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[p 237] En el versículo anterior (v. 2), Pablo introduce una cita del Antiguo Testamento, a fin de prestar apoyo bíblico al ruego de Dios y al ministerio de la reconciliación de Pablo (5:20; 6:1). Ahora comenta la conducta de los siervos de Dios, volviendo de nuevo al familiar tema de que él y sus colaboradores deben estar por encima de todo reproche (cf. 1:12; 2:17; 4:1–2; 12:19).
Los ministros del evangelio de Cristo deben esforzarse en ser intachables en su conducta, de manera que nadie que los observe pueda sentirse ofendido. Si proclaman la Palabra de Dios, pero dejan de seguir sus enseñanzas, están negando la verdad, destruyendo a la iglesia e insultando a su Amo y Señor. Pablo mismo constituye un ejemplo al no dar ocasión alguna para que su conducta sea criticable (p. ej., véase 1 Co. 9:18). James Denney escribe: «El objetivo final de un evangelista no consiste en evitar toda ocasión de escándalo, debe ser, más bien, su regla principal de conducta».13
En la primera cláusula del versículo 3, el texto griego refuerza la negación duplicándola. Pablo dice literalmente: «No damos a nadie ninguna oportunidad para ofenderse». La mayoría de los traductores vierten el texto como «ninguna ofensa a nadie»; pero otros prefieren la versión «ofensa en ninguna manera» (cf. KJV, NKJV, NASB, NEB, REB, Cassirer). El contexto se usa para apoyar a cualquiera de ambas versiones, pues puede argumentarse que, en el versículo 3, Pablo llama la atención a una persona (cualquiera) y luego, por contraste, presenta una lista de adversidades (ninguna) en los sucesivos versículos (4–10). Por el contrario, se puede decir también que las frases en ninguna manera (v. 3) y en todo (v. 4) se refuerzan entre sí. No obstante, la primera traducción tiene más peso por su naturaleza personal. Siempre que alguien encuentra una oportunidad de escandalizar, ni hombre ni mujer dejarán de aprovecharla. Por eso, Pablo necesita que no exista causa alguna que pueda dar lugar a que alguien se ofenda.14
¿Por qué está Pablo tan interesado en no ofender a nadie? Su respuesta es: «Para que nuestro ministerio no sea desacreditado». Pero, sobre todo, Pablo quiere salvaguardar el mi- nisterio del evangelio, que él ha recibido del Señor.15 Sabe que es ministro del nuevo pacto
(3:6), que sirve en un ministerio de justicia (3:9) y que tiene a su cargo el ministerio de la re- conciliación (5:18).
En las cartas de Pablo, la palabra ministerio o servicio ocurre veintitrés veces, doce de las cuales se hallan en esta epístola.16 El énfasis en esta sola palabra muestra la importancia
12 Rudolf Bultmann divide la serie en cuatro grupos. Considera que la entrada «en mucha perseverancia»
(v. 4b) es introductoria, y entonces relaciona el primer núcleo de las nueve frases con la preposición griega ἐν (vv. 4b-5), seguido por otras ocho con la misma preposición (vv. 6–7a). El tercer grupo tiene tres frases con la preposición διά (vv. 7b-8a), y la última colección tiene siete partes con la partícula ὡς (vv. 8b-10).
The Second Letter to the Corinthians, trad. Roy A. Harrisville (Minneapolis: Augsburg, 1985), p. 168.
13 James Denney, The Second Epistle to the Corinthians, 2ª ed., serie The Expositor’s Bible (Nueva York:
Armstrong, 1900), p. 229.
NKJV Nueva Versión King James
Cassirer A New Testament Translation, E. Cassirer
14 Joachim Guhrt, NIDNTT, 2:705; Gustav Stählin, TDNT, 6:747.
15 Aunque los mejores manuscritos griegos expresan «el ministerio», los traductores prefieren nuestro minis-
terio. Las excepciones son: KJV, NASB, SEB, Cassirer.
16 La palabra griega diakonia aparece en 2 Co. 3:7, 8, 9 [dos veces]; 4:1; 5: 18; 6:3; 8:4; 9:1, 12, 13; 11:8.
que Pablo le otorga al ministerio y cómo lo trata con el máximo respeto. «Lo que importa es su ministerio, no su persona».17
[p 238] La conducta de un pastor nunca debe ser un impedimento para la obra del
ministro del evangelio. Un pastor es, siempre y en primer lugar, un ministro de la Palabra y, después, un siervo del Señor para su pueblo. En siglos pasados, las iniciales V.D.M. (Ministro de la Palabra del Señor), se escribían a continuación del nombre del pastor, para indicar su llamamiento al ministerio de la Palabra de Dios. Cuando un ministro del evangelio rompe la ley moral de Dios, la iglesia ya no puede seguir testificando en el mundo. La iglesia se
convierte en un hazmerreír, porque la mancha de su pecado es un grito de la contradicción entre las palabras y las obras. Un hecho pecaminoso anula el mensaje del evangelio. Para el ministro y para cada miembro de la iglesia, todo debe estar al servicio de la proclamación de las buenas nuevas de Cristo. Por eso, Pablo se recomienda a sí mismo y a sus colaboradores como siervos de Dios.
4a. Más bien, en todo nos presentamos como ministros de Dios.
La expresión adversativa más bien contrasta lo negativo del versículo 3 con lo positivo del versículo 4. Dicho en términos positivos, Pablo y sus colaboradores son siervos de Dios, que han recibido la delegación de una autoridad que los faculta para presentarse en el nombre de quien los facultó, Dios. Han sido apartados y llamados por Dios para servirlo en el ministerio de la Palabra (Gá. 1:15; véase Is. 49:1, 5; Jer. 1:5).
Como siervo de Dios y junto a sus colaboradores, Pablo se recomienda a sí mismo, no en relación con su persona, sino con su ministerio. Por eso, no se produce una incongruencia entre sus comentarios anteriores de autorrecomendación (véase 3:1–3; 5:12), pues nunca ha puesto el énfasis en su persona, sino en su ministerio. Pablo lo arriesgaba todo por servir a su Dios; y Dios suplía sus necesidades en todas las adversidades por las que pasaba.
4b. En mucha perseverancia, en tribulaciones, en angustia, en privaciones. La primera de estas cuatro frases, que describen el ministerio de Pablo, «en mucha
perseverancia», difiere de las demás en que nos habla de una virtud que Pablo debe ejercer a lo largo de su ministerio. Para ser capaz de persistir, tuvo que apoyarse en quien lo envió para hallar la fortaleza física, mental y espiritual. La virtud de la perseverancia es
fundamental para las tres clases de dificultades que Pablo tenía que soportar pasivamente, algunas veces, y activamente, en otras (vv. 4b–5).
1. tribulaciones, angustia, privaciones 2. azotes, cárceles, tumultos
3. trabajos pesados, desvelos, hambre
La primera tripleta ilustra las tribulaciones en general; la segunda tiene que ver con las demandas de la ley y de la autoridad judicial a la que debía enfrentarse; y la tercera está relacionada con cuestiones de tipo físico.
a. «En mucha perseverancia». Es de notar que Pablo se refiere a su perseverancia como grande o abundante. En un sentido pasivo, la palabra señala los sufrimientos que tenía que soportar por causa de Cristo (cf. 1:6). Y [p 239] en un sentido activo, el término se refiere a las buenas obras que eran manifestadas por señales, maravillas y milagros (12:12).18
b. «En tribulaciones». Por su experiencia personal, Pablo podía relatar una larga lista de sus tribulaciones. A cualquier lugar que llevara el evangelio, tenía que pasar por muchas tri-
17 Barrett, Second Corinthians, p. 184. 18 Cf. Friedrich Hauck, TDNT, 4:587.
bulaciones (en Pisidia de Antioquía, Iconio, Listra, Filipos, Tesalónica, Berea, Corinto y Jeru- salén). Supo que la tribulación sería su suerte, especialmente en Jerusalén (Hch. 20:23).
c. «En angustia». Usamos el singular de modo colectivo, porque en plural este vocablo grie- go significa calamidades.19 Esas calamidades ocurrieron, por la acción de las fuerzas de la
naturaleza (naufragó tres veces, y pasó una noche y un día en alta mar; 11:25); también sufrió calamidades de las fuerzas humanas. A veces Pablo se vio expuesto a peligros mortales. d. «En privaciones». Este nombre es sinónimo de la frase anterior. Indica una situación apretada en la que no hay escape, a menos que éste sea recibido de una manera providencial. Asimismo, Pablo también podía enumerar experiencias muy próximas a la muerte, de las que Dios milagrosamente lo libró (cf. 12:10).
5. en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos pesados, en desvelos, en hambre.