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Reliability and replicability

3.3 About Google Trends

3.3.5 Reliability and replicability

Al concepto corriente de don como atractivo natural que poseen algunas personas para la realización de algo especial, se le adiciona el concepto religioso. Así tenemos el don espiritual, entendido como una habilidad sobrenatural dada por Jesucristo a través del Espíritu Santo, donde la fuente es Dios y el objetivo el servicio a los creyentes, servicio encaminado a la construcción de una nueva vida.

En la búsqueda de los dones espirituales y después de haber asistido a distintas denominaciones y no encontrar una doctrina que llenara sus expectativas espirituales, las abandonan, se aíslan e inician orando varias horas todos los días

durante año y medio, -como se comentó- cuatro personas: María Luisa, María Jesús y una pareja. Luego se le agregaron otras personas y un día domingo según María Luisa, se le manifestó el Espíritu Santo quien le otorgó el don de lenguas y al informarle a Luis Eduardo, se unió al grupo y leyó los capítulos del 12 al 14 de la primera carta de San Pablo a Los Corintios, relacionados con los dones espirituales que a ciertas personas concede el Espíritu Santo: don de palabra de sabiduría, de palabra de ciencia, de fe, de sanidades, de milagros, de profecía, de discernimiento de espíritus, de lenguas, e interpretación de lenguas, entre los cuales para la iglesia ocupa el primer lugar el don de profecía pero también se utilizan los otros dones, todos considerados como manifestaciones del Espíritu Santo.

Estos dones son aclarados o complementados por revelaciones a través de sueños y visiones según María Luisa. Los dones son otorgados tanto a ella como a otros creyentes (entre ellos parientes y allegados) y aún a no creyentes, todo en dirección de la “edificación” de la iglesia.

3.3.3.1. Primacía de la profecía

La profecía es el anuncio de algo que sucederá y que obedece al ejercicio del don sobrenatural concedido por el Espíritu Santo para transmitir mensajes a sus creyentes. El don de la profecía es fundamental en la iglesia y para el creyente, es la guía. Al inicio de la iglesia la profecía se da a través de ciertas personas como Dora, Lucila, Elvira25 las que tenían dones del Espíritu Santo y por María Luisa, a quien Dora le profetiza: “Tendrás ministerio de profetisa y te daré todos los dones, en especial te usaré con el don de la profecía, te transformaré y te embelleceré espiritualmente, hallarás gracia delante de la gente” (Piraquive, 2007: 13). Profecía semejante a la concedida a Luis Eduardo, que los eleva como líderes indiscutibles

25

Según la pastora, Dora era una creyente de otra iglesia que tenía los dones del Espíritu Santo y profetizaba en su casa (pues dicha iglesia no le permitía hacerlo allí), ella empezó a dar las profecías sobre la iglesia, sobre sus líderes; igual ocurrió con Lucila, también creyente de otra iglesia, cuyas profecías coincidían con las de Dora; así mismo Elvira, persona católica que laboró en el servicio en casa de María Luisa, quién en uno de los cultos recibió los dones del Espíritu Santo y con ello ayudó a la edificación de la iglesia.

de la congregación con autonomía y revestidos de autoridad para su dirección. Este don, luego es concedido por Espíritu Santo a otras mujeres y hombres que lo merezcan acorde al compromiso demostrado y a su transformación interior.

En la IDMJI, la profecía tiene mayor importancia que los otros dones porque sirve para edificación de la iglesia, por tanto es la base de su doctrina desde el comienzo, pues es precisamente mediante profecías concedidas a María Luisa que se predijo el crecimiento, las bendiciones espirituales y materiales de la iglesia, promesas cumplidas a lo largo de su permanencia. A nivel individual, una vez recibida la profecía y previo cumplimiento de la doctrina, en los cultos de enseñanza, los creyentes dan testimonio del cumplimiento de las promesas que tiempo atrás les fueron dadas.

La profecía como don primordial de la iglesia, en los primeros tiempos era otorgada por María Luisa en forma general a los asistentes del culto, luego a cada creyente. Ahora hermanas y hermanos que poseen el don, la conceden también en forma individual a los creyentes ya confesos. También existe la profecía para personas nuevas que llegan a la iglesia, pues según María Luisa, el Espíritu Santo le enseñó que tenía que ministrarles el don de profecía (con imposición de manos) a quienes entran por primera vez al culto de predicación o enseñanza, práctica rigurosa en todos los cultos de esta clase.

3.3.3.2. La imposición de manos

Con fundamento en el hecho de que tanto Cristo como los apóstoles utilizaron la imposición de manos para ministrar o ejecutar los dones espirituales, la IDMJI del mismo modo la emplea en varios casos. Se trata del acto físico realizado por parte de la persona poseedora del don, consistente en colocar ambas manos en la cabeza del creyente y orar pidiendo que el Espíritu Santo obre en determinado sentido. Aunque directamente no está mencionado como tal en los evangelios, la IDMJI lo considera como don muy significativo, por lo cual impone manos para el

bautismo en el Espíritu Santo, para profecía, sanidades, además en la presentación de los niños al Señor y en los mensajes que se dan al creyente en el culto de Oración y Alabanza.

Dicha imposición la comienza María Luisa conforme a la revelación de Lucila: “El señor le dio a usted el don de imposición de manos y Usted no impone manos, y si no obedece, un día el Señor le dirá apartaos de mí, malditos de mi padre por no obedecer la palabra” (Piraquive, 2007: 18). Razón por la que empieza imponer manos en la iglesia evangélica a la que asistía en ese momento y luego lo hace en su propia iglesia en los casos antes nombrados; posteriormente, imponen manos mujeres y hombres que posean el don. Este acto físico incrementa la emotividad en los creyentes, quienes deben recibirlo con los ojos cerrados para mayor concentración y demostración de fervor según los pastores.