Aunque Marcos cataloga como definición este apartado, es en definitiva una vuelta a la trama central de la novela. A diferencia de los otros episodios narrativos, incluidas las actividades de Elías Contreras como mesero, aquí las acciones de Elías se conectan a sus actividades de los capítulos anteriores.
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Manuel Vázquez Montalbán, Marcos: El señor de los espejos (1999), México, Santillana: Punto de lectura, 1999, 2001, p. 141.
Sin embargo, antes de llegar a la oficina de Belascoarán, Contreras realiza un par de homenajes a los periódicos de México que han seguido más de cerca al EZLN. Primero a La Jornada, que, como es evidente ya, es fundamental dentro de la estrategia de comunicación de Marcos. Elías lee en ese periódico un artículo del antropólogo Miguel León Portilla, para después pasar por las instalaciones del diario El Universal y escuchar el himno nacional.
Al llegar al despacho de Belascoarán, Elías observa las diferencias entre su trabajo y el del detective de ciudad. Elías llama ‘cosas’ a los casos. Observa que Belascoarán reorganizó las pistas para darles perspectiva. Le pregunta a Héctor qué es la perspectiva y tras una mala explicación acuden al diccionario, donde consiguen una definición propia de la geometría.
La aparente disciplina de asamblea del pueblo de Elías difiere de la que existe en la oficina de Belascoarán; también Elías se percata de que hasta los panes de la ciudad son diferentes a los de las tierras zapatistas:
Que sea “donas” son unos como panes que tienen un agujero, que sea que son unos panes que no están cabales pero te los cobran como si estuvieran completos (p. 169).
En este apartado Elías recuerda, como pocas veces en la novela tomando en cuenta su presumible importancia, que está muerto:
Y entonces yo expliqué que las investigaciones se estaban haciendo porque los muertos las habían empezado. Que sea que no les dije que yo ya estoy difunteado, que sea finado, que sea muerto, porque qué tal que se enferman de espanto y les hace daño el café y los panes agujereados (p. 171).
Este tipo de bromas, el dejar de hacer algo porque las consecuencias podrían ser funestas y de allí armar una anécdota probable, es típico del Subcomandante. Como muestra veamos un extracto de la Sexta Declaración desde la Selva Lacandona, posterior a la novela, cuando les habla a los europeos de unir las luchas:
Que estamos viendo el modo de apoyarlos en sus luchas y que no les vamos a mandar euros porque luego se devalúan por lo del relajo de la Unión Europea (…) Y tal vez también les
mandamos pozol que da mucha fuerza en la resistencia, pero quien sabe si les mandamos porque el pozol es más bien de nuestro modo y qué tal que les perjudica la panza y se debilitan sus luchas y los derrotan los neoliberalistas215.
Como les ha recordado Elías, la investigación la empezaron los muertos, eso como primera pista. Con la participación de los compañeros de oficina de Belascoarán Shayne, ven también que las fotos, las fechas y lugares donde presumiblemente estuvo Morales no concuerdan. Y se preguntan si no podría ser que hubiera más de un Morales, finalmente “El Mal es grande y deben ser varios los malos” (p. 173).
En este punto de ruptura de la novela deciden separarse, porque concluyen que se trata de al menos dos Morales. Así se lleva Marcos al personaje de Elías a Chiapas para su último capítulo.
A modo de despedida entre los detectives, después de jugar al dominó, Elías encuentra que existen grandes similitudes entre él y todos los que comparten esa oficina. Parecería que después de tratar de definir al Mal y al Malo de modo incesante, Elías encuentra las similitudes entre los del Bien, los Buenos, aunque esto no es explícito.
Por un lado Gómez Letras es plomero, y si las tuberías funcionan bien, nadie lo recuerda, pero si funcionan mal “entonces es un desmadre, porque para lavar los platos en lugar de agua salen orines, o sale el agua fría onde va la caliente y al revés volteado. Y entonces todos dicen ‘pinche Gómez Letras, no hizo bien su trabajo’” (p. 174). En el caso del tapicero, Vargas, si hace mal su chamba pues entonces es una problema, “porque cuando uno están bien emocionado viendo en la película que ya lo van a difuntear al malo, ¡zas!, se le clava a uno un fierro. (…) Y entonces todos dicen ‘Pinche Vargas, no hizo bien su trabajo’” (p. 175). En el caso del ingeniero en drenajes profundos, el Gallo Villarreal, si “hace mal su trabajo pues entonces es una gran
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desgracia, porque cualquier rato se viene un tsunami de mierda y orín y la inunda toda la ciudad y entonces sí que segundo piso ni que nada, puro pinche cayuco. Y entonces todos dicen ‘Pinche Villarreal, ni hizo bien su trabajo’” (p. 175). Y en el caso de él y Belascoarán, como era de esperar, si el Mal triunfa es como todos se darían cuenta de que han fracasado.
El estilo recuerda a Don Durito de la Lacandona que con hábil maestría ha logrado con anterioridad comparar la Globalización con las Bolsas, o las Puertas con las Galletas, así como Elías ahora encuentra las similitudes entre oficios tan dispares. He aquí, también, la verdadera emotividad de la relación fugaz entre los detectives.
No puedo dejar de desear corregir a Marcos: hubiera sido mejor terminar allí el capítulo, con ellos jugando dominó, pero fiel a su tradición, le envía una carta a Elías y termina con su firma.