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Pues bien, la naturaleza de la causalidad desde la perspectiva que presentan los ejemplos geométricos ofrecidos por Spinoza, parece estar resumida en la expresión causa sive ratio –es decir, causa o razón-, una fórmula previamente utilizada por Descartes en las Segundas Objeciones y Respuestas (Meditaciones, pp. 91-92, AT VII 107-109). La misma nos conduce al núcleo de la concepción de Spinoza, la cual se ubica en el terreno metafísico y condiciona desde allí las características de la causalidad en los distintos planos del ser. Este núcleo, a su vez, está constituido por otra noción que también aparece en los textos cartesianos señalados anteriormente y está estrechamente vinculada a la noción de causa sive ratio. Se trata de la noción de causa sui. Un indicio claro de que este concepto es determinante, no sólo para la concepción de la causalidad,

sino también para toda la filosofía de Spinoza es que está ubicado a la entrada de la Ética. Allí, la definición con la cual se abre el libro primero dice lo siguiente:

Por causa de sí –causa sui- entiendo aquello cuya esencia implica la existencia, o sea, aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente. (EI def. 1 G II 45)206

Al igual que en la metafísica cartesiana, dicho concepto ocupa un lugar preponderante en las pruebas ontológicas de Spinoza. En este último, en dichas pruebas se demuestra que la sustancia, puesto que es causa de sí, no puede sino existir (EIp7 G II 50). Luego, sobre la base de la existencia de la sustancia se demuestra la existencia de Dios, en cuanto es definido como una sustancia. Ahora bien, a los fines de comprender la concepción de la causalidad nos centraremos en la segunda versión de dicha demostración, en la cual Spinoza introduce la noción de “causa seu ratio”.

Todas las cosas, señala Spinoza, tienen una “causa o razón” que explica por qué existen o por qué no existen.

Por ejemplo, si un triángulo existe, debe darse una razón o causa de por qué existe; sí, en cambio, no existe, también debe darse una razón o causa que impida que exista, o que suprima su existencia. (EIp11dem.; G II 53-54)207

Dicha causa puede ser o bien interna o bien externa. Si es interna, entonces es la misma naturaleza o esencia de la cosa la que explica la existencia o no existencia.

Por ejemplo, la razón por la cual un círculo cuadrado no existe, la indica su misma naturaleza, a saber, porque implica una contradicción. […] por qué, la sustancia existe, se sigue también de su sola naturaleza, la cual implica, como sabemos, la existencia (ver 1/7). (EIp11dem; G II 53-54)208

Por el contrario, si la causa es externa, entonces se requiere la acción de otra cosa. En este sentido, afirma que la existencia –se supone que en el plano de la extensión- de las entidades geométricas depende “del orden de la naturaleza corpórea en su totalidad”. Lo mismo puede decirse de los seres finitos, pues, su existencia no está contenida en su esencia sino que depende de la existencia de la sustancia. Quizás

206 “Per causam sui intelligo id, cujus essentia involvit existentiam, sive id, cujus natura non potest

concipi nisi existens”.

207 “…si triangulus existit, ratio seu causa dari debet cur existit; si autem non existit, ratio etiam seu causa

[53] dari debet, quae impedit quominus existat, sive quae ejus existentiam tollat”.

208 “Ex. gr. rationem, cur circulus quadratus non existat, ipsa ejus natura indicat; nimirum, quia

contradictionem involvit. Cur autem contra substantia existat, ex sola etiam ejus natura sequitur, quia scilicet existentiam involvit (vide prop. 7.)”.

convenga aclarar que en el caso de las entidades geométricas habría una diferencia respecto a la causa de la existencia y la causa de la no existencia. En efecto, mientras que en el caso del círculo-cuadrado, su no existencia se desprende de su naturaleza, en el caso de las figuras que no son auto-contradictorias su existencia no dependería de su esencia sino de causas exteriores. De su esencia dependerían solamente sus propiedades.

Ahora bien, hay dos puntos que debemos destacar en relación a los conceptos utilizados en la demostración antes mencionada, por un lado, el hecho de que la comparación de la esencia de la sustancia con la esencia de las figuras geométricas, deja en claro que no habría diferencias en lo referente a nuestro modo de conocer en uno y otro ámbito. Así, del mismo modo que de la esencia del círculo-cuadrado se deduce una contradicción y, por tanto, su no existencia, de la esencia de la sustancia se deduce que existe necesariamente. O bien, por el absurdo, de suponer que la sustancia no existe se puede deducir una contradicción. Por otro lado, es importante señalar que este paso del plano geométrico o lógico al metafísico, tiene importantes consecuencias en cuanto a la naturaleza de la causalidad. En efecto, mientras que en el plano geométrico se trata de lo que en terminología aristotélica se conocía como causalidad formal, en el plano metafísico, la deducción parece trascender la causalidad formal. Esto se debe a que, al estar la existencia implicada en la esencia de la sustancia, trasciende lo meramente cognoscitivo. Esto es, no sólo conocemos que existe, sino que por eso mismo existe. En este sentido, Schopenhauer afirmó que Spinoza había confundido el principio del conocer con el principio del ser, intentando una hazaña tan infructuosa como la del Barón de Munchhausen quien pretendía salir con su caballo del pantano en el que había caído tirando de sus propios cabellos. Según Schopenhauer, mientras que Descartes solo concluía de esta mezcla la existencia de Dios, Spinoza concluye también la existencia necesaria de infinitos atributos y modos (Schopenhauer, Cuádruple Raíz, pp. 15-19).

Esto es justamente lo que encontramos en la proposición 16 del libro primero: De la necesidad de la naturaleza divina deben seguirse infinitas cosas en infinitos modos, esto es, todo cuando puede caer bajo el entendimiento infinito. (EIp16; G II 61)209

209 “Ex necessitate divinae naturae infinita infinitis modis (hoc estomnia, quae sub intellectum infinitum

Esta proposición muestra que, para Spinoza, de la naturaleza de la sustancia divina no sólo se deduce su existencia, sino también todas las cosas que pueden existir y todas sus características. Dicho en otros términos, en la medida en que la causa de sí pone su existencia, pone también además todas las cosas que son inmanentes a ella. Según un escolio posterior: “…en el sentido en que Dios se dice causa de sí, debe decirse también causa de todas las cosas” (EIp25 esc.; G II 69; Gueroult, 1968 p. 244)210.

La demostración de esta proposición es muy breve. Se apoya solamente en la definición de Dios, es decir, el ser infinito que consta de infinitos atributos (EIdef.6 G II 45). No obstante, la aclaración introductoria de la misma es muy instructiva. Spinoza comienza diciendo que, a los fines de la demostración, esto es suficiente si tenemos en claro que dada la definición de una cosa el entendimiento puede concluir de allí “varias propiedades que se siguen necesariamente […] de la esencia de la cosa. Y tantas más cuanta más realidad implica esa esencia” (EIp16dem; G II 61)211. Esta explicación, por lo demás, nos muestra claramente la naturaleza de la concepción esencialista que subyace a la metodología de la Ética212, de la cual ya hemos hablado en capítulo tercero.

Ahora bien, como corolario de dicha proposición, Spinoza extrae la siguiente conclusión, “[…] Dios es causa eficiente de todas las cosas que pueden caer bajo el entendimiento infinito” (EIp16cor1; GII61)213. Dicho en otros términos, es causa

eficiente de las infinitas cosas –deberíamos decir, cosas-propiedades- que se siguen de su esencia. De aquí se concluye que, en cuanto que la esencia de Dios es la causa formal de todas las cosas, también las produce y, por ello, es al mismo tiempo la causa eficiente. Resulta claro, además, que, para Spinoza, no se trata de dos formas contradictorias de la causalidad sino de dos formas complementarias y, en cierto modo,

210 “…et, ut verbo dicam, eo sensu, quo Deus dicitur causa sui, etiam omnium rerum causa dicendus

est…”

211 “…quod ex data cujuscunque rei definitione plures proprietates intellectus concludit, quae revera ex

eadem (hoc est ipsa rei essentia) necessario sequuntur, et eo plures, quo plus realitatis rei definitio exprimit, hoc est, quo plus realitatis rei definitae essentia involvit”.

212 La misma idea en el escolio de la proposición siguiente: Pero yo pienso haber mostrado ya con

suficiente claridad (ver prop. 16) que de la suprema potencia de Dios, o sea, de su infinita naturaleza han fluido necesariamente [necessario effluxise] infinitas cosas de infinitos modos, es decir, todas, o que se siguen siempre, con la misma necesidad, del mismo modo que de la naturaleza del triángulo se sigue, desde la eternidad y por la eternidad, que sus tres ángulos son iguales a dos rectos. (EIp.17esc. GII63)

213 “Hinc sequitur Deum omnium rerum, quae sub intellectum infinitum cadere possunt, esse causam

efficientem”. En los corolarios dos y tres a la misma proposición, Spinoza agrega que Dios es causa “por sí y no por accidente” y “causa absolutamente primera” (G II 61-62).

de dos caras de la misma moneda. Tal vez podamos arrojar un poco más de luz sobre esta cuestión si volvemos a examinar el pasaje de la correspondencia con Tschirnhaus en el que aparece la definición genética. Allí, luego de utilizar el ejemplo de la definición genética de círculo, el cual hemos citado anteriormente, Spinoza se refiere a la definición de Dios en los siguientes términos:

… cuando defino a Dios como el ser sumamente perfecto, como esa definición no expresa la causa eficiente (pues entiendo por causa eficiente tanto la interna como la externa [intelligo enim causam efficientem tam internam, quàm externam]), no podré extraer (expromere) de ahí todas las propiedades de Dios. En cambio, cuando defino a Dios como el Ser, etc., vea la definición VI de la parte I de la Ética.” (Ep. 60 pp. 342- 343 G IV 270-271214

El texto se interrumpe allí, pero es evidente que Spinoza entiende a la definición de Dios de la Ética como una definición genética que expresa la causa eficiente. Este punto es muy significativo ya que nos permite esclarecer lo que nos resultaba problemático respecto de la causalidad geométrica y además porque señala un aspecto esencial de la causalidad tal como aparece en la perspectiva de Spinoza. En efecto, podemos leer en la cita que la expresión “causa eficiente” puede referirse tanto a la causa interna, es decir, a la causa formal, como a la causa externa. A los ojos de Spinoza esta aclaración –nótese que aparece entre paréntesis- pudo resultar necesaria en virtud de que usualmente “causa eficiente” se utilizaba en relación a la causa externa (o transitiva), mientras que en este contexto la denominación se utiliza en un sentido diferente al usual, es decir, refiriéndose a la causa interna (formal, es decir, la esencia de la cosa).

Por último, debemos tener en cuenta que la causalidad interna a la que se refiere Spinoza no solo define la relación entre la esencia y la existencia de la sustancia divina, sino también la relación de la sustancia con los modos que produce su esencia. En este sentido, la proposición 18 afirma que “Dios es causa inmanente, pero no transitiva, de todas las cosas”. La prueba de esta proposición, a su vez, no por

214 “Sic quoque cùm Deum definio esse Ens summè perfectum, cumque ea definitio non exprimat causam

efficientem, (intelligo enim causam efficientem tam internam, quàm externam) non potero inde omnes Dei proprietates expromere; at quidem cum definio Deum esse Ens, &c. vide Definit. VI. Part. I. Ethices”. Por su parte la definición completa dice así: “Por Dios, entiendo el ser absolutamente infinito, es decir, la sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita”. (EIdef.6)

casualidad nos conduce a la proposición quinceava, en la cual, como hemos visto en el capítulo anterior, se expresa la tesis de la inherencia215.

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