1.5 Publications
2.1.3 Coordinated Multi-Point (CoMP)
Dejemos claro que no podemos salirnos de esta alternativa: libertad, desigualdad, supervivencia de los más aptos; no libertad, igualdad, supervivencia de los menos aptos. Lo primero lleva a la sociedad hacia adelante y favorece sus mejores miembros; lo segundo, la hace retroceder y favorece a sus peores miembros.80
Darwin y el ‘darwinismo’ social
Sabemos que las implicaciones sociales que trajo consigo la teoría darwinista de la evolución fueron numerosas, y no ajenas a fuertes controversias, algunas de las cuales han perdurado hasta nuestros días. Si El origen de las especies ofrecía pistas sobre las conclusiones que podrían derivarse de ver al hombre y sus facultades morales como resultado exclusivo de la evolución por selección natural, El origen del hombre fue la obra crucial en la que Darwin daba a conocer explícitamente sus ideas sobre este problema y sus efectos en la sociedad. Ciertamente, después de leer esta segunda obra, no caben dudas de que Darwin era un hombre preocupado por las cuestiones morales y filosóficas de su época, las que intentó abordar desde la historia natural, la teoría evolutiva y la biología. Sin embargo, pareciera como si el naturalista mismo hubiese previsto las numerosas malinterpretaciones a las que habría de ser sujeto su pensamiento. En efecto, así se expresa, en una epístola dirigida al geólogo Charles Lyell,81 unas semanas después de haberse publicado el Origen de las especies:
‗I have received, in a Manchester newspaper, rather a good squib, showing that I have proved ―might is right,‖ and therefore that Napoleon is right, and every cheating tradesman is also right‘ (Darwin
1905: 56–57).82
Darwin era consciente de que su teoría podría ser interpretada, en un nivel social, como la cruda ―supervivencia del más apto‖: la idea de que el avance social sólo puede darse dentro de la competencia fiera entre los individuos, y en esta lucha por la existencia los débiles han de ser eliminados si se quiere que la comunidad prospere. Como he intentado explicar en el capítulo anterior, dicha idea va claramente en contra del pensamiento del naturalista. Para Darwin era impensable que en la sociedad hubiera
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William Graham Sumner, The Challenge of Facts and Other Essays (New York, Norton Publishing, 1997), 25. La traducción es mía.
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Charles Lyell (1791 – 1875), geólogo escocés, defe so del u ifo is o e el desa ollo geológi o de la Tie a, e oposi ió al atast ofis o de Geo ge Cu ie ; e su o a de 6 , La antigüedad del hombre, llevó algunas ideas de la evolución al terreno del hombre, adelantándose en esto al propio Darwin.
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60 espacio para la lucha por la existencia en su sentido más literal y despiadado, concebida sólo como competencia inclemente y guerra sin tregua entre sus miembros, dejando de lado toda simpatía o moralidad hacia los menos favorecidos en dicha competencia. Como comenta Michael Ruse al respecto, ―es cierto que la selección natural provoca características que redundan en el beneficio propio, pero deducir de ello que nos pasamos la vida machacando a nuestros adversarios como si fuéramos protagonistas de una película de vaqueros es una interpretación absurda e incompleta del proceso de evolución.‖83 Es posible tener éxito en la lucha por la existencia por medio de estrategias mucho más sutiles que eliminar indiscriminadamente toda competencia externa. En particular, es posible obtener mucho más para uno mismo si se trabaja junto a los demás y se les ayuda. ¿Qué son la cooperación, la alianza, la negociación y el altruismo sino ejemplos de esto? Esta idea, empero, no sería compartida por otros pensadores de índole darwinista, notablemente Herbert Spencer, como veremos más adelante.
Incluso antes de que se publicase El origen del hombre, las implicaciones sociales de la teoría de la evolución por selección natural eran ya numerosas. Y es que El origen de las especies arrojaba una pista imposible de ignorar. El hombre debía ser resultado de este mismo proceso de selección, resultado igual de la mutabilidad y transitoriedad de las especies. La serie de ideas que conllevó esta interpretación de la teoría darwinista, aplicadas al contexto social, es lo que llegó a conocerse, en general, como darwinismo social. Muchas de estas interpretaciones habían ya salido a la luz antes de que el propio Darwin hubiera dado a conocer su propio parecer al respecto. Efectivamente:
Within a quarter of a century of the appearance of the Origin there had emerged a literature devoted to exploring these implications in a wide range of contexts: social and psychological development, class, race and gender, religion and morality, war and peace, crime and destitution. Well before the label itself, Social Darwinism was established as a rich and versatile theoretical resource.84
Así las cosas, cabe hacerse la pregunta de cómo puede definirse el darwinismo social. En efecto, una de las mayores dificultades que se presenta a la hora de intentar dar una definición unívoca del mismo es su flexibilidad como corriente de pensamiento. Dado que es más bien un conjunto de ideas antes que una teoría concreta, puede ser aplicado a casi cualquier contexto social y político, adaptándose simbióticamente a ideologías diversas e incluso opuestas. ―Social Darwinism is not, in itself, a social or political
83
Michael Ruse, Tomándose a Darwin en serio (Barcelona: Salvat Editores, 1986),287.
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61 theory. Rather, it consists of a series of connected assumptions and propositions about nature, time and how humanity is situated between both.‖85 Podemos decir que esta flexibilidad se debe, en parte, a las ambigüedades e imprecisiones que circundaban la obra del propio Darwin, lo que favorecía interpretaciones múltiples y divergentes de la misma. No debemos olvidar que el naturalista inglés nunca construyó una teoría social o ética específica. A esto se le suma que es difícil distinguir –por lo menos en El origen del hombre– cuándo habla el naturalista desde sus convicciones personales y cuándo desde su teoría científica; cuándo como un renombrado aristócrata de la Inglaterra victoriana, cuándo como un riguroso científico y naturalista. Por este motivo, fueron los simpatizantes del darwinismo social los que debieron construir un sistema ético y político, en lugar de Darwin, a partir de la teoría de la selección natural. Esta empresa, como era de esperarse, fue malhadada, pues, en parte gracias a la relativamente poca participación de Darwin en ella, en parte gracias a la falta de cuidado –o a los intereses políticos– de los darwinistas sociales, ―darwinismo social‖ llegó a ser una teoría distendida de aquél a quien debía su nombre, además de no ser siempre consecuente en sus principios, y, llevada a sus últimas consecuencias, la justificación para acciones históricas horripilantes en nombre del ‗progreso‘ y ‗perfección‘ de la especie humana (acciones que, por cierto, no entraré a discutir aquí).86
A pesar de que las interpretaciones son numerosas, en general todas las ideas concernientes al darwinismo social tienen en común un punto de partida, y son los mismos elementos constitutivos de la teoría de la selección natural: a) la naturaleza orgánica es susceptible de padecer cambios en su estructura; b) hay una lucha por la existencia entre los organismos; c) ciertas características estructurales individuales ventajosas para la supervivencia pueden, a través de la herencia, volverse dominantes en algunas poblaciones; d) el efecto cumulativo de estas características heredadas conduce
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Mike Hawkins, Social Darwinism in American and European Thought (Cambridge: Cambridge University Press, 1997,)32.
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Ernst Haeckel ofrece, a mi parecer, un resumen bastante acertado del darwinismo social como justificación de la ideología racista que caracterizaría, décadas después, al nazismo alemán en su obra Die Lebenswunder: Gemeinverständliche Studien oder Biologische Philosophie. Así se expresa el biólogo alemán: A pesa de ue las
significativas diferencias en la constitución mental y las condiciones culturales que existen entre las razas humanas superiores y las inferiores son bien conocidas, su respectivo Lebenswerth alo de ida es usual e te
malentendido. Aquello que coloca al hombre por encima de los animales –incluyendo aquellos con los cuales está estrechamente emparentado– y que da a su vida infinito valor, es la cultura y la evolución de la facultad de la razón que es la que hace que el hombre sea capaz de cultura. Ésta, sin embargo, es en su mayoría propiedad exclusiva de las razas humanas superiores; entre las razas inferiores se halla sólo de manera imperfecta, o bien no se halla de ningún modo. Los hombres naturales (e.g., los Vedas de la India o los aborígenes australianos) son más cercanos mentalmente a los vertebrados más elevados (e.g., simios y perros) que a los europeos civilizados. Por ello, su
Lebenswerthde e se juzgado de a e a o pleta e te disti ta “tuttga t: K ö e , , -50. Para una exposición más detallada de este tema, véase también la obra de Richard Weikart: Hitler’s Ethic - The Nazi Pursuit of Evolutionary Progress.
62 al surgimiento de nuevas especies y a la extinción de otras.87 A estos elementos se les añade un quinto, y es que este proceso, en lo que concierne al ser humano, no ha afectado sólo sus atributos físicos, sino también los atributos psicológicos que han resultado cruciales para su desarrollo: la razón, la cultura, la religión, la moralidad. De esta manera, dos ideas fundamentales son las que enmarcan todo el darwinismo social: el desarrollo cultural es continuo con el desarrollo biológico, y ambos desarrollos son a su vez producto de la selección natural. Aunque aquí podríamos incluir una tercera idea implícita, y es que este desarrollo, en la medida en que es originado por selección natural, es intrínsecamente bueno.
Ahora bien, podría objetárseme que estos elementos ya habían sido todos expuestos por Darwin, por lo que se podría concluir de aquí que, o bien no hay elementos concretamente distintivos del darwinismo social, o bien Darwin mismo era un darwinista social. Por mi parte, reconozco que los elementos que dan pie a ambas teorías son los mismos, pero existe una leve diferencia en la manera como son comprendidos –tanto por Darwin como por el darwinismo social– que debemos tener presente a la hora de considerar las particularidades de éste último. Primero, los elementos distintivos del darwinismo social se derivan de sus conclusiones antes que de sus premisas, que, es cierto, son las mismas que supone Darwin. Segundo, mucho se ha escrito respecto de si Darwin era o no él mismo un darwinista social. Comparto la opinión de Mike Hawkins88 que Darwin era, en efecto, un darwinista social, al menos si entendemos que el darwinismo claramente va más allá de ser una teoría puramente biológica y puede penetrar en los ámbitos sociales y morales de la vida, y que demostrar esto fue, en parte, uno de los intereses del naturalista (y mío, en esta tesis):
The Origin formulated the framework of evolutionary theory which books like the Descent and The Expression of Emotions in Man and Animals (1872) then applied to psychological and behavioral propensities such as language, emotional expression, cognition, sexual attraction and morals. In the
light of Darwin‘s quite explicit desire to apply evolutionary theory to these areas, as well as the
continuing importance they have had in social thought, from sexology to contemporary sociobiology, it is both perverse and inaccurate to deny his status as a Social Darwinist. Darwinism was inherently social in that Darwin himself sought to apply evolutionary theory to mental and social phenomena.89
Así las cosas, me parece que es posible sostener que Darwin sí fue un darwinista social, entendiendo que el darwinismo había sido siempre una teoría que, inevitablemente, conllevaría implicaciones sociales, y que el naturalista era consciente de esto. Lo que
87 Cf. Hawkins, Op.cit., 31. 88 Cf. Ibid., 36. 89 Ibid.
63 diferencia a Darwin de los simpatizantes más radicales del darwinismo social es que, como ya he dicho antes, Darwin no construyó una teoría social o política basada en sus observaciones de la naturaleza. El naturalista nunca negó que el origen de fenómenos como la moral o el lenguaje pudiera ser hallado en la teoría de la selección natural, pero su ambición fue moderada en la medida en que se limitó a realizar un recuento descriptivo de cómo habían llegado a surgir dichos fenómenos. Darwin no construyó una ideología a partir de la historia evolutiva de la humanidad, como tampoco propuso un plan o código normativo diseñado para promover el progreso evolutivo del ser humano, cual si dijese ―éste es el camino hacia el que se dirige la evolución, luego es el camino que debe seguir el hombre.‖ Dicho de otra manera, Darwin miró hacia atrás para comprender dónde nos hallábamos ahora, no para determinar hacia dónde debíamos ir. Esta última empresa iría a caer en manos de otros darwinistas sociales.
De esta manera, Darwin disentía grandemente de la idea de que el avance social significa únicamente la supervivencia de los más aptos. Pero esto no quiere decir que el naturalista desconociera el debate respecto de las ―clases inferiores‖ en la sociedad inglesa de su día, y a la degeneración a la que ésta se veía expuesta de dejarlas propagarse y prosperar a costa de los miembros más virtuosos y moderados. Así se expresa sobre este punto el naturalista, en El origen del hombre:
Resulta así que los holgazanes, los degradados y con frecuencia viciosos tienden a multiplicarse en una proporción más rápida que los próvidos y en general virtuosos. He aquí las palabras con que Greg
expone el caso: ―Los irlandeses negligentes, escuálidos y sin ninguna aspiración se multiplican como los conejos, mientras que los escoceses frugales, previsores, amantes de su dignidad personal, ambiciosos de moral rígida, espirituales en sus creencias, de entendimiento sagaz y disciplinado, pasan sus mejores años en la lucha y en el celibato, se casan tarde y dejan pocos descendientes. Dado un país poblado en un principio por mil sajones y mil celtas, si se dejan transcurrir doce generaciones, cinco sextas partes de la población será a no dudar celta, pero también cinco sextos de la propiedad, del poder, del entendimiento tiene por precisión que pertenecer a la sexta parte restante de los sajones. En la lucha perpetua por la existencia habría prevalecido la raza inferior y menos favorecida sobre la superior, y no en virtud de sus buenas cualidades, sino de sus grandes defectos.90
En otras palabras, existiría en la sociedad, inglesa o cualquiera, un frágil balance entre los virtuosos y no virtuosos, del que parece concluirse que son los últimos los que se ven favorecidos en la lucha por la existencia. Sin embargo, ¿no iría esto en contra de lo que ha dicho Darwin en su explicación del origen del sentido moral, donde afirmaba que la selección natural ha favorecido la existencia de los individuos virtuosos? En este punto sale a la luz otra gran diferencia entre Darwin y los darwinistas sociales: la explicación del origen del sentido moral Darwin la restringe al ―paso del hombre de una condición semihumana a aquélla vista en el nativo salvaje.‖ Es decir, Darwin no cree
90
64 que la selección natural tenga ya la misma fuerza y protagonismo en las sociedades civilizadas modernas que en los grupos tribales primitivos, gracias en parte al gran desarrollo de los instintos sociales –ya consolidados propiamente como la moral–, en aquéllas, así como al avance de la medicina y la ciencia (que podemos identificar con el avance de las facultades intelectuales), lo que permite poner ciertos límites sobre los índices de mortalidad en la población a la vez que aligerar algunas presiones de la lucha por la existencia. El riesgo inmediato que se sigue de aplacar la austeridad de la selección natural en la sociedad, sin embargo, se refleja en el aumento de sus miembros inútiles o degenerados:
Los salvajes suelen eliminar muy pronto a los individuos débiles de espíritu o cuerpo, haciendo que cuantos les sobrevivan presenten de ordinario una salud fuerte y vigorosa. A realizar plan opuesto, e impedir en lo posible la eliminación, se encaminan todos los esfuerzos de las naciones civilizadas; a esto tienden la construcción de asilos para los imbéciles, heridos y enfermos, las leyes sobre la mendicidad y los desvelos y trabajos que nuestros facultativos afrontan por prolongar la vida de cada
uno hasta el último momento (…) De esta suerte, los miembros débiles de las naciones civilizadas van propagando su naturaleza, con grave detrimento de la especie humana, como fácilmente comprenderán los que se dedican a la cría de animales domésticos. Es incalculable la prontitud con que las razas domésticas degeneran cuando no se las cuida o se las cuida mal; y a excepción hecha del hombre, ninguno es tan ignorante que permita sacar crías a sus peores animales.91
Estos pasajes requieren de una lectura cuidadosa y detallada. Darwin es consciente que nuestra renuencia a dejar que los débiles, viciosos y enfermos perezcan puede conllevar una degeneración de la especie. Pero, y esto es muy importante, en ningún lado se ve que el naturalista concluya de dicha observación que debería permitirse, por consiguiente, que los miembros más débiles y menos favorecidos de la sociedad sean aniquilados, o abandonados a su suerte. Aún más, a pesar de creer que el cuidado que damos a los enfermos y endebles puede tener consecuencias adversas para el bien general, Darwin niega que estas consecuencias sean motivo suficiente para justificar el dejar de lado dicho cuidado, puesto que lo que nos motiva a ello es ―la parte más noble de nuestra naturaleza‖, y, si ignorásemos las acciones que hacemos por virtud de ésta, entonces lo más valioso de nosotros como especie, esto es, la capacidad de conmiserarnos y ayudar sin reparo a los menos favorecidos (la simpatía), iríase a su vez deteriorando. La cura, a la larga, sería más destructiva que la enfermedad. De por sí, Darwin es consciente de que existen ya ciertas limitaciones, tanto naturales como artificiales, en los miembros débiles y enfermizos, que impiden u obstaculizan grandemente que puedan propagarse con el mismo éxito que los otros miembros:
La ayuda que nos sentimos impelidos a dar a los desamparados es principalmente un resultado incidental del instinto de la simpatía, que fue originariamente adquirido como parte de los instintos
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sociales, pero subsecuentemente se fue volviendo más sensible y universalmente difundido (…)
Nadie puede reprimir sus afectos de simpatía, aun en el caso de prescribirlo así severas razones, sin que la parte más noble de su naturaleza sufra y padezca. Todo cirujano que opera algún enfermo tiene que vencerse y hacerse violencia, y obra pensando tan sólo en el bien del enfermo; de despreciar intencionalmente a los débiles y desamparados, acaso pudiera resultar un bien contingente, pero los daños que resultarían son muy ciertos y muy considerables. Debemos, pues, sin duda alguna, sobrellevar los males que a la sociedad resulten de que los débiles vivan y propaguen su raza, a lo cual ha puesto la naturaleza misma un freno en la dificultad que los miembros débiles e inferiores de la sociedad hallan para casarse con la libertad que pueden hacerlos los sanos; freno que sería tanto más poderoso cuanto más se refrenasen los débiles de cuerpo o alma en el uso del matrimonio, si bien esto es más de desear que de esperar.92
Y continúa:
La transmisión libre de las perversas cualidades de los malhechores se impide, o ejecutándolos o reduciéndolos a la cárcel por mucho tiempo. Los melancólicos o dementes tienen sus encierros propios, o se encargan ellos mismos de quitarse la vida. Los violentos o pendencieros tienen las más de las veces un fin sangriento; el resto de los que no quieren seguir ocupación ninguna constante, y