Chapter 3. The contractual choice and performance of Mexican coffee traders: The role of
3.3. Data and methods
La consideración del feminismo popular como un estilo de trabajo en México, pero que se extiende en toda Latinoamérica, fue mencionada por Martha Lamas (2001) al reseñar las acciones de las feministas que en la década de los ochenta se vincularon o crearon organizaciones no gubernamentales, que les permitiera canalizar recursos de financiación internacional para trabajar con aspectos de la sobrevivencia y superación de la pobreza con mujeres de sectores populares, y así ampliar de paso la base social del movimiento de mujeres (Lamas, 2001,p.103).
Entender el feminismo popular como un estilo de trabajo, confirma la diferencia entre las feministas y el movimiento de mujeres que marcó la historia de las luchas de las mujeres en América Latina. Las académicas de la región han señalado de manera algo despectiva tal consideración, abonando el distanciamiento que hoy desde la otra orilla, la de lo popular, se hace del feminismo académico. Así lo resume Gisela Espinosa (2013):
En un balance que Lamas hace del movimiento feminista de los ochenta (1992: 551), dice que los movimientos de mujeres de sectores populares, cuya presencia política —reconoce la autora— destacó precisamente en esa década, se movilizan como mujeres sin una perspectiva explícitamente feminista. Tuñón (1997: 61) también deja fuera del movimiento feminista los procesos de mujeres de sectores populares analizados por Lamas, a los que identifica sólo
como parte del movimiento amplio de mujeres. Bartra (2002: 45-67) considera a las mujeres de sectores populares como objeto de atención de un “feminismo asistencialista” que gracias a ello perdió la radicalidad de las feministas “de hueso colorado”. De Barbieri (1986: 14) ve en los organismos civiles que apoyaron los movimientos de mujeres, un “feminismo de base popular” que dio la lucha codo a codo con mujeres pobres, pero éstas quedan reducidas al papel de “base popular” de las otras. Lau (1987: 12) señala que el feminismo “es el conjunto de ideas que tienden a explicar la situación de la mujer en la sociedad para de ahí buscar los instrumentos para modificarla”, pero a la hora de analizar al feminismo mexicano deja fuera de él a los movimientos de mujeres pese a que encajan perfectamente en su concepto. (p.277 -278)
Las tensiones entre las organizaciones feministas y organizaciones de mujeres son representadas por la diferencia en las demandas realizadas. Temas como el aborto libre, el rechazo a la violencia y el respeto por la diversidad en la orientación sexual, fueron exigencias que encontraron poco eco en los sectores populares, sumado a la dificultad de las organizaciones feministas en reconocer la pluralidad de los liderazgos internos (Lamas, 2001, p.105).
En paralelo, soportar una praxis política sobre el discurso de la identidad como mujeres, cercano al esencialismo, según Lamas (2001) produjo el aislamiento del movimiento feminista al no establecer relaciones de interpelación política con otros sectores de la nación, asumiendo algunos costos de la tarea de visibilización al interior de la izquierda mexicana (p.101).
Norma Mogrovejo (1990) adelantó su trabajo sobre el movimiento urbano popular en México, y planteó que las organizaciones de sectores populares no nacen feministas, sino que la identidad la adquieren en el proceso de trabajo, transformando a la vez sus objetivos donde la educación popular se convierte en un medio para la creación de un movimiento amplio de mujeres (p.45). Igualmente, consideró que para el movimiento feminista mexicano siempre estuvo la aspiración
de trabajar con organizaciones de sectores populares controladas por fuerzas políticas que se disputan la hegemonía, que a su vez contaban con una amplia y mayoritaria participación de mujeres que le dieron protagonismo a sus movilizaciones y a su lucha, con una dirección masculina minoritaria sustentada en el control de las bases femeninas (p.130).
Lo anterior puede ser uno de los elementos que contribuyó a la diferenciación entre movimiento de mujeres y movimiento feminista, no sólo por las reivindicaciones centrales sino por el lugar de la participación de las primeras en las organizaciones mixtas. Donde se priorizó la lucha de clase sobre la consideración de las reclamaciones de género -y aunque la identidad feminista se iba construyendo- tenía unos ritmos y tiempos diferentes, quizás más pausados que no fueron comprendidos por la teoría feminista, que en lugar de adecuarse a los contextos se apresuró a romper y desvirtuar.
Sin embargo, en el caso de México se abrió paso a la recopilación de experiencias de organización, encuentros que hicieron visible el feminismo popular en otras ópticas:
El "feminismo popular" creció, tratando de no imponer una dirección a las acciones populares, pero sí de introducir la reflexión feminista, que empezó a sistematizarse en ámbitos académicos como el Programa Interdisciplinar y de Estudios de la Mujer (PIEM), de El Colegio de México: el área de Mujer y Cultura de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco y el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) de la Universidad Nacional Autónoma de México. (Lamas, 2001. p.104)
En el caso brasileño se documenta que la necesidad de establecer alianzas y ampliar la base social contra de la dictadura, motivó el trabajo de las feministas y de los grupos de izquierda organizados con las mujeres de sectores populares en procesos educativos y de capacitación o de prestación de servicios (Lebon, 2013, p.765).
En Argentina la organización de las mujeres en las nuevas izquierdas no fue bien valorada y desconoció el potencial de estas luchas. Desde la dirección del Partido Revolucionario de los trabajadores (PRT) se orientó la creación de un Frente de Mujeres, con el fin de ampliar la base de militancia y politizar a las mujeres de los sectores populares, pero esta no incluyó una perspectiva de reflexión y acción sobre la situación de opresión especifica de ellas (Trebisacse, 2013, p.440).
Además de la diferenciación entre movimiento feminista y movimiento de mujeres, otro de los elementos que se deriva de la concepción del feminismo popular como un estilo de trabajo es el tema del “empoderamiento”, que surgió justamente en el contexto del feminismo de la segunda ola buscando hacer coincidir lo práctico y lo estratégico en términos del discurso del desarrollo y de los enfoques de Mujeres en Desarrollo –MED y Género en Desarrollo-GED- (León, 2000, p.105-107).
Sin embargo, creemos que después de leer la bibliografía sobre el tema y encontrar esta forma de definición del feminismo popular, queda la reflexión sobre la necesidad de indagar con las protagonistas propias de este proceso sobre la definición y concepción de sus apuestas, pues limitarlo a una visión instrumental como estilo de trabajo imposibilita identificar la potencialidad de construcción de sujeto político desde ese lugar.