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3 MATERIALS AND METHODS

3.5 CROP MEASUREMENTS

Como señalamos anteriormente, el interés en la dislexia nació a finales del siglo XIX y desde ese entonces se han adelantado propuestas acerca de cuáles son los sistemas neurales que fundamentan la lectura. El primero en proponerlos fue Déjerine en 1891 y 1892 con base en el estudio de adultos que habiendo sufrido de una lesión cerebral perdieron la habilidad de leer. Desde entonces, dos aspectos han sido atendidos en cuanto al sustrato neurobiológico de la dislexia. Uno de ellos es el tipo de alteración estructural responsable de este trastorno y el otro es la ubicación de esta alteración en el sistema nervioso. Las indagaciones de dicha información se realizaron primero a partir de estudios posmortem y actualmente a través de técnicas de neuroimagen que permiten inquirir acerca de la morfometría cerebral del indivi- duo disléxico. En cuanto al primer aspecto, se ha demostrado que los individuos disléxicos pre- sentan anormalidades corticales microscópicas, en colecciones ectópicas y dislaminación de las capas corticales conocidos como trastornos de migración neuronal (Rosen y cols., 1986, 1996). Además, se han observado anormalidades estructurales en el lóbulo temporal de los individuos disléxicos con reducción en la asimetría que caracteriza al cerebro normal (Gala- burda, 1989; Leonard y Ekert, 2008). A través de diversos estudios de neuroimagen como la tomografía por emisión de positrones (TEP) y de imágenes de resonancia magnética fun- cional (IRMf), se ha encontrado que estas anormalidades corticales reducen la conectividad cortico-cortical (Paulesu y cols., 2001). Con relación al segundo punto, es decir a la localiza- ción de dichas alteraciones en el sistema nervioso, Déjerine (1891) ubica dos localizaciones en el hemisferio cerebral izquierdo, una de ellas en la región parieto-temporal y la otra más

inferior y posterior en la región temporo-occipital. Estas dos regiones cerebrales siguen sien- do reconocidas a través de estudios utilizando TEP y IMRf como disfuncionales en el cerebro del niño con dislexia (Paulesu y cols., 2001). A la vez que se encuentra una alteración en los sis- temas de lectura posteriores, el cerebro disléxico parece desarrollar sistemas compensatorios que involucran áreas circundantes al giro frontal inferior en ambos hemisferios cerebrales, así como en la región del hemisferio derecho, homóloga al área occipito-temporal izquierda relacionada con el reconocimiento de la forma de las palabras (Shaywitz y cols., 2002) (figura 6-1 para ubicar estas áreas cerebrales). El niño disléxico al leer presenta hipo-activación de las áreas posteriores del cerebro con hiperactividad del cerebro anterior al compararlo con lectores normales.

Prevalencia

El trastorno en la lectura representa al menos 80% de la población que muestra trastornos en el aprendizaje, constituyéndolo como el trastorno del aprendizaje con mayor prevalencia (Lyon y cols., 2003). Se suele aceptar que la prevalencia de la dislexia es del orden de 5 a 17.5% (Shaywitz, 1998); y su existencia ha sido reconocida en diferentes países (Por ejemplo: Holan- da, De Gelder y Vroomen, 1991; Alemania, Schneider, Roth y Ennemoser, 2000; Corea, Kim y Davis, 2004). Sin embargo, la prevalencia ha sido obtenida principalmente en comunidades anglohablantes y no necesariamente es aplicable a otras lenguas y a otros sistemas de escri- tura. Yamada y Bank (1994) señalan una prevalencia de dislexia de 6% en niños japoneses. Se asume que las características de la lengua y de su sistema ortográfico pueden tener un efecto sobre la prevalencia de la dislexia. En específico, se ha sugerido que la transparencia/ opacidad del sistema de escritura es una variable crucial que afecta el nivel de dificultad para aprender a leer y de ahí afectar la detección de este problema. Para la población hispanoha- blante se estima que la prevalencia sea menor a lo comúnmente reportada dado que el siste- ma de escritura de esta lengua es bastante transparente, simple y regular. Es decir, existe una variación de la prevalencia de dislexia en diferentes lenguas que parece estar relacionada, al menos en parte, con la transparencia u opacidad de su sistema ortográfico (Paulesu y cols.,

Figura 6-1 Giro frontal interior Región parieto-occipital Región parieto-temporal Región parieto-occipital

Áreas cerebrales que durante la lectura se activan de manera diferente en niños disléxicos al compararlos con lectores normales.

2001). También, como señalaremos más adelante, otras características de la dislexia, además de la prevalencia, difieren a través de las lenguas tales como los subtipos, las variables cogni- tivas subyacentes y el comportamiento lector.

La prevalencia también puede verse afectada por otros factores haciendo que la expre- sión de la dislexia se magnifique o por el contrario se minimice (Rosselli y Matute, 2007). El contacto del niño preescolar con textos escritos proporcionados por el medio ambiente fa- miliar y social facilita por ejemplo, el desarrollo de la consciencia metalingüística, el reconoci- miento de letras y la habilidad para la segmentación fonológica. Estas habilidades cognitivas se encuentran en la base de la adquisición de la lectura.

Se ha señalado que la dislexia es más frecuente en niños que en niñas con una relación de 1.5 a 1 (Fletcher, 2009), aunque tradicionalmente esta relación se había estimado de 3-4: 1; la relación exacta y la razón de esta diferencia sexual continúan siendo polémicas. Con referencia a las variaciones de acuerdo a la edad, tradicionalmente existen dos posturas; una de ellas señala que la dislexia constituye una especie de retraso en donde las diferencias en el desempeño lector entre los disléxicos y los niños sin este trastorno desaparecen conforme avanzan en la edad y escolaridad (hipótesis de retraso), mientras que la otra señala que el bajo nivel de lectura se mantendrá a lo largo de la vida (hipótesis de déficit) (Matute, 1996). Sin embargo, los estudios longitudinales muestran que la dislexia es una condición persistente; si bien las diferencias en el desempeño lector, entre los niños disléxicos y los lectores norma- les, son más acentuadas durante los primeros grados escolares, éstas no desaparecen aun en la vida adulta (Francis y cols., 1996; Shaywitz, y cols., 1995). En español, los resultados del estudio realizado por López-Ángel, Zarabozo y Matute (2003) señalan que al comparar en un primer momento un grupo de escolares disléxicos ubicados en 2° a 6°de primaria y un grupo homólogo sin este tipo de problema, estos difieren en las tres medidas analizadas: velocidad, precisión y comprensión lectoras. Esta misma comparación se hizo dos años después y en- cuentran no sólo que las diferencias se siguen manteniendo sino que el grupo de disléxicos no alcanza las puntuaciones que los niños control obtuvieron dos años antes.