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CHAPTER 3. METHODOLOGY

3.6 The Risk Model

En el artículo mencionado en la introducción, Geeraerts y Kristiansen (en prensa) consideran que uno de los elementos que puede ofrecer la Lingüística Cognitiva a la Sociolingüística es una teoría del significado coherente con sus postulados. Partiendo de los presupuestos teóricos de la Lingüística Cognitiva, la Sociolingüística Cognitiva propone un programa de análisis especialmente semántico, en el que se considera que la lengua es, principalmente, significado. Este es flexible y dinámico, enciclopédico y ligado a todos los demás conocimientos (tanto los corporeizados, como los culturales), y se construye siempre desde una perspectiva concreta, a partir de la experiencia y del uso (ver 1.4.1).

Esta visión del significado se enmarca en una concepción conciliadora entre el lugar que ocupa el sistema y el que ocupa el uso de la lengua. Frente a las posturas totalmente centradas en el sistema (como las estructuralistas o las generativistas) o las que priorizan el estudio del uso como las estrictamente interaccionales, (N. Coupland, 2007), la Sociolingüística Cognitiva entiende que el vínculo existente entre sistema y uso es dialéctico: la lengua se basa en fragmentos de uso real que, a su vez, emergen por encima de las situaciones individuales como un ‘potencial estructurado’ (Boye y Harder 2007: 572), que sería el sistema. Elaborando esta idea, Geeraerts (2010b) propone pensar en la lengua como un conjunto de sistemas lectales con rasgos de prototipicidad, es decir, compuestos por fenómenos lingüísticos que son más o menos centrales en la variedad lectal (ver Figura 1).

variables. En concreto, se han desarrollado experimentos en los que los informantes deben escuchar discursos con distintas frecuencias de aparición de las variantes estándar y vernácula, y juzgar su adecuación para un puesto de trabajo como locutor de radio.

En esta visión dialéctica entre sistema y uso, el estudio de la lengua en contexto adquiere una posición central, ya que es la única forma de acceder a las regularidades del sistema. En este punto, la Sociolingüística Cognitiva reconoce la experiencia de la Sociolingüística y propone adquirir sus métodos, ya que, a pesar de la visión experiencial del significado fundamental en Lingüística Cognitiva, en la práctica escasea el estudio sistemático del contexto o de las variables sociales. Esta descontextualización hace que se extraigan conclusiones que, a falta de matización, parecen generalizables a diversas comunidades lingüísticas, como si fueran homogéneas. Sin embargo, la lengua es necesariamente variable, ya que la heterogeneidad del mundo y de las vivencias influyen en ella. De las dos formas de experiencia básicas que tienen un impacto sobre la manera de aprehender, la más relevante en Lingüística Cognitiva hasta la fecha es la naturaleza biológica como seres humanos y, en particular, el hecho de tener un cuerpo que media entre el mundo y la mente. La noción de la corporeización (embodiment) es central al realismo experiencial introducido por Lakoff (1987): el cuerpo determina cómo experimentamos la realidad y, por tanto, la percepción física cumple un papel importante en la conceptualización, hasta el punto de que lo que no se experimenta físicamente suele conceptualizarse,

Figura 1 Representación esquemática de un sistema de la lengua basado en el uso (ilustración tomada de Geeraerts, 2010).

creativamente, en términos físicos, mediante metáforas o metonimias, típicamente basadas en la experiencia física19.

Aunque esta visión ha llevado a algunos análisis universalistas basados en la fisiología (Kövecses, 1986), se reconoce ampliamente que este tipo de conocimiento se combina con una experiencia social y cultural (también Kövecses, 2005). La Sociolingüística Cognitiva postula que distintos grupos en diversas condiciones sociales, geográficas, etc., tendrán un conocimiento del mundo que conllevará, lógicamente, diferencias en la conceptualización, como por ejemplo en la prominencia de determinadas categorías para unos grupos y para otros (Kristiansen y Dirven, 2008: 4).

En definitiva, se defiende el interés de unir los objetivos de ambas corrientes, puesto que la Semántica Cognitiva se beneficiaría de la experiencia de los sociolingüistas en el análisis con variables sociales. Por su parte, la Sociolingüística podría incorporar una teoría del significado y aprovecharía la tradición metodológica de análisis semántico para abordar tanto el estudio de la variación léxica formal, como el estudio semántico de la variación en el plano conceptual.

1.4.2.2. Consecuencias metodológicas

Estos planteamientos teóricos tienen consecuencias importantes para la metodología de estudio de la lengua. La Sociolingüística Cognitiva parte de una visión no esencialista que se aplica tanto a la formulación general de la teoría del significado como a su estudio particular (Janicki, 2006). Concretamente, se abandona la idea platónica de que las palabras tienen un significado que puede ser definido por un sentido absoluto, que sería su esencia (cf. Cratilo). Esta visión se relaciona con los principios ya mencionados de la prototipicidad aplicada a las categorías (el no ser discretas y el no ser homogéneas); lo cual imposibilita trabajar con definiciones en términos de rasgos suficientes y necesarios.

En la práctica, el no esencialismo aplicado a la Sociolingüística supone abrir el campo de estudio a variables que presenten diferencias de significado, puesto que la

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Estos casos se denominan “metáforas primarias” (Grady 1997): “that are directly grounded in the everyday experience that links our sensory-motor experience to the domain of our subjective judgments” (Lakoff y Johnson, 2003 [1980]: 255).

definición de esas variables no debe intentar basarse en criterios de verdad, sino en criterios operativos para el análisis. Se trata, por tanto, de un rechazo explícito a la tendencia sociolingüística tradicional de definir los conceptos sin ambigüedad. Se opta, en su lugar, por una visión del significado contextualizado y flexible. Este está infraespecificado en las propias palabras y solo se les asigna en contexto (Janicki, 2006).

Los significados ‘permanentes’ de la lengua se construyen repetidamente en situaciones comunicativas; y solo mediante la investigación de ese uso se entienden las regularidades (Geeraerts, et al., 2010). Estos contextos de uso son situaciones interaccionales concretas, social y culturalmente situadas (Sinha, 2007; Zlatev, 2005, Itkonen, 2003; Harder, 2003). La Sociolingüística Cognitiva reclama, por tanto, un análisis que incluya la investigación de variables contextuales, sociales y regionales como las usadas en Sociolingüística (Kristiansen y Dirven, 2008), entre otras cosas, para poder discernir empíricamente qué parte de la variación observada se debe a cuestiones conceptuales y qué parte a motivos sociales; hecho que, como se podrá deducir, tiene una relevancia máxima.

Este tipo de objetivo requiere de un análisis que pueda incluir todos los factores internos y externos al fenómeno lingüístico estudiado. Está generalizado el uso de métodos de análisis multivariante, en particular de estadística inferencial como la regresión logística, que permiten contemplar a la vez el peso de diversos factores (conceptuales, sociales) sobre el fenómeno de variación en cuestión. En un modelo teórico como este en el que todos los conocimientos del ser humano entran en juego en su uso de la lengua (Glynn, 2010: 6), son necesarios métodos que desentrañen eficazmente qué parte de la variación responde a cada factor.

Los estudios sociolingüístico-cognitivos hasta la fecha tienen un componente metodológico destacable. Existe un esfuerzo explícito para mostrar el rigor del razonamiento científico, orientado al falsamiento de hipótesis fundamentadas a través de análisis empíricos, mayoritariamente cuantitativos.

A diferencia de la Sociolingüística tradicional, que suele basarse en entrevistas o conversaciones grabadas, los fenómenos que analizan son recogidos mediante técnicas de extracción masiva de datos propias de la Lingüística de corpus. Se trata por lo

general de estudios que no incluyen trabajo de campo, ni recogida de datos por parte del investigador (a excepción de Robinson, 2010, ver más abajo). Sin embargo, la diversidad de corpus es, cada vez más, uno de sus objetivos metodológicos, puesto que la información que se encuentra en cada tipo de medio es limitada (Heylen, Tummers, y Geeraerts, 2008).