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Aunque, como hemos visto, para Descartes, la intuición es un acto que depende pura y exclusivamente del entendimiento y es de naturaleza puramente pensante, no obstante, ello no excluye de antemano la posibilidad de que la imaginación juegue algún rol en él. A continuación intentaremos indagar si ese rol efectivamente existe y cuál es, y las repercusiones que esto tiene en la función que asigna a los signos en general en el conocimiento científico y filosófico. Nos remitiremos a la regla XII donde Descartes expone su concepción de las relaciones entre las facultades.

En dicha regla el entendimiento aparece como la única fuente de verdad aunque ello no implica que sea una facultad que funciona de manera completamente aislada de las demás. En efecto, según Descartes,

Sólo el entendimiento puede percibir la verdad, pero debe ayudarse con la imaginación, con los sentidos y con la memoria para no dejar de lado ninguno de los recursos que poseemos (AT X 411).

En todos los casos el entendimiento obtiene su conocimiento verdadero a partir de elementos simples, captados por la intuición y progresivamente combinados a través de la deducción (vid. Grosholz, 2007 p. 166). Entre ellos Descartes distingue los que son puramente espirituales, aquellos puramente materiales y los intermedios234. Esto indica que dicha facultad en ciertos casos debe relacionarse necesariamente con la imaginación, pues, las cosas puramente materiales, es decir, aquellas que se conocen en los cuerpos (figura, extensión, movimiento), no tienen otro modo de afectar a la mente más que a través de la imaginación (vid. AT X 413-416). De este modo, si bien la verdad se capta sólo a través de la intuición de las cosas simples, sin embargo,

… si el entendimiento se propone examinar algo que pueda referirse al cuerpo, su idea se ha de formar en la imaginación lo más distintamente posible y para hacerlo con

mayor comodidad hay que mostrar a los sentidos externos la cosa misma que esa idea representa (AT X 416).

De esto modo, puede verse que, para Descartes, la imaginación juega un rol importante y esto tiene como consecuencia que haya dedicado buena parte de las Reglas XV y XVI a mostrar la mejor manera de representar a través de figuras y símbolos ciertos conceptos geométricos de modo que permitan a la mente operar de manera rápida y segura en las demostraciones. En el mismo sentido, el estudio de Grosholz pone de manifiesto que los diagramas cumplen un rol esencial en las demostraciones geométricas cartesianas, incluso de mayor importancia que la que Descartes estaría dispuesto a concederle (2007 p. 166)235. Sin embargo, el dato esencial que debemos tener en cuenta a los fines de esta exposición y sobre todo en vistas a una próxima contraposición con la concepción de Hobbes, es que cualquiera sea este rol y ya sea que hablemos de figuras, diagramas o símbolos lingüísticos (en especial los símbolos algebraicos) se trataría siempre de un rol secundario y limitado, en cuanto que, en todo proceso deductivo la imaginación siempre debe ser supervisada por el entendimiento. Esto se ve claramente en el enunciado de la regla XV:

Casi siempre es también útil trazar estas figuras y presentarlas a los sentidos externos a fin de mantener por este medio más fácilmente la atención de nuestro pensamiento (AT X 453).

Las razones de esta limitación son las que Dascal resume de esta manera:

[Para Descartes] Los signos son útiles sólo para evocar ideas… esto es, para ponerlas frente al “ojo de la mente”. El objetivo de verificar la validez de una deducción, tanto como el objetivo de inferir efectivamente una conclusión de determinadas premisas de un argumento, pertenece enteramente al entendimiento. Los signos o la “imaginación”, en el sentido específico de “facultad o habilidad para manipular signos e imágenes”, no

235 Dicha autora, busca poner de manifiesto la ambigüedad que rodea el uso de los diagramas en la

práctica geométrica cartesiana. Tal ambigüedad no concuerda con el requisito de simpleza y claridad que el método cartesiano exige para las entidades simples captadas intuitivamente, pero para Grosholz no es un defecto de los diagramas. En todo caso es un error del propio Descartes no comprender que la realización de la prueba conlleva más elementos que los que pueden admitirse en términos ideales. Además, intenta hacer ver que en la práctica de la demostración Descartes introduce entidades que no cumplen con el requisito de simpleza y claridad propuesto en el método (2007 p. 167). Para una exposición de la concepción lockeana de la naturaleza del conocimiento matemático, en el cual las figuras juegan un rol importante pero, al igual que en Descartes, meramente auxiliar, vid. Carson, 2006.

juega un rol, directamente, en estas tareas. … Así, la imaginación strictu sensu no es la facultad implicada en el corazón del razonamiento deductivo (Dascal, 1987 p. 41).236

A fin de cuentas, el proceso de inferencia cartesiano si bien, en cierto modo, depende de las imágenes para obtener sus datos primordiales en el ámbito geométrico, y se agiliza y gana seguridad apoyándose en un contenido simbólico-imaginativo que puede ir desde figuras trazadas en el papel hasta símbolos algebraicos, no se agota nunca en él, ya que, la intuición lo trasciende para alcanzar un contenido de naturaleza puramente intelectual. Por último, cabe indicar que, para Descartes, fuera del ámbito geométrico, la intuición podría darse a sí misma un contenido intelectual sin recurrir a ninguna ayuda simbólica. Con lo cual, allí la imaginación no presentaría relevancia epistémica alguna.

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