La Colonia Pirá Verã se ubica en el extremo noreste del distrito de Vaquería, Departamento de Caaguazú, en la Región Oriental del Paraguay (ver imagen 1). Alejada de cualquier centro urbano, la comunidad se encuentra a unos 37 km en línea recta al sureste de Curuguaty (Departamento de Canindeyú), que es la ciudad más cercana, y a unos 47 km al noreste de la sede administrativa del distrito de Vaquería, Caaguazú (ver imagen 2). Viajando por los caminos de tierra que vinculan la comunidad con los centros urbanos, estas distancias se incrementan sustancialmente, contribuyendo a la condición de aislamiento relativo que vive la colonia.
La comunidad ocupa una extensión de tierra elevada, con relación a los humedales que se extienden por los límites norte, este y sur del asentamiento. Al oeste y al suroeste la colonia colinda con tierras pertenecientes al terrateniente Tranquilo Favero y utilizadas para la producción mecanizada de soja, maíz y trigo. Al este y al noreste de la comunidad, cruzando el río Acaray, se encuentra el límite occidental de la estancia agroganadera y reserva natural Campos Morombí, propiedad de Blas N. Riquelme. Al norte, la mayoría de las tierras, incluyendo unas 200 hectáreas que originalmente formaron parte de la colonia54, son sembradas con cultivos mecanizados por el grupo brasileño Agrosen. Al sur de la colonia opera un puñado de
54 Según pobladores entrevistados, estas 200 hectáreas son propiedad de un con- cejal de Vaquería llamado Cano, quien las consiguió a través de una venta ilegal realizada por funcionarios del INDERT. Actualmente se arriendan a Agrosen para el cultivo de soja, maíz y trigo.
pequeños y medianos terratenientes brasileños, quienes también se dedican a la agricultura mecanizada.
La colonia de 2.000 hectáreas es parcelada en 130 lotes familiares, más tierras de reserva comunitaria. Se aproxima la población de la comunidad a unas 650 personas. Cuenta con una escuela construida por los pobladores, que provee educación básica hasta el noveno grado. Hace pocos años que los profesores y las profesoras cuentan con rubros del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). La comunidad ha erigido un centro de salud, pero hasta el momento no cuenta con promotor o promotora de salud. Así, la atención médica más cercana a la comunidad queda en Curuguaty o Caaguazú, distantes 55 km y 135 km respectivamente. Una comisaría de la policía nacional también está presente en la comunidad. La población no cuenta con servicio de agua potable y las familias dependen de pozos propios o compartidos para proveer agua a sus hogares.
Anteriormente, las tierras ahora ocupadas por la colonia, formaron parte de la gran extensión de territorio nacional en poder de La Industrial Paraguaya S.A. y explotadas para la extracción de yerba mate y madera. Durante la dictadura de Alfredo Stroessner las tierras pasaron a manos del coronel Severino Cardozo, quien según pobladores, las cedió al Instituto de Bienestar Rural (ahora INDERT) en los primeros años después de la caída de la dictadura. La colonia Pirá Verã fue establecida como colonia del IBR en el año 1994, y en los primeros años llegaron pobladores de otras colonias más pobladas de la zona, muchos de ellos en forma individual o familias jóvenes que no habían podido acceder a tierras en sus propias comunidades.
En contraste con el paisaje deforestado de la actualidad, los colonos pioneros describen que en esa época las tierras en y alrededor de la comunidad, eran vírgenes y cubiertas con un bosque denso. En los primeros años, los recién llegados se dedicaron a la limpieza de chacras y a la construcción de casas, una iglesia y una escuela; la práctica del jopói o trabajo comunitario, era común en esa época.
Según entrevistados, la conversión de tierras a la agricultura mecanizada en y en torno a la colonia, empezó hace seis o siete años (alrededor de 2005). Desde entonces, se ha experimentado una
creciente despoblación de la comunidad, particularmente en la parte occidental de la colonia, donde las familias han vendido sus lotes irregularmente y han dejado la comunidad. Productores brasileños vinculados a Tranquilo Favero55 compran las tierras, las desmontan y las siembran con monocultivos. Lotes de diez hectáreas se venden por precios entre 20 y 30 mil dólares. Otros pobladores hablaron de U$S 5.000 por lotes titulados en la comunidad. La emigración de la comunidad es particularmente notable entre los y las jóvenes, quienes enfrentan un horizonte muy limitado. No tienen acceso a tierras ni posibilidades de empleo, y si quieren continuar su educación más allá del noveno grado, o recibir una educación terciaria, tienen que irse sí o sí de la colonia, ya que tales oportunidades no existen en las cercanías.
Paralelamente a la venta de lotes y la despoblación general, la comunidad ha experimentado un proceso de creciente concentración poblacional en los lotes retenidos por las familias campesinas. Entrevistados describen varias situaciones de dos o tres familias, vinculadas por lazos de parentesco, compartiendo un lote de diez hectáreas. Por un lado, los altos precios de venta de la tierra presentan un serio obstáculo a los segmentos más jóvenes de la comunidad que buscan comprar tierra propia, y así separarse de la casa paterna. Con más frecuencia, una familia joven al no poder conseguir un lote propio, erige su casa en el lote de un familiar, que subdivide su tierra para acomodarla. Por otro lado, pobladores y pobladoras relataron que varias de las familias que vendieron sus lotes en la comunidad a brasileños, eventualmente regresaron después de no poder arraigarse exitosamente en las ciudades. Estos casos también resultan en la subdivisión de lotes y una creciente concentración de la población campesina sobre menos tierra.
55 Los entrevistados y las entrevistadas describen dos procesos distintos por los cuales Favero acumula tierras. En un caso Favero compra la tierra con dinero pro- pio pero utilizando un prestanombre, a menudo un peón brasileño trabajando en una de sus propiedades. En el otro caso, los peones brasileños compran las tierras propiamente para la producción sojera, pero se endeudan con Favero para des- montar la tierra y para costear los insumos agrícolas. En pocos años, al no poder pagar sus deudas, los peones se ven forzados a vender las tierras al patrón.
Mientras el avance de la agricultura industrial en y alrededor de la comunidad ha traído empleo a algunos pobladores, más notables han sido los efectos sentidos como producto de la degradación ambiental que acompaña la producción intensiva de soja: el desmonte masivo, la contaminación de arroyos y humedales, el drenaje de los humedales, la intoxicación de niños y niñas, también de animales domésticos, y la destrucción de cultivos alimentarios. Además, se menciona la sensación de desintegración social de la comunidad que conlleva el proceso de despoblación. El arrendamiento de tierras familiares para la producción mecanizada fue citado como una de las principales amenazas que la comunidad enfrenta actualmente. Aunque algunos miembros de la comunidad se han reunido varias veces para debatir cómo frenar dicho avance, incluso con autoridades de distintos entes estatales como la Secretaría del Ambiente (SEAM), el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (SENAVE), el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), el Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT) y el intendente de Vaquería, pocos resultados efectivos se han logrado. Las denuncias de intoxicaciones por plaguicidas que se acercaron a las agencias estatales regulativas, como SEAM y SENAVE, han sido recibidas con inacción por parte de sus autoridades.
1.1 Economía local
Aparte de cultivos de autosustento y la cría de animales, las familias cultivaban algodón para la venta. Ahora, esta última activi- dad casi ha desaparecido de la economía local; el sésamo ha emer- gido como el principal cultivo comercial producido por las familias campesinas del lugar. Dada la distancia que separa la comunidad de los centros de acopio y las dificultades que los productores enfrentan para transportar su cosecha, frecuentemente éstos tienen que vender a macateros, que vienen a la comunidad, y así aceptar precios meno- res a los ofrecidos por los centros de acopio.
Algunos entrevistados reportaron vender la semilla de sésa- mo hasta Gs 4.500 el kilo en un buen año, pero los precios por lo ge- neral son menores. Aún bajo condiciones óptimas, el ingreso bruto derivado de un cultivo de sésamo en un año, pocas veces supera Gs.
8 millones, lo equivalente a menos de cinco salarios mínimos men-
suales56. Unos pocos hombres de la comunidad consiguen empleo
en las plantaciones de soja que rodean Pirá Verã, trabajando como tractoristas o cargando la sembradora durante la siembra. Una pobla- dora contaba que su marido trabaja como tractorista para Agrosen y gana el salario mínimo legal de Gs.1.640.000 mensual, y que otros empleados ganan más. Sin embargo, estos casos parecen ser más bien excepcionales, ya que la mayoría de los empleados en los soja- les trabajan como jornaleros, realizando tareas temporales, y pocas veces cuentan con un salario mensual fijo. La producción de carbón, ahora menos importante por la reducción de recursos boscosos en la zona, provee un ingreso mínimo, aunque oportuno para algunas familias de la comunidad. La mayoría de las familias en Pirá Verã reciben ingresos adicionales en forma de subsidio a través del pro- grama Tekoporá de la Secretaría de Acción Social (SAS).
La práctica de arrendar tierras familiares a brasileños, para la producción de soja, está creciendo como una fuente de ingreso alter- nativa. Por lo general, el precio se arregla entre el dueño y el sojero y puede oscilar entre Gs. 500 mil y Gs 1 millón por hectárea al año; pobladores confirman que algunas familias están firmando contratos de arrendamiento por plazos de hasta cinco años.
No obstante, por lejos, la principal actividad económica de la comunidad aún radica en la producción de alimentos para el auto- consumo en la finca familiar; los principales cultivos son el maíz, la mandioca, el poroto, la habilla y el maní, además de hortalizas y fru- tales. Familias en Pirá Verã crían vacas lecheras, chanchos, gallinas, patos y en algunos casos, cabras, tanto para el consumo como para la venta ocasional a macateros.
56 Suponiendo un rendimiento de alrededor de 1.000 kilos por hectárea y una plan- tación entre 1,5 y 2 hectáreas.
2. La situación del derecho a la alimentación en Pirá Verã