3.3 About Google Trends
3.3.1 Correlation is enough
Las transformaciones ocurren en determinado campo14 como el político, el cultural, el religioso. El campo religioso es un espacio social en el que se presenta la intermediación entre los hombres y los dioses, o el dios único para determinadas religiones. Dicho campo en América Latina hasta hace pocas décadas era monopolio de la religión católica, apostólica y romana. Pero desde hace al menos tres décadas y como lo plantea Jean-Pierre Bastian en La Mutación Religiosa de América Latina:
El campo religioso se está fragmentando en decenas de sociedades religiosas rivales, combatiéndose las unas a las otras (Bastian, 1997: 10). Pero, al contrario de lo que ocurrió durante cuatro siglos y medio, los nuevos movimientos religiosos se declaran en competencia abierta con la instancia religiosa hegemónica y construyen empresas religiosas rivales (Bastian, 1997: 74).
Tanto la iglesia católica como las nuevas religiones entran en competencia con su oferta de bienes simbólicos de salvación. En la nueva estructura religiosa, la religión católica a pesar de su legitimidad histórica, ya no puede controlar las nuevas dinámicas religiosas; su hegemonía está siendo disminuida desde sus aparentes profundos cimientos del pasado, pues “miles de nuevos dirigentes religiosos latinoamericanos actuales parecen tener todos los medios para resistir y durar en su empresa de autonomía religiosa” (Bastian, 1997: 11). Dirigentes respaldados por movimientos religiosos con crecimientos que anteriormente nunca habían ocurrido, por ejemplo los pentecostalismos en general.
14
Según Bourdieu, el concepto campo hace relación al espacio social donde actúan los individuos encaminados a la obtención de bienes que sólo en él pueden alcanzar, ya sean bienes materiales, ideológicos, simbólicos; entre estos bienes están los religiosos.
Se presenta en esta región del mundo, un inusitado nacimiento o visibilizarían de iglesias que además de la estructura, también modifican el mapa religioso, al respecto, Bastian expresa:
América Latina vive una rápida transformación religiosa, caracterizada por la diversificación de las pertenencias confesionales y una pluralización creciente. Dentro de ese movimiento, las organizaciones pentecostales dominan el nuevo paisaje no católico romano, y entre ellas, existen algunas enormes sociedades, de varios centenares de miles de miembros (Bastian, 2005: 328).
Esta transformación o mutación religiosa tiende al cambio estructural -del monopolio católico al pluralismo religioso- el cual es duradero, e incide en la modificación de paradigmas de toda una sociedad, a pesar de la resistencia que se presenta a dicho cambio por lo arraigado de convicciones e imaginarios religiosos en determinado espacio geográfico con sus diferentes dioses.
El mapa religioso unicolor en América Latina hasta hace unas décadas, ahora es multicolor por la cantidad de confesiones religiosas protestantes, principalmente pentecostales que incursionaron en forma drástica propiciando la pérdida del control de la religión católica, apostólica y romana. Ahora:
En cierto sentido, se puede afirmar que la Iglesia católica ya no logra regular ni controlar la dinámica religiosa creativa de las poblaciones latinoamericanas. Centenares de nuevos intermediarios entre los hombres y los dioses han surgido reivindicando el papel asumido hasta ahora de manera casi exclusiva por el clero católico (Bastian, 1997: 10).
En América Latina, estas “otras” religiones fueron atacadas y perseguidas por la ortodoxia católica romana que las consideraba sectas herejes y en principio fueron blanco de acciones represivas como la inquisición, porque amenazaban la autoridad de la única “iglesia” legítima, la que tenía un carisma de función en la cual el individuo nace y le pertenece, en tanto que en las sectas, el individuo se adhiere voluntariamente alrededor de un líder carismático y se enfrenta a las anteriores concepciones religiosas.
Este tránsito de la iglesia “oficial” a una “secta” es lo que se ha denominado mutación religiosa, fenómeno presente en este continente y que hace referencia a la forma cómo los pueblos se relacionan con lo divino. En la relación con lo divino juegan un papel fundamental los intermediarios religiosos: ya la iglesia católica con su clero como principal sociedad religiosa establecida, ya las sectas religiosas con sus líderes carismáticos como gestoras de los nuevos movimientos religiosos. El auge de los nuevos movimientos religiosos se debe principalmente a que se enfocan a la atención de poblaciones marginales y excluidas, además permiten a esta población, superar la anomia, asumir liderazgos como actores sociales por ejemplo en el desempeño como sacerdotes o curas, aquí denominados pastores, papeles negados en la iglesia católica; igualmente estos movimientos le dan predominio a la defensa comunitaria (orientada principalmente al comunitarismo religioso) en vez del individualismo tradicional.
Para terminar esta parte es importante decir que antes de la presencia de la religión católica y de los diversos cultos protestantes, existieron en Latinoamérica otras religiones aunque con pocos miembros, las que fueron perseguidas por la hegemonía católica. Con la llegada de los españoles además del catolicismo arribó el protestantismo histórico, así mismo otras religiones como lo expresa Bidegain: “Si bien España introdujo oficialmente el catolicismo, que se implanta sobre las bases prehispánicas, otras tradiciones religiosas también llegaron hace casi cinco siglos, especialmente la africana y la judío sefardita, e incluso la islámica” (Bidegain, 2005: 15). En todo caso otros mediadores algunos no cristianos los que perduraron, y hoy se alzan como una opción más, junto a los denominados pentecostalismos latinoamericanos, principales representantes de los nuevos movimientos religiosos, los cuales se enfrentan a dicho predominio.