1.7 Empirical applications
1.7.1 Data
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Pereira como todas las ciudades colombianas (unas más que otras) también ha sido lugar de tránsito para la violencia. Y si bien no ha sido uno de los lugares más afectados por la violencia del conflicto armado (o no directamente) quizá ha sido la más dañina de todas ellas, los departamentos limítrofes y otros cercanos sí han sido epicentros directos de presencia guerrillera y paramilitar. En municipios de Risaralda como Santuario, Quinchía, Mistrató o Pueblo Rico ha hecho presencia el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL) y en su momento las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con sus intentos de incursión en territorio. En este sector de Risaralda se concentra una parte importante de la población indígena del Pueblo Embera en Colombia, particularmente el Embera Chamí, declarado en crisis humanitaria2 a raíz de las consecuencias del conflicto armado, sufriendo asesinatos, persecución, desplazamiento del territorio, reclutamiento forzado, empobrecimiento. Es un pueblo que sufre las consecuencias de estar en un territorio con títulos aprobados para explotación maderera o de minería a cielo abierto, lo que a su vez ha generado la presencia de grupos armados a servicio del estado en función de que esto se ejecute.
Caminar las calles de Pereira no ha sido más desafortunado que caminar las de Bogotá y encontrar, como es el caso de estos últimos días, un asentamiento considerable de Embera Chamíes (hombres de cordillera, eso significa su nombre). No consigo entender qué debo sentir ante esto. Cómo nombro aquello qué se cae entre lo que veo, lo que siento y lo que no
hago. Mi territorio también son esas mujeres (sí, mujeres) jóvenes, adultas, ancianas, niñas y niños pequeños. El territorio no es solo tierra y márgenes. Son ellas. A quienes veo en los túneles de la capital sucias, sin ritmo, con hambre. ¿Y los hombres?, quizá puestos en algún lugar, quizá ebrios o asesinados más que muertos, o que siguen cuidando sus territorios en un acto de resistencia, de terquedad. Una pelea para la existencia, sobrevivir en la boca del lobo.
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Hay muchos lados, otro es este: una violencia resultado (en gran parte) del conflicto armado, el narcotráfico. Que genera a su vez otra serie de violencias como el sicariato ejecutado en su mayoría por jóvenes. Regularmente los sectores más emprobrecidos suelen ser los más afectados en Pereira, en Colombia. Siempre. Allí los hombres jóvenes son sicarios o ladrones y sus mujeres putas o fábricas de más sicarios y putas. En una cadena de repetición difícilmente finita en donde casi que está asegurada la perpetuación de la pobreza, inequidad, las violencias, los muertos.
Pereira es un destino de arribo, ya lo he dicho. Lo fue mucho tiempo para familias que hoy asentadas allí llegaron huyendo en una carrera contra la muerte. Un país convulso disputaba su presente y su futuro en una división de colores, en una batalla de ideas, en medio de lluvias de sangre y ametralladoras que aún hoy continúa.
En los intersticios del conflicto armado, paramilitarismo y narcotráfico en Pereira sucedían cosas como la limpieza social que se encargó de aniquilar sistemáticamente desde la década de los 70’s a habitantes de la calle, consumidores de droga, mujeres trans, prostitutas, jíbaros y todo aquel que estropeara la imagen de la ciudad, tan preocupada todavía por esconder sus
problemas. Se dice que Pereira alcanzó a tener la tasa más alta de homicidios con eventos que no tenían que ver con enfrentamientos directos entre Ejército-guerrilla. Juan Miguel Álvarez se refiere a esto como una “forma de conciencia cívica perversa, que se considera legitimada para acabar con los drogadictos (…) pretendían justificar el exterminio de la población (…) parecía extraída de un debate ecológico (…) al decirles desechables los estaban equiparando con una clase de basura” (Álvarez, 2010).
Dicen que quienes cometían estos asesinatos eran policías, y que cuando no eran enviados por narcotraficantes o contrabandistas, eran ellos mismos quienes por cuenta propia lo hacían. A veces los cuerpos quedaban ahí, en el último lugar en que estuvieron vivos, otras veces terminaban en distintos lugares, dependiendo de cuán rápido, por ejemplo, pudiese darse su reconocimiento. Dicen que muchos habitantes de calle huían a las afueras de la ciudad, también en una carrera contra la muerte, desplazándose como apuesta por conservar la vida. Estos ánimos de exterminio tenían tiempos intensos como cuando se dio la demolición de una parte de las casas del centro, específicamente de la carrera sexta con la intensión de implementar un sistema de transporte masivo en miras de caminar hacia el progreso.
Cuenta Juan Miguel Álvarez que aproximadamente unos 50.000 campesinos arribaron a Pereira como consecuencia de la caída del café y de la violencia de los 90’s, así esto, se dedicaron al comercio informal. Terminando muchos como habitantes de calle. Eso explica cosas.
2.2.8. Agua.
Pereira tiene varios ríos, el principal es el río Otún seguido del río Consotá. Están también el Barbas, la Vieja y el Cauca. Las quebradas, que son muchas están ubicadas en su mayoría en
la ruralidad. El río Otún tiene su nacimiento en la Laguna del Otún, un lugar mágico, muy frío y en mis recuerdos, el contenedor de la mejor noche estrellada que he visto en mi vida. Esta laguna queda muy cerca del nevado del Ruiz. Un viejo que rápidamente pierde su hielo.
Existe un lugar conocido como El remanso de Beltrán en una vereda (Beltrán) del municipio de Marsella en Risaralda. Pasa por allí el río Cauca y deja justamente en su orilla derecha la evidencia de una violencia que parece indetenible, y casi inevitable. Llegan allí basuras y cadáveres a la espera de que alguien pueda cuidarlos mientras los recogen, sea la policía o personas que con algún familiar desaparecido llegan con la ilusión y el temor de encontrarlo. El cementerio de Marsella es patrimonio y es también el lugar donde reposan ciertos de cadáveres de personas que nunca encontraron, no buscaron, no reconocieron.
Los ríos que cruzan por Pereira no son sólo arterias hídricas. De allí emergen formas de vida, de lucha, de resistencia y de reexistencia, una especie de nacimientos entre los intersticios. Me refiero específicamente a distintas actividades que se dan alrededor de los ríos. Formas de asumir la cotidianidad, rituales de vida. Los fines de semana se reúnen personas a bañarse, se ven fogatas con ollas chuecas, bañadas en Jabón Rey para que no se les pegue el hollín, se cocina usualmente sancocho trifásico cuando la economía lo permite. Al río también suelen ir parches de amigos a pasear sus perros en su mayoría Pitbull o criollos. Muchos se hacen sus porros o se traban con pega. Se unen al parche muchos hinchas del "Depor", como es llamado el equipo de fútbol de la ciudad, el Deportivo Pereira. Debo decir que me parece mucha hinchada para no ser un equipo reconocido justamente por ser bueno.
2.2.9. Lo trasnochadora.
Dicen que Pereira tiene una vida nocturna movida. Y sí, la tiene. En la Avenida Circunvalar (zona rosa de Pereira) están ubicadas muchas discotecas y estanquillos. Quienes frecuentan esa zona son generalmente quienes más dinero tienen. El prototipo: hombre narco con mujer construida para él.
Hay otro sector similar pero está alejado del casco urbano y queda justamente en una vía alterna que comunica a Pereira con Dosquebradas (o a Dosquebradas con Pereira, como prefieran), nunca he estado allí debo decirlo, pero sí que transité por allí muy temprano en la mañana o al medio día, cuando el calor arrulla. Allí están los amanecederos. El itinerario de rumba es la mayoría de veces: primero Av. Circunvalar y luego La Badea (el lugar del que les hablo). Es una fiesta pesada, mucha salsa, rancheras, reggaetón y música popular (género vernáculo del eje cafetero y que dice mucho de las dinámicas que allí suceden). Confluyen personas de todos los estratos sociales, sólo que esa hora el narco ya está borracho, drogado (igual que los hombres, mujeres, los singénero, celadores, perros de celadores, gente que pasa, etc.) y sirviéndose de su "hembra". No hay mucha paz allí.
El otro lugar de rumba, queda en el centro de la ciudad, allí están buena parte de los café-bar, bares, fuentes de soda que acogen en su mayoría a personas jóvenes con cierta inclinación hacia el rock, el punk, los tangos y boleros; pero sobre todo, una fuerte inclinación hacia la cerveza de 1600 pesos. Esa es la motivación para quienes vivimos de los bajos costos.