Nombramos en algunos tramos de nuestros textos la existencia de una mente divina como un punto espiritual propio de la divinidad que guía los destinos del universo. La mente divina es la mente universal que rige y actúa desde los máximos niveles de la divinidad como rectora de todo lo que existe en el universo, de todos sus sectores y de todas las elípticas evolutivas que existan.
Podemos interpretar a la misma como el resultado funcional y la sincronización perfecta de la actividad unificada de los núcleos divinizados que integran la divinidad y que por la evolución de sus chispas cristicas constitutivas en la unificación absoluta y en su absoluta entrega al amor divino rigen como mente absoluta la expansión del universo y los destinos conjuntos de toda la creación.
Tal como nos explicaba la mujer de la túnica azul la actividad de los núcleos divinizados tiene una funcionalidad mental conjunta que en su máxima expresión se ocupa de cuestiones de índole universal y es aquello que podemos interpretar como la mente divina.
Nos decía que todo en el universo tiende hacia una unicidad, hacia un punto de absoluta entrega e identificación con la máxima expresión del amor divino que es el origen de la espiral infinita y evolutiva propia de Dios.
en el amor divino como fuente universal de la energía primogénita que crea, mueve y alimenta el universo y que es aquello que llamamos Dios.
En la vida reintegrada cuanto más evolucionan las chispas cristicas y avanzan hacia la infinita espiral del atman adentrándose en la divinidad, pueden vislumbrar siempre ese punto de unicidad mencionado como un horizonte evolutivo infinito al cual tienden y que va abriendo ante ellos abanicos infinitos que brotan como escenarios experienciales a su entender y su comprensión de la realidad en la más absoluta comprensión universal.
Esos escenarios experienciales nuevos que pueden entenderse como dimensiones universales y cósmicas esenciales, son la expresión y la expansión de la fuente primogénita que moviliza la existencia universal, la génesis que da origen a todo tipo de vida, a la dinámica del todo y es la fuente primogénita de donde fluye la ley que todo lo rige y de la que formamos parte.
La percepción de lo externo a nosotros y nosotros como un ego diferenciado de los demás es solo una transición evolutiva corta dentro de la dimensión de la realidad universal, el planeta tierra es solo un minúsculo grano de arena en una infinita costa que representa la vida espiritual real.
La vida espiritual divina es vida de esencias unificadas en la máxima expresión del amor universal, donde cada
individualidad es una célula activa del todo y la mente divina es la perfecta sincronización de esas mentes unificadas, que, sin perder su individualidad, dan todo de si para expandir y proyectar al universo la máxima expresión y la máxima expansión del amor universal, sus realizaciones y sus proyecciones hacia todo el universo.
Dentro de ese escenario universal la mente divina es la acción conjunta de todas las mentes unificadas en la divinidad que buscan que el amor universal se expanda hacia todo y cree todo lo que el todo necesita para alimentar la vida universal.
Es difícil y hasta imposible traducir este conocimiento en lenguaje cuando su esencia es energía universal de amor divino en su máxima expresión, estos solos son intentos imperfectos de entendimiento.
Cada aspecto de la realidad que puede identificarse como parte de la vida, así como toda dinámica que asiste a la vida o que es resultado de la misma, tiene su origen en impulsos divinos proyectados en esa espiral infinita que es la divinidad y su existencia, su evolución y su destino está regida por la mente divina.
Siendo así las cosas y al margen de cualquier error de interpretación que tengamos en lo escrito hasta aquí, al margen de cualquier desvió conceptual que tengamos en estos intentos de describir una realidad inconmensurable que no puede comprenderse cabalmente en nuestro estado
de evolución actual, al margen de todo, podemos afirmar que:
La unificación en el amor divino y la sutilizacion que permite acceder a niveles de energía divina, como efecto natural y por efecto de las leyes que todo lo rigen, crea vida, provee todo lo necesario para la vida, dinamiza el universo como un todo que desde la unicidad hasta lo más diversificado de la realidad universal genera infinitas sincronicidades que une a todos con el todo en esa unicidad infinita que percibimos como el horizonte espiritual divino desde el cual brota siempre en una sucesión evolutiva infinita todo lo que existió, lo que existe y lo que infinitamente va a existir en la eternidad.
Aquellos que logran trascender los anclajes energéticos, apegos y degradaciones que producen las sombras que constituyen lo exagerados reclamos del ego humano, acceden a la realidad espiritual superior en cualquier punto del universo en que se encuentren y en cualquier situación y circunstancia vivencial pueden acceden a la corriente divina evolutiva.
Por lo tanto, no hace falta ser un erudito en espiritualismo, ni hacer irracionales esfuerzos conductuales con el objeto de adecuarnos o de ubicarnos en algún tipo de "forma de ser específica" que en esencia no modifica nada, la realidad espiritual divina reclama expandir en amor divino y el resto se acomoda por añadidura.