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La colonia Tierra Prometida se encuentra en el Departamento de Alto Paraná en el distrito de Itakyry a unos 120 kilómetros al noroeste de Ciudad del Este, la capital departamental. La colonia ocupa una superficie de unas 1200 hectáreas de tierra, la cual está dividida en 96 lotes familiares de diez hectáreas cada uno y una reserva natural de 82 hectáreas de bosque virgen en el centro. Actualmente en la colonia viven un poco más de cien familias y se aproxima la población total a 550 personas.

Dentro de la comunidad la población está asentada en dos grupos, conectados por el camino principal de la colonia que atraviesa la comunidad corriendo de norte a sur y pasando por el medio de la reserva. La parte del sur fue colonizada originalmente por un grupo proveniente del distrito de Santa Rosa, Departamento de Misiones; al norte, llegó un grupo de campesinos de los distritos de Quyquyho y Acahay del Departamento de Paraguarí. Actualmente, miembros de la comunidad siguen refiriéndose a estas dos agrupaciones distintas por el nombre del lugar de origen de sus fundadores, es decir “Misiones” y “Quyquyho/Acahay”.

En cada parte hay una concentración “urbana” que consiste en sitios residenciales de un cuarto de hectárea cada uno, y donde están ubicadas las dos iglesias y las dos escuelas primarias de la comunidad. Originalmente los centros urbanos fueron diseñados para concentrar la población geográficamente, y así facilitar la llegada de la luz eléctrica. Pero con el tiempo, cansadas de las largas caminatas que separaban la casa de la chacra, las familias construyeron sus

viviendas en sus lotes agrícolas y abandonaron o vendieron sus sitios urbanos.

Aunque los que tienen lotes agrícolas más cercanos a los centros urbanos siguen ocupando sus sitios, en otros, viven familias que han llegado a la colonia en los últimos años y que no tienen otras tierras en el lugar.

Aunque la comunidad pertenece al distrito de Itakyry, la conexión vial con esta ciudad es poco fiable; el camino es de tierra, frecuentemente intransitable, y los colonos insisten en que se ha vuelto peligroso por la presencia de narcotraficantes en la zona. El acceso principal a la colonia es a través de un camino de 30 kilómetros que parte de la supercarretera y discurre entre Ciudad del Este y Salto del Guairá, dos kilómetros al norte de Minga Porã. Este camino también es de tierra, y se vuelve intransitable en épocas de lluvia. Existe un tercer camino de tierra que sale de la comunidad hacia el norte, pasando por la colonia cercana de Nueva Conquista y eventualmente conectando con la ruta nacional No. 10 a unos 45 kilómetros de distancia.

La colonia está rodeada en tres de sus frentes por grandes propiedades dedicadas a la ganadería extensiva y al monocultivo de la soja. El límite norte de la colonia linda con la reserva Y Porã Poty, del pueblo originario ava guaraní, donde los indígenas arriendan entre 80 y 100 hectáreas para el cultivo de soja a productores brasileños de la Cooperativa de Santa María (COOPASAM).

Al este, la comunidad linda con la Estancia San Marcos, de más de mil hectáreas, y otra menor de unas 80 hectáreas, también de propietario brasileño.

Al sureste, la Estancia Chemin, de dueño brasileño, se dedica a la ganadería extensiva y ocupa más de mil hectáreas. Al sur se encuentra la propiedad del brasileño Roberto Santini, quien cultiva soja como cultivo principal en casi la totalidad de sus 560 hectáreas, mientras que al oeste la comunidad colinda con la Estancia Aguas Blancas, productora de soja y ganado en sus más de mil hectáreas.

El Departamento de Alto Paraná, históricamente ha sido el centro de la agricultura industrial y la producción sojera en el país –éstas estrechamente vinculadas al flujo de inmigrantes que recibió

de los estados del sur brasileño– y sigue siendo el Departamento que más soja produce. En verano, en los 100 kilómetros de carretera y camino entre Hernandarias y la colonia Tierra Prometida, só lo un puñado de plantaciones de eucalipto se interpone entre el viajante y el horizonte de verde ininterrumpido de la soja.

1.1 Notas históricas

La colonia Tierra Prometida se fundó entre los años 1989 y 1990 en tierra cedida por el entonces Instituto de Bienestar Rural (IBR). El grupo de fundadores de Quyquyho y Acahay consiguieron la ayuda del Comité de Iglesias para Ayudas de Emergencia (CIPAE) para acceder a las tierras de la reforma agraria, pero como sus miembros no eran suficientes para ocupar una colonia entera, a través de la citada institución fueron reunidos con cuarenta familias de Santa Rosa, Misiones, para completar la colonización.

El nombre de la colonia refiere a la promesa de tierras que recibieron del Comité, ya desde antes de la caída de la dictadura stronista52, promesa que eventualmente se cumplió. Anteriormente las tierras pertenecían a la empresa La Industrial Paraguaya y fueron explotadas para la extracción de maderas y yerba mate. En el momento de la llegada de los/las pioneros/as, más de 45 kilómetros separaba la comunidad del camino más cercano, y las primeras calles y chacras fueron marcadas en llanos del monte macizo.

Con el ingreso de la soja mecanizada en la colonia, a mediados de los años noventa, y la soja transgénica unos años después, la colonia en general, pero particularmente la parte de Misiones, sufrió una rápida despoblación, precipitada por la venta de lotes de familias que habían entrado en deuda para cultivar soja. No obstante, miembros de la comunidad afirman que la colonia ha resistido mejor

52 El general Alfredo Stroessner mantuvo un régimen dictatorial militar-civil en el Paraguay a partir de un golpe de Estado en 1954, quedándose en el poder hasta 1989, 35 años de gobierno. Tuvo dos instituciones sostenedoras de su mandato, las Fuerzas Armadas y el Partido Colorado. Su conducción del país se integró, desde 1975, al Operativo Cóndor, en sinergia con los demás regímenes dictatoriales del continente.

que otras en la zona, señalando Nueva Conquista y Limo’y, colonias actualmente donde casi no quedan campesinos paraguayos.

1.2 Economía local

La principal actividad económica en la comunidad sigue siendo la agricultura de subsistencia, aunque en algunos casos los campesinos logran vender algo del excedente de sus chacras, o dentro de la comunidad o a los macateros53 que vienen esporádicamente para comprar.

La agricultura comercial se limita casi exclusivamente a la producción mecanizada de la soja, ya que casi no existen otros cultivos de renta en la comunidad. Hay algunas fincas que cultivan unas hileras de Ka’a He’e (stevia), que venden a Gs. 5.000 el kilo.

Debido a las exiguas extensiones que este cultivo ocupa, no se le puede considerar una fuente primaria de ingreso. La producción de pequeños animales para la venta figura en las estrategias económicas de las familias de Tierra Prometida; chanchos y gallinas, y en menor medida novillos son criados para la venta.

Otra vez, los macateros suelen ser los principales compradores, debido a las dificultades que los colonos enfrentan para hacer llegar sus productos a mercados más alejados.

La producción de soja se da de dos formas distintas en la colonia, pero en los dos casos, son los productores brasileños, miembros de la Cooperativa de Santa María (COOPASAM), quienes controlan la producción.

Lo más común es que la familia arriende una parte de su lote (normalmente entre cinco y ocho hectáreas) a los productores de soja, quienes disponen de la maquinaria y los insumos agrícolas (fertilizantes químicos, herbicidas, pesticidas y semillas transgénicas) para llevar adelante el cultivo. Este cultivo está seguido por una rotación anual de otros, como el maíz y después el trigo o avena en el invierno. En los contratos de arriendo, el campesino recibe un porcentaje de la venta de la cosecha, de 25 a 28% de soja y en

53 Vendedores que visitan las comunidades con el objetivo de la compra-venta de mercaderías.

unos casos hasta 8% de la cosecha de maíz, aunque en muchos casos el maíz no está incluido en el contrato, al igual que el cultivo de invierno que es de “cobertura” y no comercial.

Ingresos provenientes del arrendamiento irían de Gs. 800.000 a 1.2 millones por hectárea por año. Contratos de arrendamiento también existen por un monto fijo, que va de Gs. 500.000 a 1 millón por hectárea por año. En algunos casos existen contratos a largo plazo con el arrendatario, pagando Gs. 6 millones por hectárea por el uso de la tierra durante cinco años.

En la segunda forma de producción de soja, los campesinos se encargan de cultivarla, aunque sin excepción, la producción depende de la compra de insumos del silo de COOPASAM y el alquiler de servicios (uso de maquinaria para la siembra, cosecha y fumigación) de los productores brasileños.

En la comunidad existen pocas posibilidades laborales. Aunque algunos campesinos trabajan en entes públicos (oficinas de la Administración Nacional de Electricidad-ANDE) y otros hacen changas con algo de regularidad en las estancias ganaderas cercanas, la mayor fuente de ingreso por trabajo fuera de la chacra proviene de la producción de carbón.

Hombres y jóvenes, tanto de Tierra Prometida como de otras comunidades en la zona, viajan al fondo de la comunidad indígena, donde construyen hornos y talan árboles para la producción carbonera. El transporte, el acopio y eventualmente la venta del carbón están manejados por un ciudadano brasileño de la comunidad.

Los precios pagados a los carboneros fluctúan entre Gs. 3.000 y Gs. 5.000 por una bolsa de 15 kilos. A veces el acopiador vende insumos para la construcción de hornos, víveres y alcohol a los carboneros a crédito, metiéndolos en un ciclo de deuda que conlleva a su continua explotación como mano de obra. Cabe señalar, además, la ilegalidad de la práctica de talar árboles con fines comerciales en las reservas indígenas.

2. La situación del derecho a la alimentación adecuada

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