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Convergence, Fixed and Core Network challenges

4.4 Core networks, Virtualisation and Software Defined Networks (SDN)

4.4.2 Convergence, Fixed and Core Network challenges

Las cubiertas dieron lugar a cambios en la superficie del suelo (0-10 cm). Estos cambios fueron principalmente en i) el contenido de materia orgánica, ii) la estabilidad de los macroagregados, iii) organización porosa del suelo

Uno de los motivos para realizar las labores es ahuecar el suelo con el fin de eliminar la compactación producida a lo largo del año anterior y permitir el empleo de una sembradora tradicional que provoca un aumento de la rugosidad que al dificultar la escorrentía, facilita la infiltración del agua. Sin embargo a través de los cambios en la agregación y cohesión del suelo como consecuencia de la presencia de cubiertas, se consigue un efecto similar que, aunque es debido a procesos lentos, consigue un efecto más duradero, y conlleva otras ventajas a largo plazo como la reducción del riesgo del suelo a sellarse tras las siguientes lluvias o la protección física mencionada anteriormente.

La materia orgánica garantiza la cohesión de las partículas del suelo, haciendo que el agregado sea más resistente al impacto de la gota de lluvia y reduciendo así su erosionabilidad. El laboreo, sin embargo, tiene una doble acción. Por un lado rompe los macroagregados y por otro, la aireación brusca que ocasiona acelera el proceso de mineralización facilitando la pérdida de carbono orgánico intrapedal. Efectivamente, éste se redujo 1,6 veces en los agregados de las calles bajo laboreo en comparación con los del suelo con cubiertas. Al final del estudio, la resistencia de los agregados a las gotas de lluvia en las calles con cubiertas vegetales era entre 2,3 (con la cubierta permanente) y 1,8 (con la cubierta segada) veces mayor que bajo laboreo, cuyo suelo experimentó además una reducción de la estabilidad de sus agregados de un 50% desde que comenzó el estudio. La estabilidad de los agregados es un indicador eficaz para determinar el nivel de degradación física de un suelo, y condiciona la cantidad sedimentos que pueden ser arrastrados así como el sellado del suelo.

Como era de esperar, la biomasa radicular en los tratamientos con cubiertas vegetales en los primeros 10 cm de suelo, resultó ser entre 2 y 4 veces superior al

tratamiento de laboreo (B. distachyon: 0,2 mg cm-3; S.cereale: 1 mg cm-3; Laboreo: 0,05 mg cm-3). Este incremento de biomasa radicular supone un factor añadido a la estabilidad de los macroagregados del suelo, pero también da lugar a un incremento progresivo de la resistencia a la penetración, aunque sin evidencias de compactación en ninguno de los tratamientos. Este factor no influyó en la infiltración, muy al contrario, al actuar las cubiertas como barrera física se redujo la energía con que las gotas de lluvia impactaban contra el suelo así como la velocidad de la escorrentía superficial. Esto unido a la preservación de los poros de mayor tamaño, gracias a la reducción de las labores, y a la proliferación del sistema radicular, favoreció la infiltración. Al final del estudio, la tasa estabilizada de infiltración calculada con anillo simple (n=10), resultó mayor en los tratamientos con cubiertas vegetales, tanto con la cubierta permanente (B. distachyon: 171 ± 63 mm h-1) como con S.cereale (137 ± 85 mm h-1), que en laboreo donde fue un 50% menor (96 ± 43 mm h-1; p < 0,025). Con el tiempo, la mejora de la estabilidad de agregados hizo al suelo menos vulnerable, lo que contribuyó a reducir aún más las tasas erosivas progresivamente cada año, entrando en un círculo vicioso beneficioso para la conservación del suelo. De hecho, se obtuvo una alta relación negativa entre las tasas erosivas obtenidas en cada tratamiento y la estabilidad estructural de los macroagregados de la superficie del suelo (R= -0,78; p = 0,01).

Han sido necesarios varios años para poder comprobar la influencia de los cambios realizados por los distintos tratamientos en el suelo para la disponibilidad hídrica. En el último año de estudio, se analizó la proporción de distintos tamaños de poros respecto a la porosidad total para los diferentes tratamientos. Con los datos de porosidad obtenidos empíricamente se ajustaron las curvas de retención del agua para cada tratamiento, donde se representa la presión matricial del suelo con relación a la evolución de la humedad volumétrica. De esta forma se pueden analizar gráficamente y en mayor profundidad las diferencias entre los tratamientos con cubierta y el laboreo. Aunque la porosidad total fue de alrededor del 50% para todos los tratamientos, se obtuvieron ciertas diferencias significativas en la distribución del tamaño de los poros. Con el tratamiento de B. distachyon se obtuvieron diferencias en la mesoporosidad que fue mayor (12,1 ± 1,6 %) que en el suelo labrado (8,8 ± 4,7 %; P<0,05). La porosidad efectiva, es decir la contribución de mesoporos y macroporos (tamaño >10 µm; pF<2,54), tendía por lo tanto a ser mayor en B. distachyon (34%) que en el suelo de Laboreo (30%), sin embargo, no hubo diferencias estadísticamente significativas, quizá porque cuatro años no son suficientes para detectar estos cambios en la organización de los macroagregados. Una menor proporción de esa fracción de poros grandes en laboreo condiciona la infiltración del agua, ya que los macroporos y los mesoporos facilitan la permeabilidad del suelo y la conducción del agua a través del mismo. Sin embargo, en laboreo había una proporción mayor de microporosidad (20%) que en B. distachyon (17%), lo cual podría indicar una mayor capacidad para almacenar agua. Sin embargo, también se obtuvo que el punto de marchitez se alcanzaba a humedades volumétricas mayores en suelos labrados (9 % humedad a pF=4,2) que en suelos con cubierta de B. distachyon (6 % de humedad a pF=4,2). Una mayor parte de humedad está alojada en microporos y no está disponible para las plantas. De este modo, a pesar de tener menor humedad, el agua disponible para las plantas (capacidad de campo menos el punto de marchitez), resultó similar en B. distachyon y en laboreo (en torno al 11%).

La humedad volumétrica del suelo varió entre el 7% en los meses más calurosos de verano y el 18% durante los meses de otoño y primavera en que las lluvias eran más frecuentes. Observando la correspondencia de estos valores de humedad con el pF en las

curvas de retención de humedad obtenidas en los diferentes tratamientos, se puede comprobar que en B. distachyon la presión matricial necesaria para extraer el agua comenzaba a pF > 2,2, era mayor en S. cereale, a partir de pF > 2,3 y mayor en suelos labrados, pF >2,5. Consecuentemente, se necesitan succiones ligeramente más pequeñas para extraer agua en los suelos con cubiertas que en laboreo gracias a haber conseguido la mencionada mayor proporción de mesoporos.