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7. APPENDIX HISTORICAL SENSORS

7.1 CZCS and OCTS

La filosofía no puede cambiar el mundo de las necesidades. Puede cambiar el mundo en tanto que es propiamente humano, y hasta donde al­ cance el poder de la palabra: puede cambiar a los hombres formando su manera de ser.

Eduardo Nicol, El porvenir de la filosofía La historia de la Universidad Autónoma de Nuevo León se encuen­ tra ligada, en sus orígenes, al sentido humanista que animó su fundación en 1933, a consecuencia, entre otros muchos factores, del despegue industrial y el consecuente crecimiento demográfi­ co de la ciudad de Monterrey, que la fue perfilando como uno de los más im portantes centros urbanos de México.

El desarrollo alcanzado en la región noreste del país fue el de­ tonante de las primeras empresas culturales del siglo xx en el esta­ do, cuyos antecedentes se remontan, según consigna la Semblanza

his tórica de la uanl, a: “[...] las aulas del Real y Tridentino Colegio Seminario de Monterrey del siglo xvIII y a los centros de altos es­ tudios del siglo xIx como la Escuela de Medicina fundada por el ilustre doctor José Eleuterio González, “Gonzalitos”, la Escuela de Jurisprudencia y el Colegio Civil.1 Éstas dieron origen primero a la

Universidad de Nuevo León y diez años más tarde al Instituto Tec­ nológico y de Estudios Superiores de Monterrey (Itesm).

Técnica y cultura, entendida en principio como parte de los va­ lores liberales de la formación universitaria, aparecieron asociadas

1 Semblanza histórica de la uanl, documento electrónico, disponible en

<http://www.uanl.mx/universidad/antecedentes/historia.html>, consultado el 5 de marzo de 2013.

como parte del proyecto que llevó en pocas décadas al estado a asu­ mir una posición de liderazgo productivo en el país, hecho al que contribuyó notable y estratégicamente su vecindad geográfica con Estados Unidos y los fuertes lazos que, desde el contexto regional se habían desarrollado, más allá de los límites de la frontera, desde el siglo xIx.

El trabajo que desarrollamos en este estudio corresponde a los resultados de la primera etapa del proyecto “Inventario de la filoso­ fía nuevoleonesa, corrientes, autores, trayectorias”, registrado como proyecto del Programa de Apoyo a la Investigación Científica y Tec­ nológica (paIcyt) de la Universidad Autónoma de Nuevo León. El objetivo de esta investigación pretende una aproximación a esa his­ toria a través de tres ejes o estrategias teórico­metodológicas: la pri­ mera se relaciona con la recopilación de testimonios biográficos y entrevistas a filósofos, escritores y pensadores nuevoleoneses o ra di­ cados en Nuevo León destacados por su producción o por su tra­ yec to ria filosófica; el segundo eje plantea, a través de un minucioso trabajo de archivo, la recuperación y el encuadre sociohistórico de la producción filosófica nuevoleonesa escrita en libros, revistas y otras publicaciones en los catálogos bibliográficos de la Universidad Autó­ noma de Nuevo León y en otras instituciones universitarias en el periodo antes referido. Los dos procesos enunciados confluyen en el análisis de formaciones, influencias y corrientes filosóficas más representativas en el ambiente intelectual regiomontano desde los inicios del siglo xx hasta la primera década del siglo xxI. Durante ese periodo se pretenden establecer elementos objetivos que nos lle ven a comprender hasta dónde, desde la formación universitaria, se ge­ neran elementos de reproducción o innovación del discurso fi losófico en la uanl, cuáles son sus vías de transmisión y sus obstáculos más evidentes.

Nuestro proyecto de investigación, concebido en varias fases de desarrollo, se presenta como un trabajo inédito de recuperación de la pluralidad de la reflexión filosófica que se ha desarrollado en la en­ tidad a través de su historia, y con ello busca marcar, además de su peso específico en el devenir de la cultura en la entidad, las aporta­ ciones en su desarrollo sociopolítico e histórico. No sólo se pretende recuperar la historicidad específica de la filosofía en Nuevo León, sino además, al analizar su evolución, ser un antecedente teórico que permita detectar sus principales problemáticas tanto en los aspec­ tos de formación académica como de difusión, elementos que sir­

ven para explicar su presente y también su porvenir en los tiempos marcados por la competencia global.

En la organización de este escrito abordamos tres ejes interpre­ tativos en los que se encuadra la práctica y difusión de la filosofía como disciplina: el primero refiere el horizonte humanista de la fundación de la Universidad Autónoma de Nuevo León y su devenir en el modelo universitario contemporáneo; el segundo momento describe en términos generales algunas claves desde las cuales se puede conceptualizar la presencia de la filosofía como disciplina uni­ versitaria de formación profesional. Por último, a partir del traba­ jo de campo se recuperan las experiencias, sentidos y definiciones que sobre la filosofía y sus vertientes de docencia e investigación describen profesores e investigadores que conforman el corpus ini­ cial de la primera etapa del “Inventario de la filosofía nuevoleonesa”.

la uanl, el humanIsmo como dIscurso fundante A lo largo de más de 80 años de su existencia, junto a la creación y promoción de las disciplinas tradicionales de formación (medicina, ingeniería, leyes y administración) ligadas al aparato productivo y jurídico­político del estado, la uanl ha reivindicado en su modelo formativo la enseñanza de carreras “humanísticas” y su profesiona­ lización, lo que vale decir la formación de recursos especializados en esta área de competencia para integrarse en un mercado laboral determinado.

El proyecto humanista universitario se cristaliza en 1951 en la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras (ffyl) como centro edu­ cativo promotor del saber de las humanidades y de las ciencias so­ ciales. A través de su historia, la Facultad de Filosofía y Letras ha experimentado diferentes etapas de construcción de dicho proyec­ to con avances, retrocesos, fundaciones y refundaciones de sus áreas curriculares, generando en ese devenir una identidad propia en el contexto cultural nuevoleonés.

Hasta la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras, además de las actividades de la llamada Escuela de Verano (1946) de la Univer­ sidad de Nuevo León,2 que influyeron notablemente en su aparición,

2 La Escuela de Verano de la Universidad de Nuevo León fue un proyec to

cultural impulsado por Raúl Rangel Frías a través del Departamento de Ac ción Social Universitaria dirigido por el profesor Francisco M. Zertuche. Su labor inicia el 22 de julio de 1946, cuando se ofrecen los primeros cursos

los centros del humanismo universitario se vinculan a las lla madas carreras liberales, en particular a la labor de profesores for mados en las filas del Derecho, y en menor medida a la medicina y las ciencias exactas.

Ligado al cultivo de las letras y la filosofía, el antecedente más notable de lo que podemos identificar como “humanismo universi­ tario” es claramente perceptible en las obras y trayectorias de Alfon­ so Reyes y Raúl Rangel Frías. Ambos intelectuales representan el impulso de la cultura nuevoleonesa, que se materializa en la misión de la universidad concebida como espacio de formación de la iden­ tidad humana. Anima en ellos acaso la misión que Ortega y Gasset concede a la universidad de ser un espacio generador de cultura y, con ello, de un humanismo actuante.3

El humanismo de Rangel Frías es consustancial al papel que le adjudica a la universidad, lejano de un papel instrumental o mera­ mente reproductivo de la vida social: “Siempre he pensado que el tesoro más preciado, la misión verdadera de la institución univer­ sitaria, consiste en proveer a los hombres de un sentido de la vida, antes que de unas armas con las cuales realizar provechos propios y ajenos”.4 A este objetivo, afirmará convencido, contribuyen las hu­

manidades, que se convierten en la base del conocimiento y de la actitud del universitario.

Adelantándose con mucho al giro neoliberal y eficientista que experimenta hoy la universidad contemporánea, Rangel Frías per­ tenece a una generación de universitarios que fue capaz, en su mo­ de verano en diferentes áreas del conocimiento por parte de profesores de la Universidad de Nuevo León. Como antecedente de su fundación, la uni­ versidad impartió diferentes seminarios y cursillos libres a cargo de intelec­ tuales mexicanos y españoles como Alfonso Reyes, José Gaos, Juan David García Bacca, el poeta León Felipe y Justino Fernández, entre otras perso­ nalidades.

3 Cfr. José Ortega y Gasset, “Misión de la Universidad”, en El libro de las

misiones, Buenos Aires, Espasa Calpe, Colección Austral, 1942.

4 En el mismo escrito abunda: “[…] Siempre he creído que la cultura,

en la cual está el aliento de la misión universitaria es una corriente, un es pí ri tu, una fuerza que presta alma a los procedimientos técnicos, a los medios de adiestramiento, a las capacidades —a que también provee la uni versidad— pero frente a los cuales recoge y conserva su substancia de hu ma nidad”. Raúl Rangel Frías, “Palabras finales de un rector”, en Uni­

versidad, Humanismo y Política, Monterrey, uanl, Lecturas universitarias, 2005, p. 26.

mento, de cuestionar, de criticar el proyecto de una universidad cuyos intereses formativos esenciales consisten en adaptar al suje­ to a la sociedad, a sus normas y a las reglas que privan en el campo laboral. Así, al revisar las deficiencias más notables de la educación universitaria en la vinculación entre la vida social y la propia uni­ versidad, por la cual se expresa la acción e influencia de sus propios egresados en la comunidad, Rangel Frías destaca el perfil conser­ vador de muchos de éstos:

¿A dónde desembocan las generaciones universitarias y cuál es el grado de influencia que van a desarrollar en medio de su acti­ vidad? Salvo ejemplos aislados, el destino de los profesionales es el de la subordinación intelectual a procedimientos de trabajo, a formas de organización y a estados sociales de conciencia ab­ solutamente desconocidos que superan su equipo de conocimien­

to y le imponen un nuevo esfuerzo de adaptación [...].5

Rangel Frías apela en su tiempo a una reforma universitaria, a una reforma de los estudios universitarios que dejen de lado el “inte­ lectualismo abstracto” que se reduce a una técnica la formación. La universidad y el humanismo representan, en su perspectiva, una con­ ciencia orgánica del sujeto, contraria a la distribución del cono ci­ miento segmentado, especializado. A propósito, escribe en Armas y

Letras (1945): “A una universidad en reposo y partida en segmentos,

habrá que transformarla en articulada unidad viviente, que res ta­ blezca a favor de las influencias conscientes el desequilibrio pro­ vocado por los factores irracionales en la existencia individual y social”.6 Se puede concluir que para Rangel Frías el humanismo, en

particular el universitario, sólo es en la medida en que es actuante, que transforma la conciencia y la acción de quien se forma como

hombre, o más bien, como ser humano en su sentido más universal

y particular. Tal es la misión a la que debe contribuir la uanl. Otro personaje fundamental en la aparición y desarrollo del hu­ manismo universitario, por su iconicidad y presencia permanente, es el escritor y helenista Alfonso Reyes. En la figura del escritor, tra­ ductor y diplomático regiomontano, figura preeminente del Ateneo de la Juventud, que promueve a inicios del siglo xx la renovación de la cultura mexicana junto a personajes como Alfonso Caso y José

5 Ibid., p. 15. 6 Ibid., p. 19.

Vasconcelos, se sintetiza a su vez un pensamiento que, nutrido por el amplio conocimiento de la cultura clásica en su vertiente literaria y filosófica (alusiva al mundo griego y helénico), se expresa al mis­ mo tiempo una proyección filosófica del hombre de su tiempo y de su circunstancia.

La presencia de Reyes en la uanl es permanente y de cierta for­ ma ritual. Su legado parece justificarlo: una obra literaria universal que, a decir de Alfonso Rangel Guerra, se encuentra entrelazada a la historia de la universidad en la medida en que Reyes es, desde su lejana embajada, uno de los promotores más entusiastas de la fun dación de la Universidad de Nuevo León:

[...] para mí están ligadas las figuras de Reyes y la presencia de la universidad y así las he entendido siempre porque Alfonso Re­ yes fue uno de los pilares que hizo posible la fundación de la uni­ versidad en el año 33. Recordemos el Voto por la universidad del

norte, texto que escribió desde su embajada en Río de Janeiro,

Brasil, y pues toda la obra completa de Reyes es propiamente una lectura abierta al mundo y a la sabiduría y al entendimiento de las

cosas humanas y no humanas [...].7

El propio Rangel Guerra ha explorado en otro escrito el sentido del humanismo filosófico de Reyes. El humanismo, afirma en An­

drenio. Perfiles del hombre, es, sobre todo, una actitud en beneficio de

los demás que sólo puede cumplirse en libertad, en la más comple­ ta libertad del espíritu.8 Tal es la condición a la que abona la mi­

sión de la universidad. Rafael Moreno y Montes de Oca no ha dudado en catalogar la línea de pensamiento de Alfonso Reyes como la pro­ pia de un “humanismo pedagógico”.9

En Voto por la universidad del Norte (1933), Alfonso Reyes forja dicho humanismo como proyecto y vocación que le da sentido a la universidad pública. La universidad no sólo representa, en nuestras tierras regiomontanas, la salvaguarda de la cultura nacional en la frontera. Su misión histórica de construcción y defensa de una iden­

7 Cfr. Entrevista a Alfonso Rangel Guerra, en la presente edición. 8 Cfr. Alfonso Rangel Guerra, “La visión filosófica del hombre en Alfon­

so Reyes”, en Rolando Picos Bovio (coord.), Filosofía y tradición, Monterrey, uanl/uaz, 2011.

9 Cfr. Rafael Moreno y Montes de Oca, El humanismo mexicano, líneas

tidad no puede ser edificada, empero, sobre las bases de un proyec­ to desorganizado y confuso, como en el viejo proyecto positivista o de un falso nacionalismo. Así, subraya:

[...] Que no será la ciega agresividad, que no será el vano sen­ timen talismo, ni tampoco los precipitados casuales de un régi­ men es co lar hecho a pedazos, quienes nos protejan, sino sólo el conocimiento y la voluntad educada y rectificada, sólo un siste­ ma de principios y acciones bien escogidos y armonizados. Un ser se define, y también se pierde, por sus contornos; y esta epidermis de la frontera debe ser cuidadosamente sensibilizada e irrigada por la cultura para que ejerza con normalidad, eficacia y simpatía

sus complejas funciones respiratorias y de relación con el no yo.10

Contrario a los dictados de la razón técnica que denuncia Hei­ degger como el signo de la modernidad, la universidad, en la con­ cepción de Reyes, implica el desarrollo de los fundamentos de una técnica que siempre se encuentra subordinada a la cultura: “[...] La creación de nuestra Universidad significa un cambio de acento en la atención pública: la cultura, que antes crecía como al lado, pa­ sará a constituir el núcleo, el meollo. La organización escolar dará el armazón, y en ella se trabarán como derivaciones indispensables todas las demás actividades técnicas, la circulación del comercio y aun los entreactos de la vida mundana [...]”.11 La cultura sustenta

la libertad que es el subsuelo del humanismo: “[...] la libertad del espíritu y del intelecto en el más amplio y cabal sentido, la perfec­ ta independencia ante todo intento por subordinar la investigación de la verdad a cualquier otro orden de intereses [...]”.12

La universidad, que representa lo universal, no se contrapone a la nación: “[...] la ciencia no puede tener patria. Pero incurre en una confusión lamentable quien se figura que por eso sólo la Universidad y la Nación se contraponen. Cuanto enaltezca y mejore a un grupo humano lo enaltece y mejora en su condición nacional”.13

10 Alfonso Reyes, “Voto por la Universidad del Norte”, en El vendedor de

felicidad. Alfonso Reyes en Vida Universitaria, Monterrey, uanl, 2006, p. 58.

11 Ibid., p. 60.

12 Alfonso Reyes, Obras completas, tomo xx: Rescoldo de Grecia; la filo­

sofía helenística, Andrenio: perfiles del hombre, Cartilla Moral, México, Fon­

do de Cul tura Económica, 2000, p. 404.

El humanismo universitario prefigurado en los fundamentos de la creación de la Universidad del Norte tiene además, para Re yes, un fin superior, ético y político al mismo tiempo, un elemento que ele­ va el espíritu. Un humanismo, subraya el escritor “preocupado —y con razón— por resolver la circunstancia de su convivencia con el hombre”, que trascienda el antiguo humanismo de cultura li teraria o el humanismo positivista hecho de cultura científica. El hu ma nis­ mo que propugna Reyes es ético en cuanto procura la formación de una nueva cultura política; es decir, a nuevos tipos de relación en tre los miembros de la civitas. Los fines de la universidad no se encuen­ tran en reproducir los vicios de la sociedad, sino en contribuir a desterrarlos de la comunidad; es decir, en educar, en su sentido más amplio, y a la vez más concreto, a la sociedad:

Sería el orgullo de la Universidad de mi tierra, [escribe Reyes] [...] el dar por primera vez asilo a un programa amplio y cabal de cultura política. [...] Sólo la cultura política puede precavernos, hasta donde ella admite ser objeto de ciencia y de estudio desinte­ resado. “Cultura” y no “barbarie”. Los timoratos han de convencer­ se de que no les queda más salida que ir cediendo a las novedades de que el tiempo viene cargado. La cultura quiere alumbrar por igual a todos los hombres —y este todos­los­hombres— lleva en sí el postulado político. Oigan los que saben oír, hagan los que sa­ ben hacer: la cultura debe ser popular y nadie tuerza mis palabras

ni piense que he dicho demagógica.14

Representantes de una generación con visión humanista, donde también destacan los nombres de Eduardo Aguirre Pequeño, José Alvarado, Francisco M. Zertuche y Eduardo Livas, fundadores y ani­ madores del proyecto universitario, Raúl Rangel Frías y Alfonso Re­ yes personifican el proyecto que sintetiza una visión de universidad encaminada a la generación de un ethos liberal, ilustrado y progre­ sista que acompaña el devenir histórico de la Universidad Autóno­ ma de Nuevo León a ocho décadas de su fundación. En ese proceso in teresa conocer cuál fue el papel que cumplieron los estudios y enseñanzas filosóficas enmarcadas en el espíritu de ese humanismo fundante; en qué medida el proyecto original de universidad se fue modificando hasta llegar a los tiempos presentes.

El humanismo permaneció como parte de los ideales formativos de la universidad moderna en su expresión de universalismo y de uto pía comunitaria. De apuesta por la civitas para lograr una so­ cie dad vinculada a la razón y a la felicidad de sus integrantes. La apues ta, sabemos, fracasó. La “derrota” moderna da paso a la era de la tecnociencia y del “fin de las ideologías”; se caracteriza, en el discurso posmoderno, por su antihumanismo, racionalidad, instru­ mentalidad (Habermas) y pragmatismo de la verdad (relativismo epistemológico), conjunto de principios que a fin de cuentas des­ di bujan el viejo humanismo fundante de la universidad moderna y, co mo tal, la concepción de las finalidades del proyecto educativo, sus contenidos y metodologías.

En ese tránsito histórico e ideológico cabe asimismo preguntar­ se, conceptualizando a la filosofía como una disciplina del campo

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