Context Matters: Distributed Graph Algorithms and Runtime Systems 4.1 Introduction
5.2. The Case for Custom Runtime Scheduler
La modernización sigue siendo en este periodo un elemento decisivo y priorizado en el discurso de todos los idearios progresistas. A partir del inicio del proceso de Retorno a la Democracia (1976), empieza a observarse un cambio progresivo en el énfasis en la modernización económica, que se desplaza a favor de la búsqueda de la modernización política. La modernización económica, que para el ideario marxista era lograr la revolución democrático burguesa para luego alcanzar el socialismo, irá reduciéndose a la búsqueda de alianzas y programas reformistas, justificado por la coyuntura política de retorno al orden constitucional. A continuación veremos cómo el contexto y la coyuntura política inciden en este desplazamiento.
Hacia mediados de los setenta, la oleada de dictaduras en Latinoamérica significó un giro hacia un conservadurismo manifiesto en el continente, con gobiernos militares que organizaron verdaderos aparatos de terrorismo de Estado. En Ecuador, en enero 1976, se produjo un cambio político importante dentro del gobierno militar, con la destitución de Rodríguez Lara como jefe de gobierno y la asunción de un triunvirato (Consejo Supremo de Gobierno) compuesto por un representante de cada rama de las fuerzas armadas, siendo su presidente el almirante Alfredo Poveda. Este gobierno manifestó como objetivo mayor de su gestión, realizar una reforma política para el Retorno al orden constitucional.
Si bien el gobierno militar del triunvirato tuvo un matiz represivo y conservador en comparación con su predecesor Rodríguez Lara, no fue una dictadura cruenta comparable a sus similares del cono sur. Los actores del período percibieron que hubo un cambio local, regional y mundial reflejado en la abundancia de regímenes militares con uso indiscriminado de la violencia, haciendo que sus representaciones de la política y la viabilidad de proyectos se ajusten a esta visión de la derrota que invadía al continente. Pese a esta tendencia continental, en Ecuador los procesos políticos tuvieron su propio ritmo y características. Así, cuando hubo signos de desgaste, el gobierno del triunvirato promovió “voluntariamente” un Retorno al
orden constitucional, con el objetivo previo de ordenar las instituciones pertinentes y que este sea un proceso participativo de la sociedad civil.
De esta manera, hacia 1976 se vivió un momento de efervescencia ante la nueva situación política de participación que se trasluce sensiblemente en Nueva, donde el tema del Retorno ocupa su principal interés. En la revista se reconoce que el nuevo gobierno tiene un giro conservador, y sin embargo aún persiste una visión de los militares como la única fuerza capaz de modernizar la economía, enfrentando el poder de la oligarquía, nacionalizando los recursos naturales (petróleo), ejecutando una reforma agraria y promocionando la industrialización.
Esta opinión la volvemos a ver ante el primer paso del proceso de Retorno cuando se dio la convocatoria a un diálogo entre gobierno y organizaciones sociales y políticas, centrales laborales y cámaras de la producción. Se presentó así la posición de los trabajadores sobre el cumplimento de su programa de nueve puntos, que recopilaba sus demandas del momento. Interesa aquí observar cómo se enfoca al mundo laboral y su relación con la modernización económica:
La posición obrero-campesina no sólo refleja la opinión de la más organizada fuerza social del país. Constituye también una positiva visión de los más altos intereses nacionales. Los “Nueve Puntos” plantean reivindicaciones económicas propias de clase, pero exigen además, sustanciales reformas de beneficio nacional. Entre ellas, las más destacadas son la nacionalización del petróleo y la efectiva aplicación de la Ley de Reforma Agraria.182
Esta visión sobre la alianza obrero-campesina coincide con la que planteaba el PC, especialmente en un artículo de Pedro Saad183. Esta cita también nos habla del imaginario marxista según el cual los obreros son los portadores de los valores importantes de la nación, vinculados a la independencia del imperialismo y al progreso, por esto deben luchar porque el petróleo sea nacionalizado. Los obreros y campesinos apoyan también aquello que el ideario marxista entiende que son los elementos, -nuevamente- imprescindibles de la etapa democrática burguesa: la reforma agraria y el manejo estatal de los recursos nacionales.
Así es como el articulista insiste en que las trabas que cierto sector oligárquico pone a medidas proteccionistas y a la reforma agraria, perjudica la industrialización, ya que no habría formación de un mercado interno. Esto se debe a
182
“Diálogo: “la hora del lobo” Nueva N°27 Marzo 1976, p.7.
183
Pedro Saad, “Sobre la alianza obrero-campesina”, en H. Ibarra (comp.), El pensamiento de la
izquierda comunista (1928-1961). (Quito: Ministerio de Coordinación de la Portica y Gobiernos
que los industriales carecen de una ideología y mecanismos políticos propios y por esto “[…] la “restauración del sistema democrático” […] se encargará de demostrar la ninguna coincidencia posible que hay entre la vieja oligarquía feudal o librecambista y la auténtica industria nacional”184. Aquí se hace una clara alusión a la tesis de la revolución democrático - burguesa y a los actores que serán sus protagonistas: es necesario una burguesía industrial que liquide a la feudalidad, y esta se evidenciará en sus objetivos industriales y nacionalizadores. Puede decirse, sin forzar demasiado las cosas, que el contenido de la democracia formal será su proyecto económico social.
En esta misma línea de apoyo al gobierno militar por ser una fuerza moderna y capaz de llevar adelante la etapa democrático burguesa, se inscribe la interpretación del economista César Verduga, cercano al PC, en lo que será un análisis científico- académico, que plantea algunos giros diferentes a lo que hemos estado analizado hasta ahora. En un artículo de Nueva escrito por Santiago Jaramillo, llamado “¿Neoliberalismo o capitalismo de Estado? 1978: La profecía política”, se presenta el libro de César Verduga, “El Capitalismo Ecuatoriano Contemporáneo”185. Se destaca que el libro presenta dos modelos económicos posibles: uno de capitalismo neoliberal o uno de capitalismo de Estado. Para Verduga, este último debería retomar la labor del gobierno militar, profundizar la política petrolera nacionalista y desarrollar áreas industriales bajo el control estatal donde haya una interacción del capital extranjero y el nacional. Propone realizar una Reforma Agraria, una redistribución de ingresos, y una participación popular en la conducción del Estado. Además: “[…] el modelo deberá entregar garantías y posibilidades reales de acumulación a los sectores burgueses “modernos” […] respetar los actuales patrones y aspiraciones de consumo de las capas medias […]”186 modelo factible dentro de los cánones de la democracia representativa, pero realmente viable con gobierno cívico - militar en coalición con grupos reformistas de las Fuerzas Armadas, centrales obreras y campesinas, partidos de izquierda revolucionaria, sectores burgueses
184
“Diálogo: “la hora del lobo” Nueva N°27 Marzo 1976, p.7.
185
Es importante destacar que el libro que Nueva analiza con autoría de Verduga, existió también en una edición de autor institucional, editado por la Universidad de Guayaquil. A saber:
Instituto de investigaciones económicas y políticas de la Universidad de Guayaquil, El Capitalismo
ecuatoriano contemporáneo: Su financiamiento, (Guayaquil: Departamento de publicaciones de la
Facultad de Ciencias Económicas, 1976).
186
Santiago Jaramillo, “Neoliberalismo o capitalismo de estado? 1978: la profecía política” Nueva (Quito), N° 34 Octubre 1976, 11.
modernos (se refiere a la Izquierda Democrática y la Democracia Cristiana).187 Podemos apreciar dos nuevas nociones. Una es la sugerencia de la interacción del capital extranjero en la industria, algo hasta el momento no planteado abiertamente, pues se defendía radicalmente la explotación nacionalista de los recursos. Otra novedad discursiva es la idea de grupos/actores reformistas (con quienes establecer alianza), término poco usado hasta entonces, y que nos va a hablar de la importancia que tendrán esos grupos en la escena política, y la necesidad de alianzas con partidos burgueses. Es decir, se deja de cuestionar el carácter reformista de estos partidos, y se encuentra precisamente en ese reformismo la justificación de una alianza.
Es importante destacar que la investigación realizada por Verduga y el equipo de la Universidad de Guayaquil, realizan una dura crítica (siguiendo a Agustín Cueva) a los conceptos de la CEPAL y de la Teoría de la Dependencia.188 Al mismo tiempo que evidencia su posición política en tanto vemos que el marco teórico- metodológico presentado, hace uso de la teoría marxista, donde acuerda con el concepto de revolución por etapas: “Menciona el concepto de la siguiente manera: La concepción materialista del desarrollo social, concibe la historia como un proceso “natural”, de sucesión de Modos de Producción”189, concepto que les permite afirmar que el cambio de modo de producción pasa por estados de continuidad y ruptura, y en periodos largos de continuidad, los cambios estructurales solo se ‘ven’ como ‘posibilidad estructural’.190 Esto justificaría posiciones reformistas y alianzas con sectores modernizantes de la burguesía, lo que evidencia las coincidencias entre los idearios de izquierda comunista y socialdemócrata, al menos en cuanto a la necesidad de una modernización económica.
3.3.2. Modernización política: Los intelectuales y los jóvenes políticos frente a la