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Diagram 4 Summary of the study’s findings

4.7 Data collection procedures

Conocer la audición y su minucioso funcionamiento resulta oportuno para comprender mejor lo que sucede cuando este detallado sistema, por el motivo que sea, no se encuentra en condiciones que permitan el acceso a los sonidos del entorno. Lo anterior sensibiliza a los profesionales de la educación y a los que actúan en el campo de la intervención psicoeducativa a interesarse, atendiendo a las implicaciones que la pérdida auditiva conlleva en la formación integral, por la imperante necesidad de encontrar el abordaje ideal para cada infante, niño o niña que la posee.

2.1.1 Funcionamiento del sistema auditivo

La función del sistema auditivo es recibir las ondas sonoras del entorno físico y traducirlas en señales eléctricas que son enviadas al cerebro para su discriminación e identificación. La onda sonora es recibida por la oreja y viaja a través del conducto auditivo externo hasta llegar al tímpano o membrana timpánica. Esta membrana vibra debido al movimiento de las ondas sonoras y al hacerlo genera una serie de movimientos mecánicos encadenados en los huesecillos (martillo, yunque y estribo) situados en la cavidad del oído medio. La vibración del estribo contra la ventana oval de la cóclea genera el movimiento del líquido que se encuentra en el interior de la misma, dando inicio al proceso de discriminación auditiva. Esta función se atribuye en primera instancia a las propiedades únicas y evolucionadas de una finísima estructura que recorre la cóclea llamada membrana basilar, la cual tiene una distribución tonotópica, es decir, que las frecuencias se distribuyen de manera ordenada a lo largo de la misma. (Véase Fig. 2.1)

La información auditiva es enviada desde las sinapsis de las células ciliadas (células nerviosas) situadas en la membrana basilar de la cóclea hasta la corteza auditiva temporal (cerebro) a través de la vía auditiva (octavo par craneal), pasando antes por varios relevos intermedios (ganglio espiral, núcleos cocleares, núcleo olivar superior, colículo inferior y núcleo geniculado medial) situados principalmente en el tronco cerebral y el tálamo (Véase figura 2.2)

Figura 2.2 Representación de la vía auditiva

Nota: Adaptado de John Wiley and Sons, Inc. All Rights Reserved.

A diferencia de lo que sucede en otros sistemas de, cuerpo humano, en los que la transmisión de la información es contralateral, la información auditiva se distribuye, desde el momento en el que el estímulo abandona el núcleo coclear, hacia ambos lados del cerebelo combinándose con la información proveniente del oído contralateral a la altura de la oliva superior. Cualquier mínima diferencia temporal o de intensidad en el sonido es lo que permite al cerebro reconocer la localización del sonido en el espacio. La información auditiva es procesada por su tono, intensidad y localización en cada una de estas estaciones de relevo, para después ser interpretada como música, lenguaje, u otro tipo de respuesta sonora en la corteza cerebral.

2.1.2 Evolución de la función auditiva

En contraste con el sentido de la vista, al momento del nacimiento ya existen preferencias por parte del bebé para estímulos sonoros complejos como la música, el habla entonada y el habla materna. Parte de esta preferencia se debe a que al nacer el lactante ya cuenta con 12 semanas aproximadas de experiencia auditiva. Lo anterior sugiere que, siguiendo a Eliot (2000), “la estimulación auditiva comienza antes del nacimiento y que aquello que los bebés escuchan en el vientre materno tiene mayor impacto en su desarrollo del que creemos”.

El sistema auditivo comienza a formarse alrededor de las 3 semanas de gestación, momento en el que aparecen las primeras neuronas auditivas. A partir de dicho suceso el embrión sufre una serie increíble de transformaciones para dar lugar a las estructuras de la cóclea, nervio auditivo, núcleos auditivos y conexiones neuronales de modo que al momento del parto el sistema está completamente formado, exceptuando las fibras auditivas talámicas las cuales se encontrarán completamente mielinizadas a los dos años de edad. La mielinización de las fibras nerviosas es importante para la velocidad de conducción de la señal auditiva.

La audición permite un primer acceso al mundo. A pesar de la evolución que esta vía ya presenta al momento de nacer, un recién nacido tiene el umbral de audición más alto que los adultos, por lo cual es casi insensible a los sonidos de baja intensidad, de la misma manera en que el rango de tonos que pueden escuchar es limitado, siendo capaces de discriminar las frecuencias bajas mejor que las frecuencias altas. Los recién nacidos, no son capaces de distinguir los rasgos finos de las palabras, siendo sensibles a los aspectos prosódicos (melodía y entonación) del lenguaje, y no pudiendo aún localizar los sonidos, mientras que, en caso de detectarlos, necesitan que el estímulo se mantenga durante varios segundos debido a que reaccionan de manera lenta. Poco a poco, al madurar, la audición del bebé se afina de modo que, a los seis meses, la percepción de las frecuencias altas ya es mejor que la de las frecuencias bajas, aspecto fundamental para el reconocimiento de los sonidos del lenguaje y la comprensión del mismo. La capacidad para localizar comienza entre el 4º y 5º mes de nacido, sin embargo, dicha habilidad se perfecciona de manera continua hasta que los niños y niñas tienen 7 años de experiencia auditiva. En cuanto a la discriminación, un bebé necesita el doble de tiempo que un adulto para discriminar, mientras que a los seis años este tiempo ya se ha reducido a la mitad. Es importante mencionar que, en el caso de los infantes, la discriminación es significativamente mejor en entornos silenciosos que en ambientes de ruido.

En el marco del proceso auditivo señalado, cabe especificar que, aunque la audición comienza muy temprano en el desarrollo del niño, ésta madura gradualmente de manera paralela al lenguaje. En este sentido, “las experiencias tempranas de los niños con el habla y la música son tremendamente importantes en la conformación de aspectos superiores de la función cerebral incluyendo las emociones, el lenguaje y otras habilidades cognitivas” (Eliot, 2000). Este hecho

permite comprender que, en relación con la plasticidad y los períodos críticos evolutivos, “a pesar de que el desarrollo auditivo es más plástico durante la vida prenatal y primera infancia, se mantiene maleable a través de los años preescolares y los primeros años de la escolaridad básica” (Eliot, 2000).