CHAPTER 5. MODEL IMPLEMENTATION
5.5 Criticality Index Sub-model
Entre las propuestas más relevantes de la Sociolingüística de la Tercera Ola está la de cambiar el foco de estudio. Esta visión invita a replantear una de las bases del Variacionismo: la equivalencia entre las variantes fonéticas, supuestamente carentes de significado. Retomando la idea del simbolismo fonético (Sapir, 1929), Eckert demuestra que los hablantes construyen significados afectivos37 y estilísticos a partir de diferencias en variantes fonéticas, como la realización oclusiva de la /t/ intervocálica en inglés 38
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El componente afectivo, junto con el descriptivo o referencial y el social, es parte del significado lingüístico (Lyons, 1977) y está presente en todos los niveles de la lengua. Para una vision sintética pero exhaustiva de la ubicuidad del afecto en diversos fenómenos, ver Besnier (1990).
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Entre otros, la realización oclusiva de la /t/ intervocálica en inglés se vincula con la pronunciación británica (opuesta a la americana) e indirectamente con la educación y con la inteligencia. También, en tanto que relacionado con la enseñanza, implica meticulosidad y
(Benor, 2001; Bucholtz, 1996; Eckert, 2005; Podesva, 2004) o la variación en la cantidad de /o/ y /ay/ (Eckert, 2010)39.
Las consecuencias teóricas son importantes, ya que si las variantes de una misma variable fonética pueden expresar distintos significados, se incorpora un componente semántico en este nivel de variación. Esto sitúa a la variable fonética en el mismo plano de dificultad que Beatriz Lavandera (1978) enunció para la equivalencia activa/pasiva y, en general, para todos los fenómenos morfosintácticos, léxicos y semánticos. Estos datos suponen un paso sustancial hacia la posibilidad de ampliar la investigación sociolingüística a la variación semántica, que se había dejado de lado justamente por la dificultad de la no equivalencia de significado entre las variantes.
La propuesta de la Tercera Ola es que el criterio de selección de la variable debe basarse en su ‘significado potencial’, más que en cuestiones estructurales o de cambio lingüístico (Eckert, 2009: 28). Este cambio de criterio abre la puerta a variables hasta ahora no estudiadas, aunque la selección de unas u otras dependerá oviamente de la interpretación que se haga de lo que es el ‘significado potencial’.
En el plano onomasiológico, entiendo el potencial de las variables en términos de su tendencia a la variación y de su prominencia cultural como conceptos. La variabilidad de un valor semántico permite observar si existen tendencias relacionadas con prácticas sociales; en este sentido, cuanto más heterogénea sea su expresión, más posibilidades tendrá el análisis de ser rico en información acerca de la categorización de la realidad concreta. Además, esta variabilidad puede estar relacionada con la existencia de distintas conceptualizaciones motivadas por factores culturales. Algunos conceptos han demostrado significado cultural o social, como los ya mencionados ‘gobierno’ o
claridad; y al ser entendido como estándar, se asocia con la propiedad, la buena educación y, por tanto, con el estatus social. Aparte de estas vinculaciones culturales, al ser la tensión una de sus características, también se utiliza para indicar énfasis o contundencia, y estados de ánimo marcados por esa fuerza articulatoria, como el enfado. Dependiendo del contexto concreto de uso, cualquiera de estas interpretaciones puede actualizarse, como lo demuestran los ejemplos citados por Eckert: el caso de estilo verbal “intelectual” de las geeks de Bucholtz (1996); el uso de /t/ por parte de los judíos de California para marcar ortodoxia, por influencia del yiddish (Benor, 2001); o el caso de la adopción de un estilo de “diva Gay”, a través de un cierto carácter remilgado (marcado por la /t/ y otras variables), por parte de informantes homosexuales (Podesva, 2004).
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En el caso de las dos preadolescentes de su estudio, Rachel y Colette, Eckert (2010) analiza la productividad de la realización posterior de estos grupos vocálicos como una marca de afecto negativo, mientras que la pronunciación anterior se relaciona con la dulzura o la infantilización.
‘mujer’ (W. Zhang, 2013), o como los nombres de ‘religión’ (Peirsman, Heylen, y Geeraerts, 2010).
Como ya reclamó García Mouton (1987a) para la Dialectología, la colaboración interdisciplinar, con etnógrafos en su caso, ayuda a una comprensión más profunda del fenómeno lingüístico. Si para el estudio de la variación dialectal en las sociedades rurales, “[e]xisten partes del vocabulario donde se perciben restos del trasfondo cultural de creencias antiguas y en las que la incidencia del folklore es más clara que en otras” (García Mouton, 1987b: 189) parece razonable esperar que los conceptos relevantes para el análisis sociolingüístico (generalmente urbano) remitan a parcelas de la realidad que sean de por sí prominentes en las comunidades de estudio de las ciudades. Para el ejemplo de ‘cáncer’, Grondelaers y Geeraerts (1998) aducen que el motivo de esta elección no es arbitrario, sino que está motivado por el tabú persistente que pesa sobre esta enfermedad. En esta línea, los sociolingüistas deben ser conscientes de las categorías social y culturalmente relevantes, porque esas serán las que impliquen mayor significado potencial. En definitiva, la opción de una variable u otra deberá basarse en un conocimiento no únicamente lingüístico, sino cultural, social, histórico, etc., que permita localizar las áreas de interés en una comunidad dada.
Yendo un paso más allá, y sin intención de desvirtuar cualquier otra aproximación al estudio de la lengua, parece razonable que la elección del objeto de estudio se haga, en la medida de lo posible, desde una perspectiva crítica y ética. De alguna forma, este compromiso con el ser humano y su contexto social está presente en la Sociolingüística desde sus orígenes, lo que se demuestra en el abanico de temas tratados: la pérdida del espacio geográfico propio (Labov, 1972c), los estereotipos sexuales (Kiesling 2004, Motschenbacher 2009), el problema del cuerpo y la imagen (Coupland y Coupland 2009), la creación de las élites sociales (Jaworski y Thurlow 2009), la relación entre lengua y migración (Molina Martos, 2010), por citar solo unas pocas. La utilidad del estudio sociolingüístico no es solo lingüística, por lo que no es una cuestión menor dedicar el esfuerzo a parcelas que puedan ser relevantes para la comunidad estudiada.
En este estudio, el área seleccionada para el análisis es el campo semántico de la sexualidad, ya que está impregnado de significados culturales relevantes para cualquier sociedad. Su estatus de categoría tabú (ver capítulo II), la vinculación con ideologías
motivadas por la historia reciente de España (en especial, el Franquismo), con presupuestos morales y con la vida emocional de las personas, hacen de este tema un objeto interesante para un estudio sociolingüístico-cognitivo de la Tercera Ola (como se expondrá en el capítulo III).