2.3 Data and Methodology
2.3.1 Data
Bernstein entiende interacciones entre sujetos, entre agencias y entre discursos como relaciones de poder y control. Ahora bien, lo interesante aquí radica en esa clarividencia a la hora de distinguir entre dos nociones a menudo utilizadas como términos sinónimos.
2 Este matiz es fundamental en la teoría de Bernstein y lo es también en la conceptualización a propósito del posicionamiento de género que hemos asumido aquí. Que la transmisión del conocimiento conforme conciencia no significa que los sujetos involucrados en ello no participen de esta configuración, ni que ésta sea definitiva. Esto resulta decisivo para comprender cuál es la participación que le conferimos a estas agencias sanitarias que contribuyen al proceso de construcción de género.
Para Bernstein (1998) poder y control constituyen categorías analíticas diferenciadas, a pesar de que en el plano empírico devengan confluyentes entre sí. El poder establece las relaciones legítimas entre categorías, prescribe las relaciones legítimas de orden entre determinadas formas de interacción; el control, por su parte, dispone las relaciones dentro de esas forma de interacción3, establece las formas legítimas de comunicación
adecuadas a las diferentes categorías: “El control transmite las relaciones de poder dentro de los límites de cada categoría y socializa a los individuos en estas relaciones”(Bernstein, 1998:37).
Clasificación y enmarcamiento son términos constituyentes del lenguaje de descripción creado por el autor para mostrar cómo se conforman, en la práctica, las relaciones dominantes de poder y control en tanto que formas pedagógicas de comunicación. Esto es, se trata de principios que nos permiten, dentro de la propuesta de Bernstein “recuperar las macrorrelaciones a partir de las microrrelaciones” (Bernstein, 1998:37), ello porque el poder y el control traducidos en principios de comunicación posicionan y oponen grupos de diferentes clases en el proceso de reproducción, lo que significa que hay principios de comunicación dominantes y principios dominados que ubican a los grupos como clases y a su vez los ubican a unos en oposición a otros.
La clasificación queda definida como “el grado de mantenimiento de la frontera o fuerza de aislamiento entre categorías (agencias, agentes, recursos), generado, mantenido y reproducido por el principio de la distribución de poder de la división del trabajo” (Navas, 2008:244), es el grado de separación entre categorías, una separación que goza de sentido en tanto y cuanto es ella la que confiere identidad a las propias categorías. Y ¿Qué es lo que mantiene esta separación? –se pregunta Bernstein (1998)- “Lo que preserva la separación es el poder. Los intentos para modificar los grados de separación ponen de manifiesto las relaciones de poder en las que se basa la clasificación y que ella reproduce” (Bernstein, 1998:38).
Ahora bien, la teoría de Bernstein acepta modulaciones en este aislamiento entre categorías, y son estas variaciones las que nos permiten distinguir entre clasificaciones fuertes y débiles. En el caso de la clasificación fuerte cada categoría tiene su identidad única, su voz única, sus propias reglas especializadas de relaciones internas, el poder,
por tanto, es explícito. En el caso de la clasificación débil, tenemos discursos menos especializados, identidades menos especializadas, voces menos especializadas, en este caso las relaciones de poder se presentan de forma implícita, ahora bien no por ello dejan de estar presentes. La separación se refiere al exterior, al orden social, y al interior, al orden interno del individuo; en el plano externo el principio clasificatorio crea orden, y las contradicciones, divisiones y dilemas inherentes al principio de clasificación quedan suprimidos por la clasificación. En el interior del individuo, la separación se convierte en un sistema de defensas psíquicas contra la posibilidad de que se debilite la separación, que pondría de manifiesto las contradicciones, tensiones y conflictos suprimidos. El enmarcamiento se define como “el grado de mantenimiento o de aislamiento entre las prácticas comunicativas de las relaciones sociales generado, mantenido y reproducido por los principios de control social (…) El enmarcamiento regula las reglas de realización específicas para producir textos (prácticas) específicos del contexto” (Navas, 2008:245). El enmarcamiento se refiere a las relaciones entre los/las que trasmiten y los/las que adquieren el conocimiento, relaciones en las que los/las adquirientes hacen suyos los principios de comunicación legítima.
Cuando el enmarcamiento es fuerte, la persona que transmite regula de manera explícita las características distintivas de los principios de interacción y localización que constituyen el contexto comunicativo, y es débil cuando las personas adquirientes tienen también algún control de esa relación. El enmarcamiento, insiste Bernstein (1998), tiene que ver con quien controla algo, y por lo tanto se refiere a la naturaleza del control que se ejerce sobre: la selección de la comunicación; su secuenciación (qué es lo que va antes y qué es lo que va después); el ritmo (el grado previsto de adquisición); los criterios, y el control de la base social que hace posible esa transmisión: “Cuando el enmarcamiento es fuerte, el transmisor tiene el control explícito de la selección, la sucesión, el ritmo, los criterios y la base social de la comunicación. Cuando el enmarcamiento es débil, el adquiriente dispone de mayor control aparente sobre la comunicación y su base social (Bernstein, 1998:45).
Puesto que se trata de un lenguaje descriptivo diseñado para ser aplicado en la investigación empírica, cabe anticipar que sus categorías no con concluyentes, en palabras de Morais y Neves (2004) que entre los extremos de clasificación fuerte y débil, y de enmarcamiento fuerte y débil puede darse, desde un punto de vista analítico, toda una gradación posible: “la clasificación establece la voz y el enmarcamiento el mensaje,
y ambos pueden operar de forma totalmente independiente. Una misma voz puede transmitirse mediante diversos mensajes. Diferentes modalidades de comunicación pueden establecer la misma voz. Diferentes modalidades de enmarcamiento pueden transmitir la misma voz” (Bernstein, 1998:44).
En el diseño de mi propio modelo de análisis propongo hacer uso de la clasificación para explorar las relaciones entre discursos de crianza que se dan en el nivel de producción del discurso pedagógico. Entiendo que cuánto más distancia identifiquemos entre las categorías del discurso más se mantiene un orden de género que se construye a través de la oposición entre lo masculino y lo femenino.
Por su parte, utilizaré el concepto de enmarcamiento para analizar las distintas formas de comunicación legítima que se realizan en las práctica pedagógicas de las matronas de atención primaria al embarazo, parto y puerperio a propósito de la crianza. El enmarcamiento tiene que ver con quién controla algo, se refiere a la naturaleza del control en que se ejerce sobre:
- la selección de la comunicación,
- su secuenciación (qué es lo que va antes y qué es lo que va después) - su ritmo (el grado previsto de adquisición)
- los criterios y
- el control de la base social que hace posible esta transmisión. Sigamos con la práctica pedagógica.
Para proceder al análisis de la práctica pedagógica podemos dividirla en dos dimensiones, dice Bernstein (1998): la dimensión estructural y la dimensión interaccional. La dimensión estructural se mide, según la propuesta de Bernstein, de acuerdo a la clasificación; la dimensión interaccional se mide de acuerdo al enmarcamiento. Las posibles relaciones entre una y otra dimensión dependen de la discreción.
En el modelo del discurso pedagógico de Bernstein, la dimensión estructural hace referencia a una parte de la práctica pedagógica que nos permite analizar cómo un discurso instructivo se inserta dentro de un discurso regulador. Un discurso instructivo es aquel que controla la transmisión, adquisición y evaluación del conocimiento indispensable
en la adquisición de competencias especializadas, regulando sus aspectos internos y relaciones. El discurso regulador es el conjunto de reglas que regula aquello que cuenta como orden legítimo entre y dentro de transmisores, adquirientes, competencias y contextos; en un nivel de mayor abstracción, abastece y legitima las reglas oficiales que regulan el orden, la relación y la identidad.
Identificamos la dimensión estructural con el discurso instructivo y lo hacemos usando como clave conceptual la clasificación; del mismo modo, identificamos la dimensión interaccional con el discurso regulador y usamos como clave conceptual el enmarcamiento. Son la clasificación y el enmarcamiento los que nos permiten comprender, explicar, el proceso por el que se sesga la conciencia (Navas, 2008).
En el modelo de Bernstein la dimensión estructural se compone de tres elementos: sujetos, discursos y contextos o agencias. De igual modo, la dimensión interaccional está compuesta por dos conjuntos de reglas: discursivas y jerárquicas. Ahora bien, el propio Bernstein advierte que “la transición entre distintos niveles de la teoría debe hacerse mediante el uso de conceptos que, en cada nivel, describan las relaciones clave de la teoría cuando se realizan en cada nivel” (Bernstein, 1998:119), ello me exige, por tanto, profundizar en la dimensión estructural, puesto que exploraré las relaciones entre categorías de discursos en el nivel de producción del discurso pedagógico. Por su parte, entiendo que resulta más relevante para mi objeto de estudio focalizar la atención en las reglas discursivas de la dimensión interaccional que en las reglas jerárquicas.
Las reglas discursivas son aquellas que están relacionadas con el desarrollo y la producción del discurso. Son reglas básicas que, regulando las relaciones sociales y la transmisión, la adquisición y la evaluación de conocimiento específico, dicen respecto del control que los transmisores y adquirientes pueden tener sobre el proceso de transmisión- adquisición, esto es, el principio de enmarcamiento de la selección, de la secuencia, del ritmo y de los criterios de evaluación. Nos sumamos a Navas (2008:266) cuando afirma: “Dado que nuestro interés se centra en el proceso de transmisión y adquisición entendemos que en esta investigación, centrarnos en las reglas discursivas proporciona resultados más pertinentes para futuras investigaciones que los derivados del análisis de las reglas jerárquicas”.
Las reglas discursivas se centran en el proceso de transmisión-adquisición y a su vez están formadas por un conjunto de cuatro grupos de reglas (Navas, 2008):
Reglas de Selección: Principios que regulan quién controla la selección de la transmisión-
adquisición.
Reglas de secuencia: Reglas que regulan la progresión de la transmisión en el tiempo y
establecen la secuencia de esa transmisión, regulando el desarrollo de un currículo, de un programa y de un sistema de evaluación.
Reglas de ritmo: Reglas que definen la tasa de adquisición esperada de las reglas de
secuencia.
Criterios de evaluación: Criterios que el adquiriente deberá usar para evaluar su
comportamiento y el de los otros, en cualquier relación de transmisión-adquisición. Los criterios pueden ser explícitos o implícitos.
No obstante, y anticipándome al tipo de relaciones pedagógicas que pretendo estudiar y a los contextos evocadores de dichas relaciones pedagógicas, me voy a centrar en las reglas de selección y en las reglas de criterios de evaluación, y descarto las de secuencia y ritmo ya que entiendo que no proceden en las relaciones pedagógicas que me interesan. Para dar cuenta de esta diversidad de modalidades, tanto del discurso como de la práctica, que resultan de esa combinatoria entre los diferentes grados de clasificación y enmarcamiento que pueden asumir las relaciones pedagógicas, Bernstein articula la conceptualización del código pedagógico.