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5 E VALUATION OF INITIAL AND CONCEPT DESIGN

CRITICAL INDICATORS

Tomando como base la teoría de las ventajas competitivas de Porter (2003), otros autores, han desarrollado más específicamente los factores que determinan la competitividad de las empresas.

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De acuerdo con Ten Kate (citado por Hernández-Laos, 2000), los factores que inciden en la competitividad a nivel de empresas individuales pueden clasificarse en tres grandes categorías:

a) Factores que inciden en los costos de los insumos;

b) Factores que determinan la eficiencia (productividad) en la utilización de los mismos, y

c) Otros factores relacionados con los precios, calidad y la diferenciación de los productos generados por las empresas.

Costo de los insumos: los costos de los insumos resultan fundamentales para la competitividad, porque determinan en buena medida los niveles de inversión con los que opera la empresa, aspecto que incide en su rentabilidad y en su capacidad de penetración en el mercado.

Eficiencia en el uso de los recursos: la verdadera repercusión de los costos de los insumos sobre la competitividad se ve matizada por el grado de eficiencia (productividad) con que se utilizan, en especial los insumos de mano de obra y los de capital.

Precio, calidad y diferenciación del producto: muchas empresas alcanzan su posición competitiva por el lado del producto, asegurando su penetración en mercados segmentados a través de elevados estándares de calidad, diferenciación de producto y/o desarrollo de adecuados canales de comercialización y distribución. Se trata de

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procesos de verdadera especialización sectorial e intrasectorial que permiten a las empresas participar en mercados de alta rentabilidad y elevado contenido de valor agregado (Porter, citado por Hernández-Laos, 2000).

Tres son los factores que intervienen en la calidad de productos y servicios: la tecnología de producción; la normalización y estandarización de procesos y la certificación de los niveles de calidad alcanzados (Hernández-Laos, 2000).

El desarrollo de sistemas adecuados de mercadotecnia y distribución puede ser un determinante de la competitividad de las empresas. Los sistemas de distribución difieren considerablemente entre las distintas actividades manufactureras (mayoristas, medios mayoristas, menudeo, introductores, etcétera) y la selección de los canales adecuados puede significar la diferencia entre una posición competitiva y una no competitiva. Factores que influyen en esta selección se relacionan con los plazos de entrega, el grado de satisfacción del cliente, la existencia de una fuerza de ventas con capacitación apropiada y, en especial, la existencia de servicios postventa al cliente, no sólo para resolver los problemas relacionados con la venta, sino también para el desarrollo de verdaderos servicios de intercambio de información que resulta de importancia para el diseño y desarrollo de nuevos productos; la aplicación de políticas exitosas de diferenciación de precios en mercados segmentados son también factores que acrecientan la rentabilidad de las empresas, afianzando su ventaja competitiva (Hernández-Laos, 2000).

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Para Aragón y Rubio (2005), la capacidad de la empresa para obtener éxito en los mercados dependerá fundamentalmente de los recursos que posea y de la forma en que son gestionados. Las ventajas competitivas de la empresa se sustentan en la adquisición y gestión de sus recursos tangibles, intangibles y humanos, así como de sus capacidades.

El mantenimiento de buenos estándares financieros, a través de una adecuada gestión financiera, es uno de los principales factores resaltados como necesarios para alcanzar el éxito competitivo en las pequeñas y medianas empresas. En este sentido, es necesario realizar con cautela la planificación a corto plazo, implantar y controlar sistemas de contabilidad de costos, prestar una especial atención a las entidades de crédito, establecer presupuestos anuales, realizar análisis de la situación económico-financiera e intentar, en la medida de lo posible, utilizar fuentes de financiación propias.

La visión de la empresa basada en recursos, supone que el resultado deseado por la empresa es lograr una ventaja competitiva sostenible, puesto que esto permite a la empresa lograr rentas económicas o rendimientos superiores a la media. Este planteamiento sostiene que el logro y mantenimiento de la ventaja competitiva reside en la posesión de ciertos recursos clave, esto es, activos, capacidades y competencias, que presentan ciertas características como su valor, como son barreras a la imitación y que permiten la apropiación de las rentas generadas. La ventaja competitiva sostenible puede lograrse si la empresa despliega estos recursos en sus mercados de producto. Por lo tanto, la visión de la empresa basada en

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recursos pone el énfasis en la elección estratégica, cargando a la dirección de la empresa con la importante tarea de identificar, desarrollar y desplegar los recursos clave para maximizar el rendimiento, y su adecuada gestión permitirá obtener ventajas competitivas que harán posible que empresas de una misma industria

obtengan niveles de rentabilidad diferentes (Martínez et al., 2010).

Para ser competitivo en un contexto de crecientes interdependencias se requiere contar con ciertos elementos tales como: la productividad, el conocimiento, las habilidades, la inteligencia económica y de mercado, la calidad de producto/servicio, la producción para nichos especializados del mercado, las capacidades gerenciales y organizacionales, la flexibilidad en la producción, el desarrollo tecnológico, la infraestructura física y social, la solidez institucional, entre otros, los cuales determinan la capacidad de competencia de un sistema económico social (Woo, citado por Narváez y Fernández, 2008).

El desempeño competitivo de la empresa depende, en primera instancia, de su capacidad para manejar los siguientes elementos internos bajo su control: selección de la cartera de productos; selección de tecnología y equipo; organización interna; adquisiciones; proyectos de investigación y desarrollo; sistemas de control de calidad; contratación, capacitación y gestión de los recursos humanos; comercialización y distribución; y financiamiento y administración de los costos. La adecuada gestión de estos elementos internos es función de la organización, las capacidades del personal y de los sistemas de la empresa para evaluar y mejorar el desempeño en cada una de estas áreas (Solleiro y Castañón, 2004).

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Las empresas expresan la competitividad de los sistemas productivos en los que están inmersas. La competitividad es una variable multifactorial: formación empresarial, habilidades administrativas, laborales y productivas, la gestión, la

innovación y el desarrollo tecnológico. Se requiere partir de una base institucional

amplia para la competencia. Entonces, la competitividad requiere arreglos institucionales diversos, pues incluye tanto las estrategias de mercado, incluidos en la competencia, como las estrategias respecto a sus capacidades y recursos internos a la empresa (Corona, 2002).

La empresa competitiva es la que consigue maximizar la calidad de: el proceso

productivo, al elegir la mejor organización tecnológica para producir; los recursos porque dispone de un genio empresarial superior, de un factor humano motivado, profesionalmente preparado y con un notable bagaje cognoscitivo, de estructuras

sociales eficientes, de capital adecuados y de óptimos materiales; el proceso de

transformación, al contar con un producto final capaz de ofrecer al cliente la máxima

satisfacción, en términos de prestaciones, fiabilidad, precios y servicios; la creación

de valor añadido, al optimizar la utilización de los factores anteriores, pues los recursos originan una producción sobresaliente por calidad y cantidad; y la

generación de beneficios, al contar con una calidad destacada y minimización de

costos, que le permiten un margen elevado entre los recursos empleados y el precio de venta (Fea, 1995).

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