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Research Methodology 3.1 Introduction

3.5 Data collection method

3.5.2 Data Collection procedures

¡Qué patrón tan excelente para una oración eficaz! La oración es corta, sólo tiene veintisiete palabras en hebreo, y completa. Además, la simple petición de Asá contiene tres componentes destacados de una oración eficaz:

1. Comenzó con apropiadas palabras de alabanza: “Señor, sólo tú puedes ayudar al débil y al poderoso”. La alabanza nos predispone a orar.

2. Expuso la petición de forma clara y sucinta. “Ayúdanos, Señor y Dios nuestro”.

3. Le dio a Dios las razones por las que esperaba que contestase, en su caso cuatro razones. Primera, Judá estaba dependiendo de Dios, no de ellos mismos o de ningún otro: “porque en ti confiamos”. Segunda, Judá estaba representando a Dios en esta causa: “en tu nombre hemos venido contra esta multitud”. Tercera, Israel le pertenecía y estaba aliado con Dios: “¡Tú, Señor, eres nuestro Dios!”. Cuarta, finalmente la batalla era del Señor: “¡No permitas que ningún mortal se alce contra ti!”.

Funcionó, y más aún. Dios oyó la oración de Asá y le dio una respuesta milagrosa, mucho más grande y abundante de lo que había pedido o pensado.

El Señor derrotó a los cusitas cuando éstos lucharon contra Asá y Judá. Los cusitas huyeron, pero Asá y su ejército los persiguieron hasta Guerar. Allí cayeron los cusitas, y ni uno de ellos quedó con vida, porque el Señor y su ejército los aniquilaron. Los de Judá se llevaron un enorme botín, luego atacaron todas las ciudades que había alrededor de Guerar, las cuales estaban llenas de pánico ante el Señor, y las saquearon, pues había en ellas un gran botín. Además, atacaron los campamentos, donde había mucho ganado, y se llevaron una gran cantidad de ovejas y camellos. Después de eso, regresaron a Jerusalén.

2 CRÓNICAS 14:12-15

Dios envió tal terror sobre los cusitas que corrieron despavoridos antes de que comenzara la batalla. La Biblia no relata la manera exacta en que Dios lo hizo, eso es algo que descubriremos en el cielo cuando veamos la película en el “Cine Usted Estaba Allí”. Quizá envió un ejército de ángeles

resplandecientes que les cegaron al amanecer. Quizá Dios habló con voz de trueno. Quizá pintó un millón de imágenes diferentes de sus pesadillas secretas en los lienzos de sus mentes. Será divertido saber cómo fue.

Tenían demasiado miedo de luchar y fueron derrotados por el ejército de Judá. Lo único que Asá y sus hombres tuvieron que hacer fue perseguirles. Sorprendentemente, el enorme ejército etíope había sido completamente conquistado por el reducido ejército de Asá.

Sin embargo, Dios no sólo les dio la victoria, sino también un botín prodigioso. Los de Judá tomaron lo que los cusitas dejaron al huir y también saquearon los pueblos filisteos que cometieron el craso error de albergar a esos cusitas. Además de todo esto, Judá pudo derrotar y desplumar los ricos campos de los pesados pastores nómadas que habían estado siguiendo al ejército cusita vendiéndoles ovejas, cabras y camellos.

¿Se imagina lo emocionados y felices que estaban todos cuando las tropas victoriosas marcharon de regreso a Jerusalén con los preciosos tesoros y el abundante botín? No sólo se libraron de una posible aniquilación y una esclavitud segura, sino que eran libres. El margen de victoria era mínimo, pero aplastaron totalmente a su oponente.

La oración de Asá fue más que eficaz. Fue milagrosa, poderosa, liberadora y ricamente potente.

De modo personal

1. Puede sintonizar con el poder de Dios pidiendo ayuda. Considere la historia del profeta Jonás, que estaba huyendo de Dios. Cuando fue arrojado desde un barco en medio de una terrible tormenta, tuvo delante de él dos opciones: ahogarse u orar. Oró y le pidió ayuda a Dios: “En mi angustia clamé al Señor, y él me respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi clamor” (Jonás 2:2).

Dios envió un gran pez para tragarse a Jonás. El pez salvó la vida de Jonás y le llevó donde se supone que debía haber ido desde el primer momento: la malvada ciudad de Nínive.

Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el vientre del pez. Dijo: «En mi angustia clamé al Señor, y él me respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi clamor … Entonces el Señor dio una orden y el pez vomitó a Jonás en tierra firme.

JONÁS 2:1-2, 10

Navegar por el mar dentro de un gran pez no debió de haber sido la forma más lujosa de viajar, y ser vomitado no es la manera favorita de hacer la entrada en cualquier lugar. Pero para un hombre que debería estar muerto no debió de resultar tan malo. ¡Sintonice con el poder de Dios y sálvese!

2. Hacer la oración de Asá puede terminar en una respuesta mucho mayor y más abundante de lo que usted podría haber pedido o pensado. Acuérdese de Daniel el profeta, que pasó casi toda su vida como exiliado en Babilonia. Cuando Daniel descubrió que su compromiso con Dios le llevaría a ser arrojado al foso de los leones, le pidió ayuda a Dios: “Cuando aquellos hombres llegaron y encontraron a Daniel orando e implorando la ayuda de Dios” (Daniel 6:11).

Dios respondió la oración de ayuda de Daniel y le dio, como resultado, muchas bendiciones. En primer lugar, Daniel fue milagrosamente protegido de los leones. Le dijo al rey: “Mi Dios envió a su ángel y les cerró la boca a los leones. No me han hecho ningún daño, porque Dios bien sabe que soy inocente.” (Daniel 6:22). Además, los enemigos de Daniel fueron destituidos

y el rey pagano Darío glorificó al Señor contando el testimonio de Daniel a toda la nación.

«¡Paz y prosperidad para todos!» He decretado que en todo lugar de mi reino la gente adore y honre al Dios de Daniel.» Porque él es el Dios vivo, y permanece para siempre. Su reino jamás será destruido, y su dominio jamás tendrá fin. Él rescata y salva; hace prodigios en el cielo y maravillas en la tierra. ¡Ha salvado a Daniel de las garras de los leones!».

Fue así como Daniel prosperó durante los reinados de Darío. DANIEL 6:25-28

3. Si usted necesita ayuda hoy, Dios está escuchando. Los Salmos están llenos de ejemplos de oraciones de supervivencia. Observe la palabra “ayuda” en cada uno de estos versículos.

Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar.

SALMO 46:1-2

A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra.

SALMO 121:1-2

Señor de mi salvación, ¡ven pronto en mi ayuda!

SALMO 38:22

Por favor, Señor, ¡ven a librarme! ¡Ven pronto, Señor, en mi auxilio!

SALMO 40:13

Cuando yo te pida ayuda, huirán mis enemigos. Una cosa sé: ¡Dios está de mi parte!

SALMO 56:9

Apresúrate, oh Dios, a rescatarme; ¡apresúrate, Señor, a socorrerme!

SALMO 70:1

Dios!

SALMO 70:5

Oh Dios y salvador nuestro, por la gloria de tu nombre, ayúdanos; por tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados.

SALMO 79:9

Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, creador del cielo y de la tierra.

SALMO 124:8

¿Necesita ayuda hoy? Pídasela a Dios. Él está escuchando. Él puede dársela y está dispuesto a hacerlo.