IMPLEMENTING EFFECTIVE TRANSPARENCY IN KENYA
5.1 The Current Position
5. EL MODELO DE VERSIONES M Ú L T I P L E S EN ACCIÓN
Pasemos a revisar el modelo de Versiones Múltiples, arnpliándolo un poco, y considerando con algo más de detalle la situación en el cerebro que lo jus- tifica. En aras de la simplicidad, me concentraré en lo que ocurre en el cere- bro durante la experiencia visual. Más adelante podremos extender el análi- sis a otros fenómenos.
Los estímulos visuales evocan cadenas de acontecimientos en el córtex que, gradualmente, dan a lugar a discriminaciones de especificidad cada vez mayor. En diferentes tiempos y lugares, se toman «decisiones» o se emiten «juicios» de diversa índole; literalmente, se causa la entrada de partes del cerebro en estados capaces de discriminar diversos rasgos, por ejemplo, pri- mero el inicio del estímulo, después su localización, después su forma, lue- go el color (por un camino distinto), aún más tarde el movimiento (aparente) y, con el tiempo, el reconocimiento del objeto. Estos estados discriminati- vos localizados transmiten efectos a otros lugares, contribuyendo a nue- vas discriminaciones y así sucesivamente (Van Essen, 1979; Allman, Meizin y McGuinness, 1985; Livingstone y Hubel, 1987; Zeki y Shipp, 1988). La pre- gunta natural, aunque un tanto inocente, que podemos hacernos es, ¿en qué lugar se reúne todo? Y la respuesta es, en ninguna parte. Algunos de estos estados distribuidos portadores de contenido pronto se desvanecen, sin de- jar huella. Otros sí dejan huella, en posteriores testimonios orales de la ex- periencia y la memoria, en la «disponibilidad semántica» y en otras varie- dades del conjunto perceptivo, en el estado emocional, las inclinaciones comportamentales, etc. Algunos de estos efectos —por ejemplo, la influen- cia sobre los testimonios orales— son, cuando menos, síntomas de conciencia. Pero no hay ningún lugar en el cerebro por el cual deban pasar estas cade- nas causales a fin de depositar su contenido «en la conciencia».
Tan pronto como se haya producido tal discriminación, ésta está dispo- nible para provocar algún comportamiento, por ejemplo, la presión de un botón (o una sonrisa, o un comentario), o para modular algún estado infor- macional interno. Por ejemplo, la discriminación de la imagen de un perro podría crear un «conjunto perceptivo» —lo que haría temporalmente más fácil el ver perros (o incluso otros animales) en otras imágenes— o podría activar un dominio semántico determinado, lo que haría temporalmente que usted interpretara la palabra «ladrar» como el sonido emitido por este ani- mal y no como la manera de hablar desagradable de algunos humanos. Como ya hemos señalado, este proceso, que avanza por múltiples vías, se ejecuta en unos cientos de milisegundos, durante los cuales se producen diversos añadidos, incorporaciones, enmiendas y sobreescrituras de contenido, en di- ferentes órdenes. Con el tiempo, éstos dan lugar a algo bastante parecido a un flujo o secuencia narrativa, que podemos concebir como sujeto a revisio- nes continuas por parte de diversos procesos distribuidos por el cerebro, y que se prolonga indefinidamente en el futuro. Los contenidos surgen, son revisados, contribuyen a la interpretación de otros contenidos o a la modu-
VERSIONES MÚLTIPLES FRENTE AL TEATRO CARTESIANO 149 lación de la conducta (verbal o de otro tipo) y, durante el proceso, dejan sus huellas en la memoria, las cuales, con el tiempo, acaban por deteriorarse, por incorporarse a contenidos posteriores e incluso por ser sobreescritas por estos contenidos, total o parcialmente. Esta madeja de contenidos se aseme- ja a una narración únicamente por su multiplicidad; en cualquier intervalo de tiempo hay múltiples versiones de fragmentos narrativos en varios esta- dios de revisión, en varios puntos del cerebro. Mientras que algunos de los contenidos de estas versiones harán su efímera contribución para desapa- recer después sin tener más efecto —algunos incluso no harán ninguna contribución—, otros seguirán jugando diferentes papeles en la modulación posterior de estados internos o de la conducta y aun algunos pocos sobrevi- virán hasta el punto de hacer patente su presencia a través de notas de pren- sa publicadas en forma de conducta verbal.
Sondear este flujo en diferentes intervalos produce efectos distintos, cau- sando narraciones diferentes en cada caso. Y éstas son verdaderas narracio- nes: versiones únicas de una porción de «el flujo de la conciencia». Si el son- deo se demora demasiado, es posible que el resultado no dé lugar a ninguna narración. Si se sondea «demasiado pronto», será posible recopilar datos sobre en qué momento tiene lugar en ese flujo un determinado proceso de discriminación, pero a costa de interrumpir el progreso normal del mismo. ¿Podemos decir que hay un «momento ideal para llevar a cabo el son- deo»? Si aceptamos la idea, bastante plausible por otra parte, de que dichas narraciones sufren un proceso uniforme de degradación, tanto por los deta- lles que desaparecen como por los adornos que se incorporan (lo que debe- ría haber dicho en la fiesta tiende a convertirse en lo que dije en la fiesta), podemos justificar un sondeo relativamente temprano, muy poco después del estímulo que nos interesa en aquel momento. Sin embargo, también que- remos evitar el interferir en el fenómeno con un sondeo prematuro. Habida cuenta de que la percepción se convierte imperceptiblemente en memoria, y la interpretación «inmediata« se convierte imperceptiblemente en recons- trucción racional, no podemos decir que haya un punto culminante válido para todo contexto en el cual podamos fijar nuestra atención para efectuar nuestros sondeos.
Aquello de lo que somos conscientes durante un intervalo de tiempo de- terminado no se define independientemente de los sondeos que utilizamos para causar una narración sobre ese período. Dado que las narraciones es- tán sometidas a una revisión continua, no podemos decir que haya una na- rración única que valga como versión canónica, la «primera edición», en la cual se han vertido, definitivamente, los acontecimientos que han tenido lu- gar en el flujo de la conciencia del sujeto, y tal que cualquier desviación de esa versión deberá ser considerada como una corrupción del texto. Sin em- bargo, cualquier narración (o fragmento de narración) que ha sido causada fija una «línea del tiempo», una secuencia subjetiva de acontecimientos desde el punto de vista de un observador, que puede compararse con otras líneas del tiempo y, en particular, con la secuencia objetiva de acontecimientos pro-