Chapter 3: Methodology
3.7 Data Analysis
Para Ruiz de Gaúna la profesionalización de la enseñanza “no es un evento espontáneo o un estadio de gracia en el que se halla una ocupación. Más bien, describe puntos a lo largo de un continuo, representando el grado en el que los miembros de una ocupación comparten un cuerpo común de conocimiento y utilizan estándares compartidos de práctica en el ejercicio de ese conocimiento (...) permitiendo que socialmente sea aceptada más como profesión que como simple oficio. (Ruiz de Gaúna, 1997, pág. 303); y Darling-Hammond sobre este mismo tema asume que “la profesionalización no constituye el estado final al que se encaminan las ocupaciones, sino que es más bien un proceso continuo en persecución de un ejercicio útil y responsable de la misma”. (Darling-Hammond & Bensford , 2005, pág. 375)
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Hablar de la profesión docente es algo complejo, puesto que se trata de un tema donde se considera aspectos teóricos y también metodológicos, con diferencias en las formas de estudio, el uso del discurso, pero sobre todo en conocer la manera de enseñar en contextos institucionales específicos, pero ¿la enseñanza está bien estructurada en las organizaciones educativas?, ¿se la administra correctamente?, ¿se requiere de verdaderos profesionales al frente de las aulas? ¿POR QUÉ PROFESIONALIZAR LA ENSEÑANZA?
Las sociedades son testigos de una serie de problemas en el campo educativo puesto que siempre pasan bajo la presión del entorno social, político, económico y de la globalización en general que obliga a cada centro de estudios a ser más productivo y más competitivo para la construcción del saber y para la formación de nuevos capitales humanos, es por eso que en cada gobierno de todos los países en cada periodo se establecen reformas semiprofundas o profundas en sus sistemas académicos. Por ejemplo, desde un punto de vista socioeducativo, en Quebec - Canadá los cambios se guían por cinco grandes desafíos sociales, que se pueden presenciar en su portal web:
Responder a los altos índices de deserción escolar y así favorecer la perseverancia y el éxito escolar para el mayor número de alumnos posible.
Asegurar la equidad social e igualdad de oportunidades a fin de concretizar los valores que caracterizan a la sociedad.
Instaurar aprendizajes socialmente útiles, aprendizajes que respondan a la preocupación de una mejor preparación para la vida.
Mejorar la calidad y la eficacia de la enseñanza con el objeto de elevar los niveles medios hasta ahora alcanzados.
Fortalecer las relaciones escuela-comunidad-familias con el fin de apoyar los aprendizajes de los alumnos. (Canadá, Gobierno de Québec, 1994)
El problema del fracaso de los estudiantes han hecho menester y urgente la necesidad de profesionalizar la enseñanza, transformándola, haciendo que la educación sea siempre adaptable a los frecuentes cambios sociales. ¿Cómo se lo realiza, si ahora se sabe que es imposible mejorar y hacer compatible a la escuela con la sociedad?. No se puede garantizar un éxito escolar si no se cuenta con un verdadero profesionalismo docente. Ha sido solo en los últimos años que la acción del maestro en su proceso de formación ha cobrado importancia en los planes de reformas educativas; “la formación docente es la piedra angular de toda reforma exitosa y seria. La calidad de la enseñanza pasa primeramente por la formación de profesores competentes.” (Canadá, Gobierno de Québec, 1994) Por ende y por lógica pura
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los profesores sí influyen directamente sobre el rendimiento académico estudiantil. En esta virtud resulta un punto clave la profesionalización docente.
Este proceso exige tamaña transformación no solo del currículo de formación sino en los fundamentos en los distintos niveles educativos, también exige índices de actualización periódica de contenidos y análisis de los problemas, condiciones y experiencias para producir saberes. Muchos docentes son en parte incompletos, algunos gozan del conocimiento de la materia, otros del talento, la sensatez o la experiencia, otros de la intuición o la cultura, piensan o pensamos que con solo con pocos de estos atributos estaríamos prestos para el arte de enseñar.
La profesionalización depende en gran medida del currículo para el desarrollo profesional docente que, para el parecer de (Raisky, 1993), insiste en la necesidad de seguir la lógica de la acción y romper con la división tradicional de las disciplinas en tres bloques de enseñanza: las disciplinas científicas y generales, las disciplinas tecnológicas y finalmente la práctica. Este autor además menciona entre otras cosas que los saberes profesionales no son ni la relación de saberes prácticos, saberes técnicos, saberes científicos, pero sí son saberes considerados por un accionar en donde existen finalidades y valores.
Por lo tanto, los cambios principales de nuestras sociedades piden de nuevas prácticas de enseñanza, se fundamentan en un nuevo aprendizaje en donde la utilización estratégica y no rigurosa de los conocimientos, el rol del docente como mediador y no como transmisor, y el alumno en un proceso constructivista de soluciones, hacen de la educación un evento como siempre sistemático, pero también basado en el auto análisis para la construcción o reconstrucción de nuevas formas de enseñar, esto implica que, los problemas que atrae el enseñar a enseñar deben ser analizados desde distintos frentes, con un carácter interdisciplinario y transdisciplinario, con un sentido de servicio que busque incrementar la inteligencia crítica de los alumnos.
Los profesionales de la enseñanza deben constituirse en un modelo de responsabilidad, autónomo, crítico, investigador de conocimientos y procesos, un poseedor de múltiples competencias a servicio de la sociedad en formación.
1.2.2.7. La capacitación en niveles formativos, como parte del desarrollo