Lógicamente, la documentación generada y recibida por la Orden de Calatrava ha servido como base fundamental para este trabajo. Quedará recogida la relación de fuentes bajo el epígrafe correspondiente en esta misma Introducción. Pero quisiéramos llamar la atención sobre las líneas del contenido, las ventajas, inconvenientes, y, en suma, ciertas claves metodológicas para el estudio de algunas de las fuentes, en particular en lo que se refiere a las fuentes para el estudio de la vida religiosa y concretamente, a las Visitas.
Hemos contado con los privilegios apostólicos (recogidos en el Bullarium) y las
reglas y definiciones. Nos ha sido imprescindible el análisis en detalle de los primeros,
esenciales para profundizar en los derechos de jurisdicción eclesiástica calatrava sobre iglesias, cura de alma y fieles, así como para replantear las condiciones de los conflictos con el arzobispado de Toledo hasta mediados del siglo XIII y continuar su estudio hasta las primeras décadas del XVI. Pero han sido considerados sólo como referentes en alguna ocasión aquellos privilegios o concesiones papales, junto con las reglas y definiciones que son tocantes más bien a la vida interna de la milicia (de nuevo debe rendirse tributo a las ya mencionadas ediciones de estos textos). Pleitos tardíos entre la sede arzobispal de Toledo y la Orden, conservados entre los papeles del Consejo de Órdenes, han servido también para conocer hechos, incluso documentar centros de culto y, desde luego, captar con una perspectiva más completa el modo en que la milicia se atribuyó sus prerrogativas en lo eclesiástico, el papel que en ello tenía la Corona y así mismo su condición de institución religiosa, etc.
Esencialmente, la proyección de la autoridad de la Orden sobre su señorío – además de su condición de titular de propiedades y rentas– ha propiciado la
concentración de documentación generada o recibida por la milicia, que en gran medida consiste en documentos simples. Por ejemplo, la llamada Sección Diplomática de la Orden ha proporcionado pergaminos donde, aparte de las compraventas, trueques,
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privilegios, etc., y en general, documentos muy útiles para los estudios socioeconómicos y de poblamiento, puede encontrarse testamentos (originales o traslados) y donaciones de particulares relacionadas con la dimensión religiosa por cuanto se acompañan de entregas como familiares o donados, o en todo caso, se trata de mandas que conllevan como finalidad el bien de las almas de los otorgantes.
Ahora bien: entre la documentación seriada de la milicia destacan, sin duda, las Visitas, como se verá a continuación. Con todo, hay que mencionar también los
Capítulos Generales. No se encuadran del todo en el sentido archivístico de la serie,
pero sí podemos llamar seriada a su información en cuanto que, al ser producida esta sucesión de documentos respondiendo a la misma función ejercida por la entidad que los produce, aporta datos de carácter similar en sucesivos momentos. La estructura no es la misma porque los temas que se tratan son variados en función de las circunstancias y necesidades de cada ocasión. Se trata de asambleas compuestas por todos los miembros de la Orden, presididos por el maestre, que tienen capacidad decisoria sobre asuntos muy diversos, relativos a los freiles, el patrimonio de la Orden, las medidas de gobierno del señorío, etc.70. No hemos encontrado apenas información de interés sobre la vida religiosa del señorío en los textos de Capítulos generales o particulares (estos últimos no reunían a todos los miembros de la Orden sino a los más destacados, sus atribuciones eran más limitadas y obedecían a necesidades muy concretas) de la época anterior a la incorporación de la milicia a la Corona, quitando referencias a los lugares de
celebración que, a menudo, son iglesias del señorío, de Almagro –sede de residencia de los maestres– o de otros lugares cercanos en el Campo de Calatrava. Ahora bien, al quedar el maestrazgo bajo la administración de los Reyes Católicos (1489), hubo una gran actividad en este sentido, y se amplió la gama de asuntos tratados en ellos. En efecto, sólo entre 1491 y 1511 los monarcas y el rey Fernando V convocaron seis Capítulos, presididos por ellos (téngase en cuenta que después, a lo largo del resto del
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Concesión de mercedes, privilegios, quejas, peticiones, corrección de faltas cometidas por los freiles, control de su modo de vida, pleitos por cuestiones de términos y otras, ventas, trueques, arrendamientos... Emma Solano trata en detalle las atribuciones y los tipos de
Capítulos, al estudiarlos entre los órganos de gobierno de la Orden.- La Orden de Calatrava en
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siglo XVI, sólo se celebrarían también seis71): los de 1492, 1494, 1497, 1500, 1504 y 1511, respectivamente en Santa Fe, Tordesillas, Alcalá de Henares, Granada, Medina del Campo y Sevilla72. Después, constan los de 1523 y 1550, además de otros tres Capítulos en la segunda mitad del siglo XVI. La preocupación por la vida religiosa y las iglesias del señorío aparece ahora con mucha mayor intensidad y de forma explícita (aunque se continúe gestionando internamente los bienes, los cargos vacantes, etc.); las propias justificaciones iniciales de estas reuniones lo indican: es su finalidad examinar
“el estado de vida de las personas de la dicha religion e de su patrimonio y bienes, e el culto divino cómo era en ella çelebrado, para confirmar lo bueno, remediar lo malo, castigar lo culpado, esforçar lo flaco, recobrar lo perdido, sostener lo poseido como era tenudo a Dios Nuestro Sennor”73.
En este sentido, hemos manejado en particular los libros manuscritos con el Capítulo de Sevilla de 1511 y el de Burgos de 1523.
Puede considerarse que se trata de una de las fuentes de carácter “multitemático” y normativo (las disposiciones que se tomaban daban como resultado las “Definiciones” o “Estatutos” correspondientes). Los asuntos tratados son muy variados, y si bien es cierto que, aún en el ámbito religioso (ahora más atendido) se siguen tomando disposiciones particularmente sobre los propios freiles, también aparecen referencias que afectan al ámbito externo de las parroquias y la vida cristiana de los vasallos. Así, junto a una buena parte de temas dedicados a la forma de vida en el Convento de Calatrava (regla, celebraciones por los calatravos difuntos, etc.), y en general a las obligaciones religiosas de los miembros de la milicia (sacramentos, por ejemplo), también hay disposiciones que atañen a la vida clerical de éstos en los curatos de las iglesias de la Orden, a los capellanes de estas iglesias, a las relaciones de los seglares
71
F. FERNÁNDEZ IZQUIERDO: “La Orden de Calatrava en la Edad Moderna”, Las
Órdenes Militares en el Mediterráneo Occidental (s. XII-XVII). Madrid, 1989,181-212 p. 184.
72
Fr. F. DE RADES Y ANDRADA: Chronica de las tres Ordenes y Cavallerias de
Santiago, Calatrava y Alcantara (Toledo, 1572). Ed. facsímil con estudio de D.W. LOMAX.
Barcelona, El Albir, 1980; Crónica de la Orden de Calatrava. Ed facsímil de la Diputación Provincial de Ciudad Real y Museo de Ciudad Real. Ciudad Real, 1980, fol. 83r.
73
Al comienzo del Capítulo General reunido por el emperador Carlos I en 1523, septiembre 8, Burgos.- A.H.N., OO.MM., Ctva., Lss. Mss., Códice 828 B.
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con el Convento, a las limosnas y, en especial, las de las Ánimas del Purgatorio tal como se organizan en los concejos y revierten en sufragios en las parroquias del señorío, etc. Además, hay referencias a templos parroquiales sumidos en procesos de obras importantes que necesitan ayudas económicas y detalles de tipo diverso, en suma, sobre la actividad pastoral calatrava en las tierras de su dominio. Resulta indudable el interés de estas informaciones esporádicas, que es obligado rastrear en detalle a lo largo de las actas de los Capítulos; un interés que no estriba sólo en la disposición que se adopte tras constatar un problema, sino en el propio problema o realidad reflejados.
Las fuentes que proporcionan el mayor núcleo de información para el estudio sobre la fe y la práctica religiosa que conforma la Parte Segunda de este trabajo son los Libros de Visitas de la Orden de Calatrava, realizados a sus señoríos del Campo de Calatrava y el Partido de Zorita. También han aportado información para la Parte Primera: la realidad mostrada en algunas inspecciones de los visitadores, en confrontación explícita los intereses de la Orden con el arzobispado de Toledo, o delatando una pugna soterrada, ha servido para comprender cuáles eran los puntos de fricción más importantes, así como los puntos de vista de la Orden, sus argumentos e ideología.
Pero sin duda, hemos procurado explotar la información seriada de estas
inspecciones sucesivas, muchas veces reiteradas a los mismos lugares –no siempre–, en cuanto a su contenido específico referente a aspectos religiosos.
Como se sabe bien, los libros o cuadernos de las visitas son el reflejo
documental de la tarea de inspección, vigilancia y corrección realizada con periodicidad por parejas de freiles, los visitadores generales nombrados cada vez (el cargo no es vitalicio), habitualmente en capítulos generales –darían cuenta en el siguiente capítulo–,
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que recorrían las tierras de la Orden examinando los bienes y rentas de las encomiendas, sus fortalezas y los prioratos, con la correspondiente anotación de los tipos de rentas y su cuantía, en muchas ocasiones, y registrando el alcance y valor de los derechos jurisdiccionales. Además, inspeccionaban el estado de sus instalaciones, incluidos los pertrechos militares a veces, edificios, oratorios, heredades; el modo de vida y la observancia de los freiles, etc.
Nosotros nos hemos servido del análisis de los datos suministrados por las inspecciones que proyectan el gobierno de la Orden fuera de la propia institución, sus miembros y casas: es decir, las visitas hechas al señorío. Y en ellas, fundamentalmente, las dedicadas a la inspección de iglesias y otros centros de culto, y asociaciones como las cofradías; pero también todas aquellas inspecciones en las cuales, aunque sus destinatarios y objetos no sean de carácter necesariamente religioso, afloren también conductas y mentalidad religiosas.
Los “escribanos de la visitación” recogían pormenorizadamente observaciones de la realidad; prohibiciones, correcciones y mandamientos; y penas impuestas por los visitadores. Los mandamientos iban acompañados de amenazas de sanciones por su incumplimiento; lo cierto es que, en el caso de comprobarse esto último en otra visita posterior, los visitadores solían perdonar la pena pecuniaria merecida por oficiales concejiles, mayordomos, etc., alegando uno u otro motivo (clemencia o “benignidad”, o una disculpa por los gastos en que el concejo o la iglesia se encontraban inmersos).
En las tierras cuyas iglesias parroquiales eran de la Orden y estaban bajo su jurisdicción, la visitación incluía la iglesia mayor o templo parroquial y su contenido; y de todos modos, en estas zonas y también en los dominios donde no era así, la visita alcanzaba a las ermitas, las cofradías y los hospitales.
De otra parte, la inspección de las cosas públicas de los concejos incluía, entre los aspectos más variados (salubridad, infraestructuras, datos de población y de
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producción, etc.), la moralidad pública y pecados tenidos por públicos aunque, a veces, vemos que estos se identifican con obligaciones cristianas disciplinares y no de moral; y en muchas ocasiones, de nuevo, figura el encargo hecho a los alcaldes y los regidores de resolver –junto con el mayordomo del templo parroquial– necesidades de las iglesias de formas concretas y bajo unos plazos determinados. Las obligaciones de los concejos respecto a las iglesias, el estado de los cementerios, el modo de recibir clérigos y capellanes y vigilar las dependencias y los objetos de los templos y las ermitas, etc., aparecen en todas las visitas a concejos del Campo de Calatrava desde 1471 al menos.
Con todo, no hemos dejado de consultar las visitas hechas a las encomiendas, que dan fe de la existencia de ciertas ermitas, oratorios junto a las casas de las encomiendas (ya tan abandonadas como lugar de residencia al final del siglo XV) o testigos de iglesias y poblamiento en dehesas y otros parajes luego despoblados; las
visitas a las personas de comendadores y freiles clérigos, sistemáticas y en detalle,
resultan ser muy tardías, ya propias del final de la década de 1530 y, sobre todo, de mediados del siglo XVI. Es muy frecuente que el intento de inspeccionar el modo de vida de las personas de los comendadores quede frustrado, por su ausencia del lugar visitado; más éxito tienen las visitas realizadas a los freiles clérigos, si ocupan curazgos, pero suelen resultar muy estereotipadas, de modo que es más interesante el cuestionario en sí, como muestra del modelo de buen freile religioso calatravo74, que la hipotética veracidad de las respuestas del afectado. La información sobre los modos de vida del clero resulta bastante escasa, salvando noticias indirectas.
En suma, prácticamente ha resultado obligada la lectura de todos los textos conservados de los cuadernos o libros de la visitación hechas a cada una de las villas y lugares comprendidos en estas giras de inspección entre las últimas décadas del siglo XV y, aproximadamente, las cuatro primeras del XVI (las visitas de 1537 y 1539 son
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Habitualmente: si tiene consigo la regla de San Benito; si tiene actualizado el inventario y cuida de ver los límites de los bienes del curazgo; si reside en él; si observa las normas sobre honestidad en el vestir y sobre dar de comer a los pobres y guardar ciertos ayunos.
Vid. por ejemplo la visita hecha en solitario por frey Alonso Ortiz entre el 21 y el 22 de
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ricas en contenidos, a veces clarificadores de aspectos sólo esbozados en visitas
anteriores al mismo lugar e iglesia, por ejemplo, lo que ha permitido el seguimiento para apreciar continuidades y diferencias en algunos aspectos).
El examen no podía ser de otro modo sino exhaustivo, dada la pluralidad de dimensiones que revisten las expresiones religiosas: al menos, podemos hablar de su dimensión individual, colectiva, institucional y cívica... El que la religión las adopte es algo que puede ocurrir en todas las épocas en el mundo occidental de raíz cristiana – coincidiendo en mayor o menor grado tales vertientes, con predominio de lo personal sobre lo colectivo o al contrario si se ha tratado de “estados confesionales”; con un papel más relevante o más débil de la institución eclesiástica; con un escaso arraigo colectivo pero sí cívico en momentos aislados, cuando el folklore ha unido fiesta y religión, etc.–. Pero no hay duda de que, de hecho, esa combinación de dimensiones de la vivencia religiosa, desde lo individual hasta lo público o cívico pasando por lo colectivo, ocurría de forma muy unitaria en particular en la Edad Media (pero igualmente bien entrada la Edad Moderna, desde luego). Por ello, informaciones diversas pueden dejar aflorar la centralidad del sentido religioso en la vida individual y colectiva: los mandamientos a los concejos y los asuntos que rigen pueden incluir referencias a centros de culto y actividades religiosas, y a su reflejo en el trazado urbano (espacios delante de las iglesias, procesiones, ermitas, devociones colectivas asumidas y organizadas desde los concejos)75.
Sin embargo, la complementariedad que ofrecen muchos datos no directamente religiosos no empaña la importancia fundamental de las inspecciones específicamente realizadas en las iglesias y las consideraciones, correcciones y mandatos relativos al
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En este sentido, rastrear fuentes propiamente municipales como las ordenanzas y los libros de actas de los concejos puede ser una tarea de interés en las zonas donde se conserven para la Edad Media, siempre como información complementaria a otras fuentes fundamentales para la vida religiosa. Lo mismo cabe decir de fuentes narrativas medievales, como las crónicas.
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culto, las devociones, la moralidad, y las actividades de ese carácter religioso dependientes de los concejos.
Son ya bien conocidas las Visitas de las Órdenes Militares de Calatrava y de Santiago en la segunda mitad del siglo XV y comienzos del siglo XVI en su riqueza y valor como fuente de investigación para el estudio socioeconómico de los señoríos al final de la Edad Media. Las inspecciones santiaguistas se encuentran en Libros Manuscritos o Códices, procedentes del Archivo de Uclés, en línea con la proverbial solicitud que tuvo esta Orden a la hora de conservar sus escrituras, privilegios y visitas en su archivo central. De hecho, parece que las visitas santiaguistas a sus señoríos son más antiguas, se regularon mejor en cuanto a las atribuciones y cometidos de los visitadores, y resultan ser más minuciosas en algunos aspectos76. Las calatravas, quitando algunas dispuestas también en Libros de este tipo como la visita realizada al Campo de Calatrava en 1422-142377 (donde los visitadores, además, hacen referencia a la visitación pasada, la primera, de 1418), deben localizarse en una buena serie de legajos del Consejo de Órdenes, lo que no quiere decir que se trate de inspecciones siempre hechas por visitadores ya bajo mandato de la Corona; así –aunque hay visitas de la Orden al señorío desde 1459– las primeras visitas con información religiosa de interés manejada por nosotros datan de 1471, y en efecto se encuentran en esos fondos del Consejo78.
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Por ejemplo, Pedro Porras (La Orden de Santiago en el siglo XV. La Provincia de
Castilla. Madrid, 1997) ha podido utilizar cifras de población (vecinos) de algunas visitas para
el final del siglo XV; eran recuentos con fines fiscales o militares, al modo de los padrones locales realizados por los concejos, que incluían relaciones de los vecinos pecheros y de caballeros de cuantía o premia; combinados estos datos con los de otras fuentes (padrones o matrículas de confesados, compras de bulas de indulgencias) y teniendo en cuenta correctivos necesarios, aquel autor fue capaz de ofrecer buenos resultados para la cuantificación
demográfica del final del siglo XV y comienzos del XVI, época que suele carecer de datos numéricos.
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A.H.N., OO.MM., Ctva., Ls. Mss., 1.412 C. Son visitaciones al Campo de Calatrava en 1422 y 1423: al Convento, a la Sacristanía, al castillo y la encomienda de Piedrabuena; a las encomiendas de Torroba, Herrera, Almodóvar y Puertollano.
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La abundante y rica información de las visitas realizadas a sus dominios por la Orden de Calatrava y de Santiago en Castilla La Nueva y Extremadura, en particular, sustentó en buena parte una serie de sólidas investigaciones, tesis doctorales leídas en las universidades de Sevilla y Complutense de Madrid entre 1977 y 198179; fueron pioneras en el estudio masivo sobre esa fuente y ello atrajo el interés posterior de
muchos estudiosos. En efecto, las posibilidades de explotación, estructuración y análisis de los datos de las visitas (en particular, el modo de sistematizar los datos cuantitativos) son visibles en estos trabajos, y además fueron puestas de relieve por el director de estos trabajos, el Dr. Miguel Ángel Ladero Quesada80. Muchos otros han seguido esta línea a base de reunir síntesis de asuntos variados para ciertas zonas81, o en aspectos parciales, como fue nuestro caso con las cofradías y los hospitales del Campo de Calatrava al final del Medievo. Otros estudios metodológicos se han referido a las características de las Visitas como fuente de información histórica82, y en una reciente obra F. Fernández Izquierdo, A. Yuste Martínez y P. Sanz Camañes han desarrollado un completo estudio sobre la acción en sí de las visitas en su aspecto jurídico institucional, como faceta del poder de la Orden y la Corona (con el análisis de la capacidad ejecutiva y punitiva de los visitadores, su capacidad judicial, y las demás atribuciones), y sobre la estructura de contenidos que muestra la fuente para la zona aprehendida en su trabajo (la Provincia de Zorita en el siglo XVI)83. Se aprecia que la amplitud de la temática que
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E. SOLANO RUIZ: La Orden de Calatrava en el siglo XV. Los señoríos castellanos
de la Orden al fin de la Edad Media. Sevilla, 1978; D.RODRÍGUEZ BLANCO: La Orden de