• No results found

61 Two dances in the play, (the Knights and the Knights

b the plays were comedies and fifteen percent tragedies.

61 Two dances in the play, (the Knights and the Knights

Caminar es un proceso de autoconocimiento, a través de este pulmón regenerador que es la naturaleza, que nos aquieta y nos silencia la mente. Es entender el proceso propio con serenidad. El libro del dao y de sus virtudes, desde el primer epigrama, presenta tres grandes temas: a) el origen, b) el misterio de este origen, y c) la posibilidad real de aproximarse a él. Esta aproximación se da por la tendencia natural del ser humano de la satisfacción del deseo, y la motivación que deriva en la necesidad de manifestar su conmoción al estar en —y desde— la naturaleza, frente a algo tan grande, perfecto para el que ha vivido esa experiencia.

Como ya vimos, “dao significa camino o caminar, implica la noción de movimiento y flujo; lo que hace aparecer la transformación y proceder no puede ser explicado. Es misterioso, sin nombre, conceptualmente no puede ser concebido desde un punto de vista lógico o racional, impensable” (Lira, 2013, s/p). Pero puede ser percibido a través de la calidad y de la disponibilidad de la persona que intenta sentirlo, con mente tranquila, corazón apaciguado y cuerpo relajado, entregado a la gravedad de la tierra. Con esta disponibilidad, el cuerpo ya ha tomado otra apertura, donde los sentidos se van sensibilizando, y aflojan la tensión para sentir el flujo que recorre el cuerpo, y así quedar conectados a lo insondable de la naturaleza. Esto es posible con mucha experiencia y perseverancia en la meditación. Nos podemos ayudar con diferentes ejercicios como el pranayama (respiración), el yoga, distintas meditaciones, con la kundalini y otras más. Se produce así la conexión con el sentir, que se comunica con la emoción, ya que a esa altura el cuerpo estará blando, más sutil en su energía pura, que es una energía elevada.

En ese momento es cuando es posible observar sin esperar nada, con la mente acallada, y nos dejamos contemplar por todo lo que el cuerpo capte en su interior y exterior, vemos todas esas texturas que nos muestra la naturaleza, que es un entramado de un gran tejido, donde todo pertenece a uno, donde tiene puntos de encuentro, llamados vórtices, núcleos de algún torbellino energético, con sus nodos, que son cada uno de los puntos de un cuerpo vibrante, que permanecen fijos, y que interactúan con la sinapsis de todo el ser y el cosmos. Como ejemplo, la tierra tiene meridianos de energías, que son análogos a las líneas del cuerpo con las que trabajan los acupunturistas o los practicantes de la digito-puntura, así como el biomagnetismo.

Por todo el planeta hay lugares que se encuentran sobre vórtices de energía telúrica, llamadas líneas terrestres, que responden a una energía más galáctica, o de alguna manera más conectadas con el universo. Estos vórtices o lugares de poder de la tierra corresponden a las corrientes de energías planetarias, ya que el planeta es un organismo vivo, es una extensión de nuestro propio organismo, y sus vórtices están tan activos como nuestros centros sutiles, que podemos usar en nuestro beneficio. Si nuestro cuerpo está afectado por un desequilibrio, podemos visitar estas áreas de energías del planeta, que son generadoras de iones, donde rápidamente nos sentiremos mejor, con un autoajuste corporal anterior.

Las cascadas, las selvas, las montañas, los océanos, son fuentes naturales inagotables de iones, tanto positivos, como negativos. Los casos nombrados anteriormente están en equilibrio, fuente de toda vitalidad. La sola conexión de nuestro cuerpo sobre la tierra; los pies en contacto con el agua de ríos, mares o cascadas; las manos en el lodo o la inmersión en aguas naturales, como las termales, son conductores de energía, donde el cuerpo descarga el exceso de electricidad estática que tanto afecta a nuestro sistema nervioso.

La Tierra está llena de estos centros magnéticos, para algunos de los cuales los hombres han levantado templos o monolitos, dejando sus marcas, signos dibujados en lo alto de una montaña como los de nazca, o piedras trabajadas como símbolo de veneración, gratitud y aceptación. También hay que recordar las salidas y puestas de sol, la luna y las mareas, las montañas y todo elemento natural, que nos proporcionan una cantidad de energía que se puede integrar con solo sentarnos frente a estos momentos terrenales, como estar debajo de las estrellas. Todo esto nos deja huellas en el cuerpo, el alma y el corazón, plasmando ese viaje que se transmuta en energía, que vivió en un soporte o en un acto artístico, casi inconsciente, con el corazón tranquilo, mente acallada, cuerpo flexible, lista para fluir en sus movimientos por el cuerpo. El de la vida, que está constantemente en movimiento, en el ahora.

Caminar es un acto poético. Es un ritual que nos lleva a la serenidad, calma y silencio, en un estado de contemplación consciente. Esta serenidad nos hace encontrarnos a nosotros mismos, nos permite entrar a un ritmo de movimiento físico y síquico, en el que a veces encontramos respuestas o solo nos purificamos con la respiración. Y nos permite reflexionar que es necesario conectarnos con el paisaje en —y desde— la naturaleza, sensibilizarnos y conectarnos con el misterio, ese que nos motiva el deseo de vagabundear y buscar en esa especie de deriva nuestro propio lenguaje, para expresarlo en una obra de arte, y así poder transmitir en forma más asertiva nuestra intención. Es la de encontrar las bondades de la naturaleza: su sabiduría “el espíritu poético, el espíritu que empuja a alguien a seguir las vías del universo y convertirse en amigo de los sucesos de las estaciones” (Lira, 2013, s/p) es la marca de pureza del gran arte.

CAPÍTULO V: REFERENTES PLÁSTICOS ORIENTALES DEL PAISAJE NATURAL