CHAPTER 3: CONCLUSIONS AND FUTURE RECOMMENDATIONS
3.1 Current Stormwater Evaluation Practices
Tradicionalmente se entendía a los procesos psicológicos como la función de un tejido particular del cerebro, sin embargo con el transcurrir del tiempo, la ciencia ha demostrado la imposibilidad de atribuir alteraciones en dichos procesos a causas de localización específica, por lo que los procesos psicológicos no debían ser considerados como la función directa de limitados grupos de células en el cerebro.
“Las funciones mentales como sistemas funcionales complejos no pueden localizarse como zonas restringidas o en grupos de células aisladas, sino que deben estar organizadas en sistemas de zonas que trabajan concertadamente, cada una de las cuales ejerce su papel dentro del sistema funcional” Luria (1988).
Desde el punto de vista neuro- psicológico la atención viene a ser la expresión del trabajo del Sistema Activador Reticular Ascendente (SARA) y de los hemisferios cerebrales, sincronizados por la actividad de los lóbulos pre-frontales. El Sistema Activador Reticular, con sus fibras ascendentes y descendentes constituye un aparato neurofisiológico que pone de manifiesto una de las formas de reflejo señaladas inicialmente por Pavlov y luego por Luria, conocida como el reflejo de orientación o la respuesta de orientación.
Dicho reflejo se caracteriza por una serie de reacciones electro-fisiológicos, vasculares y motoras evidentes, como la vuelta de ojos y cabeza hacia el lado donde se halla el nuevo objeto, reacciones de alerta y escucha, alteraciones de respiración y del
ritmo cardiaco, disminución o cese de toda actividad irrelevante. Estos fenómenos pueden ser observados siempre que surge una reacción de alerta o reflejo de orientación, suscitada por la aparición de un estímulo nuevo, esencial o significativo para un individuo (Celada y Cairo, 1990; García, 1997; Luria, 1986).
Por otro lado, el tallo cerebral y el sistema activador reticular ascendente (SARA) son los responsables del estado general de vigilia, indispensable para la activación atencional. Otras estructuras cerebrales que contribuyen con el reconocimiento selectivo de un estímulo particular y la inhibición de respuestas a estímulos secundarios son el córtex límbico y la región frontal, esta última encargada de preservar la conducta programada. Disfunciones o lesiones en estos circuitos afectan significativamente la capacidad atencional.
Prestar atención y no prestarla son, seguramente, dos de las “actitudes” más importantes de los seres humanos; sin embargo, a pesar de su papel crucial en el aprendizaje y en los demás tipos de actividades inteligentes, los psicólogos, como ocurriera en otros temas del intelecto, tomaron posiciones claramente contrapuestas. Unos consideraron el concepto y la naturaleza atencional como temas centrales para la construcción de una teoría psicológica, mientras que otros opinaban que hablar de la atención era un indicador más de la permanencia de usos lingüísticos pre científicos en la Psicología.
Las primeras investigaciones cuentan con una de las aportaciones más influyentes, la del psicólogo norteamericano Williams James. Para él, la atención era una función de la mente que no necesitaba discusión: “Todo el mundo sabe qué es la
atención. Es la toma de posesión por parte de la mente, de uno entre los muchos simultáneamente posibles objetos o series de pensamientos. Focalización, concentración y consciencia constituyen su esencia”. Más adelante relacionará esta función con el interés.
James propuso tres criterios de clasificación binaria de la atención:
1. Por razón del objeto al que se dirige puede ser sensorial o intelectual.
2. Por razón del interés que la causa, la atención puede ser inmediata o derivada.
3. Por razón del modo como es controlada, la atención puede ser pasiva (refleja) o activa (voluntaria).
También, James, trata la naturaleza de la atención, entendiendo que la atención radica en dos procesos que él no duda de calificar de fisiológicos:
1. La acomodación y adaptación de los órganos sensoriales.
2. La preparación anticipatoria de los centros ideacionales relacionados con el objeto al que se presta atención.
Otro hecho por él planteado fue, si la atención voluntaria era un efecto o una causa, y en la medida en que la conciencia constituye para él la esencia de la atención; el problema es, si podemos concebir a la conciencia como un agente causal en la naturaleza o, como se deduce de un esquema de determinismo universal, un efecto resultante de múltiples causas previas. Si bien James fue un decidido partidario de la
segunda, siempre reconoció que las razones de su opción eran de carácter ético y no psicológico.
En la revisión sobre la atención, publicada en la Annual Review of Psychology, Johnston y Dark (1986) plantean una clasificación de las teorías atencionales muy parecida a la propuesta por James y reconocen que la falta de evidencia empírica sigue sin resolver claramente la opción a favor de una de las dos alternativas.
Otra importante aportación al estudio de la atención, no como entidad filosófica, sino como entidad sujeta al método experimental la hace Wundt en “Principles of physiological psychology” (Wundt, 1904), quien desarrolló su teoría atencional en torno al concepto de apercepción. Son apercibidos los procesos mentales (sensaciones, imágenes y sentimientos) que tienen lugar en el foco de la conciencia, en oposición a los procesos simplemente percibidos que, aun estando dentro de la campo de la conciencia, no caen bajo su foco.
La atención es por tanto una actividad mental que regula el grado de claridad que las sensaciones, imágenes y sentimientos adquieren en el campo de la conciencia.
Dentro de esta concepción se llevaron a cabo distintas investigaciones:
• La amplitud de la atención. Sus estudiosos han sido por parte de Stanley Jevons, J. McKeen Cattell, Wundt y su discípulo Dietze. Bajo esta etiqueta se estudiaron temas que desde una perspectiva actual podríamos clasificar como de amplitud de memoria o de agrupamiento codificador.
• Las dudas perceptuales. Estos experimentos fueron llevados a cabo por Von Urbantschitsch y sus observaciones trataron sobre la duración de la atención.
• Experimentos de la complicación. Hacen referencia al estado mental que incluye procesos provenientes de diferentes modalidades sensoriales. En la actualidad se estudia bajo el rótulo genérico de estados preparatorios. • La disposición (Set) mental. Este término traducido del alemán
“einstellung”, utilizado por la Escuela de Würzburg, creaba referencia a la disposición mental del sujeto experimental resultante de la estructura de la tarea a realizar y de las instrucciones recibidas. Dentro de esta tradición experimental pueden considerarse los trabajos que en el estudio de la memoria humana realizan actualmente quienes investigan los llamados “niveles de procesamiento” (Craik y Lockhart, 1972).
A partir de la década de los años 80, los modelos de la psicología cognitiva de los años 60 y 70, que se centraron principalmente en los dos aspectos básicos de la atención: selección y capacidad, son completados al comenzar a conceptualizarse la atención como un mecanismo que es capaz de controlar la ejecución de los procesos mentales (Logan, 981), y es a partir de estos momentos cuando comienza a surgir todo un conjunto de modelos que intentan sistematizar el papel de la atención en dicho proceso de control.
Uno de los modelos formales más conocido, que ha intentado explicitar la función y el lugar en el sistema cognitivo de dicho mecanismo de control, es el de Norman y Shallices (1986) quienes nos hablan que la actividad cognitiva posee una
serie de compartimentos, cada uno de los cuales cuenta con una función específica. Estos son:
1. Existe todo un conjunto de funciones cognitivas simples, tales como el lenguaje o las funciones viso espacial, conocido con el nombre de unidades cognitivas.
2. Las unidades cognitivas se integran e interactúan entre sí, dando lugar a una serie de actividades conductuales que se activan mediante los esquemas de acción. Estos esquemas están jerarquizados.
3. Cuando desarrollamos acciones relativamente simples y bien aprendidas, éstas se hallan controladas por esquemas que se activan automáticamente y que por lo tanto no precisan de la acción de la atención.
Por el contrario, cuando el organismo se enfrenta a situaciones nuevas o conflictivas, los esquemas de acción que desarrollamos precisan de la intervención de una estructura de control que seleccione los esquemas que son más necesarios ante estas situaciones novedosas. Dicha estructura recibe el nombre de Sistema Atencional Supervisor (SAS).
SAS se caracteriza por ser un sistema de capacidad limitada y cuyas funciones más importantes son: activar o inhibir las estructuras que procesan la información activar e inhibir los esquemas mentales, actuar sobre los restantes procesos psicológicos (percepción, memoria, ejecución).
Las últimas aportaciones que se están haciendo al campo de la psicología de la atención (García-Sevilla, 1997) son las que provienen de las neurociencias. Dentro de éstas se está desarrollando y consolidando cada vez más la denominada neurociencia cognitiva. La neurociencia cognitiva es el resultado de la comunicación que se ha establecido a partir de los años 70 entre la psicología cognitiva con disciplinas tales como la neuroanatomía, la neurobiología y la neuropsicología.
La primera de ellas analiza cuales son los mecanismos neurales de los procesos cognitivos, y la neuropsicología se interesa por el estudio de los efectos que cierto déficit neural o lesiones cerebrales tienen sobre el funcionamiento cognitivo.
Por su parte la neuropsicología cognitiva también ha hecho aportaciones importantes, destacando el estudio sobre la especialización de los distintos módulos o subsistemas responsables del procesamiento de la atención visual, lo que parece apoyar la idea de un funcionamiento no central sino modular de la atención.