2.3 System identification and parameter estimation
2.3.3 Cost functions
Religión
No hay ninguna duda que cada miembro de la raza humana es atraído naturalmente por su congénere y que en la vida en sociedad actúa de manera que aparecen interrelacionados e interconectados. El comer, beber, dormir, estar despierto, hablar, escuchar, sentarse, caminar, su relación y reuniones sociales, a la vez que son formal y externamente distintas, se relacionan invariablemente entre sí. Uno no puede llevar a cabo cualquier acto en cualquier lugar o después de cualquier otro acto. Hay un orden que se debe observar.
Por lo tanto, hay un orden que gobierna las acciones de los hombres en su viaje por esta vida, un orden contra el cual no se pueden rebelar sus acciones. En realidad, todos esos actos se origi- nan de una fuente definida. Esa fuente es el deseo del hombre por poseer una vida feliz en la que pueda alcanzar, en el mayor grado posible, el objeto de su deseo, y sentirse gratificado. O, se podría decir que el hombre desea proveer a sus necesidades de la manera más completa con el objeto de continuar su existencia.
A esto se debe que el hombre ponga en conformidad sus accio- nes permanentemente con las normas y leyes diseñadas por él mis- mo o tomadas de otros, y a esto se debe que elija una manera par- ticular de vida para él de entre todas las posibilidades existentes. Trabaja para obtener sus medios de vida y espera que sus activida-
des sean guiadas por leyes y regulaciones que deben ser seguidas. Con el objeto de satisfacer su sentido del gusto y superar el hambre y la sed, come y bebe, porque considera el comer y beber necesario para la continuación de su propia feliz existencia. Esta forma se podría multiplicar por medio de muchos otros ejemplos.
Las normas y leyes que gobiernan la existencia humana de- penden, para ser aceptadas, de la creencia básica que tiene el hom- bre respecto a la naturaleza de la existencia universal, de la cual es parte, y también de su juicio y evaluación de esa existencia. Que las principales acciones que gobiernan las acciones del hombre depen- den de la concepción de su existencia global, se vuelve claro si se medita un momento sobre las distintas concepciones que tiene la gente en cuanto a la naturaleza del mundo y del hombre.
Quienes consideran que el universo está confinado solamente a este mundo sensible, material, y que el hombre es totalmente ma- terial y por lo tanto sujeto a la aniquilación cuando la exhalación de la vida le abandona en el momento de la muerte, siguen un modo de vida dirigido a proveer para sus deseos materiales y sus deseos mundanos pasajeros. Se esfuerzan solamente en ese sentido, bus- cando poner bajo su control las condiciones naturales y los factores de la vida.
Similarmente, están aquellos que, al igual que la gente común entre los idólatras, consideran el mundo de la naturaleza creado por un dios sobrenatural, y que lo ha creado especialmente para los hombres y le proveyó de muchas mercedes de modo que puede beneficiarse de su bondad. Esa gente organiza su vida de modo de ganarse el agrado del dios y no promover su cólera. Creen que si agradan al dios, éste multiplicará su generosidad y la hará duradera, mientras que si promueven su cólera apartará sus dones de ellos.
Por otra parte, personas como los zoroastrianos, judíos, cristia- nos y musulmanes, siguen el ‘camino elevado’ en esta vida porque creen en Dios y en la vida eterna del hombre, considerando a éste responsable por sus obras buenas y malas. Como resultado aceptan
como evidente la existencia de un día del juicio (qiyamat) y siguen un camino que les conduce a la felicidad en éste y en el otro mundo. La totalidad de estas creencias fundamentales respecto a la naturaleza del hombre y del universo, y las regulaciones que en conformidad con ello se aplican a la vida humana, se llama religión (din). Si hay divergencias en estas creencias y regulaciones funda- mentales las mismas toman el nombre de escuelas, como las escue- las sunnita y shi’ita en el Islam y la nestoriana en el cristianismo. Podemos decir por lo tanto que el hombre, incluso aunque no crea en la Divinidad, nunca puede dejar de tener religión, considerando a ésta un programa para la vida basado en la firme creencia. La reli- gión nunca se puede separar de la vida y no es simplemente una cuestión de actos ceremoniales.
El Sagrado Corán afirma que el hombre no tiene otra elección sino la de seguir la religión, que es el sendero que Dios ha colocado delante suyo de modo que al encaminarse por éste puede llegar a Él. De todos modos, quienes han aceptado la religión de la verdad (Islam)27 marchan francamente por el camino de Dios, mientras
que quienes no han aceptado la religión de la verdad han sido apar- tados del sendero divino y han seguido el camino equivocado28.
Etimológicamente ‘Islam’ significa obediencia y sumisión. El Sagrado Corán llama a la religión que invita a los hombres a ese objetivo, Islam, dado que su propósito general es el sometimiento del hombre a las leyes que la gobiernan y gobiernan el universo, con la resultante de que a través de esta sumisión adora solamente al Dios Uno y obedece solamente Sus órdenes29. Como nos informa
el Sagrado Corán, la primera persona que llamó a esta religión Is-
lam y a sus seguidores musulmanes, fue el Profeta Abraham (P)30.
Shi’ah, que significa literalmente ‘partidarios’ o ‘seguidores’,
se refiere a aquellos que consideran que la sucesión del Profeta (PBd)31 es un derecho especial de la familia de éste (PBd), y a
aquellos que en el campo de las ciencias y cultura islámicas siguen la escuela de la Casa del Profeta32.