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Determinants and Geography of Mispricing in Emerging Markets

I. Data Description and Exploratory Analysis

Todo lo que acontece es necesario y contribuye al buen orden de este Universo del que formamos parte.

Marco Aurelio

Las leyendas populares están llenas de seres fantásticos que el hombre moderno no puede considerar como inventos de mente enfermizas, ya que estamos bien

documentados sobre los saurios gigantescos y los monstruos alados que vivieron hace millones de años. Pero siempre existe algo! de fantasía en los mitos de los dragones, pues éstos no se parecen a los saurios que conocemos por la Paleontología.

Los chinos y mongoles estaban convencidos de que sus emperadores descendían en línea directa de los dragones’ Por ese motivo el emblema de las casas imperiales era el dragón. Naturalmente, debe considerarse la posibilidad de que en este caso el dragón haya podido ser el tótem de la respectiva familia, ya que es conocida la tendencia d ciertos pueblos de tomar un emblema para cada tribu, que generalmente constaba de la reproducción burda de algún animal. Cada familia se distinguía por el tótem o animal simbólico que un antepasado remoto había elegido. Esta costumbre existía en muchos pueblos primitivos asiáticos y americanos. Existía prohibición .de matrimonios entre descendientes del mismo tótem, con el objeto de evitar de generaciones.

Pero lo más sorprendente es que las antiguas leyenda destacan la figura espectral de un “dragón celestial” o d una “víbora”, que era adorada en distintas formas y a la que se brindaban sacrificios humanos, ofrendas diversas o incienso. En las Revelaciones de San Juan, en el versículo tercero del duodécimo capítulo, dice la escritura: “Y apareció otro símbolo en el cielo, y ved, un dragón grande, rojo,

que tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete coronas...”

Que los chinos observaron un signo parecido en el cielo, queda demostrado en forma elocuente por el hecho de que en sus fuentecillas de porcelana como en sus jarrones de bronce, aparecen dragones celestiales que han sido reproducidos a través de miles de años por ese pueblo tan conservador. Véanse las reproducciones de tacitas en las ’lustraciones Nos. 23, 24 y 25.

La ilustración N” 26 representa un jarrón de bronce que lleva un dragón artísticamente cincelado que culebrea alrededor de su parte central, con los cuernos replegados y echando humo por el hocico. A la altura de las patas delanteras del dragón se encuentra sobre el jarrón el dibujo de meandros griegos, dibujo que en todas las civilizaciones primitivas es sinónimo de cielo, como se demostrará en uno de los siguientes capítulos. Por consiguiente, el dragón que aparece en las fuentecillas como en el jarrón de bronce,

es el dragón “celestial”.

En la figura expuesta en la ilustración 25, se aprecia igualmente un meandro

debe significar igualmente “dragón celestial”. He podido encontrar el ideograma para cielo, pero el ideograma para dragón no coincide con los que he logrado obtener. Las tacitas anteriormente mencionadas y reproducidas en las ilustraciones 23 y 24, muestran distintos dragones chinos, ya sea solos, o en grupos de a dos, luchando. Y siempre aparece en combinación con el o los dragones una pelotita que representa, sin lugar a dudas, nuestro planeta.

El meandro que aparece en la ilustración 25, es idéntico al que se ve sobre una figura de greda de procedencia chimu (pueblo indígena de la costa del Perú, ya desaparecido). Ilustración N9 27.

Las fuentecillas de porcelana que aparecen en las ilustraciones, deben de haber servido en tiempos remotos para brindar ofrendas a los dragones celestiales, para aplacarlos. Los indios chimú no tenían dragones celestiales, pero sí culebras celestiales de dos cabezas, como lo muestra la ilustración N9 28.

Al estudiar la mitología azteca, nos encontramos con el símbolo de la culebra con plumas que representa a Quetzalcoatl y que aparece en forma de un monumento extraño en la ilustración N9 29. Quetzalcoatl se encuentra muy a menudo sobre los monumentos aztecas, y casi siembre en forma de reptil estilizado.

Volviendo sobre el dragón celestial de la mitología

china, hay que mencionar que la esferita que aparece en combinación con el o los dragones, ha sido interpretada por los filósofos chinos como “la perla de la perfección”. Podría interpretarse como si nuestro planeta fuera “la perla de la perfección” o han ido cambiando los conceptos a través de los milenios en tal forma que ya no hay como adivinar el significado primitivo.

En la mitología nórdica se hace mención de otro reptil, la culebra Mitgard

(Mitgardschlange) que desempeña un papel importantísimo junto con el lobo Fenris (Fenris- wolf). Existe la teoría de que la culebra Mitgard representa al océano, mientras que el lobo Fenris encarna las fuerzas volcánicas de nuestro planeta. Yo creo personal- mente que la culebra Mitgard no es otra cosa que el mismo dragón celestial que ha sido descrito en las leyendas y mitos de tantos pueblos primitivos y que siempre simboliza destrucción y ruina. Así, el dragón chino, la culebra de dos cabezas chimú, la culebra emplumada de los aztecas, el toro alado de los caldeos, y los toros y dragones

mitológicos de las razas africanas simbolizarían el acontecimiento que asoló a toda nuestra Tierra y que ha llegado a denominarse “diluvio de fuego”, o en la mitología nórdica: “Sintbrand”, lo que, traducido literalmente significaría: incendio, provocado por los pecados (sint - pecado; brand - incendio) -1

Existe la presunción de que, siendo la culebra Mitgard de procedencia nórdico-europea y la serpiente emplumada de origen americano, que ambas culebras o animales mito- lógicos provengan de una fuente común, o sea, de la isla Atlántide.

El mito de los Haussa de Katsena (Africa) relata lo siguiente: Un hombre tomó en matrimonio a una muchacha y se fue a vivir con ella al bush (campo cubierto de ar- bustos) donde vivieron alejados de la gente, dedicándose a labores agrícolas. Todo lo que necesitaban, lo producían ellos mismos. Tuvieron diez hijos, Sjarra, la primera, fue una muchacha, y el último, Dan-Auta, un muchacho”. De los demás hijos no hace mención la leyenda.2

Cuando enfermó el padre y sintió que no iba a sanar, llamó a Sjarra y le dijo: “Preocúpate de Dan-Auta, cuando yo muera”. Le recalcó muchas veces que ella no debería permitir en ningún caso que el pequeño Dan-Auta llorara. Poco tiempo después murió el padre. .La madre enfermó

igualmente y, antes de fallecer, encargó a Sjarra que cuidara del pequeño Dan-Auta y que nunca permitiera que éste llorara o gritara”.

La leyenda es muy larga y ha sido ornamentada por los indígenas con tanto detalle que es preferible darla en resumen. Del relato se desprende que Dan-Auta tenía sus

opiniones propias, muy inflexibles y que sabía llevarlas a la práctica, como sucede por lo general en aquellos niños que han sido muy mimados y a los que se les deja libertad de acción.

Dan-Auta quema todos los graneros en que su padre había reunido alimentos para muchos años. Privado de todos sus alimentos, Sjarra y Dan-Auta abandonan sus pertenencias para radicarse en la capital del reino, en la que la esposa principal del rey les da hospedaje. Dan-Auta juega con el pequeño príncipe y jugando le vacia un ojo. Sjarra se asusta terriblemente, toma al niño en peso y desaparece con él en el bush (llano de arbustos). El rey, al informarse del hecho, toma la determinación de castigar severamente a Dan-Auta. Hace perseguir a los hermanos y no puede alcanzarlos rápidamente, porque un gran pájaro, Schurua, los coge y los lleva a una ciudad amurallada que está a gran distancia.

Esta ciudad está bajo la constante amenaza de un enorme dragón, el cual va todas las noches a escogerse una víctima en las casas, para engullirla. Dan-Auta se consigue unas tenazas de herrero y muchas piedras redondas. Además junta mucha madera para hacer una gran fogata. En cuanto aparece el dragón, Dan-Auta le echa piedras calentadas al rojo a las fauces, por medio de sus largas tenazas de herrero, cada vez que el dragón canta. El mismo muere a consecuencias de haber ingerido tantas piedras recalentadas. Entonces, Dan-Auta va y le corta la cola al monstruo y demuestra con ello al día siguiente el haber sido el liberador de la ciudad. El Rey, agradecido por este hecho heroico que por fin ha dado término a la calamidad, da en matrimonio su hija a Dan- Auta y le entrega la mitad de sus posesiones.

Este antiquísimo mito existe entre todas las tribus africanas, pero en distintas versiones. A veces no es un dragón el que amenaza a la población, sino un toro o una serpiente de 3 cabezas. Pero los pormenores no varían sustancialmente y por lo general los reyes o jefes de las respectivas tribus son considerados descendientes directos del héroe que destruyó al dragón o al toro.

Este mito refuerza nuevamente la suposición de que en estos hechos fantásticos, relatados de padre a hijo a

1Edda, Edit. Reclam, Leipzig, 1944, Volüspa, pp. 15 y 19.

1ünd Afrilta Sprach, Frobenrus, Deutschess Verlagshaus, Berlín,

través de miles y miles de años, se trata nuevamente de un acontecimiento sideral. Siempre las leyendas hablan de fogatas. Primero, Dan-Auta quema los graneros.

Después el dragón es eliminado por medio de piedras calentadas al rojo en una inmensa fogata. El dragón de las Revelaciones de San Juan aparece con siete cabezas y diez cuernos. Probablemente, otros pueblos lo habrán tomado por un toro alado, con lo que quedaría explicado el culto de los mismos.

De la leyenda babilónica hecha perpetuar por Nabucodonosor se desprende claramente que el pueblo que observó los acontecimientos tan magistralmente descritos, era un pueblo culto que hablaba de libros, de escritura y de sellos. Deben de haber tenido buenos métodos para medir el tiempo y para establecer las estaciones del año. Si el diluvio de fuego que debe de haber acaecido antes del diluvio de .agua, ha sido descrito por gente culta, cuyos informes fueron grabados posteriormente sobre tabletas de arcilla por los sumerios, ello demuestra que en épocas remotas prediluviales ya existían

civilizaciones que se situaban muy por sobre las tribus que aún en tiempos prehistóricos hacían uso de métodos de la edad de piedra. Aquellos hombres construían casas y templos (los que el diluvio de fuego convirtió en hornos), y poseían barcos (cuya tercera parte fue destruida).

Que la civilización no haya pasado a nosotros en todo su apogeo se debe a la

circunstancia de que aquellos pueblos fueron obligados por acontecimientos dramáticos a abandonar sus tierras, para buscar refugio en otros países. Diluvios de fuego, de agua, terremotos, erupciones volcánicas, hambrunas, glaciaciones y guerras pueden haber sido las causas de los éxodos de pueblos enteros, los que, a través de los tiempos, deben haber vagado alrededor de nuestro planeta.

Pensemos en Adán y Eva, que tuvieron que abandonar el paraíso. La culebra

desempeñaba, según parece, un papel preponderante en este drama y es de suponer que fue también una culebra celestial, como la que aparece en tantas leyendas antiguas. La espada llameante del arcángel Gabriel probablemente no ha sido otra cosa que la cola de la serpiente o del cometa que señalaba hacia cierta dirección y que, tomada por Adán y Eva por un signo divino, fue seguida por ellos, significando probablemente su

salvación.

Todas estas leyendas acentúan en el investigador la convicción de que nuestro planeta ha sufrido enormes cambios en el pasado, y de que éstos pueden repetirse en el futuro. ¿Qué fundamentos existen para suponer que el género humano ha debido deambular alrededor del mundo, a través de su larguísima historia?

Cuando Cortés llegó a México, en América existían representantes de la raza negra, cobriza, amarilla y blanca, lo que ha sido demostrado por estudios y descubrimientos antropológicos posteriores.

Volviendo a nuestros “dragones celestiales”, en Egipto existe igualmente una leyenda del dragón que coincide en forma perfecta con la de los chinos, en especial en lo que se refiere al “bote dragón”, una de las fiestas más fastuosas de la China imperial. Los historiadores arábigos Ibn Ayás y Maqrizi tuvieron ocasión de participar en una fiesta egipcia en el siglo XI, por la cual se celebraba el crecimiento de las aguas del Nilo. Esta fiesta era en aquel tiempo solamente un pálido remedo de las festividades monstruosas que se efectuaban en tiempos anteriores. En ellas se sacrificaba a una doncella,

lanzándola al agua, a igual que en China, pero al mismo tiempo en forma análoga como entre los mayas de Yucatán. Estos últimos, como también los fulbe de Noráfrica, sacrificaban una doncella ricamente enjoyada al dios de las aguas, con el objeto de asegurarse una buena cosecha, ya que es conocido que el agua era en la península de Yucatán un problema serio, por escasear a veces en forma alarmante. La muchacha era lanzada desde una plataforma superior de la pirámide. Si se ahogaba, la cosecha sería abundante. Pero si la niña sobrevivía a esta ceremonia ritual, significaba que el año iba a ser difícil y de cosechas insuficientes. El dios de las Aguas estaba enojado y castigaría a todo el pueblo con hambre y miseria. Al momento de sacrificar a la doncella, ésta

recibía un golpe en la cabeza. A pesar de esta precaución, muchas muchachas lograban salvarse.

La superstición de los mayas era de que en el fondo de la laguna vivía el dios en forma de una gran serpiente, la que se tragaba a la muchacha sacrificada.

Una de las lagunas sagradas de los mayas estaba situada en Chichen-Itza, donde se efectuaba año tras año la ceremonia ritual descrita. Unos norteamericanos aventureros exploraron su fondo, encontrando gran número de esqueletos, como también una cantidad de joyas. Muchas de las joyas eran de oro, finamente labradas, con

incrustaciones de piedras de jade. Las piedras de jade y en general las de color verde, eran las predilectas de los indios americanos, por considerarlas sagradas.

Que una ceremonia ritual como la descrita haya sido celebrada en países

geográficamente tan distantes como China, Egipto y México, demuestra que la misma debe de haberse inspirado en una fuente común, más antigua, o que los pueblos que tuvieron que movilizarse a través de distancias enormes, para huir de tan variadas amenazas, la hayan llevado consigo en su búsqueda de condiciones de vida más aceptables.

En la mitología nórdica existe la leyenda de Sigfredo, el de la piel invulnerable, el cual vence a un dragón y se baña en su sangre, adquiriendo esa invulnerabilidad, salvo en la parte de la espalda, donde le ha caído una hojita de tilo. Este personaje mitológico coincide con los demás héroes que matan al dragón. Otra leyenda nórdica es la de Baerwulf. En ella, un niñito es llevado a las playas nórdicas por las olas embravecidas del mar del Noi’te, sobre un escudo de madera cubierto de paja. Adoptado por algún señor feudal de aquellos tiempos, se desarrolla y llega a ser un poderoso guerrero y héroe que forma un gran reino en aquella zona. Este héroe recibe el nombre de Scéaf (paja) o Scyld (escudo), de acuerdo con los dos elementos que le sirvieron para llegar a las playas de su futura patria. Cuando falleció, sus descendientes y amigos lo colocaron sobre uno de los barcos de su propiedad, i unto con sus tesoros, y lo devolvieron así al mar que lo había traído, para que pudiera regresar a su lejana patria, que era sólo por él conocida.

Su nieto Halfdan heredó el reino y lo rigió con mano fuerte Uno de sus hijos, Rodgar, eligió su residencia en los países daneses. Ahí se construyó un gran palacio, digno de un rey y una gran sala de fiesta que se encontraba algo alejada del palacio, ya que debía servir a los hombres para sus reuniones, que eran profusamente regadas con su bebida favorita. En esta sala se reunían con el rey, tanto sus vasallos y amigos, como los caballeros que venían de otros países, en busca de aventuras.

Pero la fortuna del noble Radgar y de su familia fue de corta duración. Un monstruo, Grindel, vivía en el pantano ^ negro y observaba el castillo brillante con deseos

mortíferos. Cada noche, cuando los guerreros descansaban después de su fiesta, Grindel irrumpía en la sala en que éstos dormían plácidamente y los mataba por docenas.

Rodgar quiere luchar contra el dragón, pero los pocos fieles que le quedan, se oponen tenazmente a ello. A la otra orilla del mar del Norte vive Baerwulf, un guerrero gótico que es considerado descendiente del Dios Donar o Thor (el Dios del trueno y del rayo). Baerwulf oye el relato de las tropelías de Grindel y toma la determinación de terminar con ellas. Con catorce guerreros embarca en su nave y zarpa para el país de Rodgar. Este lo recibe lleno de alegría. En la misma noche, Baerwulf vence a Grindel y le arranca un brazo. Así, el monstruo de las tinieblas queda incapacitado para seguir matando guerreros y desaparece, aullando lastimeramente, en el pantano negro. Baerwulf clava el brazo gigantesco de Grindel en uno de los muros de la gran sala de

fiestas y naturalmente viene una celebración, digna de tan fausto acontecimiento, a la que asisten no sólo los vasallos restantes y los guerreros bajo el mando de Baerwulf, sino que también las damas y doncellas del palacio.

Al terminar la fiesta y mientras los héroes y guerreros dormían plácidamente, aparece la madre del monstruo del pantano negro, para vengar a su hijo. Con sus enormes garras destroza a la mayoría de los guerreros y vuelve al pantano, al clarear el alba, dejando muerte, llanto y desolación tras sus huellas ensangrentadas.

Rodgar, Baerwulf y los pocos sobrevivientes quedaron como inmovilizados por el cuadro siniestro que se les presentó, cuando llegaron al salón de fiestas. Sus mejores amigos, sus más queridos compañeros yacían despedazados y desfigurados, segados en la flor de su juventud por ese monstruo implacable. Baerwulf y los sobrevivientes siguen las huellas de la bestia hasta el pantano negro. Ahí, el héroe se sumerge en las cenagosas aguas del mismo y da muerte a Grindel, que yace mortalmente herido, y a su madre.

Esta leyenda nórdica reúne más o menos las mismas condiciones de las que he copiado anteriormente. Y el niñito que es varado por las olas del mar en las playas nórdicas, tiene cierta semejanza con la llegada de Quetzalcoatl a las playas de México. Es de suponer que todas estas leyendas proceden de una fuente común.

El nacimiento de todas estas leyendas se pierde en la niebla del pasado, o sea, en los tiempos antediluviales. Pero es indudable que todas ellas nacieron en tiempos remotísimos en un país. Si este país fue Mu, Atlántide, Lemuria, Hiva o algún otro continente desaparecido, eso es muy difícil llegar a establecerlo.

¿Fue el Dios Donar, o Thor de la mitología nórdica, un hombre que ya poseía el secreto de la fabricación de la pólvora? Yo personalmente me inclino a creer que este invento es mucho más antiguo de lo que se supone. Las tradiciones nórdicas hablan mucho de

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