Part III: Characterization of the interactions of laser radiation with copper alloys
7.1. Optical analyses
7.1.2. Optical microscopy
7.1.2.3. Cuprite cross-sections
Zeus negó con la cabeza.
- ¿Amor? Tú no sabes lo que es el amor.-le reprochó.
Miré a Hera, que tenía la vista clavada en Gea. A su lado, Juno comenzaba a impacientarse.
- ¡¿Y tú sí?!-Gea apretó los puños, preparada para matarnos de un único y devastador golpe.
Ahora Poseidón y Neptuno dieron un paso al frente, enfadados.
- ¡¿Y tus hijos?!-le gritaron, al unísono.
Se referían a Cronos, a los titanes y a los gigantes, eso era obvio. Gea se enfureció aún más, si es que eso era posible.
- ¡¿Y los tuyos?!-preguntó, clavando su mirada en mí.
Pude sentir a todos a mi alrededor volviéndose para mirarme. Tenía que contestarle algo, y ya.
- ¡Sólo conoces el odio!-grité, en respuesta, a la vez que daba un paso al frente y me ponía al lado de Poseidón.- ¡¿Por qué cree que ellos la condenaron al Tártaro?!-señalé a todos sus nietos.
Gea rechinó los dientes.
- ¡Porque…!
Hacer lo que hice a continuación, era una insensatez que posiblemente me costaría la vida, pero ya había empezado a hablar para cuando quise darme cuenta de lo que hacía.
- ¡Sus hijos fueron criados sin afecto! ¡Ellos no tienen la culpa de ser lo que
son! ¡La tienes tú, Gea!-le grité.
- ¡¿Te atreves a…?!-
- ¡Sí, me atrevo!-
A mis espaldas, los romanos chocaron sus lanzas contra sus escudos, y los centauros comenzaron a rasgar el suelo con sus pezuñas, preparados para atacar
cuando fuera necesario.
- ¡Joven insolente!-gritó Gea. Con cada una de mis palabras, se había enfurecido más y más.- ¡Urano…!-
- ¡Urano no tiene nada que ver!-le grité.- ¡Es tu culpa que Cronos sea
retorcido! ¡Es tu culpa que Rea se volviera contra él! ¡Porque quería a Zeus, Rea traicionó a Cronos! ¡Eso es amor!-realmente parecía que yo era un filósofo, todos escuchaban atentamente. El continuo ruido de los escudos de los romanos y el de las pezuñas de los centauros rasgando el suelo, me hizo recordar que no estaba solo.
Gea avanzó hacia nosotros.
- Se acabó.-dijo, en un susurro bastante audible.
Los veinticuatro dioses se lanzaron hacia ella. Instintivamente, agarré a Annabeth y a Grover y los sujeté para que no corrieran. Los centauros y los cíclopes salieron disparados tras los dioses, directo hacia Gea. A pocos metros de nosotros, Jason había agarrado a Piper y a Leo, y este último apretaba ahora el brazo de Thalia para que ella no saliera corriendo. Nico se quedó quieto donde estaba, desinteresado en la opción de atacar a Gea. Que Jason, Leo y yo hubiéramos reaccionado, fue una suerte. La diosa primordial sólo agitó su mano. La tierra a sus pies se estremeció y se removió a una velocidad incalculable. Movió su otra mano, y todos los que iban hacia ella volaron por los aires, incapaces de mantenerse en el suelo. Retorció ambas manos en un movimiento raro y, cuando todos cayeron de nuevo al piso, la tierra los tragó hasta la cintura. Ninguno de ellos era capaz de moverse ahora.
- Así que…-empezó Gea.- ¿esta es tu gran ofensiva, Zeus? Te creía más competente. Podrás haber derrotado a mi hijo Cronos, pero no puedes hacerme frente a mí.-
Zeus no contestó. Intentaba salir de la tierra, pero no parecía ser capaz. Teníamos que ayudarlos.
- No intenten nada.-nos dijo Gea- O los mato.-amenazó.- A todos.-parecía estar contenta disfrutando de nuestras caras.
- ¿Qué ganas matándolos?-le planteó Annabeth.
Todos aferramos nuestras armas, preparados para pelear.
- ¡Venganza!-respondió Gea al instante.
Vino hacia nosotros a gran velocidad –demasiado para mi gusto-.
- ¡Cuidado!-gritó Annabeth, tirando de mí.
Su reacción había sido prácticamente instantánea, pero, aun habiendo tirado de mí, Gea alcanzó a pegarme. Tuve la sensación, por un momento, de que me pegaba sin dientes, pero me los toqué y allí estaban, todos bien afirmados. Mientras me levantaba apoyándome en Annabeth, pude ver a Piper y a Jason cayendo al suelo y a Gea pegándole a Leo. Luego siguió con Thalia, y finalmente con Nico. Todos estaban fuera de combate, salvo Grover, Annabeth y yo. El sátiro no podría hacer gran cosa, tenía más de sanador que de guerrero, así que uno menos. Me aferré a mi espada como a mi propia vida, y Annabeth hizo eso con su cuchillo. Gea se había detenido. Estaba mirando cuán rápido caíamos abatidos, con sólo un golpe. Se volvió hacia nosotros.
- ¡Sátiros fuera!-rugió, y la tierra apresó a Grover.
- ¡Oye! ¡Eso no se vale!-gritó el sátiro, exasperado.
- ¿Tú no amas la naturaleza?-le planteó.- ¡Ahí tienes tu naturaleza!-se volvió hacia nosotros, haciendo caso omiso de Grover, que se retorcía de dolor ante el apriete del montículo de tierra que lo apresaba.- Los dejaré dos contra uno. Así tienen un poco de ventaja.-nos dedicó una muy amplia sonrisa maliciosa.
Con gran esfuerzo, Poseidón se giró hacia mí.
- ¡No la escuches, Percy! ¡Está jugando contigo!- - ¡Silencio, Poseidón!-
Una gruesa línea de tierra le tapó la boca a mi padre, y él dejó de hablar tras varios intentos, que, obviamente, fueron en vano. Zeus se removió un poco, pero Gea lo apretó aún más. A él y a todos los otros dioses también. Si había tenido miedo con los gigantes, esto me daba terror.
- ¿No podemos…?-
- ¿Encontrar una solución pacífica?-gritó Gea, anticipándose a mí.- Lo
lamento. ¡No!-
Agitó la mano y la tierra se movió delante de nosotros. Nos llegó algo así como una ola y Annabeth y yo salimos disparados hacia atrás.
- ¡Me aburro!-se quejó Gea, entusiasmada en ver cómo aterrizábamos de
espaldas.
Escuché un ruido de huesos rotos a mi lado y temí lo peor. Escuché un grito ahogado de dolor. Me arrastré hasta Annabeth y la examiné. Algún hueso se había roto, pero no podía saber cuál.
- ¿Estás bien?-pregunté, desesperado.
Ella tosió y asintió con la cabeza.
- Sólo el brazo… ¡AY!-
Sin darme cuenta, acababa de apretárselo.
- Oh, lo…-
- Sí.-me cortó ella.- Vamos, ayúdame a ponerme de pie.-
Dejé que se apoyara en mí y se pusiera de pie. Gea estaba delante de nosotros, muerta de risa.
- Vaya.-dijo, poniéndose las manos en la cintura.- ¿Esta es toda la pelea que
pueden darme?-sugirió, iracunda.- ¡Son tan miserables como sus padres! ¡Hasta me hacen dudar, ¿saben?! ¡Uno podría llegar a decir que, en realidad, ni siquiera son hijos de dioses! Um, ¿cuál era la palabra? ¡Ah, sí! ¡Bastardos!- gritó, en nuestra cara.
Esa fue la gota que colmó el vaso. Los veinticuatro dioses movieron sus ojos, siguiéndome. Detrás de Gea, los otros cinco semidioses se pusieron de pie, llenos de furia, pero yo llegué primero. Gea movió la mano, alzando tierra delante de mí para impedirme el paso, pero yo fui más rápido. Su muro se humedeció y estalló en pedacitos de tierra húmeda que le pegaron en la cara. Se los quitó de encima,
pero ya era tarde. Acababa de hundirle mi espada en el estómago. Los dioses se quedaron mirando atontados lo que sucedía. En ese instante, las armas de Jason, Nico, Piper, Thalia y Leo se enterraron en el cuerpo de Gea. El cuchillo de Annabeth pasó sobre mi cabeza y se estacó en la frente de la titánide. Por un momento, creí que se había acabado, pero solo logramos enfurecerla más. Gea gritó de furia, y nuestras armas se deshicieron. Me encontré atrapando aire en las manos. Riptide ya no existía. Reaccioné instintivamente pegándole un puñetazo, pero fue como pegarle a una pared de hormigón. La piel sobre mis nudillos se rajó y se llenó de tierra.
- ¡Idiota!-Gea alzó los brazos, y lanzó tierra por doquier, mandándonos a
todos a volar hacia atrás.
Aterricé ya sin fuerzas para seguir peleando. Cuando estaba por aceptar la muerte, se me ocurrió la idea. “Urano”, dijo una voz dentro de mi cabeza. Recordé mi sueño sobre los titanes en el fondo del Tártaro y lo que me había dicho la esfinge: “Los titanes no están intentando vengarse de ti. Son rencorosos, sí, pero eso no les impide darse cuenta de que si Gea se alza, no tendrán oportunidad de matarte.” Urano tenía que aparecer. Jason. Él podía llamarlo. Urano era el titán cielo, y la jurisdicción de Zeus era la misma. Corrí hasta Jason, desarmando las paredes de tierra que Gea ponía en mi camino. Su risa maníaca me decía que sólo estaba jugando con nosotros un rato antes de despedazarnos.
- ¡Jason! ¡Jason!-empecé a gritar antes de alcanzarlo.- ¡Rézale a Urano! ¡Rézale a Urano!-
Gea no paró de reírse, aun habiendo escuchado.
- ¡Urano está muerto!-gritó Jason, evitando ser aplastado por un muro de
tierra.
- ¡No, no, rézale! ¡Hazlo!-
Jason cerró los ojos, convencido de que iba a morir, y murmuró unas palabras. De pronto, se oyeron pasos en el hueco que dejaban las Puertas de la Muerte. Eran pasos lentos, como si quien los ejecutaba hubiera pasado mucho tiempo sin caminar, y casi hubiera olvidado cómo hacerlo. La risa de Gea cesó abruptamente y su expresión se hizo de miedo puro. Todos los presentes nos quedamos mirando el
hueco de la puerta. Urano apareció finalmente en el umbral. Aún podían verse marcas en los lugares donde Cronos lo había cortado con su guadaña. Comenzó a caminar hacia nosotros, totalmente seguro de sí mismo. Esbozó una sonrisa y se paró delante de Gea.
- Siempre tan altanera y confiada. No vas a cambiar nunca.-Urano hizo crujir sus nudillos, preparado para desollarla viva.
Gea parecía haberse quedado sin habla.
- Padre…-
Urano miró a Afrodita y a Venus.
- Yo soy.-afirmó.- Lamento que nacieras de esa forma, Afrodita.-
Gea pareció recuperarse.
- ¡¿Y no lamentas haber condenado a todos tus hijos al Tártaro?!-
- No.-contestó Urano al instante. - Maldito seas, hijo de…-
- ¡Cállate!-le gritó.- ¡Todo lo que Delfos dice, se cumple! ¡Y mis hijos fueron, y
son, bestias, tal como él dijo!-
Gea explotó de rabia e intentó matar a Urano, pero él alzó la mano hacia el techo, y éste se rompió al instante. Un humo denso y oscuro como las túnicas de Hades y Plutón entró por la grieta y fue hasta la mano de Urano, donde formó algo parecido a un tornado. Finalmente, se transformó en un rayo más grande aún que el rayo maestro de Zeus y Urano lo lanzó contra Gea. Ella no tuvo la menor oportunidad. Levantó una inmensa cantidad de paredes de tierra en el trayecto del rayo, pero éste colisionó contra todas y cada una sin menguar fuerzas. Chocó contra la diosa y la mandó a volar. Urano llamó otro rayo y lo dirigió un poco más allá de Gea. Reventó, creando una explosión devastadora, y la titánide voló directo hacia él. Urano la atrapó por el cuello y la lanzó al aire. Llamó otro rayo y lo lanzó contra ella sin piedad. Gea cayó al suelo, ya sin fuerzas, llena de quemaduras. Urano se acercó hasta ella y puso su pie sobre su estómago, obligándola a permanecer en el suelo. Le hizo señas a Jason para que acercara y le dijo algo. El hijo de Zeus asintió y volvió con su padre, al que ayudó a salir de la tierra. Así,
llamó a cada uno de los otros mestizos, y les dijo algo. Por último me llamó a mí. Me acerqué con algo de miedo. Urano era terriblemente poderoso. Acababa por inspirarte muchísimo miedo, ya fueras su amigo o su enemigo.
- Muchacho.-me dijo, como si me conociera desde siempre.- Se acabó por fin.
Tu historia termina aquí. Un gran héroe, que trajo de vuelta a la vida al difunto Urano.-
¿Difunto? ¡Pero si estaba justo delante de mí!
- ¿Muerto, usted?-pregunté, atónito. Urano asintió.- Pero si está delante de mí,
hablándome.-
Urano negó con la cabeza, sonriente, como si hubiera estado esperando que yo preguntara eso.
- No lo entiendes. La existencia de un dios es bastante insustancial. Depende de las creencias de la gente. ¿Por qué crees que yo había desaparecido para la primera gigantomaquia? Ya nadie creía en mí. ¿Por qué piensas que los dioses tienen dos partes? Porque los romanos los idearon de otra forma. Sin embargo, los griegos seguían existiendo. ¿Por qué supones que ahora he aparecido de nuevo?-
Ahora todo comenzaba a cobrar sentido. El hecho de que los dioses romanos aparecieran en la batalla, se debía a que los semidioses romanos les habían rezado pidiendo ayuda. Pero lo de la esfinge…
- Tuve un sueño.-le dije.- Sobre sus hijos.-
Urano asintió. Se lo conté detalladamente, ya que no era largo, y acabé diciéndole que la esfinge que me acompañó a la guerra contra los gigantes había dicho que, ahora, los titanes no eran mis enemigos. Gea intentó incorporarse, haciendo a un lado el pie de Urano, pero él la pateó en la cara y la dejó fuera de combate.
- El sueño fue una artimaña mía. Mis hijos comenzaron a creer en mí otra vez,
aceptándome ahora como otra cosa, descreyendo la versión de Gea, y entendiendo el hecho de que yo los encerrara en el Tártaro al nacer o los
desterrara. Ellos estaban predestinados a destronarme y matarme, y así lo hicieron. Pero como he dicho, sólo conque alguien creyera en mí, renacería. Es cierto que necesito un cuerpo puente para alcanzar mi verdadera esencia, tal como Cronos, pero como puedes ver, no me hace tanta falta. Puedo derrotar a Gea sin eso.-
Imaginé el terrible poder que Urano tendría si usaba un cuerpo puente y alcanzaba su verdadera forma.
- Pero, y entonces, ¿usted se nombró a sí mismo a propósito? El plan casi
cuesta la vida de una amiga.-
- Amiga es poco para describir la conexión.-comentó Urano. Había olvidado que los dioses primordiales siempre sabían todo, bajo cualquier circunstancia.- Era un riesgo a correr. ¿Quién crees que impulsó a Hera para hablarte abiertamente y explicarte todas esas cosas? Fui yo.-se declaró.- Así fue como luego uniste a Atenea y a Poseidón trayendo a esa chica de vuelta a la vida. Sabía que ellos dos estarían de acuerdo en eso. Después de todo, Annabeth es hija de Atenea, y Poseidón daría el mundo por un amigo. Tú eres su hijo. Darías más aún por alguien que amas. Ellos fueron el motivo por el cual los dioses bajaron a la pelea.-
Muy bien, además de mi bisabuelo, ocupaba lugar de padre. Me gustaba tener cerca a Urano, me caía bien.
- Si no tienes más preguntas…-
Había millones de cosas que quería saber sobre él y sobre algunas cosas que habían sucedido, pero una me atormentaba más que el resto. La Gran Profecía. Se habían cumplido sólo tres renglones, de los cuales dos se habían revertido. Abrí la boca para preguntar, cuando Urano se anticipó a mi pregunta, y soltó la respuesta completa.
- Es curioso. Pero, si quieres mi opinión…-empezó.- Delfos dijo mientras
vivía… que una vez cometería un gran error. Cuando eso sucediera, su poder de clarividencia se liberaría a la humanidad, y quedaría tan dividido que ya nadie podría ver el futuro y armar una profecía. Ese error se cumplió. En esta última Gran Profecía, sólo se cumplieron tres líneas, de las cuales
dos se revertieron. Delfos ha descendido por fin a las Islas de los Bienaventurados. Y tú acabas de revertir la historia de cualquier héroe.- acabó por cambiar de tema.- ¿Quieres saber por qué todos acababan mal?- me quedé pensando un momento y acabé asintiendo.- Porque aun cuando sabían a qué estaban jugando, no arriesgaban mucho su propio pellejo por alguien que querían. Les interesaba más el ser reconocidos, que el ser queridos.-Urano parecía lamentar eso, pero yo estaba feliz.
Por alguna estúpida razón, mi pregunta salió de mi boca como si fuera un niño pequeño que cree que todo es posible.
- ¿Estarás alguna vez en mi cumpleaños?-
Urano se volvió hacia mí, y se quedó mirándome. Su rostro demacrado por el paso de los eones se iluminó por un momento, y luego volvió a apagarse, volvió a adquirir su expresión normal, inexpresiva.
- No creo que pueda.-lamentó.- Pero aprovecha mientras vivas y forja buenas relaciones con tu familia. Procura llevarte bien con Hades y Zeus.-sus ojos adquirieron una mirada de picardía- Y no nos olvidemos de Atenea.-dijo, en un susurro casi inaudible.
Asentí. Me sentía estúpido. Urano se cargó al hombro el cuerpo de Gea, quien ahora estaba inconsciente, y lo acompañé hasta el hueco de la puerta. Todos los dioses lo miraban con respeto. Lo quisieran o no, Urano les había salvado la vida a todos.
- Espera.-le dije, cuando cruzaba el umbral.
Tiró el cuerpo de Gea a la oscuridad, y me miró por encima de su hombro. Sólo entonces reparé en que estos estaban caídos y él caminaba encorvado, como si llevara un inmenso peso en la espalda. Annabeth vino hasta mí, y me agarró la mano. La expresión de Urano se aflojó al verlo, y luego sonrió con melancolía. Quería decirle que sentía que tuviera que vivir así, pero se anticipó a mí.
- Es todo culpa mía.-dijo.- Si yo hubiera querido a mis hijos, ellos habrían sido diferentes. No dejen que pase otra vez.-estas palabras las dirigió no sólo a mí, sino también a todos los dioses.
Me tendió la mano y se la agarré con la que yo tenía libre. Hizo lo mismo con Annabeth, ya que la tenía a dos pasos, y sonrió al resto antes de desaparecer en la oscuridad sin fin, más allá de las Puertas de la Muerte.
- Bueno, y ahora, ¿cómo la cerramos?-preguntó Grover entusiasmado.
- En realidad, ya están cerradas.-contestó Hades, intentando atravesar el umbral con la mano sin poder hacerlo.
¿Qué? Pero, ¿y las puertas abiertas a los lados? Pregunté por ellas, y Hades respondió antes que nadie.
- Son sólo decoración. Quedaban mejor así. Las puertas no son necesarias.
Nada puede salir si no es convocado. Gea fue convocada por los gigantes antes de que murieran, y Urano fue convocado por él.-señaló a Jason.
Entonces, todo se había acabado. Volví con Annabeth y Grover hasta el “tren” de Hades, y nos sentamos los tres juntos. El viaje de regreso se cumplió enseguida. En cuanto salimos, me encontré con Quirón, que estaba esperándome. Habíamos viajado hasta Central Park, y acabábamos de salir del Inframundo por la entrada de Orfeo.
- Percy.-me dijo.- Será mejor que vayas a ver a tu madre. Y…-bajó la cabeza para observarme mejor.- Poseidón me ha dicho que quieres irte de tu casa. A vivir aparte de tu familia.-
Asentí con la cabeza. Annabeth me apretó la mano. La emocionaba la idea. Grover comenzó a masticar una lata de gaseosa –no sé de dónde la sacó, probablemente del suelo-.
- Sí.-dije.- Quiero…-miré un momento a Annabeth.- Queremos…-me corregí.
Quirón sonrió.- comenzar una vida.-
- Me gusta la idea, Percy, pero, ¿has pensado dónde vivir?- Bueno, ahí me tomaba por sorpresa.
- Aquí en New York no hay apartamentos libres en este momento, pero… siempre se puede construir una nueva cabaña en el Campamento Mestizo.- Quirón se cruzó de brazos, esperando mi respuesta.
Miré a Annabeth.
- ¿Te gusta la idea?-le pregunté. A mí me encantaba la idea de ir a vivir allí, pero no la obligaría si no quería.
Me complací enormemente cuando ella afirmó que así lo quería, y le dimos el “sí” definitivo a Quirón.
- Oye, idiota.-Annabeth me pegó un codazo… ¡con su brazo quebrado! Pero