3 INVESTMENT PROGRAM AND FINANCING STRATEGY
3.1 Public Sector Programs
3.1.9 Creating an enabling institutional environment
Siempre se ha discutido que tan real es el impacto de los medios masivos de comunicación (MMC) sobre los niños y los adolescentes. Penfiel (1963) señaló: “El cerebro de un niño es plástico. En cambio el cerebro de un adulto por más eficiente que sea en variadas direcciones, generalmente es inferior al cerebro de un niño en cuanto a lenguaje se refiere”. Numerosas investigaciones demuestran que en el cerebro de un niño existen mecanismos que sólo pueden ser excitados durante ciertos períodos de la vida. Si el medio ambiente no los estimula en el momento propicio, posteriormente estos mecanismos no podrán activarse, aún cuando sean provocados. El niño programa su cerebro por medio de los estímulos externos que percibe a través de los canales del sistema nervioso por vía de sus cinco sentidos. (3) Así, la posibilidad de generar respuestas específicas y cambios deseados en los
niños que se someten a caudales de información es muy alta y de ahí su impacto en su salud mental..
La responsabilidad de generar patrones de modelamiento adecuado en el niño, queda en manos de quien pone éstos a su disposición y permite que sin ninguna orientación sean asumidos por quien no tiene elementos firmes de comparación y discernimiento.
La principal dificultad generada por los medios de comunicación parece ser la generación de actitudes violentas por modelamiento. Richard Moore, en su película “Bowling for Colombine”, cuestiona el papel que los medios como potenciales precipitadores de conductas violentas, como el suceso de la escuela donde un grupo de jóvenes disparó contra sus compañeros y profesores. Los medios ofrecen constantemente como arquetipo básico a individuos que no respetan los derechos de los otros, basados en justificaciones discutibles, que no miden las consecuencias de sus actos y quienes resuelven sus conflictos de manera preferiblemente agresiva (4).
Todos los niños son impresionables, pero los menores de 7 años se ven especialmente influenciados por lo que ven en los medios de comunicación. Los medios pueden crear estrés y ansiedad, especialmente en situaciones en las cuales los canales de televisión y los sitios de Internet ofrecen una cobertura visual detallada y reiterada, dando a conocer acontecimientos en vivo a medida que evolucionan. La exposición crónica y persistente a dicha violencia puede causar temor, desensibilización y, en algunos niños, conducta agresiva. Adultos, padres, maestros y comunicadores deben asumir la responsabilidad de proteger a los niños de los efectos potencialmente perniciosos
de la violencia a través de los medios de comunicación– televisión, cine, videojuegos e Internet.
Según la red Media Awareness Network de Canadá, si bien algunos efectos de la violencia en los medios de comunicación parecen abarcar todas las edades, otros son específicos de ciertas edades y etapas del desarrollo (1).
Lactantes y bebés que caminan: Si bien no se han realizado estudios concentrados específicamente en los bebés que caminan, hay evidencia de imitación de conductas de la televisión en niños pequeños, cuando se presentan con sencillez. A medida que los lactantes crecen y entran a la edad de caminar, comienzan a interesarse más en la televisión y en imitar lo que ven. Los niños prefieren los dibujos animados y los programas con personajes que se mueven con rapidez, por lo cual pueden verse expuestos a muchos programas de violencia.
Preescolares: Cuando llegan a la edad preescolar, los niños comienzan a buscar activamente el significado en el contenido, pero todavía les atraen especialmente los aspectos más vívidos de la producción. Dado que estos aspectos a menudo acompañan a la violencia, los preescolares están predispuestos a buscarla y a prestarle atención, especialmente en los dibujos animados. Es poco probable que los niños de esta edad tengan la capacidad de poner a la violencia en contexto, puesto que no pueden distinguir las sutilezas que pueden acompañar a los factores de mitigación. (1)
Niños en edad de escuela primaria: La escuela primaria es un periodo crítico para comprender los efectos de la
televisión sobre la agresión. A esta edad los niños desarrollan la capacidad cognoscitiva para seguir una trama, extraer inferencias sobre el contenido implícito y reconocer motivaciones y consecuencias de las acciones de los personajes. Para los ocho años ya los niños son más sensibles a influencias moderadoras y no se comportarán de manera agresiva si ven que la violencia aparece como algo malo. Sin embargo, es probable que se comporten con agresividad si les parece que la violencia refleja la vida real, si se identifican con un héroe violento o si tienen pensamientos agresivos. (1)
Adolescentes: Durante la adolescencia los niños tienen capacidad de razonamiento y pensamiento abstracto, aunque rara vez aplican mucho esfuerzo de razonamiento cuando miran televisión. Es mucho más probable que los adolescentes de los grados 7° a 12° duden de la realidad del contenido de la televisión y no se identifiquen con sus personajes que los niños más pequeños. Los pocos que siguen creyendo en la realidad de la televisión e identificándose con sus héroes violentos tenderán a ser más agresivos, especialmente si siguen fantaseando sobre sus temas heroico- agresivos.
Seis destacados grupos médicos en
Estados Unidos (Academia
estadounidense de pediatría, Academia estadounidense de psiquiatría infantil y adolescente, Asociación de psicólogos estadounidenses, Asociación psiquiátrica
estadounidense, Academia
estadounidense de médicos de familia y Asociación médica estadounidense), advierten acerca de los siguientes efectos de la violencia en los medios de prensa sobre los niños:
•Los niños aumentan su conducta antisocial y agresiva.
•Los niños pueden ser menos sensibles ante la violencia y los que la sufren. •Los niños pueden ver al mundo como un lugar violento y negativo, creando el temor de ser víctimas.
•Los niños desearán ver más violencia en sus entretenimientos y en la vida real. •Los niños verán a la violencia como una manera aceptable de resolver conflictos. (US Congressional Public Health Summit, 2000)