40. Ello no signifi ca que la historia de la eliminación del trabajo infantil de otros países sea desdeñable. Por ejemplo, Alemania fue uno de los primeros países en asociar la educación obligatoria a la legislación en materia de trabajo infantil. Véase Weiner, op. cit., págs. 127-131.
41. J. Humphries: Child labour: The experience of today’s advanced economies and the lessons of the past, documento elaborado para la Conferencia «The Economics of Child Labour», Oslo, 28 y 29 de mayo de 2002, pág. 18.
42. Ibíd.
43. Idem, pág. 19. Véase también H. Cunningham: «Combating child labour: The British experience», en H. Cunningham y P.P. Viazzo (directores de la publicación): Child labour in historical perspective, 1800-1985: Case studies from Europe, Japan and
Colombia (Florencia, UNICEF, 1996) pág. 42.
44. Humphries, op. cit., págs. 19 y 20.
45. K. Basu: «The economics of child labor», en Scientifi c American (Nueva York), vol. 289, núm. 4 (octubre de 2003), págs. 84-91. Este modelo está estrechamente relacionado con el concepto de punto de infl exión.
La sociedad con un punto de equilibrio con una elevada proporción de trabajo infantil
92. Los niveles elevados de trabajo infantil pueden
autorreforzarse. Por ejemplo, en una situación de po-
breza generalizada, el trabajo infantil forma parte de la estrategia de supervivencia de las familias pobres. A su vez, ello provoca un aumento del número de trabajadores, que entraña a su vez un descenso de los salarios que convence aún más a las familias de que sus hijos deberían trabajar en vez de asistir a la es- cuela. El valor económico atribuido a los niños con- tribuye a mantener un índice de fertilidad alto, lo que también conlleva un aumento de la oferta de mano de obra. El trabajo infantil generalizado tampoco in- centiva a los empleadores a invertir en nuevas tecno- logías. Además, en una sociedad en la que el trabajo infantil es la norma, la demanda de educación será escasa, y será difícil aplicar leyes sobre la edad mínima y la educación obligatoria. Por último, a medida que los niños que trabajan se hagan adultos, cada vez será más probable que ellos, a su vez, manden a sus hijos a trabajar en vez de a la escuela. Por tanto, en una so- ciedad marcada por un punto de equilibrio de trabajo infantil elevado, familias y sociedades enteras pueden verse atrapadas en un círculo vicioso de pobreza.
Hacia una sociedad con un punto de equilibrio con una baja proporción de trabajo infantil
93. Sin embargo, se puede alcanzar un nuevo equi- librio en el que las fuerzas favorables a la eliminación del trabajo infantil se combinen en un círculo vir- tuoso que también se autorrefuerce. Imaginemos una sociedad con un punto de equilibrio de trabajo in- fantil elevado, como la que se describía antes. Ahora, supongamos, por ejemplo, que se prohíbe el trabajo infantil y que se obliga a cumplir esa prohibición. Supongamos que la educación hasta el comienzo de la enseñanza secundaria (hasta los 14 años) se hace obligatoria, que se obliga a respetar esa disposición y que el aumento de la calidad haga atractiva la edu- cación para los niños pobres y sus familias, logrando así un aumento de la demanda de educación. De ese modo se reduciría la oferta de niños en el mercado de trabajo. Los empleadores que recurrían al trabajo infantil buscarán adultos para cubrir ese vacío. Las empresas que solían emplear a niños quizá tengan que invertir en nuevas tecnologías, lo que reduciría aún más la demanda de trabajo infantil. Los salarios de los trabajadores adultos y los ingresos de los ho- gares aumentarán. Al ganar lo sufi ciente para vivir, Recuadro 1.3
Explicando la disminución del trabajo infantil: lecciones de la historia
¿Qué propició la disminución del trabajo infantil en las primeras naciones industriales? Ha habido muchas teorías a lo largo de los años, que se reducen a cuatro factores básicos.
La explicación más obvia es que el trabajo infantil se debe a la pobreza. Cuando los ingresos de los hogares aumentaron, la contribución económica de los niños disminuyó. El aumento de los salarios permitió que las familias trabajadoras modifi caran su estrategia e invirtieran en sus hijos, enviándolos a la escuela.
La segunda explicación se centra en el nivel tecnológico. En la primera fase de la industrialización había un alto coefi ciente de mano de obra, pero cuando la tecnología se hizo más sofi sticada, por ejemplo, en las minas y las fábricas de tejidos, la demanda de trabajo infantil bajó.
Según la explicación tradicional, el factor más importante fue la legislación, pero hay distintas opiniones sobre qué tipo de ley fue el más decisivo. Para algunos, el factor determinante fueron las leyes sobre trabajo infantil que regían la edad mínima de acceso al empleo y las medidas correspondientes. Otros insisten en que la legislación que estableció la obligatoriedad de la educación fue el elemento clave de la intervención estatal, y que es más fácil controlar su aplicación.
Por último, algunos historiadores se refi eren al cambio de percepción de la niñez que se produjo con el movimiento del romanticismo, del que surgió la noción de que los niños tenían derechos y que incumbía al Estado defender a las personas que no pueden defenderse. Lo que se hizo valer por primera vez a principios del siglo XIX es que los niños tenían derecho a no trabajar.
De hecho, ninguna explicación basta por sí sola. Cada uno de esos factores desempeñó una función im- portante en esa disminución histórica del trabajo infantil, pero en general actuaron de forma concertada. El crecimiento económico no habría sido sufi ciente, mientras que las medidas directas más centradas en la lucha contra el trabajo infantil tampoco habrían logrado buenos resultados sin él.
Fuente: H. Cunningham: Child labour and industrialization, Working Conditions and Environment Department Working Paper No. 1 (Ginebra, OIT, 1995).
los padres invertirán en el futuro y enviarán a sus hijos a la escuela, con lo que disminuirá aún más la oferta de trabajo infantil. En ese nuevo contexto, las familias que envíen a sus hijos al trabajo en vez de a la escuela se enfrentarán a la desaprobación social. El derecho de los niños a no trabajar será la norma social. Así pues, habrá pocos niños que trabajen. La sociedad habrá alcanzado un nuevo equilibrio, y el bajo nivel de trabajo infantil se autorreforzará. Además, cuando se logra un nuevo equilibrio, la situación se estabiliza. Se trata de un único esfuerzo 46.
94. ¿Hay algún mecanismo que permita que una sociedad pase de una situación de trabajo infantil a otra? El análisis ha puesto de manifi esto que las intervenciones deben llevarse a cabo en distintos planos – económico, social y cultural – y que éstos se enriquecen mutuamente. Como resultado de esa interacción estratégica, el total es mayor que la suma de las partes. Por ejemplo, en los Estados Unidos el trabajo infantil siguió muy extendido hasta 1900. Sin embargo, tan pronto empezó a disminuir gra- cias a los esfuerzos de los defensores de la causa y la expansión de la educación, el descenso fue extrema- damente rápido. Para 1930, el trabajo infantil casi había desaparecido 47.
95. Los datos de experiencias anteriores parecen in- dicar que el umbral crítico para la eliminación del trabajo infantil se produce cuando la tasa de parti- cipación de ese sector se sitúa entre el 10 y el 20 por ciento, ya que, en ese caso, es mucho más fácil poner en práctica la educación obligatoria 48.
Un llamamiento a la cautela
96. Es preciso ser prudentes. El traspaso del umbral crítico no es automático, sino que exige una cuidadosa adopción de medidas en diversos frentes. Hay que se- guir avanzando en el camino hacia la abolición efec- tiva del trabajo infantil. Por ejemplo, el crecimiento económico y la expansión de la educación pueden dar lugar a una reducción general del trabajo infantil, pero no bastan para abordar muchas de las peores formas de trabajo infantil. Los grupos socialmente excluidos, como los gitanos de Europa Central y Oriental 49, pueden quedar al margen de esas intervenciones ge- nerales. En esas ocasiones es fundamental adoptar un enfoque de derechos al abordar el trabajo infantil mediante intervenciones con objetivos concretos, in- cluida la legislación y el control de la aplicación.
97. Muchos países necesitarán asistencia. Sin em- bargo, es importante reconocer que en la actualidad los países en desarrollo tienen muchas ventajas de las que no disfrutaban las primeras naciones industriales de hace un siglo, entre las que cabe destacar un en- torno realmente propicio que apoya los derechos de los niños y los conocimientos prácticos acumulados. La función de la OIT es conseguir que la abolición del trabajo infantil sea una prioridad a escala na- cional e internacional y, a continuación, trabajar con sus socios para que la gente pobre pueda invertir en su futuro y proteger sus derechos. En ese punto es donde reviste importancia el marco conceptual y de política de la OIT.
46. Sólo se trata de un ejemplo, y no del desarrollo de un modelo exhaustivo de estos circuitos de eliminación del trabajo infantil que se reproducen de manera autónoma. Véase también Wood, op. cit., en relación con la ruptura del «trato faustiano» de la seguridad de las personas a cargo.
47. Basu, op. cit., pág. 91. 48. Véase Weiner, op. cit., pág. 191.
98. Uno de los principales objetivos que se fi jaron para la Organización Internacional del Trabajo cuando se fundó en 1919 fue la abolición del trabajo infantil. Desde una perspectiva histórica, el principal instrumento de la OIT para alcanzar el objetivo de la abolición efectiva del trabajo infantil ha sido la adop- ción y la supervisión de normas del trabajo en las que se aborda el concepto de edad mínima de admisión al empleo o al trabajo. Además, desde 1919 50, el prin- cipio de que las normas relativas a la edad mínima deberían ir asociadas a la escolarización ha formado parte de la tradición normativa de la OIT en esa es- fera. En el Convenio núm. 138 se establece que la edad mínima de admisión al empleo no deberá ser inferior a la edad en que cesa la obligación escolar.
Un marco político de amplio alcance
99. Los elementos básicos del marco político orien- tador de las actividades de la OIT de lucha contra el trabajo infantil se establecieron hace una generación. Desde el decenio de 1970, con la adopción del primer convenio (núm. 138) sobre el trabajo infantil que cu- bría todos los sectores económicos 51, la OIT empezó a formular los principios de un enfoque compre- hensivo para la eliminación del trabajo infantil que sub rayaba la necesidad de adoptar diversas medidas: aplicar las normas pertinentes de la OIT, mejorar la inspección del trabajo, introducir la educación obli- gatoria, llevar a cabo campañas de sensibilización públicas, fomentar la solidaridad y la cooperación internacionales con los países en desarrollo y realizar esfuerzos para establecer un sistema internacional de comercio más justo.
100. Otras declaraciones conceptuales y de política formuladas a principios del decenio de 1980 52 refor- zaron el principio de que el trabajo infantil tenía que examinarse en el contexto general de las políticas so- cioeconómicas, en particular las políticas macroeco- nómicas y los programas de empleo, la igualdad de género y la expansión de la educación. Además, las
actividades prioritarias a escala nacional e interna- cional deberían centrarse en las peores formas de ex- plotación y en las condiciones de trabajo peligrosas, que ni se pueden justifi car por la pobreza ni se puede permitir que existan hasta que ésta se erradique por completo.
Un consenso mundial creciente
101. En los últimos años se han perfeccionado los conceptos básicos y el enfoque para responder a la evolución de la situación en el decenio de 1990. En primer lugar, la adopción por las Naciones Unidas de la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989 ha fomentado la consideración del trabajo in- fantil como una cuestión de derechos humanos y de desarrollo. En particular, la Convención ha infl uido en el enfoque del trabajo infantil adoptado por el UNICEF y muchas ONG, que han tendido a guiarse por el principio del «interés superior» contenido en la Convención. A su vez, ello dio lugar a la adopción de un enfoque más centrado en los niños en algunas partes de la comunidad de ONG que ponían en duda la utilidad de leyes generales sobre la edad mínima y tenían una opinión más positiva del trabajo infantil. A ello se sumó una cierta urgencia de promover el empoderamiento de los niños, por ejemplo mediante movimientos de niños trabajadores.
102. La adopción por la OIT diez años después del Convenio núm. 182 consolidó el consenso que existía a escala mundial en torno a la eliminación del trabajo infantil 53. Este instrumento estableció los objetivos más concretos que tanto se necesitaban, sin aban- donar el objetivo general expresado en el Convenio núm. 138 de la abolición efectiva del trabajo infantil. Además, el concepto de las peores formas contribuye a fi jar prioridades y puede servir como punto de par- tida para abordar el problema principal del trabajo infantil. El concepto también ayuda a prestar atención al impacto del trabajo en los niños y al tipo de trabajo que realizan.