Doña Socorrito es un personaje que, al igual que otros en la novela, no volverá a aparecer.
Contraria a las otras definiciones en las que los personajes, reales o ficticios, tienen una referencia política específica, la de Doña Socorrito, aunque con una evidente carga ética, no habla de nada directamente relacionado con el EZLN. Está construido por frases cadenciosas y dubitativas: “Tal vez camina por la orilla de la playa que, tal vez, a esa hora está casi desierta. Tal vez de vez en cuando se detiene a recoger alguna concha de mar” (p. 149). En cierto momento la repetición de palabras, intencional y rítmica, y las frases cortas, me recordaron los cuentos breves de Eduardo Galeano, con quien Marcos ha tenido correspondencia. Es una de las influencias que permea la obra de Marcos, en particular en las parábolas del Viejo Antonio —sobria contraparte de Durito—. La definición de Doña Socorrito también está escrita en el estilo que el Subcomandante reserva para la solemnidad.
188
Subcomandante Marcos, Palabras en el Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y
2.5.5 Pedro Miguel.
La quinta definición consta de un fragmento de un artículo publicado en La
Jornada. Pedro Miguel, que habitualmente escribe la columna sobre internet Navegaciones, hace un análisis del discurso mesiánico de George W. Bush, y en él
Marcos encuentra un cuestionamiento de la definición del mal:
Si el Imperio Celestial forma parte de esa alianza, qué caso tiene lamentarse por la salida de ella de uno que otro paisucho. Qué necesidad va a tener de formular una definición clara del Mal, si resulta evidente que el Mal es todo aquello que antagonice con el Señor, Quien, a Su vez, ha resultado ser estratega genial, economista preclaro y promotor (re)electoral agudísimo y certero189.
Marcos había citado a Pedro Miguel sólo una vez con anterioridad entre un grupo de periodistas de La Jornada, sin especificar notas o artículos y acotándolo entre 1996-2003, con información que, el Subcomandante aseguraba, “vinculaba al ex- presidente español Felipe González como presunto asesor de la matanza de Acteal”190.
2.5.6 La Chapis.
La Chapis es una monja de la teología de la liberación. Se dice de su congregación que, a diferencia de la cúpula de la iglesia católica, “es, como dirían los zapatistas, ‘muy otra’: en lugar de encerrarse a rezar o adular con la promesa de indulgencias a los poderosos, sus integrantes se dedican a esa práctica cristiana que se llama ‘opción por los pobres’” (p. 151).
189
Pedro Miguel, “Bush y Dios”, La Jornada, 25 de enero de 2005, http://www.jornada.unam.mx/2005/ 01/25/029a1mun.php.
190
Se trata de Diciembre: Distrito Federal, la Duodécima Estela (Imagen Segunda: el diciembre de
Aunque los zapatistas han recalcado el laicismo del movimiento —y el Subcomandante su ateísmo—, aceptaron desde el principio de las negociaciones la mediación del obispo Samuel Ruiz. Además, a su llegada a la Selva Lacandona, el EZLN utilizó las estructuras de las comunidades de base jesuitas y de los sectores eclesiásticos progresistas de Chiapas. En Las estelas, una serie de cartas analizando lo visto en el Zapatour de 2001, Marcos habla también de la otra iglesia, en términos similares:
El bajo clero que está en la opción por los pobres. La Iglesia que elige estar del lado de los marginados sin importar la festividad religiosa. (…) donde dice "amarás a tu prójimo como a ti mismo", ellos leen "amarás a tu prójimo más que a ti mismo". Y donde dice "bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos será el reino de los cielos", ellos leen "bienaventurados los que se acercan a los pobres, porque con ellos será el reino de justicia en la tierra"191.
La definición de la Chapis es, por supuesto, teológica y muy acorde a las ideas sobre las que anda la teología de la liberación, y también una crítica del revestimiento cristiano del poder:
O sea que el equivalente del cielo era el gobierno y el equivalente de Dios era el gobernante. O sea que así justificaban, y justifican todavía, que hay que obedecer a los que gobiernan porque son buenos. Ahí está Bush, que trae a Dios como le da la gana, o sea que usa a Dios para justificar sus maldades.
Entonces a Cristo lo crucifican porque viene a cuestionar todo eso y, siendo el hijo de Dios, en lugar de reunirse con los gobernantes, cenar en sus palacios, hacer un partido político o convertirse en su asesor, ¿qué hace?, pues se va a nacer en un pesebre, rodeado de animales, crece en una carpintería y se hace una organización con puros pobres (p. 152).
La otra lectura evangélica aparece casi como tópico en la literatura y el cine de guerrilla latinoamericana. Algunos, yo entre ellos, consideramos insana la propaganda que se realiza alrededor del arquetipo. Otros, más condescendientes, explican que en un territorio tan católico como América Latina sus escritores sienten la necesidad de
acercar a sus lectores la doctrina revolucionaria, pero sin que choque con lo sacro. Una
especie de La Madre de Gorki en versión tropical.
191
Subcomandante Marcos, Febrero: Puebla, la segunda estela (la resistencia y otra iglesia, la de los
Sin embargo hay notables excepciones. Un ejemplo ya clásico es “Apocalipsis de Solentiname”, uno de los mejores relatos políticos de Julio Cortázar. A caballo entre la recreación histórica y la autobiografía, Cortázar narra el ataque a la comunidad de Solentiname, proyecto social del poeta y sacerdote Ernesto Cardenal. El narrador —un alter ego del escritor fácilmente reconocible— escucha una lectura bíblica de la comunidad de Solentiname:
los campesinos y Ernesto y los amigos de visita comentan juntos un capítulo del evangelio que ese día era el arresto de Jesús en el huerto, un tema que la gente de Solentiname trataba como si hablaran de ellos mismos, de la amenaza de que les cayeran en la noche o en pleno día, esa vida en permanente incertidumbre de las islas y de la tierra firme y de toda Nicaragua y no solamente de toda Nicaragua sino de casi toda América Latina, vida rodeada de miedo y de muerte, vida de Guatemala y vida de El Salvador, vida de la Argentina y de Bolivia, vida de Chile y de Santo Domingo, vida del Paraguay, vida de Brasil y de Colombia192.
Un ejemplo más, y también sobre Nicaragua, es el cuento “Méndez Arceo, el obispo rojo de Cuernavaca”, del sociólogo norteamericano James Petras (1937). El libro
La lengua del pueblo —otro de los que quedó fuera en la selección de libros a estudiar
en la segunda parte de este trabajo— de Petras tiene innumerables similitudes no literarias con Muertos incómodos. Fue publicado vía internet, es de licencia copyleft y la validez como escritor de Petras también está ligada intrínsecamente a su compromiso político. El cuento narra la conversión, no religiosa, pero sí de la mirada frente a la militancia con tintes cristianos, que tiene Petras al investigar asesinatos en Nicaragua en 1981. Un diálogo como éste es más que ilustrativo:
—¿No es verdad —me preguntó— que Dios nos hizo iguales, a su imagen y semejanza? Vacilé antes de contestar. Soy un descreído.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué unos propietarios tienen toda la tierra y nosotros nada? Cuando se lo conté a Méndez Arceo se rió.
—Antes de que nos vayamos de aquí, los campesinos lo van a convertir a usted al cristianismo193.
192
Julio Cortázar, “Apocalipsis de Solentiname”, Cuentos Completos 2, México, Alfaguara, 2001, p. 156.
193
James Petras, “Méndez Arceo, el obispo rojo de Cuernavaca”, en La lengua del Pueblo (Un viaje
global en 16 cuentos de combate), Manuel Talens (trad), Rebelion.org, 2004, http://www.rebelion.org/ hemeroteca/petras/lengua_pueblo.pdf.
Pero volvamos a la Chapis. Marcos decidió que ella, además de él mismo, sea el único personaje que sabe que Elías Contreras está muerto: “Elías quiere mucho a la Chapis porque, aunque ella sabe que Elías está muerto, no le tiene miedo y habla con él” (p. 152).
El final de su definición es una vuelta a la realidad, un recurso que Marcos volverá a emplear en las definiciones de otros de los personajes de ficción.: “Oye Elías, no me vayas a acusar con el Sup de que digo groserías. Si no vas a querer el arroz con leche yo me lo como” (p.153).
2.5.7 Leonard Peltier.
Leonard Peltier es miembro del movimiento indígena de EEUU American Indian Movement, fue sentenciado en 1977 por el asesinato, en 1975, de dos agentes de FBI durante un tiroteo. Tanto ONG como Amnistía Internacional consideran que se trata de un preso político.
En el fragmento citado por Marcos, Peltier alerta a los que no son indios en EEUU sobre cómo, bajo el pretexto de la seguridad, el gobierno viola su “propio tratado, el que existe entre ustedes y el gobierno, es violado todos los días, ese tratado es conocido como Constitución” (pp. 153-154).
Marcos ya había mencionado a Peltier y a otro de los personajes que definen al mal en este capítulo. En la invitación que hicieron los zapatistas al equipo de fútbol FC Internacionale de Milano para un partido amistoso, el Subcomandante dijo que “el
dream team zapatista llevaría una gran manta en la que se leería ‘Libertad para Mumia Abu Jamal y Leonard Peltier’”194.
2.5.8 Morales.
Para definir al mal, Morales hace un recuento de su vida. Un mea culpa en el que detalla lo que hace un intermediario del mal, un peón al servicio del poder. Es la definición en la que Marcos intenta que El Malo se presente y es el episodio menos satisfactorio de toda la novela.
Hay dos errores fundamentales: el más grave es que Marcos nos trate de convencer de que Morales está tan dispuesto a asumir su responsabilidad. A pesar del cinismo de Morales, resulta inverosímil y poco elaborado que un agente paramilitar y clandestino simplemente se asuma como fuerza del mal:
Todo se compra y se vende: la tierra, el cuerpo, la conciencia, la Patria. (…)
O sea que alguien con mucho poder y dinero quiere hacer un negocio pero no quiere que se sepa y no quiere batallar con las pequeñas dificultades que suelen surgir. Ahí es donde entro yo. (…) O sea que se puede decir que soy como una especie de intermediario del mal. Mire usted, ¿sabe cuál es la ciencia para triunfar en esto de la maldad? (…) estar bien con dios y con el diablo, chingar al que está siendo chingado por el más chingón, bajar la mirada ante el poderoso y alzarla ante el débil (pp. 154-155).
El otro error es que si, como se verá adelante, Elías y Héctor concluyen que se trata de dos Morales, es imposible saber si leemos una confesión autobiográfica-coral o, como es más comprensible al tratar de definir al Mal, sólo una alegoría alrededor del tema. Las dos posibilidades son insatisfactorias. En esta definición es imposible no coincidir con Glen S. Close en su artículo sobre Muertos incómodos: “ideological uniformity or monologuism (…) leaving the reader with the ultimate impression of a
194
central narrative intelligence, clumsily delegating the expression of doctrine or preaching, as it were, through the choir”195
Sin embargo, no es una generalización. Los villanos pueden ser malvadísimos si se tercia, y los ejemplos sobran. Un caso cercano es, de nuevo, Días de combate de Paco Ignacio Taibo II, la primera parte de la serie Belascoarán, donde ya aparece el tema de El Mal. Al encontrarse Héctor Belascoarán Shayne con Cerevro, el estrangulador al que persigue, éste le explica así sus actos:
.
—Yo he llegado a estos atrevidos resultados originados en los experimentos culturales. No es el camino obligado. El superhombre se ha separado muchas veces de la tribu quizá por su puro instinto. ¿Le repugno? No, ¡no mil veces! Le atraigo y le repelo, como el abismo, como el cazador a la presa.
(…)
—Bien, he asesinado once veces y he causado heridas menores. En ese mismo intervalo de tiempo, el estado ha masacrado a cientos de campesinos, han muerto en accidentes decenas de mexicanos, han muerto en reyertas cientos de ellos, han muerto de hambre o frío decenas más, de enfermedades curables otros centenares, incluso se han suicidado algunas decenas… ¿Dónde está el estrangulador?196
Lo que en un asesino serial, como el de la novela de Taibo II, es válido, resulta chocante en Morales. Me parece el único lugar de la novela donde la costumbre del panfletista le hizo olvidar aquí “que un novelista debe ser un traidor capaz de dar tanta vida al personaje que ama como al que detesta, e incluso logra[r], aun contra su voluntad digamos racional, y esto es lo importante, que el lector se puede adherir a la argumentación del personaje no amado por el novelista”197.
195
Glen S.Close, “Muertos incómodos: The monologic polyphony of Subcomandante Marcos”,
Ciberletras, Vol. 15, 2006 (uniformidad ideológica o monologuismo (…) dejando al lector con la
impresión final de una inteligencia narrativa central, delegando torpemente la expresión de doctrina o prédica, como son, a través del coro).
196
Días de combate, pp. 221-222.
197
Fernando García Ramírez, “¿Cuál es la profundidad de la cebolla? Entrevista con José de la Colina”,
Letras Libres, Junio de 2004, http://www.letraslibres.com/index.php?art=9658. (De la Colina habla de Dostoievski, un experto en personajes malvados, inmorales y amorales.)
2.5.9 Angela Davis.
Angela Davis es una activista norteamericana que lucha por la abolición de las prisiones. Con un fragmento de una carta escrita desde la cárcel —Davis fue acusada, falsamente, de participar en un asalto de los Panteras Negras a una corte—, señala cómo en las sociedades oficialmente democráticas la fuerza policial actúa igual que durante el fascismo:
El Fascismo es un proceso, crece y se desarrolla con la naturalidad de un cáncer. Mientras que hoy la amenaza del fascismo puede estar primariamente restringida al uso de los aparatos de la ley, las fuerzas policiales, el aparato judicial y penal, en contra de las resistencias abiertas y latentes de las nacionalidades oprimidas, mañana podrían atacar a la clase trabajadora en masa y aún eventualmente a los demócratas moderados (p. 156).
La idea no es nueva y el Subcomandante ha hablado del tema en numerosas ocasiones. Sin embargo, su corrimiento a la izquierda en los últimos años le ha hecho redoblar la insistencia en el tema. Tras el debate postelectoral de 2006, Marcos dijo que de haber llegado López Obrador a la presidencia “la ilusión se acabaría a la hora en que se fuera viendo que nada había cambiado para l@s de abajo. Y entonces vendría una etapa de desánimo, desesperación y desilusión, es decir, el caldo de cultivo para el fascismo”198
Davis también es mencionada en el capítulo anterior, escrito por Taibo II. En una conversación entre Belascoarán y su internauta, Cristina Adler, ésta le comenta que encontró en Internet una entrevista de Maité Rico y Betrand de La Grange —autores del anti-EZLN Marcos: la genial impostura— que podría servirle al detective, en Letras
Libres. Él le dice que no lee la revista y ella le contesta: “Pues te jodiste, porque yo
.
198
Subcomandante Marcos, L@s zapatistas y la otra: Peatones de la historia, Primera Parte, Agosto- Septiembre de 2006, 26 de septiembre de 2006.
tampoco, que la servidora era responsable de la célula Ángela Davis de la JC199 en los ochenta y algo se la ha de haber quedado” (p. 136).
2.5.10 El Ruso.
El Ruso es un vendedor de tortas de Guadalajara que aparece por primera vez en el capítulo VII. Aunque hay algunas referencias a hechos inmediatos, como a la construcción del Wal-Mart en los alrededores de Teotihuacán, esencialmente esta es una definición moral. El Ruso condena y ve que el mal es:
Traicionar la memoria de nuestros muertos. Renegar de lo que somos. Perder la memoria. Vender nuestra dignidad. (…) Olvidar nuestra historia. Olvidarnos de nosotros mismos. Aceptar lo que nos da de tragar el poderoso. Rendirnos. No luchar. (…) Asumir el “dejar hacer, dejar pasar” en nuestras vidas y dejar hacer al poderoso y dejar pasar las chingaderas que están haciendo con nosotros. (…) Dejar que ellos atropellen, maten, saqueen, engañen y, al final, se salgan con la suya. Eso es el mal. Eso y otras cosas que ahorita no puedo decir porque ya me encabroné. Ahí está su pinche torta (p. 157).
A diferencia de las definiciones anteriores, el Ruso apuesta a la autocrítica. El mal no está afuera, sino dentro del movimiento. Por una parte este fragmento es más cercano a una serie de cartas y documentos que, desde el inicio del levantamiento, dirigía el EZLN particularmente a sus bases, diciéndoles que no había que rendirse.
El final de su definición, “Ahí está su pinche torta” (p. 157), y la de la Chapis, “Oye Elías, no me vayas a acusar con el Sup de que digo groserías. Si no vas a querer el arroz con leche yo me lo como” (p. 153), comparten el que, tras exaltarse, cierran con un comentario que los sitúa de nuevo en sus respectivas cotidianidades culinarias.
199