3.5 System Functionalities
3.5.4 Correlations Learning and Association Rule Mining
EL CAMBIO CLIMÁTICO
A escala global, el clima terrestre viene determinado, fundamentalmente, por la temperatura media del planeta resultante de la mayor o menor cantidad de energía recibida del Sol. Hay evidencias geológicas de que esta temperatura, durante los últimos 3.000 millones de años, se ha mantenido relativamente estable dentro de una franja comprendida entre los 10 y los 20º centígrados. Las oscilaciones climáticas han sido, hasta hace pocos años, el resultado de la interacción de un conjunto de factores geofísicos; sin embargo, parece que, como resultado de la presión creciente ejercida por la sociedad tecnológica, está comenzando a producirse un cambio climático inducido por la actividad humana.
Vamos a abordar el problema tratando en primer lugar los factores geofísicos y dentro de ellos los orbitales: Cada 4.000 años, la inclinación del eje de la Tierra varía aproximadamente unos 3º, produciendo variaciones más suaves o más fuertes entre los veranos e inviernos de un mismo hemisferio. La órbita terrestre varía constantemente pasando, cada 100.000 años, de una forma prácticamente circular a otra pronunciadamente elíptica que aleja a la Tierra del Sol.
La combinación de estos factores determina un modelo dominante caracterizado por épocas glaciales de 100.000 años de duración separadas por épocas interglaciales de 10.000 años de duración. Actualmente la Tierra se encuentra al final de una época interglacial, acercándose lenta pero inexorablemente, hacia la próxima glaciación.
En segundo lugar, cada 179 años los planetas del sistema solar se alinean de forma que la Tierra queda a un lado del Sol y, en el opuesto, todos los demás. Esto hace que la órbita de la Tierra se alargue 1,5 millones de km. Esta circunstancia parece explicar el enfriamiento, registrado históricamente, cada 180 años aproximadamente.
En tercer lugar, las variaciones en la actividad solar determinan cambios en la temperatura terrestre. Las épocas de mayor actividad solar parecen estar asociadas a la aparición de manchas oscuras en la superficie del Sol, observables a simple vista. El ciclo de aparición de estas manchas es de unos 11 años. Parece ser que la “pequeña glaciación” que sufrió Europa entre 1430 y 1850 fue debida a una reducción de la actividad solar que redujo la temperatura terrestre entre 1 y 2 grados. No fue una autentica glaciación y consistió en inviernos muy duros con fuertes tempestades que redujeron sensiblemente las cosechas, ocasionando las
produciendo un enfriamiento de las capas bajas de la atmósfera. En 1816 no hubo verano debido a la erupción, el año anterior, del Tambora, en Indonesia, una de las mayores erupciones de los últimos 10.000 años.
A todos lo factores anteriores, habría que añadir el efecto de los gases invernadero, que actúan como si fueran el cristal del mismo, gases como el vapor de agua y el dióxido de carbono dejan pasar la radiaciones solares pero retienen la radiación reflejada por el suelo, produciendo, de esta manera, el recalentamiento de la atmósfera conocido como “efecto invernadero”.
Hay otros gases invernadero, como el metano pero no llegan a tener la importancia de los anteriores por ser en la atmósfera sus cantidades mucho menores.
Efecto invernadero
La concentración de CO2 se ha mantenido estable en la atmósfera durante
los últimos 10.000 años en torno a las 280 partes por millón. Sin embargo, desde finales del siglo pasado, esta cifra se ha incrementado constantemente hasta alcanzar las 352 partes por millón actuales. El hecho de que en tan corto espacio de tiempo la tasa de CO2 se haya incrementado en un 25% se debe,
fundamentalmente, y a partes iguales, a las siguientes causas:
-el incremento en la tasa de combustión de materiales fósiles producido tanto por la creciente industrialización como por la explosión demográfica,
-la constante deforestación de la selva tropical que, por una parte, reduce la absorción del CO2 atmosférico y, por otra, acaba por liberar en forma de CO2 todo
el carbono concentrado en la masa vegetal destruida.
Por lo tanto no es de esperar que en los próximos años vaya a detenerse el
aumento en la emisión del CO2, especialmente si se tiene en cuenta el imparable
crecimiento demográfico y el que el progresivo agotamiento de las reservas de petróleo y gas potenciarán un mayor uso del carbón. Bajo estas premisas, la mayoría de los modelos consideran que para el año 2050 se habrá duplicado la tasa inicial de CO2 en la atmósfera, lo que conllevaría un aumento en la
temperatura del planeta de entre dos y tres grados. Este aumento de la temperatura no sería uniforme, sino que afectaría más intensamente a los polos, cuya temperatura aumentaría en 5 grados y, en menor medida, a los trópicos, donde el aumento sólo sería de un grado.
Con todo esto las consecuencias de tipo general serían:
1º.- En un mundo más cálido aumentaría la evaporación de los océanos y, consecuentemente, el nivel pluviométrico, pero la distribución de las precipitaciones no sería uniforme.
2º.- La frecuencia y fuerza de los tifones y huracanes aumentaría.
3º.- El incremento térmico, produciría, al calentarlas, una expansión de las aguas del mar, mientras que, por otro lado, se iniciaría el deshielo de las masas polares. El deshielo del Ártico no tendría consecuencias ya que, al ser hielos flotantes, desplazan exactamente la misma cantidad de agua que la contienen. Otra cosa sería el deshielo de las masas antárticas y de los hielos de Groenlandia, lo cual conllevaría una subida en el nivel de los mares. Se calcula que la acción de los dos efectos antes mencionados, produciría una subida de un metro en el nivel de los mares para el 2050.
Las consecuencias para la biosfera a largo plazo serían en principio positivas: Recuperación de parte de los desiertos, expansión de una vegetación de tipo tropical, rica en especies y el anegamiento de zonas costeras propiciaría la aparición de ricos ecosistemas marinos.
Pero a corto plazo, lo violento, del cambio, en tan reducido espacio de tiempo, conllevaría: Por falta de tiempo de adaptación, que haría que desaparecieran extensos bosques de coníferas de las taigas de Europa y América del Norte, que no podrían ser remplazados tan rápidamente por la vegetación tropical en extensión.
Por último las consecuencias para el hombre serían en algunos casos, penosa, aunque al fin la especie humana, con un mayor o menor coste de vidas acabaría adaptándose. Sería costoso para lugares como Venecia, Países Bajos, el Delta del Nilo, Bangladesh, e islas bajas como las Maldivas, que por la crecida de las aguas, podrían desaparecer. En todo caso, las consecuencias son impredecibles y grandes áreas del planeta podrían quedar sujetas a circunstancias catastróficas.