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Chapter 6 Evaluation

6.3. Performance Results

6.3.3. Data Re-use through Loop Shifting

En diciembre de 2011, María Cristina Vallejo, Carlos Larrea, Rafael Burbano y Fander Falconí realizaron la presentación de un estudio denominado

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definición proporcionada en el documento, una evaluación multicriterial es aquella que permite contrastar en un solo marco de análisis las varias dimensiones que caracterizan a un problema complejo. En cuanto a dicho estudio, este se enfoca en siete dimensiones de evaluación que componen la matriz de análisis multicriterial, entre los cuales se encuentran los siguientes: economía de la Iniciativa Yasuní-ITT y de las alternativas extractivas, sostenibilidad de la economía nacional, dimensión ambiental, dimensión social, dimensión cultural, gobernabilidad y cohesión social y, finalmente, política internacional (BURBANO, et. al., 2011: 19).

A continuación, se detallará la dimensión ambiental del análisis multicriterial, la que está divida en cinco criterios: los tres primeros se vinculan con los impactos negativos de la actividad petrolera en la zona del Yasuní (BURBANO, et. al., 2011: 19).

Deforestación petrolera en el campo ITT

La explotación en una fase temprana del campo TT incluye el establecimiento de varios tipos de instalaciones que permiten la extracción del crudo, lo cual está planeado fuera de la zona intangible del PNY. De acuerdo a los planes de PETROAMAZONAS, se planea aprovechar las facilidades de producción de la estación ubicada en el Edén. Sin embargo, dicha acción implicaría la repotenciación (expansión y modificación de las facilidades existentes) de los sistemas de bombeo, calentamiento y almacenamiento de crudo. El área disponible abarca una hectárea, mientras que al repotenciar dichas facilidades, se requerirán tres hectáreas adicionales que incluyen mejoras para el procesamiento de los sistemas de tratamiento de agua, aprovechamiento de gas, separación de fases, entre otros (BURBANO, et. al., 2011: 87).

De manera adicional, PETROAMAZONAS planea la construcción de vías de ingreso y un puerto para las instalaciones del proyecto. A pesar de que dichas vías se encuentren fuera del PNY, su establecimiento supone la conformación de asentamientos humanos que serán el origen de la deforestación. Asimismo, las cifras obtenidas por el estudio realizado de Covell (2009) en el bloque 16, sirven de base para estimar la deforestación atribuible a la explotación del campo ITT: se

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estima que un total de 1.000 hectáreas serán desbrozadas en dicha zona (BURBANO, et. al., 2011: 87).

Por otra parte, PETROAMAZONAS planea realizar una exploración

sísmica10 en una extensión de 454 km, lo que significaría que en total, se podría

esperar una deforestación aproximada de 43160 hectáreas en el campo TT bajo un esquema de bajo impacto ambiental. En conclusión, la explotación petrolera ha determinado importantes impactos que atraviesan la zona de amortiguamiento del PNY y esto se puede evidenciar a través de la expansión de vías de comunicación dentro del bosque primario, la expansión de infraestructura petrolera (concesiones, pozos, oleoductos) y los asentamientos humanos (centros urbanos, comunidades indígenas y colonización) (BURBANO, et. al., 2011: 89).

Afectación a la biodiversidad

La biodiversidad del PNY es tan única que se han encontrado 639 especies de árboles y arbustos dentro de éste. Este número es sorprendente porque es la cantidad de árboles nativos existentes en toda América del Norte. Sin embargo, la biodiversidad ya habría sido afectada: de acuerdo a estimaciones de un reciente conteo de poblaciones de un número de especies, se registra una pérdida de 51% entre 1970 y 1995. Es una cifra alarmante porque se trata de un ritmo de deterioro más rápido que en la escala global donde la tasa de declinación se estima del 30% (BURBANO, et. al., 2011: 93).

Las alternativas de explotación del campo ITT suponen afectaciones a la biodiversidad, la cual se ve asociada a la deforestación y a la degradación forestal que conllevan las actividades hidrocarburíferas (BURBANO, et. al., 2011: 93). Contaminación petrolera

La presencia de derrames petroleros es considerada como un suceso aleatorio. PETROECUADOR estima que el 60% de los derrames que han ocurrido

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La exploración sísmica es un método de exploración geofísica que consiste en la generación de ondas sísmicas que penetran en el subsuelo, sea por la detonación de explosivos o fuentes no explosivas, con el fin de estudiar la composición y configuración de las capas del subsuelo para determinar acumulaciones de petróleo o gas.

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fueron originados por fallas de los equipos de corrosión de las instalaciones. Es así como se evidencia que algunas mejoras en la gestión pueden evitar daños medioambientales de esta magnitud. A pesar de que es conocido que se han introducido diversas mejoras en las instalaciones petroleras, así como medidas de prevención modernas para evitar accidentes, la ausencia de estos procesos es un tema que no se puede garantizar. En el caso de la explotación del campo ITT, se calcula un posible estimado de 36.8 mil barriles derramados y para el campo TT, un estimado de 14.9 mil (BURBANO, et. al., 2011: 97).

En cuanto a la producción de aguas en formación, de acuerdo a las estimaciones de PETROAMAZONAS y PETROECUADOR, conforme a sus planes

de producción en el caso de que se procediera al “Plan B”, para el campo TT se

calcula un total de 3.552 millones de barriles, lo que significa que la producción de agua es 9.5 mayor que la de crudo. En el caso del campo ITT, se calcula una producción de agua de 6.548 millones de barriles, lo que representa un valor de 8.1 veces más producción de agua que de petróleo (BURBANO, et. al., 2011: 97). 2.2.3. Impacto ambiental en el Parque Nacional Yasuní y en la Amazonía

ecuatoriana como consecuencia de las actividades petroleras

El 36% del territorio ecuatoriano está cubierto por bosques primarios y las áreas protegidas comprenden el 19% del Ecuador. Sin embargo, las actividades petroleras han causado que el país extraiga casi la totalidad del crudo de la selva amazónica, lo cual ha provocado un gran costo a nivel social, cultural y, sobre todo, ambiental. De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), en un estudio realizado en 2010, la deforestación anual del Ecuador abarcó 198.000 hectáreas por año, lo que representa la cifra más alta de América del Sur (BURBANO et al, 2011: 12).

A partir de 2003, el Gobierno concedió a las petroleras nuevas áreas para la construcción de pozos petroleros en la zona correspondiente a Napo, Pastaza y Zamora Chinchipe, además de proseguir con la continuación del campo ITT (Ishpingo, Tambococha, Tiputini), situado en el Parque Nacional Yasuní y la Reserva Faunística Cuyabeno. Las compañías petroleras no han respetado la legislación ambiental dentro de la cual se establece que en las fases de

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exploración, explotación, industrialización y comercialización, estas deben proteger su entorno. Sin embargo, a causa de esta negligencia se han generado múltiples derrames de petróleo que no han sido controlados de ninguna manera. Sus terribles consecuencias se ven reflejadas en largas superficies de terreno amazónico que han perjudicado a la biodiversidad del sector, la fauna fluvial, la flora de las riveras de los ríos; las fuentes de agua para animales y personas han sido contaminadas, así como los cultivos de los grupos indígenas (LARREA, 2009: 37).

El 75% de la población utiliza dicha agua contaminada: es fétida, salada, con petróleo en la superficie; el uso que se le da a esta agua es para el consumo humano y animal. Así mismo, el aire está contaminado debido a la presencia de mecheros encendidos durante todo el día, los cuales producen enfermedades y modifican la calidad de vida de los habitantes (GUARANDA, 2011). La explotación petrolera en las zonas amazónicas mencionadas anteriormente, es la principal y única causante de la deforestación de 2 millones de hectáreas; más de 650.000 barriles de crudo han sido derramados en bosques, ríos y esteros. Las fuentes de agua para toda la región han sido impurificadas debido al contacto con los metales tóxicos provenientes de la actividad extractiva (LARREA, 2009: 14).

El Parque Nacional Yasuní (PNY) y el Territorio Huaorani han sido lotizados y dados en concesión a empresas petroleras tales como Repsol, lo que ha generado efectos negativos en el medioambiente y el ecosistema de las provincias de Orellana y Pastaza. En total, son ocho las concesiones de pozos petroleros que penetran y colindan con el PNY y la zona perteneciente al grupo de los Huaorani:

Bloque 10 concesionado a la empresa AGRIP, Bloque 14 concesionado a la empresa Andes Petroleum, Bloque 16 concesionado a la empresa Repsol YPF, Bloque 17 concesionado a la empresa Andes Petroleum-Petrobell, Bloque 31 concesionado a la empresa Petrobras y reinvertida la concesión a Petroecuador, Bloque 15 concesionado a la empresa Occidental Petroleum Ecuadorian Company y reinvertida a la estatal Petroamazonas, Bloque Ishpingo-Tambococha-Tiputini y el campo marginal Tiwino a cargo de Petroecuador (TORRES, 2012: 15).

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Las secuelas de la contaminación producida por Texaco11 en Orellana

todavía están presentes en dicha provincia: con el fin de maximizar sus ganancias, la empresa no empleó las técnicas estándares que evitan que los desechos tóxicos se desparramen durante el proceso de perforación. Miles de millones de galones de agua de formación que contienen desechos mortales fueron desechados en los alrededores de los pozos ocasionando daño al medio ambiente; el crudo derramado en la Amazonía ecuatoriana es 30 veces mayor a la cantidad vertida en la catástrofe del tanquero Exxon Valdez en Alaska. Los demandantes del caso Chevron-Texaco incluyen colonos y cinco nacionalidades indígenas: Siona, Secoya, Cofán, Huaorani y Kichwa del oriente divididas en 80 comunidades, con más de 30.000 afectados. Hasta diciembre de 2012, el caso sigue en litigio y se espera que Chevron pague por todos los perjuicios ocasionados en la Amazonía ecuatoriana (AMAZONIA POR LA VIDA, 2011).