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New Student Orientation and Support Programs

In document CATALOG CHARLOTTE CAMPUS (Page 91-93)

La resolución satisfactoria del problema depende de una evaluación exacta así como de la aplicación de las intervenciones apropiadas. Al trabajar con niños y con adolescentes, es importante recordar que, como su sensación del tiempo es tan inmediata, lo que puede ser problemático durante esta semana puede no serlo la siguiente. Por lo tanto, es preferible que las intervenciones contemplen aspec- tos específicos del problema y vayan acompañadas de tareas para casa que refuer- cen los conceptos presentados durante la sesión. Con los clientes jóvenes, es reco- mendable usar analogías concretas y ejemplos e intervenciones relevantes que se relacionen con sus intereses personales. Por ejemplo, si sabe que a Amelia, de 7 años de edad, le gustan los dibujos animados, una intervención para ayudarla a reducir sus miedos a pasar una noche en casa de una amiga podría ser que ella misma elaborara un cómic ilustrando sus miedos y lo que podría pensar y hacer para eliminar dichos miedos.

A continuación se comentan e ilustran otras consideraciones importantes al diseñar las intervenciones para niños y adolescentes.

Adaptar las técnicas en razón de la edad

Ejemplo: Al trabajar con Nathan parecía que tendía a utilizar en exceso el pen- samiento generalizador. Sistemáticamente leía en las situaciones más que los hechos mismos. Para encauzar este problema con una actividad apropiada a la edad, la terapeuta invitó a Nathan a mantener un diario de sus pensamientos irracionales, la emoción que los acompañaba y el rebote para cada creencia irracional. Si Nathan hubiera sido más joven, la actividad escrita hubiera podido ser sustitui- da por un juego de tablero. Cuando hubiera llegado a determinado color, habla- ría sobre un acontecimiento molesto que le haya sucedido, y la terapeuta podría ayudarle a identificar lo que ha podido estar diciéndose para crear el sentimiento negativo y lo que podría hacer para modificarlo.

Uso de actividades concretas para presentar y reforzar los conceptos

Ejemplo: Nathan luchaba mucho contra la auto-crítica y menosprecio hacia sí mismo. Si le criticaban, frecuentemente comentaba que era tonto. Cuando sus amigos no pasaban tiempo con él, se culpaba a sí mismo: “Si fuera mejor atleta, les gustaría estar conmigo. Si fuera más guapo, a mi novia le gustaría más”. Al trabajar sobre este aspecto del problema, el terapeuta hizo múltiples cosas. En primer lugar, pidió a Nathan que completara la actividad del Círculo del Self (Vernon, 1989c), donde Nathan describía sus características de múltiples dimen- siones: físicas, sociales, emocionales, intelectuales y espirituales. Al comentar esta actividad, la terapeuta ayudó a Nathan a ver que él era una persona compleja con muchas dimensiones. Por lo tanto, podía considerarse que los puntos fuertes de un área compensaban las flaquezas reales o percibidas en otra. Como intervención de seguimiento, la terapeuta hizo que Nathan seleccionara a una persona mayor a quien él admiraba, y le instruyó para que lo entrevistara, pidiéndole que iden- tificara sus puntos fuertes y debilidades en cada una de las dimensiones identifi- cadas en la actividad anterior. De este modo, Nathan fue capaz de ver que su tío, a quien realmente valoraba mucho, también veía flaquezas en su persona.

Uso de ejemplos e intervenciones relevantes

Invite a sus jóvenes clientes a que le enseñen fotos o imágenes que le ayuden a conocer mejor sus intereses, amigos y experiencias. Esta información podrá ser usada posteriormente de múltiples formas significativas.

Ejemplo: Tras la reciente experiencia de Nathan con la banda musical, enseñó a la terapeuta fotografías suyas y a continuación expresó lo solo que se había sen- tido porque nadie le prestaba atención. Después de escuchar sus quejas, la tera- peuta efectuó la siguiente observación: “Nathan, me has estado diciendo que fuis- te ignorado y que te sentías triste en la selección, pero a juzgar por las fotos estás riéndote y participando en muchas actividades con las otras personas. Me pre- gunto si después de todo no te divertiste, ¿no es posible que estés generalizando

en exceso cuando dices que nadie te prestaba atención?” A continuación la tera- peuta empleó muchas otras intervenciones relevantes para referirse al problema de Nathan de “sacar las cosas de sus casillas”, lo que realmente acababa provo- cando sentimientos de depresión e ira en él. En primer lugar, hizo que simulara aconsejar a su mejor amigo sobre el mejor modo de manejar sus sentimientos cuando sus amigos o su novia no actuaran como a él le gustaría que lo hicieran. Mediante este ejercicio, la terapeuta fue capaz de ayudar a Nathan a verbalizar a su “amigo” que le convendría comprobar los hechos antes de extraer conclusio- nes. También le animó a que presentara ejemplos de canciones populares que a su parecer presentaban formas de pensamiento razonables y no razonables.

No “rayar la superficie” con intervenciones conductuales

Algunas veces, los clientes a quienes considera demasiado jóvenes o carentes de experiencia para aprender técnicas de confrontación o para entender los com- ponentes cognitivos podrían beneficiarse de ellos.

Ejemplo: Nathan solía enfadarse si sus progenitores le pedían que hiciera algo que él no pensaba que debía hacer. Conductualmente, la terapeuta hubiera podi- do sugerir que si no quería sufrir las consecuencias de ser regañado, debería tra- tar de ser más cooperativo. En lugar de esto, ayudó a Nathan y a sus progenito- res a comprender por qué esto era motivo de problema. Inicialmente recurrió a su conocimiento de la teoría evolutiva y explicó a los progenitores que parte de la resistencia de Nathan podía deberse al hecho de que como adolescente, éste se hallaba en un estadio en el que trataba de ser más independiente y adoptar sus propias decisiones. Por lo tanto, si le pedían que hiciera algo inmediatamente, él podría interpretar esto como si ellos desconfiaran de su capacidad para adoptar sus propias decisiones y, en esencia, boicoteando sus propósitos de independen- cia. A Nathan le explicó la diferencia entre demandar y preferir, señalando que su ira se relacionaba con su creencia de que sus progenitores no debían decirle qué hacer y que él debería ser capaz de determinar qué es lo que hacía con su tiem- po. A continuación le enseñó el modo de cambiar ese pensamiento preguntándo- le si realmente creía que nunca debería hacer nada que no quisiera, o si esto era una preferencia. Le dijo que se enfadaría menos si prescindía de sus demandas de no hacer las cosas que no quería y le preguntó si, en realidad, no había cosas que tenía que hacer aunque no le gustaran particularmente. Una vez que Nathan comprendió la diferencia entre las demandas y las preferencias, fue capaz de apli- carla a otras situaciones de su vida.

Observar las señales del cliente

Si observa demasiados silencios o se escucha formulando demasiadas pregun- tas a las que se contesta con un “No sé”, trate de modificar su enfoque. Contemple la posibilidad de usar anuncios, dibujos, música, relatos recíprocos,

juegos, role play u otras estrategias apropiadas para la edad con el fin de impli- car al niño o adolescente en el proceso.

Ejemplo: Ante la resistencia observada al tratar de confrontar las creencias irra- cionales que generaban la ira de Nathan, sobre todo que su madre debería tra- tarlo exactamente como él quería ser tratado todo el tiempo, la terapeuta sugirió que quizá Nathan disfrutara con la ira y le animó a elaborar un listado de todos los resultados positivos de la conducta hostil derivados de su tendencia a deman- dar. Cuando Nathan había concluido la tarea, la terapeuta sugirió que elaborara un póster anunciando sesiones de “ayuda” para sus amigos de forma que éstos también pudieran saber que la conducta hostil producía resultados “positivos”, como ser regañado, no ser capaz de estar con amigos y perder el privilegio de con- ducir el coche. Combinando el humor y la exageración con las demandas irracio- nales y sobregeneralizadoras de Nathan, la terapeuta pudo ayudarle a reconocer que esta conducta no le beneficiaba excesivamente.

Las intervenciones descritas previamente fueron efectivas para ayudar a Nathan a manejar su auto-crítica, su ira y su tendencia a sobregeneralizar y asumir el origen de sus sentimientos de depresión. Trabajando concretamente y enseñándole estrategias específicas de confrontación, junto con la asignación de tareas para casa, la terapeuta pudo ayudarle a “ayudarse” después de cinco o seis sesiones. En ese punto, las visitas se hicieron menos frecuentes y Nathan recibía formularios de auto-ayuda que completaba entre las sesiones para que se habituara a reconocer las creencias irracionales, a identificar los sentimientos y a desarrollar confrontaciones más efectivas para contrarrestar el pensamiento irracional.

IRA Y ANSIEDAD: ASPECTOS TÍPICOS EN EL TRABAJO CON LOS

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