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3.2 Planar Surfaces Extraction

3.3.2 Corner Detection

Daniel 9:1 

En el primer año de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos,

que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos. Es decir,

Darío el Medo hijo de Asuero o Jerjes, que destronó a Belsa- sar (Daniel 5:31) por el 538 a.C. aprox.

Daniel 9:2 

en el primer año de su reinado, yo, Daniel, miré atentamen- te en los libros el número de los años de que habló Jehová al

profeta Jeremías, en los que habían de cumplirse las desola- ciones de Jerusalén: setenta años.

miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías. Es decir, Daniel fue a con-

sultar las crónicas del palacio pues el tiempo de setenta años de cautiverio o bien había terminado o estaba por terminar. Nabucodonosor trajo a Babilonia a los cautivos por el año 606 aproximadamente, y Babilonia cayó por el año 538, esto significa un tiempo aproximado de sesenta y ocho años. Como las fechas no son seguras la aproximación de sesenta y ocho años tampoco lo es y significa que los setenta años de cautiverio habrían concluido o estaban para concluirse.

Daniel 9:3 

Volví mi rostro a Dios, el Señor, buscándolo en oración y ruego, en ayuno, ropas ásperas y ceniza.

Volví mi rostro a Dios. Posiblemente se refiera aquí al mo-

do en que Daniel acostumbraba orar, es decir, abriendo las ventajas de su habitación para mirar en dirección al templo en Jerusalem. Pero a esto hay que agregar que los judíos, al igual que todo habitante de aquellas regiones, oraban con su rostro puesto sobre tierra. Las ropas ásperas y ceniza lan- zada sobre el cuerpo era demostración de total contrición delante de Dios.

Daniel 9:4 

Oré a Jehová, mi Dios, e hice confesión diciendo: “Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus manda- mientos,

Oré a Jehová, mi Dios, e hice confesión. Una oración, al

parecer, no hecha en silencio sino en voz audible, con gran lamento, deprecación y profunda súplica.

Daniel 9:5 

hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos actuado impíamente, hemos sido rebeldes y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.

hemos pecado, hemos cometido iniquidad, etc. Como par-

te de su pueblo, Daniel de ninguna manera estaba exento de culpa por el pecado de su pueblo, por tal motivo correc- tamente se incluye entre los transgresores.

Daniel 9:6 

No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a

nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.

No hemos obedecido a tus siervos los profetas. Daniel tenía

vivo en su recuerdo la causa por la cual vino el castigo sobre Judá desde el principio de la cautividad (2º Crónicas 36:14– 16), hasta los últimos días de la misma.

Daniel 9:7 

Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro que en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los habitantes de Jerusalén y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti.

nuestra la confusión de rostro. Es decir, la vergüenza que

hemos sufrido ha sido por culpa nuestra, tanto quienes es- tamos cautivos aquí como los otros que fueron cautivos a otros países

Daniel 9:8 

Nuestra es, Jehová, la confusión de rostro, y de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres, porque con- tra ti pecamos.

Nuestra es, Jehová, la confusión de rostro, etc. La vergüen-

za que está declarando Daniel era general pues todos se- guían los hechos desobedientes de los reyes que even- tualmente murieron en deshonra en la cautividad.

Daniel 9:9 

De Jehová, nuestro Dios, es el tener misericordia y el perdo- nar, aunque contra él nos hemos rebelado

De Jehová, nuestro Dios, es tener misericordia y perdonar.

Daniel conocía que Dios es grande en misericordia y des- pués que ha castigado perdona al transgresor.

Daniel 9:10 

y no obedecimos a la voz de Jehová, nuestro Dios, para an- dar en sus leyes, que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas.

no obedecimos a la voz de Jehová. Moisés se los había

advertido (Deut. 11:26-28) pero los israelitas nunca fueron capaces de mantener firme la determinación de ser fieles a la obediencia al pacto al que se habían concertado al pie del monte Sinaí. A partir de la muerte de Moisés y Josué el pueblo caminó haciendo su propia voluntad y lo la de Dios.

Todo Israel traspasó tu Ley, apartándose para no obedecer a tu voz. Por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios, porque contra Dios pecamos.

apartándose para no obedecer a tu voz. Todos excepto

unos pocos fueron fieles al compromiso, para la enorme mayoría la longanimidad del Señor fue desperdiciada, de- sestimada y menospreciada hasta que por fin vino el mal y no hubo más remedio.

Daniel 9:12 

Y él ha cumplido la palabra que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre no- sotros tan gran mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén.

nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante. Induda-

blemente aquella había sido la más grave experiencia jamás antes tenida por el pueblo que nunca pensó que la pacien- cia del Altísimo pudiera acabar. Ellos pensaban que por ser simiente de Abraham Dios estaba obligado a tolerarlos ol- vidándose que el pacto del Sinaí los ataba a un compromiso directo con Él.

Daniel 9:13 

Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; pero no hemos implorado el favor de Je- hová, nuestro Dios, y no nos hemos convertido de nuestras maldades ni entendido tu verdad.

Conforme está escrito en la ley de Moisés. (Deut. 11:26-28)

son las palabras de Moisés a las cuales Daniel se refiere en sus oración.

Daniel 9:14 

Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehová, nuestro Dios, en todas sus obras que ha hecho, y nosotros no obedecimos a su voz.

Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros. Es decir,

el Señor aguardó pacientemente hasta que llegara el mo- mento de enviar el castigo pues que el pueblo no advertía el grave peligro en que había caído, y en vez de arrepentirse optó por burlarse de los profetas que le eran enviados.

Daniel 9:15 

Ahora pues, Señor, Dios nuestro, que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa y te hiciste renombre cual lo tienes hoy, hemos pecado, hemos actuado impíamente.

hemos actuado impíamente. La conclusión a la cual no

era difícil llegar era aceptar que todo el mal vino sobre el pueblo debido a la obstinación de mantener su proyección imitadora del paganismo en vez de vivir de conformidad a las leyes que les fueron dadas.

Daniel 9:16 

Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese aho- ra tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo mon- te; porque a causa de nuestros pecados y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos los que nos rodean.

apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusa- lén. Las palabras de contrición y súplica de perdón estaban

expuestas y no habían recibido rechazo alguno por el Altí- simo. Ahora el siguiente paso era suplicar misericordia por Jerusalem para que quienes la habían ensuciado pudieran reedificarla.

Daniel 9:17 

Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración y los ruegos de tu siervo, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor.

haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado.

La petición de Daniel es una súplica a Dios para que aprue- be la reedificación del templo y de esa manera la gloria de Dios pudiera volver a Jerusalem como en tiempos pasados cuando Salomón dedicó el templo.

Daniel 9:18 

Inclina, Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos y mira nues- tras desolaciones y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confia- dos en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.

mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual es in- vocado tu nombre, etc. La oración de Daniel se convierte en

una súplica de necesidad para reedificar aquello que por cientos de años había sido su orgullo nacional, es decir, el templo en el cual se manifestaba la gloria del Señor.

Daniel 9:19 

¡Oye, Señor! ¡Señor, perdona! ¡Presta oído, Señor, y hazlo! No tardes, por amor de ti mismo, Dios mío, porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.

¡Oye, Señor! ¡Señor, perdona! ¡Presta oído, Señor, y hazlo!

Seguramente no se encuentra en toda la Santa Escritura una oración tan viva como esta de Daniel en la cual se ex-

presa el dolor vivo de sentirse abandonados debido a la necedad de contradecir al Señor Dios. Libre de escondrijos en los cuales la miseria del pecado pueda ocultarse para fingir piedad; sino derramando el alma en plenitud, como al Altísimo le agrada que su pueblo se le acerque.

Daniel 9:20 

Aún estaba hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová, mi Dios, por el monte santo de mi Dios;

Aún estaba hablando, etc. Tan complacido estaba el Dios

Altísimo por la humildad de Daniel, mirando con qué senci- llez, y verdad estaba comunicando sus palabras que no le hizo esperar tanto tiempo.

Daniel 9:21 

aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión, al principio, volando con pres- teza vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.

el varón Gabriel. Posiblemente se refiere aquí a una visión

anterior, talvez Daniel 8:16.

como a la hora del sacrificio de la tarde. vino a mí volando

con rapidez como a la hora del atardecer o a la hora cuando la ley mandaba hacer el sacrificio vespertino (Números 28:1-9).

Daniel 9:22 

Me hizo entender, y habló conmigo diciendo: “Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.

Me hizo entender. Me habló con claridad para que pudie-

ra entenderle.

he salido para darte sabiduría y entendimiento. He venido

para que conozcas y entiendas el mensaje que vengo a tra- erte.

Daniel 9:23 

Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.

Al principio de tus ruegos, etc. Desde que empezaste tus

ruegos me fue dada la orden de venir a ti, y he venido para comunicarte de parte de Dios.

Daniel 9:24 

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, poner fin al pecado y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdu-

rable, sellar la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos. Setenta semanas. (lit. setenta sietes) han sido asignadas

sobre tu pueblo, para que se cumplan las cosas que han de venir.

El claro que Daniel entendió que este mensaje no se tra- taba de semanas literales sino semanas de años; dentro de ese tiempo la santa ciudad sería reconstruida, las desobe- diencias (prevaricaciones) y la mancha del pecado con que el templo quedó inmundo serían limpiadas, la justicia eter- na volvería a Jerusalem, confirmar lo que te estoy diciendo y se ungirá al santo de los santos. El programa a desarrollar- se era extenso por lo cual Gabriel lo explicó en conjunto; a continuación procedió a detallarlo.

Daniel 9:25 

Sabe, pues, y entiende que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; se volverán a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

desde la salida de la orden. Has de saber pues, que desde

el momento en que salga el edicto en tu pueblo queda li- bre, hasta que se termine la restauración de Jerusalem transcurrirán siete “semanas de años”, o siete sietes, lo cual hacen un total de cuarenta y nueve años.

El edicto hay que buscarlo en el libro de Esdras, cuyo libro da tres edictos:

El de Ciro, aproximadamente por el año 536 a. C., narra- do por Esdras 1:1-4.

El de Darío, hijo de Hystaspes por el año 521 a. C., narra- do por Esdras 6:6-12.

El de Artajerjes Longimano por el año 457 a. C., narrado por Esdras 7:11-26.

La cronología de James Usher (1658) ha propuesto el año 457 a. C. como el año en que el tercer edicto fue dado. Sin analizar críticamente la fecha se ha tomado aquí ya que es la más popularmente aceptada.

Si desde el 457 a. C. se restan 49 años se llega al año 408. Se debe considerar que los libros de Esdras y Nehemías no aportan datos por los cuales concluir con precisión que el tiempo invertido en la reconstrucción de Jerusalem haya tomado siete semanas. No es que esto signifique dudas, lo que quiere decir es que el cómputo de este gran período se hace en base a las palabras del ángel Gabriel en lugar de basarlo en datos cronológicos que la Escritura no propor- ciona.

Así entonces, habiendo llegado al año 408 a. C. se debe continuar con la siguiente declaración:

hasta el Mesías príncipe. Esta frase ha sido por muchísi-

no miran aquí una referencia al Salvador del mundo sino a un sumo sacerdote, después de todo, antes de iniciar su ministerio el sacerdote debía ser ungido (mashíaj) con el aceite de la consagración, de donde resulta que en la len- gua hebrea antigua mesías no es un título para el Salvador del mundo como es tomado en el cristianismo sino de uso frecuente en la consagración de sacerdotes y reyes.

Asimismo, la palabra príncipe (nagid) en Daniel 9:25 no posee sentido de realeza sino que se refiere a alguien que es principal, líder, etc.

Aunque esto es así, en el evangelio el título de Mesías es tomado como una referencia al Salvador del mundo por que fue ungido, no con aceite como los sacerdotes, sino por el Espíritu Santo viniendo así a ser el Ungido, mashíaj o Cristo de Dios para todo el mundo.

Volviendo a la cuenta de Daniel 9:25, el primer período (cuarenta y nueve años), iniciado por el 457 a. C. llega hasta el 408 a. C.; a partir de este año se deben contar las siguien- tes 62 semanas de años o sean 434 años, cuyo período al- canza hasta el año 26 d. C. (408-434=26). En otras palabras, la frase, “hasta el Mesías príncipe” significa hasta que el Un- gido por Dios esté para iniciar su ministerio. Según la Ley, los sacerdotes iniciaban su ministerio a la edad de 30 años, el Señor Jesús al iniciar su ministerio, según Lucas 3:23, ha- bía alcanzado sus 30 años. Esto significa que las sesenta y dos semanas llegan hasta el año 26 que es cuando el Ungi- do de Dios entró en su ministerio a la edad de 30 años.

se volverán a edificar la plaza y el muro en tiempos angus- tiosos. La última parte del versículo 25 se refiere a las dificul-

tades por las cuales tuvieron que pasar los judíos en su em- peño por reconstruir la ciudad. Nehemías 4:18 es una breve declaración de los tiempos angustiosos vividos por los ju- díos que decidieron lanzarse a la enorme tarea de recons- truir su ciudad y su añorado templo. Los libros de Esdras y Nehemías dan amplio informe del ambiente altamente inhóspito en medio del cual Jerusalem fue reconstruida.

Daniel 9:26 

Después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y nada ya le quedará. El pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario, su final llegará co- mo una inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las de- vastaciones.

Después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, etc. O sea en la última semana. Después de que el

Cristo, o Mesías de Dios terminó su ministerio, fue crucifica- do, dando así por acabado su ministerio.

Es interesante observar que el tiempo de setenta sema- nas de años (o 490 años) asignado a la profecía terminó por el año 33 E. C. (aprox.), no así su cumplimiento el cual vino

en el año 70 E. C., o sea, unos 37 años más tarde.

El pueblo de un príncipe que ha de venir, etc. Los ejércitos

romanos al mando del general Tito destruyeron totalmente el orgullo judío quemando el templo y matando a miles y llevando en cautividad a otros.

hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. La de-

vastación de los romanos sólo paró hasta que la terquedad judía no pudo sostenerse en pie. A partir de aquel momen- to el pueblo no volvería a tener oportunidad de reedificar la ciudad ni el templo, y hasta el día de hoy tienen que acep- tar el oprobio de cultos paganos en una tierra que aunque la reclamen como propia el mundo se las niega.

Daniel 9:27 

Por otra semana más confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Des- pués, con la muchedumbre de las abominaciones, vendrá el desolador, hasta que venga la consumación y lo que está de- terminado se derrame sobre el desolador.

Por otra semana más confirmará el pacto con muchos. Se

refiere a la última semana que es cuando el Mesías fue cru- cificado. Es claro que Gabriel no tenía órdenes de explicar los eventos a Daniel en orden sucesivo. Esto se puede ver por el modo cómo la explicación salta de un evento a otro para después volver a abordar el anterior, tal como puede notarse en este verso 27 en el cual vuelve a hablar del Me- sías y termina citando nuevamente al invasor romano.

Confirmar el pacto con muchos, Se habla en el verso 27 de

la última semana de años en la cual el Nuevo Pacto sería confirmado no con toda la nación como había sido con pac- to del Sinaí, en esta vez fue sólo con 144.000 israelitas, los demás fueron endurecidos.

a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda.

El sacrificio en la cruz dio por terminado el sistema de justi- ficación ritual lo cual se llevó a cabo tres y medio años des- pués de haber iniciado su ministerio. Esto es, cuando el Cristo tenía treinta y tres años y seis meses de edad.

Después, con la muchedumbre de las abominaciones, ven- drá el desolador. Se habla aquí del numeroso ejército roma-

no comandado por el desolador, o sea el general Tito, des- pués elevado a emperador de Roma.

hasta que venga la consumación. Es decir hasta que Jeru-

salem haya de ser destruida y no vuelva a ser la ciudad ex- clusiva de los judíos.

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