3.5. Assessing.whether.common.trends.holds.between.lone.parents.affected
3.5.2 Correct inference in DiD models
Al inicio del capítulo se establecía que la vivencia de la relación de pareja y la crianza
constituyen el escenario más inmediato de la configuración de la experiencia de
maternidad. Esto pues a través de la reproducción con la pareja la mujer se hace
madre y, de otra parte, la crianza se construye en la vida diaria y perdura hasta el
momento en que los hijos dejan la familia nuclear.
En esa medida, al indagar por el modo en que la mujer hace su experiencia de
maternidad en la cotidianidad, los relatos que han sido expuestas a lo largo de este
capítulo muestran que entre estas mujeres la participación laboral se hace más
intensa, pero, en general, es un aspecto de la maternidad que continúa estando
centrado en la mujer y del que el hombre suele desentenderse. Esto, aunque en
algunos casos en las generaciones más jóvenes también crece la vinculación de los
hombres a la crianza.
“i e
a go, esulta i ade uado i te p eta esa pe a e ia de pautas t adi io ales
de conducta en la configuración de la maternidad de las mujeres entrevistadas a través
de ideas o o la do i a ió as uli a, o señala ue el espa io fe e i o po
excelencia siga siendo el espacio doméstico.
En las mujeres que viven su maternidad hacia la mitad del siglo, la dependencia
económica hacia sus esposos y el mayor número de hijos nacidos limitaba sus
posibilidades de involucrarse en otro tipo de actividades. Sin embargo, existe evidencia
suficiente para demostrar que progresivamente las mujeres son menos dependientes
económicamente, toman sus propias decisiones, e incluso son las proveedoras (ENDS,
2010; Mejía, 2011).
Así, la jefatura de hogar y la dominación masculina no necesariamente ofrecen las
explicaciones más contundentes acerca de por qué las mujeres entrevistadas –aún las
más jóvenes- concentran la mayor parte de las responsabilidades de la crianza. Entre
ellas el problema en cuanto a la participación en el hogar no se trata (o no en la
mayoría de los casos) de quién provee mayores recursos económicos en el hogar y
quién es la fuente de autoridad, sino de qué espera cada uno en la pareja sobre el otro
y de ahí, de cómo se construyen los acuerdos sobre la convivencia, qué está dispuesto
a hacer cada uno y hasta dónde está dispuesto a negociar.
En esa negociación, la mayor dedicación de la mujer a la crianza y en el hogar y del
ho
e al t a ajo sigue vige te.
En el caso de un matrimonio joven de dos
profesionales, la diferencia de funciones entre el hombre y la mujer no es mucha. El
nacimiento de los hijos marcará la orientación predominante de uno y otra hacia
funciones profesionales o hacia funciones familiares
Vive os,
; p
.
Esto también se expresa en los casos donde más que negociación sobre quién asume
qué actividades cotidianas, la concentración de la crianza en la mujer deriva del
abandono de la pareja, sea este afectivo, físico o económico.
La vigencia de la mayor participación de las mujeres entrevistadas en las tareas de la
crianza y la ausencia del hombre en ello, se debe en parte, a que es un modo de
organización de la vida cotidiana que resulta legítimo y convencional en la concepción
de la maternidad en Bogotá
45. De otra parte, cabe proponer que su validez persiste
porque, al parecer, resulta necesario que uno de los dos miembros de la pareja se haga
más al frente del espacio doméstico y la crianza por lo menos durante los primeros
años de los hijos. Esto, pues, el cuidado y la socialización son funciones sociales
necesarias para la reproducción humana y son consideradas tareas propias del sistema
familiar (Parsons, 1955). Sin importar las otras responsabilidades en las que se
involucren los padres de familia, son tareas que no pueden ser dejadas de lado, aún
más en una sociedad como la contemporánea donde la crianza va mucho más allá de la
supervivencia de los hijos pues es cada vez más cualificada
46. Este carácter de la
crianza le imprime una alta inversión económica, que a su vez exige a los padres
asumir actividades laborales particularmente intensivas.
Así, en las mujeres entrevistadas, la convención social de la mujer como principal
responsable de los hijos, en adición a la exigencia de la mayor dedicación de uno de los
dos padres al trabajo, conduce a que en la construcción de la maternidad en la vida
cotidiana el hombre se ausente de gran parte de los procesos de la crianza y la mujer
quede al frente de casi todos ellos. Sin embargo, fue posible observar que en la
generación de mujeres más jóvenes había algunas parejas en las que la mujer se
posicionaba con más fuerza como la principal proveedora del hogar y el hombre
comenzaba a hacerse más al frente de las actividades domésticas.
Así las cosas, en este capítulo se presentó la forma en que la mujer construye
cotidianamente su experiencia de maternidad a través de su relación de pareja y la
crianza y, en el anterior, los rasgos del medio social en general en el que esa vivencia
es construida. Para completar el análisis acerca de la configuración de la experiencia de
la maternidad en tanto experiencia social y la vigencia de las expectativas tradicionales
sobre hombres y mujeres en la crianza, hace falta analizar aún cómo se caracteriza y
cómo ha cambiado la elaboración reflexiva (Giddens, 1991) que las mujeres
45
Cabe insistir en que investigadoras como Ana Rico (1995), Juanita Barreto (1995), Yolanda Puyana (1985) y Michelle Perrot (2008) también consideran que el desentendimiento del hombre de la crianza y las tareas domésticas es un modelo cultural que las mujeres también validan y ayudan a reproducir.
46
Por u lado, se o ie ta a la fo a ió a o de o a ás alifi ada Fló ez, ; Pu a a, 85) y, por otro lado, incluye una mayor variedad de actividades y cuidados correspondientes a la vivencia de la vida como proyecto con un sentido subjetivamente conferido (Giddens, 1991).