Research Methodology 3.1 Introduction
3.5 Data collection method
3.5.3 Testing validity and reliability in measurement
N
EHEMÍAS1:11
Quizá usted sepa exactamente lo que tiene que ocurrir y dónde necesita que Dios obre. No obstante, puede que Dios obre primero a través de alguien que esté en autoridad sobre usted. Esa persona podría ser un oficial del gobierno, maestro, pastor, ¡o quizá incluso su jefe, entrenador, padre o cónyuge! Pero para conseguir lo que usted necesita, Dios tiene que mover sus corazones para que le ayuden.
Como copero del rey Artajerjes, Nehemías ocupaba una posición de mucha responsabilidad; sin embargo, anhelaba estar a mil kilómetros de distancia, con su pueblo en la ciudad destruida de Jerusalén. Se encontraban ante una posible aniquilación, y Nehemías necesitaba regresar para reconstruir las murallas de la ciudad. Más concretamente, ¡necesitaba tres años de excedencia laboral y suministros necesarios para reconstruir un muro alrededor de toda la ciudad de Jerusalén! Sin embargo, primero tenía que producirse un cambio enorme en el corazón del hombre en autoridad, el cual era el rey Artajerjes. El superior de Nehemías, un no creyente, tenía la desagradable reputación de cortarles la cabeza a los subordinados que le defraudaban. El hecho de que Nehemías entrara en el despacho oval del rey y le pidiera una excedencia y materiales de construcción sería como firmar su propia sentencia de muerte. ¿Qué podía hacer?
Si lee la historia de Nehemías, encontrará a un hombre que sistemáticamente convertía sus problemas en oraciones.
Vivía en base al consejo: “Ora cuando los problemas te atribulen”. Le vemos convirtiendo sus problemas en oraciones en casi cada uno de los doce capítulos del libro que lleva su nombre (Nehemías 1:5-11; 2:5; 4:4-5, 9; 5:19; 6:9-14; 9:32; 13:14, 22, 29, 31). Así pues, cuando se enteró de la necesidad que había en Jerusalén, hizo lo que hacía siempre, o sea, llevar ese problema ante Dios. Su oración, una de las más eficaces de la Biblia, es un seminario sobre cómo orar. Veamos lo que podemos aprender de él.
Dios es la alabanza. La alabanza y la gratitud son puertas de entrada a la presencia de Dios (véase Salmo 100:4). También menciona la perspectiva de que el Dios a quien él se dirige sabe cumplir su pacto. La importancia de esto se aclara más a medida que transcurre la oración.
Le dije: Señor, Dios del cielo, grande y temible, que cumples el pacto y eres fiel con los que te aman y obedecen tus mandamientos. NEHEMÍAS 1:5
Nehemías no oró una sola vez y se fue, sino que llevó sus cargas a Dios repetidamente, día y noche. Quizá pasaron semanas o incluso meses desde que empezó a orar por la súplica de Jerusalén hasta que Dios le concedió su petición.
Jesús hizo una promesa cuando dijo: “seguid pidiendo y se os dará” (una traducción literal de Mateo 7:7). También nos anima a ser persistentes en nuestras oraciones como el amigo que llegó a medianoche (Lucas 11:5-10) y la viuda que le rogó insistentemente al juez injusto (Lucas 18:1-8).
Te suplico que me prestes atención, que fijes tus ojos en este siervo tuyo que día y noche ora en favor de tu pueblo Israel.
NEHEMÍAS 1:6
Nehemías después entró en un tiempo de evaluación y confesión de pecados. Como el pecado crea una barrera entre Dios y nosotros (Isaías 59:1- 2), esto anula la obligación de Dios de oír y responder a la oración (Salmo 66:18), así que Nehemías confesó sus pecados.
Confieso que los israelitas, entre los cuales estamos incluidos mi familia y yo, hemos pecado contra ti. Te hemos ofendido y nos hemos corrompido mucho; hemos desobedecido los mandamientos, preceptos y decretos que tú mismo diste a tu siervo Moisés.
NEHEMÍAS 1:6-7
Observe que Nehemías confiesa no sólo sus propios pecados sino también los de su pueblo. La gran petición que va a hacer no es algo solamente suyo. Si Dios decía “Sí” a la petición de Nehemías, la respuesta sería una bendición para todo el pueblo de Dios.
había prometido que el pueblo sería esparcido por la desobediencia, y así había sido. También prometió que ellos regresarían mediante la obediencia. Esta era la clave de la expectación de Nehemías: que Dios actuara a su favor, y que Dios tuviera un corazón blando para con su pueblo en el que tanto había invertido ya.
Recuerda, te suplico, lo que le dijiste a tu siervo Moisés: “Si ustedes pecan, yo los dispersaré entre las naciones: pero si se vuelven a mí, y obedecen y ponen en práctica mis mandamientos, aunque hayan sido llevados al lugar más apartado del mundo los recogeré y los haré volver al lugar donde he decidido habitar”. Ellos son tus siervos y tu pueblo al cual redimiste con gran despliegue de fuerza y poder.
NEHEMÍAS 1:8-10
Los que tienen destreza en el arte de la intercesión aplican la importancia del oportuno uso de las promesas de Dios. Hay cientos de promesas en la Biblia, una para cada necesidad. Reclamarlas en oración y recordarle a Dios sus promesas nos da confianza cuando oramos.
Cuando los israelitas escaparon de Egipto y vagaron por el desierto, se rebelaron contra Dios. Dios le dijo a Moisés que les destruiría (Éxodo 32:7- 10); sin embargo, Moisés imploró las promesas que Dios le había hecho a Abraham, a Isaac y a Israel (Éxodo 32:11-13). ¡La apelación de Moisés funcionó! Dios se ablandó y perdonó a toda la nación (Éxodo 32:14;
Salmo 106:23).
Nehemías fue directo al grano y ofreció su petición:
Señor, te suplico que escuches nuestra oración, pues somos tus siervos y nos complacemos en honrar tu nombre. Y te pido que a este siervo tuyo le concedas tener éxito y ganarse el favor del rey.