a controller and is determined by the measured joint angles and end-effector position.
5.2.3 Controller Selection
Un paso significativo y de gran impacto simbólico para la legitimidad social del cambio lo constituyó el retorno de políticos e intelectuales proscritos por la dictadura, como Madariaga, Tarradellas, López Aranguren, Tierno Galván y otros, además de una gran cantidad de excombatientes republicanos. A partir de 1975 y sobre todo con el ascenso al poder de Suárez, se generaliza el regreso de exiliados, como refleja ampliamente la prensa de entonces. No cabe duda de que se trató de una medida de cierto riesgo -igual que la legalización del PCE- pero en líneas generales acogida favorablemente en toda España, pese a la inevitable polémica:
«Al menos hubo dos ocasiones en las que pareció que la reforma estaba en gravísimo peligro: la primera en el mes de enero de 1977, cuando la doble presión del terrorismo de distinta significación pudo provocar un enfrentamiento de los españoles, y la segunda en la Semana Santa, con la legalización del Partido Comunista.
De no haber existido una voluntad decidida en la mayoría de los españoles de avanzar hacia un sistema de convivencia democrática es muy posible que en ambas ocasiones se hubiera producido una involución» 240.
Con bastante probabilidad el gobierno de Suárez calculó la vuelta de los expatriados como acto público de reconciliación de las dos Españas y de ese modo un refuerzo para sus planes democratizadores. Con la medida se aseguraba el respaldo de la izquierda - más aún, su importante renuncia a vulnerar el régimen de monarquía parlamentaria previsto-, se afianzaba dentro y fuera del país la citada imagen dialogante y
239 TUSELL, Javier: La transición española. La recuperación de las libertades …, p. 5. 240 Ibíd., p. 39.
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reconciliadora y se arbitraban a la par disposiciones destinadas a paliar la posible reacción de la derecha:
«El restablecimiento de la Generalitat y el retorno del Presidente Tarradellas, tuvo —en Cataluña y en toda España— una resonancia especial. Para organizar el autogobierno de la comunidad catalana había que conectar con el pasado que lo representaba, personificado en Tarradellas, exiliado en Francia, y conseguir que asumiera la construcción del nuevo proyecto de Autonomía para Cataluña. La personalidad de Josep Tarradellas contribuyó, en buena medida, al éxito de la operación» 241.
La legalización del Partido Comunista de España fue uno de los momentos más delicados de todo el proceso de transición. El PCE fue formalmente admitido como partido el 7 de abril de 1977, un sábado santo; se cree que Suárez eligió el día aprovechando las vacaciones de la semana santa, para evitar reacciones inmediatas de la extrema derecha y el ejército. Precedido por la semana negra de enero de 1977, el paso significó una fuerte conmoción en toda España. El entonces presidente justificaba años más tarde la decisión en estos términos:
«La clave de la credibilidad interna y externa del proceso político era el reconocimiento del PCE. El régimen de Franco se había caracterizado, en todo momento, como profundamente anticomunista. La guerra civil incluso había sido calificada como “cruzada” antibolchevique. Su recuerdo y la propaganda anticomunista había conseguido que amplios sectores del Régimen, y sobre todo de las Fuerzas Armadas, vieran con enorme recelo su posible reconocimiento. Ante la inhibición del Tribunal Supremo asumí toda la responsabilidad del mismo el 9 de abril de 1977» 242.
En las filas del comunismo histórico se desató la euforia, a pesar de que entre Suárez y Carrillo había sido pactada una política de contención en las celebraciones para evitar posibles incidentes. En Vigo el 30 de abril de 1977 se realizó la presentación en la legalidad del Partido Comunista de Galicia. Al comienzo del acto un magnetófono emitió la Internacional pero en versión gallega. Esta adaptación había sido materializada
241 SUÁREZ, Adolfo: “Consideraciones sobre la transición española” …, p. 20. 242 Ibíd., p. 17.
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por Alonso Montero con el título de “A Nosa Internacional” y fue grabada con ayuda de un grupo de militantes el día anterior. Comenzaba con estos versos:
“A Nosa Internacional” 243
Arriba os asoballados En pé razón e corazón Lostrega a nosa xusticia
Xuntos na revolución
A cambio de obtener la legalidad, el indulto y la repatriación, los partidos españoles de fundamentación marxista, herederos de un compromiso de lucha teñido de sangre y derrota durante la guerra civil, se vieron obligados a replantear sus aspiraciones fácticas, renunciando finalmente a la revolución proletaria y aceptando la monarquía parlamentaria como régimen estable y definitivo. Así sobrevino en España en estos años la “desmarxistización del socialismo” 244.
El clima de tensión e incertidumbre afloraba especialmente en algunas ocasiones. Por ejemplo, el 1 de mayo de 1977 fue una jornada notablemente conflictiva, con importantes manifestaciones y enfrentamientos con la policía en muchas ciudades de España 245. El gobierno se veía abocado a la difícil tarea conciliar con éxito por una parte el discurso de respeto a las voluntades del pueblo y, a la par, la obligación de contener por la fuerza la violencia callejera, que en no pocos casos se producía por parte de disconformes con la teórica debilidad o insuficiencia del cambio político programado tanto como con su supuesta traición a la voluntad y legado de Franco. Todas las medidas aperturistas del gobierno Suárez fructificaron en gran parte gracias al peso de una parte importante de la población que deseaba un cambio efectivo hacia un Estado democrático, con participación en la vida pública y libertad de expresión y asociación,
243 Alonso Montero: “A Nosa Internacional” (fragmento). Toda la secuencia del acto y letra completa del himno se hallan descritas por el propio ALONSO MONTERO, Xesús: Politica e cultura en Galicia, 1977. Lugo, Celta, 1978, p. 137-139.
244 SOTELO, Ignacio: “El PSOE en la transición” …, p. 47.
245 La prensa del martes subsiguiente a aquel domingo 1 de mayo de 1977 recoge con abundancia los diversos incidentes. En Galicia LVG sintetizaba la conflictiva celebración con este titular en portada: “En Galicia: más de medio centenar de detenidos, manifestaciones callejeras, mítines y fiestas obreras campestres” (LVG, 3 de mayo de 1977, p. 1).
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constituyendo de este modo uno de los factores más determinantes para que la transición se llevara a cabo sin desembocar en enfrentamientos armados a escala nacional. Se habría producido así el triunfo de la tercera España, en la acertada expresión de Paul Preston 246, es decir, aquella que aglutinaba a tantos españoles que de ningún modo hubieran querido un conflicto bélico, ni en el año 1936 ni ahora. Sin embargo la violencia no iba a ser ajena al proceso de transición, manifestándose sobre todo en dos direcciones, ambas altamente alarmantes para la población civil y para el Estado. Se trata del terrorismo y de la violencia callejera, incluyendo esta última tanto las actividades delictivas comunes como la creación de bandas virulentas, grupos filonazis y radicales de un club de fútbol o de un área urbana marginal. Comenzando por esta última, en los años 70 la mezcla de crisis económica, inflación, desempleo, cambio político, incertidumbre social y relajación de la censura y represión policial hizo que aumentara la tensión ciudadana desembocando en fenómenos de violencia y desequilibrio psicológico, así como en que los actos delictivos se multiplicaran a la par que la legislación civil y penal y su aplicación en los juzgados redujera bastante la efectividad que había poseído en la etapa anterior. Se potenciaron las antiguas formas de delincuencia y nacieron otras nuevas, porque durante el franquismo, como sucede en todas las dictaduras, el control sobre la población fue inflexible y el índice de seguridad ciudadana muy elevado. En aquellos momentos la preocupación por el riesgo de sufrir un vulgar atraco o incluso un atentado se incrementa notablemente en la población civil, como reflejan puntualmente los medios de entonces. El aumento de la drogadicción con sus peores connotaciones de marginalidad, degradación, mafias locales y mercados negros, unido a lo anterior, hizo que se disparase súbitamente la preocupación social fundada en una España en la que, hasta entonces, se podía pasear tranquilamente a cualquier hora de la noche por todas sus ciudades 247. Un comentario aparte merece el problema del terrorismo.
246 Se entiende que por oposición a las comúnmente asumidas dos Españas de Machado. PRESTON, Paul: Las tres Españas del 36. Barcelona, Plaza & Janés, 1998.
247 En el período de 1981-82, en las páginas de LVG se observa un ascenso muy claro de las informaciones relativas a sucesos delictivos, sobre todo de índole juvenil: robos, asesinatos, violaciones, tenencia, tráfico y consumo de drogas, entre otras parejas. Abundan en estos años los atracos en farmacias y bancos, incluyendo algunos asesinatos en plena calle, y coincidiendo además con unos índices de criminalidad terrorista alarmantes. España se convirtió repentinamente en un país inseguro.
142 1.1.5 El terrorismo
Para algunos sectores disidentes ningún precio era bastante alto con tal de terminar con el régimen de Franco. Como señala el cantante de Voces Ceibes Vicente Araguas el objetivo era: «A caída do fascismo: pacífica ou violentamente, que iso daquela tanto tiña. De aí que neses anos a ETA e Machado fosen compatibles» 248. En el punto de convergencia de la más enconada oposición política y el nacionalismo radical se concentraron los índices de acciones violentas más acusados de la transición, aunque nada despreciables fueron los provenientes de los grupos de la extrema derecha reaccionaria al cambio 249. Al inicio de la transición la brutalidad letal del terrorismo sacudía España cada vez que los ya democráticos gobiernos asumían cualquier iniciativa de relieve 250, estableciendo así un sordo y sanguinario diálogo que ensombreció sustancialmente el panorama de la joven democracia. Veamos los atentados con resultado fatal cometidos por ETA entre 1972 y 1984:
TABLA I-1.MUERTOS POR ACCIONES DE ETA ENTRE 1972 Y 1984251
Año 1972 1973 1974 1975 1976 1977 1978 1979 1980 1981 1982 1983 1984 Muertos 1 6 18 17 17 13 69 85 100 31 42 42 32
El terrorismo fue una de las grandes lacras de la transición, una espada de Damocles sobre la cabeza de todos los españoles. Desde el primer atentado de ETA 252 hasta el
248 ARAGUAS, Vicente: Voces Ceibes. Vigo, Ed. Xerais de Galicia, 1991 (en adelante ARAG), p. 73. 249 Una fuente de interés sobre el tema es el artículo de SETIÉN, Francisco José: “El FRAP entra en escena (mayo de 1973). Discursos, mensajes y opiniones en la prensa de la época”. En: Historia y
Comunicación Social, n. 4. Madrid, Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense, 1999, p.
361-377.
250 Como señalaba en 1979 PRESTON, Paul: “The Stability of Democratic Spain”. En: Contemporary
Review, vol. 234, n. 1356. Oxford, The Contemporary Review Company Limited, enero de 1979, p. 8.
251 Elaboración propia. Fuente: LÓPEZ PINTOR, Rafael: La opinión pública española del franquismo a
la democracia. Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 1982.
252 Es difícil precisar cuál fue el primer atentado de ETA, ya que la autoría de los primeros que se atribuyen a esta organización no está clara. Hay fuentes que señalan que el primero fue el asesinato de la niña de 22 meses Begoña Urroz Ibarrola el 27 de junio de 1960, a raíz de la colocación de una bomba en San Sebastián, y otras que fue un intento fallido de descarrilar un tren de veteranos de guerra en 1961. En todo caso, el primer ataque reivindicado fue la muerte del guardia civil José Pardines Arcay el 7 de junio de 1968. Donde sí parece haber más unanimidad es que fue poco después, el 2 de agosto de 1968, cuando
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momento presente, no ha dejado de actuar como agente criminal y coercitivo, dando la impresión de no hacer distinciones entre la lucha contra la dictadura y la que ha mantenido, con intermitencia pero sin apenas tregua, contra la España democrática. Sin embargo hay datos elocuentes, como que el número de atentados de ETA, FRAP y GRAPO conoce un clímax precisamente en los primeros años de la transición, justamente entre 1979 y 1980. Las cifras de muertos entonces son alarmantes, el terrorismo llegó a poner en jaque a la joven democracia española. En concreto ETA mató en 1980 a más personas que en ningún otro año de su existencia 253. El río de sangre derivado del llamado problema vasco junto con las graves repercusiones de la densa crisis económica de los años 70, entre otras razones, debieron influir decisivamente en la formación de posturas extremas contra la democracia y acciones subsiguientes como el intento de golpe de Estado de 1981. En palabras de García de Cortázar:
«Quiérase o no, ha sido la organización terrorista ETA la gran protagonista negra de la crónica más reciente del País Vasco. A su repique de muerte y extorsión, tanto la sociedad civil como la política, la religión y la empresa han tenido que bailar. Las estadísticas hasta finales de 1987 contabilizan más de 650 muertos, de los que 86 pertenecían a ETA y el resto eran policías, militares, guardias, políticos y civiles. A ellos hay que añadir, si queremos expresar en su totalidad el clima de la región no menos de 11.000 detenciones y de 3.500 encarcelamientos que afectaron a otras tantas personas. En 1988 unas 500 de éstas estaban acusadas de pertenencia o apoyo al terrorismo y cargaban con diversas condenas sobre sus espaldas» 254.
ETA bañó en sangre cada nuevo paso de la democracia española, y su influencia pudo resultar determinante en la creación y negociaciones sucesivas del Estado de las autonomías:
cometieron su primer atentado de gran repercusión: el asesinato de Melitón Manzanas, jefe de la policía secreta de San Sebastián.
253 El año 1980 fue decisivo para las aspiraciones nacionalistas. La transición ya se había consumado en su fase inicial y no se veía claro el camino para quienes querían la ruptura total. Tal vez en este marco situacional debe interpretarse la escalada sangrienta de los atentados de ETA, que en este momento alcanza su punto más álgido.
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«Sin la ETA y el problema vasco que ella dramatiza, y que consciente o inconscientemente ha sido utilizado para acelerar o imponer cambios fundamentales sin dar tiempo al tiempo, la transición a la democracia hubiera sido muy distinta. Es importante destacar que este problema no es resultado de la democracia, sino un problema con el que la democracia ha tenido que enfrentarse. No hay que olvidar que la ETA asesinó ya antes de la muerte de Franco» 255.
La acción policial logró importantes desarticulaciones tanto de comandos aislados como de las instancias superiores de varias organizaciones terroristas. En vida de Franco las sentencias podían incluir la pena de muerte. Al final mismo de aquélla acaecieron los llamados “fusilamientos de 1975”: el 27 de septiembre de 1975, a primera hora de la mañana fueron ejecutados tres miembros del FRAP (Ramón García Sanz, José Luis Sánchez Bravo y José Humberto Baena) y dos de ETA (Angel Otaegui y Juan Paredes Manot). Franco desoyó las peticiones de clemencia llegadas de todo el mundo, desde su propio hermano Nicolás Franco, pasando por don Juan de Borbón, los gobiernos democráticos de Europa y hasta el Papa Pablo VI pidieron la conmutación de la pena, pero todo fue inútil; a dos meses de su propia muerte, el primer mandatario español no tuvo piedad. De los once condenados a muerte para esta fecha fueron ejecutados cinco, no los otros seis. La reacción de rechazo contra esta medida, fue masiva, dentro y fuera de España, favoreciendo la impresión de que el cambio de régimen era ahora inexcusable.