Chapter 3 Methodology and Analysis
3.2 Main study Procedure
3.2.1 Data collection and Analysis
Una historia de los modos de leer debe identificar las disposicio- nes específicas que distinguen a las comunidades de lectores y las tradiciones de lectura. En este punto Chartier relativiza la escisión esencial pero rudimentaria entre alfabetizados y analfabetos, entre alta cultura y cultura popular, apuntando que las diferencias no se agotan en estos contrastes tradicionales, sino que es necesario considerar las normas y convenciones de lectura que definen, para cada comunidad de lectores, usos legítimos del libro, modos de leer, instrumentos y procedimientos de interpretación. Así se podrá sopesar las expectati-
novelas y relatos breves anarquistas. Gonzalo Santonja (1993) cita La Novela Ideal,
La Novela Roja y La Novela Proletaria. Dato recogido en http://www.portaloaca.
com/historia/historia-libertaria/1998-literatura-anarquista-novela-y-relato-breve.html
vas e intereses diversos que las comunidades lectoras depositan en la práctica de la lectura (Chartier, 2005b, p. 25).
Mariana di Stefano, en el libro El lector libertario (2013) pone como ejemplo de “comunidad lectora” el anarquismo argentino. La autora lo describe como un grupo que al constituirse define un modo de relacionarse con la cultura escrita. Para di Stefano, los anarquistas portaban un rasgo identitario fundamental: el modo de vivir el vínculo con libros, bibliotecas, periódicos políticos e, incluso, con la palabra impresa del adversario. Las comunidades lectoras determinan prefe- rencias y exclusiones de lecturas, géneros y autores, atribuyen valo- res y funciones a esas lecturas, forman a sus militantes en prácticas interpretativas, fijan apreciaciones sobre los rasgos que debe tener la lengua escrita y sobre todo practican la lectura y la escritura en de- terminados espacios, tiempos, modos y circunstancias. El concepto de comunidad lectora deriva del de comunidad discursiva (Beacco, 2004) y tiene similitudes con el de comunidad interpretativa (Cavallo y Chartier, 2001). Beacco define una comunidad discursiva como un espacio social de cierta regularidad o estabilidad donde se producen, se ponen en circulación y se interpretan discursos.
Los personajes de Rivas pertenecen a comunidades lectoras de- finidas. Esa pertenencia se revela en numerosos detalles, conductas, opciones, reflexiones y actividades que son representadas en los tex- tos. Por ejemplo, en circunstancias de angustia o peligro, la lectura parece constituir una práctica privilegiada para elaborar o mantener un espacio íntimo, privado, de libertad, como el del doctor Da Barca en El lápiz del carpintero:
El doctor Da Barca abrió su maletín y sacó un opúsculo de ta- pas gastadas: Las raíces biológicas del sentimiento estético, por el doctor Novoa Santos. El teniente Goyanes se sentó frente a él. Miró de reojo la cubierta del librito. El doctor seguía leyendo, ig- norándolo adrede. (ELC, p. 149)
Nadie sabía muy bien cuándo dormía el doctor Da Barca. Sus vi- gilias eran siempre libro en mano. A veces caía rendido en el pa- bellón de los enfermos o tumbado fuera, el pecho abrigado por el libro abierto. (ELC, p. 161)
En sus textos Rivas opone dos comunidades lectoras que se dife- rencian por los autores que frecuentan, las revistas que leen y las ideo- logías que propugnan. Este panorama se puede percibir claramente en
Los libros arden mal. Juan Ennis señala (2009, p. 218) que LAM es
una historia de libros y lectores, del orden de los libros y el orden del mundo, articulada en múltiples relatos, que encuentran en un perso- naje o en una escena su punto de partida o llegada, el hilo en el cual se anudan todas las demás tramas de la historia. La consideración me parece muy adecuada para pensar el modo en que el autor gallego dis- pone el mapa de relaciones entre los grupos y espacios que expresan la cultura escrita de una época determinada, los años de la República, en un lugar determinado, La Coruña.
En ese espacio se tejen redes y relaciones entre grupos de artistas populares que practican artes modernas como la fotografía, el circo, el teatro, el cine; deportes populares como el boxeo que practican en la Casa del Sol, donde además del ring funciona un dispensario. El hilo que enhebra las relaciones es, sin dudas, la adhesión a la República Española, período durante el que surgen Ateneos libertarios como El Resplandor, al que pertenece el protagonista de LAM, Hércules (Vi- cente Curtis) y florecen publicaciones: revistas culturales, folletines, novelas. Los adultos acuden a clase en la Escuela Racionalista. Las fiestas populares, como la de Caneiros, tienen un lugar importante en la cohesión de este grupo social. Todos los que pertenecen a esta comunidad son solidariamente responsables ante los ejecutores que arrojan libros a la hoguera. Los libros quemados lo son por alguna de estas razones:
- Sus autores: Federico García Lorca, Rosalía de Castro, Máximo Gorki, Darwin, Manuel Curros Enríquez, Wells…
- Sus títulos: ¿Dios existe?, Los Miserables, Madame Bovary,
Germinal, La conquista del pan.
- Sus propietarios: revelados por los exlibris, los libros que perte- necen a la biblioteca de Santiago Casares Quiroga, líder republicano, que tenía la mejor biblioteca de la ciudad; o los de los ateneos liberta- rios: Antorcha galaica del libre pensamiento, Nueva Era, El Resplan- dor (al que pertenece Curtis), cuyo exlibris tiene un sol que se levanta por encima de las llamas.
- Sus sellos editoriales: se queman sin dudar los libros de la edito- rial Nós, cuyo editor, Ánxel Casal, había sido alcalde de Santiago de Compostela, y los de Tipografía Obrera Coruñesa.
Esta responsabilidad compartida por autores, libreros, editores y propietarios que responden ante el ejercicio del poder por parte de una autoridad que tiene el derecho de censurar, juzgar y castigar ha sido señalada por Ennis:
[S]i la propiedad del texto y la posibilidad de lucro habría sido un beneficio cuyo interés compromete en la historia tanto al autor como al librero, la ‘apropiación penal’ de los mismos, como posi- bilidad del castigo por lo escrito o publicado también alcanzará a ambos. (2009: p. 212)
Por otra parte, también hay referencias a autores, revistas, grupos culturales, de la otra comunidad lectora: la de los que ejercen el poder, la de los censores. Toda práctica de censura necesita de individuos que también pertenezcan a la cultura escrita. Darnton (2014) señala que la lectura es un aspecto esencial de la censura y que esta no pue- de descartarse simplemente como una burda represión ejercida por burócratas ignorantes. Una de las escenas de LAM muestra a Samos leyendo continuamente libros que incluso extrae de la hoguera. Sa- mos lee a Schmidt y a Heidegger y duda ante la posibilidad de salvar un ejemplar de Seis poemas gallegos porque en el futuro podrían ser una rareza.