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Culinary Arts (CUL) Courses CUL1015 Introduction to Culinary Foundations

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En base a mi propia experiencia clínica e influido por los sistemas teóricos desarrollados por Ellis (1962, 1977) y Beck (1963; Beck et al., 1979) he formu- lado mi propio modelo de tres factores de la depresión (Hauck, 1971, 1973). Según este modelo, la depresión puede estar causada por (a) la auto-inculpación (el enfoque del “malo de mí”), (b) la auto-compasión (“pobre de mí”) y (c) la com- pasión de otros (“pobre de ti”).

Cada uno de estos tres factores puede ser considerado como proceso cogniti- vo/emocional, apuntalado por creencias irracionales particulares a las que se sus- cribe el individuo deprimido. La auto-inculpación (que en la práctica es sinóni- mo de sentimientos de culpabilidad), por ejemplo, surge normalmente del siguiente tipo de patrón de pensamiento (Hauck, 1971, 1973; Walen, DiGiuse- ppe & Dryden, 1992):

1. He fracasado, pecado o herido accidentalmente a otro. 2. Debería ser perfecto y no hacer cosas malas.

Al considerar el modo en que esta secuencia de pensamientos y creencias con- duce al individuo a la depresión, es importante advertir en primer lugar que el pensamiento inicial (“He fracasado, pecado o herido accidentalmente a alguien”) parece de naturaleza descriptiva y representa esencialmente las interpretaciones que la persona hace de sucesos en los que ha podido estar involucrado ella misma. De por sí no suelen ser suficientes para causar la depresión. Sin embargo, la segunda y tercera fases conllevan una demanda auto-dirigida absolutista (“Debería ser perfecto...”) y la conclusión evaluadora absolutista (“En consecuencia soy una mala persona ...”). Estas fases constituyen los componentes de la creencia irracio- nal (Dryden, 1990) que (desde el punto de vista de la REBT) conducirán a la auto-inculpación y a la depresión concomitante cuando el individuo se encuentre ante la necesidad de interpretar sucesos.

Del mismo modo, la auto-compasión se activa mediante una secuencia de pensamientos y creencias que adoptan el siguiente formato general (Hauck, 1971; 1973; Walen, DiGiuseppe & Dryden, 1992):

1. Se me ha impedido hacer mi propio camino. 2. Debo lograr lo que deseo.

3. Sería terrible que no lo lograra. ¡Pobre de mí!

Una vez más, el lector observará que la segunda y la tercera fases de esta secuencia incluyen una demanda absolutista (en este caso dirigida al mundo y a las condiciones vitales de la persona) y una conclusión evaluadora absolutista (que adopta la forma de catastrofización en este caso).

Por último, la compasión ajena entra en juego cuando el individuo inicia el siguiente patrón de pensamiento (Hauck, 1971, 1973; Walen, DiGiuseppe && Dryden, 1992):

1. Alguien ha sufrido una desgracia grave.

2. Las cosas malas no deberían suceder a las personas que no se las merecen. 3. El mundo es un lugar horrible por permitir que sucedan tales cosas. El modelo de tres factores que he presentado ofrece notables ventajas para el tratamiento de la depresión. En primer lugar, y el más importante, es bastante sencillo y por lo tanto fácil de comprender para muchos clientes. Una vez que se les ha presentado el modelo, son más capaces de ser colaboradores activos en su propia terapia. En segundo lugar, capacita al clínico a “diagnosticar” con rapidez el tipo de depresión que sufre un individuo, identificando los factores particula- res que son operativos para dicha persona. Esto, a su vez, facilita la toma de deci- siones sobre los tipos de intervenciones racional-emotivas que con mayor proba- bilidad ayudarán a dicho cliente.

Mi experiencia en la práctica psicoterapéutica me ha demostrado, para mi satisfacción, que la mayoría de los casos de depresión pueden ser categorizados mediante este esquema de tres factores. Sin embargo, debería señalar que sobre todo me refiero a los casos de depresión precedidos por sucesos vitales negativos que puedan ser identificados y no a las depresiones que son sobre todo de natu-

raleza orgánica. Aunque las intervenciones cognitivo conductuales puedan ser útiles para el tratamiento de depresiones que parecen ser básicamente de origen biológico, es importante reconocer que tales casos pueden requerir farmacotera- pia. A menudo, los individuos que sufren depresiones de origen biológico se benefician más de la combinación de psicoterapia efectiva y medicación antide- presiva.

Evaluación General y Estrategias de Evaluación

El procedimiento de evaluación que empleo habitualmente al trabajar con individuos depresivos es bastante sencillo y directo. En primer lugar, como es común, recojo información sobre los antecedentes. A continuación, tras compro- bar que un cliente determinado experimenta depresión y contar con el acuerdo del mismo para contemplarlo como motivo de cambio, procedo a enseñarle el modelo de los tres factores. Después, sugiero al cliente que ejecute una “auto- diagnóstico”, es decir, le pido que trate de identificar los principales métodos mediante los cuales él mismo ha causado la depresión. De esta forma, en los orí- genes de la terapia, comienzo con el proceso de la psicoeducación que es central en la REBT y vinculo al cliente en el proceso de tratamiento.

Como se ha señalado previamente, la mayoría de los clientes no presentan dificultades para comprender las tres causas de la depresión y pueden identificar con facilidad cuál de los tres métodos están empleando. Tras obtener esta infor- mación, normalmente determino la condición que padece la persona y que le gus- taría resolver en primer lugar. Normalmente, sigo esta línea de actuación y tra- bajo con el cliente sobre la condición identificada de este modo. Esto conlleva presentar al cliente las creencias irracionales que apuntalan la condición particu- lar y, a continuación, presentar los argumentos que confrontan estas creencias. Cuando se progresa en este área, avanzamos para contemplar otras fuentes de depresión relevantes para el cliente.

Intervención

La REBT hace mucho hincapié en ayudar a los clientes a superar sus proble- mas emocionales y conductuales (incluida la depresión) enseñándoles a identifi- car, confrontar y sustituir sus creencias irracionales operativas. La teoría REBT defiende que cuando los clientes vencen sus creencias irracionales a favor de otras más racionales, son capaces de minimizar sus trastornos cotidianos y mostrarse menos vulnerables ante los futuros.

Los procedimientos específicos para ayudar a los clientes a vencer y sustituir sus creencias irracionales han sido descritos en gran detalle en otras fuentes (véase, e.g., Dryden & DiGiuseppe, 1990; Walen, DiGiuseppe & Dryden, 1992). Siendo este el caso, los siguientes apartados se dedicarán a explicar los argumen- tos racionales usados con los clientes para confrontar las ideas irracionales que subyacen a su auto-inculpación, auto-compasión y compasión ajena.

Auto-inculpación. De las tres condiciones que conducen a la depresión, la auto- inculpación parece ser la causa más frecuente de la depresión. Sentirse culpable constituye una de las experiencias psicológicas más incómodas que pueden sentir las personas (Hauck, 1973, 1979a, 1984; London, 1993). Una vez que nos odie- mos a nosotros mismos por nuestras acciones o pensamientos, reducimos inmedia- tamente nuestra capacidad para funcionar con efectividad en muchas áreas vitales. Al ayudar a los clientes que sufren depresión por auto-inculpación, es impor- tante mostrarles que son ellos mismos quienes crean sus sentimientos de culpabili- dad mediante dos pasos: (a) advierten que han actuado malamente, y (b) deciden que son una mala persona por haber actuado así. Una vez que pueden observar esto, se les presentan los siguientes argumentos para confrontar la auto-valoración negativa:

1. Separe la valoración que hace de la conducta de la valoración que hace de su persona. La “persona” es la suma de todos los juicios que puedan hacerse de un individuo. El número total de juicios puede ser superior al millón y por lo tanto no puede calcularse con exactitud. Por ejemplo, podemos condenar la avaricia, pero no podemos condenar a la persona que actúa con avaricia, porque éste es sólo uno de sus muchos rasgos.

2. La auto-inculpación y la culpabilidad no le ayudan a cambiar a mejor su conducta. De hecho, cuanto más se inculpa una persona por sus errores, más pro- bable es que aumente la frecuencia de éstos. Esto se debe a que la auto-valoración negativa le conducirá a verse a sí mismo bajo una luz cada vez más pobre, de forma que perderá la fe en su capacidad para mejorar y actuar más apropiada- mente. Además, cuanto peor piense de sí mismo, menor será el éxito y los logros que permitirá en su propia vida. Después de todo, estos son los frutos que se merecen los seres humanos, no los “malos”.

3. Abstenerse de la auto-inculpación no es equivalente a rechazar la acepta- ción de la responsabilidad por actuar indebidamente. Puede prescindir de la auto-valoración negativa, aunque siga aceptando la responsabilidad de sus accio- nes, a continuación puede optar por esforzarse para modificar cualquiera de sus rasgos que hayan podido contribuir para que actuara mal.

4. En lugar de atribuir cualquier maldad a ser una persona malvada o perver- sa, puede optar por reconocer que la conducta indebida casi siempre puede deber- se a una de tres variables: (a) estupidez (carecer de la inteligencia para saber más), (b) ignorancia (disponer de la inteligencia para saber más pero carecer de las opor- tunidades que le hubieran permitido aprender ciertos hechos o dominar ciertas destrezas particulares) o (c) trastorno emocional (disponer tanto de la inteligen- cia como de las destrezas para hacer lo correcto, pero estar trastornado hasta el grado de que lo correcto y lo incorrecto dejan de ser aspectos relevantes).

5. Las personas con tendencia a la auto-inculpación pueden ser consideradas como bastante engreídas. Aunque muchas veces están muy dispuestas a perdonar los errores o equivocaciones ajenas, se condenan vigorosamente cuando cometen el mismo tipo de actos. Esto se debe a que se aplican a sí mismas un nivel de exi- gencia (superhumana) y otro nivel (plebeyo) al resto de las personas. Esperan y per- miten que los otros cometan errores, o sean propensos a los mismos, sin embargo,

ellas nunca deben cometer errores. Por inferencia, se están colocando a sí mismas en una posición especial, superior en relación con el resto de la humanidad.

Cuando los clientes empiezan a adquirir cierta habilidad para confrontar su culpabilidad, inician el camino para aceptarse mejor. Esto, a su vez, probable- mente les ayudará a ser menos vulnerables a futuros períodos de depresión.

Auto-compasión. Ésta es otra causa extremadamente común de la depresión. En esencia la auto-compasión se produce cuando la persona tiene una visión catas- trófica de las frustraciones y otras condiciones vitales negativas con las que se encuentra en el acontecer cotidiano. Los siguientes argumentos han sido útiles para ayudar a los clientes a eliminar estar visión y erradicar su auto-compasión:

1. Cuando usted tiene una visión catastrófica, lo habitual es valorar las circuns- tancias negativas como malas en un 101% - en otras palabras, está diciendo que las circunstancias negativas a las que se enfrenta se hallan, por completo, fuera de la escala de lo malo. Obviamente, nada puede ser peor que el 100% de malo.

2. De hecho, es poco probable que cualquier serie de circunstancias a las que se enfrente sean malas al 100%, porque las cosas casi siempre podrían ser peores de lo que son.

3. Cuando analiza algo desde la perspectiva catastrófica, aplica típicamente multitud de significados implícitos a sus condiciones negativas: (a) cierran com- pletamente la puerta a la posibilidad de volver a alcanzar en el futuro algún otro motivo de felicidad o satisfacción en la vida, (b) no pueden ser manejados de nin- guna forma y (c) son “peores” de lo que deberían. Desde una perspectiva racio- nal, ninguno de estos significados dispone de validez. En primer lugar, incluso bajo condiciones muy serias, todavía sigue siendo probable que pueda encontrar vías creativas para alcanzar cierto grado de felicidad y satisfacción. En segundo lugar, incluso las circunstancias altamente negativas pueden ser manejadas –más aún si evita comprometer su capacidad de manejo mediante su tendencia a emplear una perspectiva catastrófica. Por último, carece de sentido decir que lo que es no debería existir. Si las cosas están mal en el momento, exactamente así es como debería de ser indudablemente.

4. La tendencia a ver las cosas desde el punto de vista catastrófico sólo em- peora las situaciones. Mediante este punto de vista usted crea una desgracia inne- cesaria para usted mismo y de esta forma fomenta la incomodidad emocional que provocan sus condiciones negativas.

Compasión ajena. Aunque la compasión por las otras personas pueda ser el medio menos común de deprimirse, sigue siendo suficientemente frecuente como para captar la atención de los profesionales. Del mismo modo que la auto-com- pasión, la compasión por las otras personas también conlleva la tendencia a la dra- matización –aunque esta vez, la desgracia se aplica a las condiciones negativas infligidas sobre personas diferentes a uno mismo. Hay bastantes argumentos con- vincentes que pueden usarse con los clientes que se deprimen a consecuencia de la compasión ajena:

1. La tendencia a dramatizar las condiciones negativas encaradas por otra per- sona le conduce a deprimirse y, por lo tanto, añade desgracia adicional al mundo. De hecho, si la otra persona es consciente de que está deprimido, podría conver- tirse en otra cruz a la que ha de enfrentarse dicha persona.

2. Cuando se deprime por dramatizar y por compadecerse de otras personas, está comprometiendo su capacidad para resolver problemas con efectividad. De este modo, incluso si desea ser de ayuda para la otra persona que se encuentra en apuros, su capacidad para hacerlo será menor.

3. Cuando dramatiza sobre las condiciones negativas a las que se enfrenta otra persona, se convierte en un mal modelo. Su propia dramatización podría servir para reforzar la dramatización y auto-compasión a las que puede inclinarse la otra persona. Esto sólo sirve para empeorar las circunstancias.

En el siguiente apartado se presenta el caso de una cliente depresiva que acu- dió a terapia. Como podrá ver, algunos de los argumentos racionales previamente mencionados serán aplicados durante el curso del tratamiento con dicha cliente.

CASO ILUSTRATIVO: DEPRESIÓN POR AUTO-INCULPACIÓN Y

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