, se estructuran dos ejes de sentido: Santiago está en el mundo (globalidad) y Santiago se pierde en el mundo (pérdida de identidad). Luego, la emergencia de una temática global, que impacta la vida cotidiana de una ciudadana de a pie, termina por configurar una integración al mundo caracterizada por el riesgo.
Globalidad
Integración al mundo
Localización Santiago
En la mano
En el metro un diario de metros del mundo y Santiago en un mapa del Metro. El Metro de Santiago en un mapa de Santiago y en el Metro una mano con un mapa del mundo. En el Metro de Tokio una mano con un mapa de Tokio y en el mapa de Tokio una foto de los metros del mundo. El metro de Santiago encima o debajo del Metro de Tokio y los dos mapas de un mismo mundo en las manos de dos personas que con el mundo en las manos miran por una ventana que les rebota.
Pía Leighton, 21 años, Las Condes
El relato En la mano es, en sí mismo, una metáfora de la globalización. La identificación de elementos dice relación con un mapa de Santiago y un mapa de Tokio, pero que se “contienen” mutuamente; esto es, el mapa de Santiago representa a Tokio (unidad de registro: “un mapa del mundo”) y el mapa de Tokio, contiene a Santiago (unidad de registro: “y en el mapa de Tokio una foto de los metros del mundo”).
En la dimensión de la representación, la imagen emergente dice relación con un mundo interrelacionado, dos ciudades muy lejanas cuyos habitantes, en sus actividades más cotidianas como el traslado diario en el metro, tienen presente –o podrían tener presente- a la otra. La representación dada por el mapa puede ser diferente, pero subyace la idea del
“mismo mundo”.
Así, la dimensión de la significación remite a una ciudad en el mundo, reforzando la idea de Santiago integrado, Santiago más allá de sí mismo y más allá de Chile. Como se señaló, el fenómeno de la globalización atraviesa todo el relato y aproxima realidades urbanas, proximidad que décadas atrás, podría considerarse impensada.
Este primer eje de significación da cuenta de una imagen de Santiago que es parte de una realidad global. Pero esta pertenencia, planteada en términos simbólicos en la mutua representación de las ciudades en los mapas, se concretiza luego, en forma casi dramática, en la integración a través de problemáticas globales, de temas globales.
El relato Cosas de la fortuna pone al santiaguino “de a pie” en una interrelación profunda con el mundo:
Cosas de la fortuna
Plaza Brasil: vamos a comer a Los Chinos Pobres. Sobre la mesa hay galletas de la fortuna. Abro una y mi fortuna dice: “Ayúdenme, estoy atrapado y soy esclavo en una fábrica de galletas”.
Carolina Valenzuela, 33 años, La Florida
La autora selecciona un espacio urbano reconocible –la plaza Brasil- y de allí, un restaurante muy conocido “Los chinos pobres” (en el mismo sector, existe otro restaurante denominado “Los chinos ricos”). Comienza a estructurarse una imagen que combina aspectos de cotidianidad –personas en un restaurante de precios módicos- con aspectos de globalidad –la selección de un restaurante de comida china.
Por último, y en el transcurso del relato, esa imagen de relativa cotidianidad se quiebra, ubicando a la protagonista (y al lector) en una situación de carácter global: la experiencia de vida de un ciudadano chino, esclavo en una fábrica de galletas.
En el marco de este análisis, Santiago es puesto en relación con el mundo y su dimensión global; primero desde una perspectiva simbólica –el mapa y la representación-, luego, a partir de un hecho concreto, experimentado por un habitante del otro lado del mundo y cuyo mensaje de auxilio es recibido por una persona común, de a pie. Así, parafraseando el viejo dicho popular, “nada del mundo puede, ahora, resultar ajeno”.
Y por último, se configura una imagen de Santiago en el mundo –o el mundo en Santiago- desde la lógica de oposición global – local, abundantemente reflexionada por teóricos y analistas sociales.
Debí llamarme San Jacobo
A veces el tiempo nos cambia hasta el nombre. Los orígenes del mío se remontan al pueblo judío en época de los patriarcas, y se mentaba Iacob. Cuando Roma se impuso sobre ese mundo, pasó a decirse Iacobus. En cristianismo me agregó el Sanctus, y se alargó a Sanctus Iacobus. Como los latinos no usaban preposiciones, en algunos casos se decía Sancti Iacobi. Los godos unieron las dos íes intermedias y eliminaron la última: Santciacob. La “c” interna incomodaba y la “b” final también, así que resultó Santiago. Es de esperar que con tanto nombre gringo no termine en Sainthiagow.
José Fincheira, 62 años, La Florida
En la dimensión de la identificación, el autor selecciona el nombre de la ciudad, enfatizando cómo esa denominación dista de ser casual, entrelazándose y explicándose por distintos procesos históricos y culturales. Luego, la imagen estructurada, nuevamente dice relación con la penetración del exterior en el nivel local: el nombre de la ciudad es atravesado e intervenido por varias culturas y civilizaciones de la antigüedad.
Pero, donde el relato insinúa cierto riesgo es en la proyección futura de la transformación del nombre: “es de esperar que con tanto nombre gringo no termine en Sainthiagow”, anticipando que la globalización –que podrían teñirse de admiración por ciertas sociedades “centrales” o desarrolladas- podría afectar nuevamente el nombre. La denominación de Sanhattan a una zona de Santiago caracterizada por sus altos edificios y sus superficies vidriadas, no hace más que “concretar” ese riesgo, emulando una estética urbana propia de Manhattan.
Pero al procurar significados para esta imagen de Santiago influido, intervenido y configurado desde fuera, pueden identificarse dos niveles: uno que podríamos identificar “pasado” y que dice relación con la conformación del nombre hasta hoy –así que resultó
Santiago- y otro, “futuro”, que estaría reconociendo las influencias anglosajonas –gringas,
para ser exacto- sobre la ciudad. ¿Por qué esta significación diferenciada temporalmente? ¿Por qué emerge ahora este riesgo de influencia y afectación de la identidad desde el
mundo anglosajón, siendo que toda la historia está plagada de influencias globales, tanto o más afectadoras de lo local?
Rodrigo Salcedo, en un breve ensayo sobre el concepto de glocalización –neologismo que quiere dar cuenta de la contradicción entre globalización y localización y que podría subyacer al relato en análisis- presenta una síntesis de tres propuestas teóricas respecto de este complejo proceso: “la victoria de lo global” (Zukin), la correlación entre los dos procesos (Castells) y la absoluta interdependencia entre ellos (Barber). Luego, Salcedo avanza hacia lo que entiende una “visión menos dogmática de lo glocal”, planteando como hipótesis:
Así, la clave para entender la relación entre lo global y lo local no recae en un estándar normativo u omnicomprensivo como la literatura en general sostiene, sino, más bien, guarda una relación intrínseca con el contexto y la forma puntual de interacción existente entre las tendencias en conflicto. Lo central para entender el fenómeno de la glocalización, es la lógica que orienta el uso y funcionamiento de un determinado espacio, así como también el uso que esta lógica hace de ciertas prácticas espaciales (Salcedo, 2003)
El riesgo de “anglosajonización de la ciudad” puede ser interpretado desde las lógicas y sus hegemonías, tal como las plantea Salcedo: lógicas globales de mercado y lógicas locales operativas. De esta manera, en la actualidad, la contraposición entre lo local y lo global en Santiago es evidente y tangible: edificios espejados y en altura versus las construcciones de adobe que sí resisten terremotos; cadenas de comida rápida asépticas en oposición al comercio ambulante que llena las calles de olores la ciudad a la hora de la salida del trabajo; carreteras de alta velocidad que surcan el espacio urbano en contraposición a la demanda por ciclovías, que hagan de la ciudad una experiencia a escala humana.
Y es evidente que tanto la estética edilicia espejada, el comercio en franquicias y la predominancia del automóvil en las formas de circular configuran una imagen asociada a la experiencia urbana norteamericana, no así a la europea.
La dinámica urbana impulsada por los negocios inmobiliarios, aunada a la implantación de nodos de firmas globales y a los efectos de las políticas de city- marketing, redundaron en la aparición y proliferación de artefactos arquitectónicos emblemáticos de esta fase en las grandes ciudades en proceso de globalización los cuales, más allá de la identidad específica de cada ciudad, caracterizan un tipo de paisaje urbano representativo de la ciudad globalizada que coexiste con extensas áreas tugurizadas, donde la miseria, el desorden y la fealdad alcanzan niveles indescriptibles (De Mattos, 2006: 66).
Esto es perfectamente aplicable a Santiago. Y no sólo es la presencia de “artefactos
arquitectónicos emblemáticos”, sino la difusión de la ciudad a través de ellos15.
Por último, y recapitulando el imaginario que motivó esta pesquisa a nivel de los relatos deben relativizarse los sentidos asociados a esta integración. Francisca Márquez refiere a la
“modernización entendida como globalización y participación en el mundo de consumo y sus artefactos (…) [Así] Nuestra ciudad y nuestro país han convivido históricamente con un imaginario de país próspero que se desea y se realiza en una imagen moderna y atractiva más allá de las propias fronteras” (Márquez, 2007: 84 – 85)
De esa manera, la integración al mundo podría entenderse representada en los relatos; sin embargo, en el nivel de la significación, los sentidos atribuidos a esta integración no son homogéneos ni necesariamente valorados: conllevan el hecho de ser parte de una dinámica mundial, que también hace partícipe de las miserias del mundo –la esclavitud como símbolo de ello- y del riesgo de pérdida de identidad por la penetración de pautas culturales anglosajonas, cuyas lógicas de mercado quedan plasmadas en forma evidente, en el paisaje urbano actual.
15 Una simple búsqueda en Internet, a través del buscador más utilizado GOOGLE, da cuenta de qué imágenes fotográficas de Santiago
son asociadas al visitante externo. Los siguientes sitios, que aparecen entre los 10 primeros mostrados con la consigna Santiago de Chile turismo, incluyen una fotografía de la zona de Santiago con proliferación de edificios altos, superficies vidriadas y aspecto neoyorquino. http://www.chile.travel/; http://www.welcomechile.com/santiago/; luego, en la búsqueda por imágenes, también proliferan las fotos de edificios de gran altura, espejados. Consulta realizada el 29 de agosto de 2010.